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Capítulo 8 de 51

El Velo De Isis — parte 1 de 6

Isis Sem o Véu

CAPÍTULO PRIMERO EGO SUM QUI SUM. Axioma de la Filosofía hermética. “Empezamos las investigaciones en donde las modernas conjeturas pliegan sus engañosas alas. Y con nosotros están los elementos científicos que los sabios del día desdeñan por quiméricos o con prevención los miran como arcanos insondables”. BULWER. ZANONI. ay en un lugar de este mundo un libro de tan remota antigüedad que los Harqueólogos lo atribuirían a una época de incalculable cómputo y no acertarían a ponerse de acuerdo sobre la materia de que está compuesto. Es el único ejemplar manuscrito que de dicho libro se conserva. El más antiguo tratado hebreo de ciencia oculta, el Siphra–Dzeniuta es una compilación de aquel manuscrito, hecha en época en que ya se le consideraba como reliquia literaria. Uno de los dibujos que lo ilustran

representa la Esencia divina al emanar de Adam en traza de arco luminoso que tiende a cerrarse en circunferencia y, luego de llegado al culminante punto de la gloria inefable, retrocede hacia la tierra, envolviendo en su torbellino un tipo superior de humanidad. A medida que va acercándose a nuestro planeta, la Emanación es más sombría y al tocar en él es negra como la noche. En toda época han tenido los filósofos herméticos el convencimiento, basado en

sesenta mil años de experiencia , de que a través del tiempo, y por efecto del pecado, fué densificándose más groseramente el cuerpo físico del hombre cuya naturaleza era en un principio casi etérea y le permitía percibir claramente las cosas hoy invisibles del

56 Tiene aquí este nombre el significado de la palabra griega agqrwpoç. 57 Los cabalistas orientales afirman por tradición que su ciencia es todavía más antigua. Los eruditos modernos tal vez rechacen o pongan en duda esta afirmación, pero no probarán que sea falsa.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I universo. Desde la caída del género humano, la materia es un espeso muro interpuesto entre el mundo terrestre y el mundo de los espíritus. Las más antiguas tradiciones esotéricas enseñan asimismo que antes del Adam mítico existieron sucesivamente varias razas humanas. ¿Eran tipos más perfectos? ¿Pertenecían a alguna de estas razas los hombres alados que menciona Platón en Fedro? A la ciencia le incumbe resolver este problema, tomando por punto de partida las cavernas de Francia y los restos de la edad de piedra. A medida que avanza el cielo se van abriendo los ojos del hombre hasta conocer el “bien y el mal” tan acabadamente como los mismos Elohim. Después de alcanzar el punto culminante comienza a descender el cielo. Cuando el arco llega al punto situado al nivel de la línea fija del plano terrestre, la naturaleza proporciona al hombre vestiduras de piel y el, Señor Dios “le viste con ellas”. En las más antiguas tradiciones de casi todos los pueblos se descubre la misma creencia en una raza de espiritualidad superior a la actual. El manuscrito quiché Popol Vuh, publicado por Brasseur de Bourbourg, dice que el primer hombre pertenecía a una raza dotada de raciocinio y de habla, con vista sin límites, que conocía todas las cosas a un tiempo. Según Filo Judeo, el aire está poblado de multitud de invisibles espíritus, inmortales y libres de pecado unos; y perniciosos y mortales otros. “De los hijos de EL descendemos, é hijos de EL, volveremos a ser”. La misma creencia se trasluce en el pasaje del Evangelio de San Juan, escrito por un anónimo agnóstico, que dice: “Más a cuantos le recibieron les dió poder de ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre”58; es decir, que cuantos practicaran la doctrina esotérica de Jesús, se convertirían en hijos de Dios. “¿No sabéis que sois dioses?,” dice Cristo a sus discípulos. Platón describe admirablemente, en Fedro, el estado primario del hombre al cual ha de volver de nuevo. “Antes de perder las alas vivía entre los dioses y él mismo era un dios en el mundo aéreo”. Desde la más remota antigüedad enseñó la filosofía religiosa que el universo está poblado de divinos y espirituales seres de diversas razas. De una de éstas surgió con el tiempo ADAM, el hombre primitivo. Los kalmucos y otros pueblos de Siberia describen también en sus leyendas, razas anteriores a la nuestra y dicen que aquellos hombres poseían conocimientos casi ilimitados, de lo que se engrieron hasta la audacia de rebelarse contra el Gran Espíritu, quien, para humillar su presunción y castigar su arrogancia, los encerró en cuerpos que limitaron sus facultades. Únicamente pueden salir de este encierro por medio de un perseverante arrepentimiento, de la purificación y desenvolvimiento interior. Creen que sus shamanos pueden ejercer a veces las divinas facultades que un tiempo poseyeron todos los hombres.

58 San Juan, I, 12.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I En la biblioteca Astort, de Nueva York, hay el facsímile de un tratado egipcio de medicina escrito en el año 1552 antes de J.C., cuando, según la cronología corriente, contaba Moisés veintiún años de edad. Los caracteres están trazados sobre una corteza interna del Cyperus papyrus, y el profesor Schenk, de Leipzig, no sólo atestigua su autenticidad, sino que lo diputa por el más perfecto de cuantos se conocen. Es una sola hoja de excelente papiro amarillento obscuro, de tres decímetros de ancho y más de veinte metros de largo, arrollado en ciento diez páginas cuidadosamente numeradas. Lo adquirió en 1872 el arqueólogo Ebers de manos de un árabe de Luxor. El periódico La Tribuna, de Nueva York, dijo, a propósito de este asunto, que del examen del papiro se infiere con toda probabilidad que es uno de los seis Libros herméticos de Medicina citados por Clemente de Alejandria. Dice el mismo periódico: “El año 363, en tiempo de Jámblico, los sacerdotes egipcios enseñaban cuarenta y dos libros atribuidos a Hermes (Thuti). Según Jámblico, de estos libros, treinta y seis trataban de todos los conocimientos humanos y los seis restantes se ocupaban

especialmente en anatomía, patología, oftalmología, quirúrgica y terapéutica . El Papiro de Ebers es seguramente uno de estos tratados herméticos.” Si el fortuito encuentro del arqueólogo alemán y del árabe de Luxor ha iluminado con tan viva luz la antigua ciencia de los egipcios, no cabe duda de que sí se repitiera el caso con un egipcio tan servicial como el árabe, se esclarecerían muchos puntos tenebrosos de la historia antigua. Los descubrimientos de la ciencia moderna no invalidan en modo alguno las remotísimas tradiciones que atribuyen increíble antigüedad a la raza humana. La geología, que hasta hace pocos años no había descubierto las huellas del hombre más allá de la época terciaria tiene hoy pruebas incontrovertibles de que el hombre existía ya sobre la tierra mucho antes del último período glacial que se remonta a 250.000 años. Es un cómputo muy duro de roer para los teólogos. Sin embargo, así lo creyeron los antiguos filósofos. Por otra parte, junto con restos humanos se han encontrado utensilios, en prueba de que en aquella remota época se ejercitaba ya el hombre en la caza y sabía edificar chozas. Pero la ciencia se ha detenido en su investigadora marcha, sin dar otro paso para descubrir el origen de la raza humana cuyas pruebas ulteriores han de aducirse todavía. Desgraciadamente, los antropólogos y psicólogos modernos son incapaces de reconstruir con los fósiles hasta ahora descubiertos el trino hombre físico, mental y espiritual. El hecho de que cuanto más hondas son las excavaciones arqueológicas, más toscos y groseros resultan los utensilios prehistóricos, parece una prueba científica de que el hombre es más salvaje y semejante a los brutos a medida que nos acercamos a

59 Afirma Clemente de Alejandría que en su tiempo poseían los sacerdotes egipcios cuarenta y dos libros canónicos.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I su origen. ¡Extraña lógica! ¿Acaso los restos hallados, por ejemplo, en la cueva de Devon, demuestran que no existieran entonces otras razas superiormente civilizadas? Cuando hayan desaparecido los actuales pobladores de la tierra y los arqueólogos de la raza futura hallen en sus excavaciones los utensilios pertenecientes a los indios o a las tribus de las islas de Andamán, ¿podrían afirmar con razón que en el siglo XIX comenzaba la humanidad a salir de la Edad de piedra? Hasta hace muy poco estaba de moda hablar de “los insostenibles conceptos de un pasado inculto”, ¡como si fuera posible ocultar tras un epigrama las canteras intelectuales en que se labraron tantas reputaciones científicas! Así como Tyndall propende fácilmente a mofarse de los antiguos filósofos con cuyas ideas se han pavoneado muchos sabios modernos, así también se inclinan de día en día los geólogos a suponer que las razas arcaicas estaban sumidas en profunda barbarie. Sin embargo, no todos los orientalistas son de esta opinión, pues algunos sostienen lo contrario, como, por ejemplo, Max Müller que dice: “Hay todavía muchas cosas incomprensibles para nosotros, y el lenguaje jeroglífico de los antiguos tan sólo expresa la mitad de los pensamientos. Sin embargo, la imagen del hombre se nos aparece cada vez más pura y noble en todos los países, según nos acercamos a su origen y comprendemos sus errores é interpretamos sus ensueños. Por lejanas que estén las huellas del hombre, aun en los más apartados confines de la historia, descubrimos desde un principio el divino don de la vigorosa y razonable inteligencia, de suerte que es imposible sostener que la

raza humana haya surgido lentamente de las profundidades de la brutalidad animal” . Como se ha dicho que no es filosófico inquirir las causas primeras, los sabios se ocupan tan sólo en estudiar los efectos físicos, y el campo de investigación científica no va más allá de la naturaleza física, en cuyos límites se detienen los investigadores para recomenzar su tarea y dar vueltas y más vueltas a la materia, como ardillas enjauladas, dicho sea con todo el respeto debido a los eruditos. Somos demasiado pigmeos para poner en tela de juicio la valía potencial de la ciencia; pero los científicos no encarnan la ciencia, como tampoco los habitantes del planeta son el planeta mismo. Ninguno de nosotros tiene autoridad ni derecho para forzar a los modernos filósofos a que acepten sin reparo la descripción geográfica del hemisferio de la luna oculto a las miradas de los astrónomos; pero si un cataclismo lunar lanzase a alguno de sus habitantes a la esfera de atracción de nuestro globo, de modo que sano y salvo cayera ante la puerta del doctor Carpenter, no podría éste, sin mengua de sus deberes profesionales, considerar el hecho más que desde el punto de vista físico. Pero el investigador científico no debe rehuir el estudio de ningún nuevo fenómeno, así fuera éste tan insólito como la caída de un hombre de la luna o la aparición de un espectro en su alcoba. Tanto da investigar por el método aristotélico como por el platónico; pero lo cierto es que los antiguos antropólogos conocían perfectamente las dos naturalezas interna y externa del

60 Chispas de un taller alemán, II, 7. – “Mitología comparada”.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I hombre. A pesar de las vacilantes hipótesis de los geólogos empezamos a tener casi diariamente pruebas de las aserciones de aquellos filósofos, quienes dividían la existencia del hombre sobre la tierra en dilatados ciclos, durante cada uno de los cuales alcanzaba gradualmente la humanidad el pináculo de la civilización para ir sumiéndose paulatinamente en la más abyecta barbarie. De los maravillosos monumentos de la antigüedad todavía existentes y de la descripción que hace Herodoto de otros ya desaparecidos, puede inferirse, aunque no por completo, el eminente arado de progreso a que llegó la humanidad en cada uno de sus pasados ciclos. Ya en la época del célebre historiador griego eran montones de ruinas muchos templos famosos y pirámides gigantescas a que el padre de la historia llama “venerables testigos de las glorias de nuestros remotos antepasados”. Elude Herodoto tratar de las cosas divinas y se contrae a describir, según referencias llegadas a sus oídos, los maravillosos subterráneos del laberinto que sirvieron de sepulcro a los reyes iniciados cuyos restos yacen todavía en lugares ocultos. Sin embargo, los relatos históricos de la época de los Ptolomeos nos proporcionan elementos bastantes para juzgar de las florecientes civilizaciones de la antigüedad, pues ya entonces habían decaído las ciencias y las artes con pérdida de muchos de sus secretos. En las excavaciones recientemente efectuadas en Mariette–Bey, al pie mismo de las Pirámides, se han encontrado estatuas de madera y otros objetos artísticos cuyo examen muestra que muchísimo antes de las primeras dinastías habían llegado ya los egipcios al refinamiento de la perfección artística, hasta el punto de maravillar a los más entusiastas partidarios del arte helénico. En una de sus obras describe Taylor dichas estatuas diciendo que es verdaderamente inimitable la belleza plástica de aquellas testas con. ojos de piedras preciosas y párpados de cobre. A mucha mayor profundidad de la capa de arena en que yacían los objetos existentes hoy en el Museo Británico y en las colecciones de Lepsius y Abbott se encontraron posteriormente las pruebas tangibles de la ya referida doctrina hermética de los ciclos. El entusiasta helenista doctor Schliemann halló en las excavaciones efectuadas no há mucho en el Asia menor, notorias huellas del progreso gradual de la barbarie a la civilización y del también gradual regreso de la civilización a la barbarie. Así, pues, si el hombre antediluviano era mucho más docto que nosotros en ciencias profanas y mucho más hábil en ciertas artes que ya damos por perdidas, ¿por qué no admitir que pudiera igualmente aventajarnos en el conocimiento de la psicología? Esta hipótesis debe prevalecer mientras no se aduzcan pruebas evidentes en contrario. Todo sabio digno de este nombre reconoce que muchas ramas de la ciencia están todavía en mantillas. ¿Será porque nuestro ciclo haya principiado hace poco tiempo? Sin embargo, según la filosofía caldea, los ciclos de evolución no abarcan a un tiempo a toda la humanidad, y así lo corrobora espontáneamente Draper al decir que los

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I períodos en que a la geología le plugo dividir los progresos del hombre, no son tan exabruptos que comprendan simultáneamente a toda la humanidad, pues cabe poner por ejemplo los indios nómadas de América que en nuestros días están trascendiendo la para ellos Edad de piedra. Los cabalistas versados en el sistema pitagórico de números y líneas saben perfectamente que las doctrinas metafísicas de Platón se fundan en rigurosos principios matemáticos. A este propósito, dice el Magicón: “Las matemáticas sublimes están relacionadas con toda ciencia superior; pero las matemáticas vulgares no son más que falaz fantasmagoría cuya encomiada exactitud dimana del convencionalismo de sus fundamentos.” Algunos filósofos de nuestra época ponderan el aristotélico método inductivo en perjuicio del deductivo de Platón, porque se figuran que aquél consiste tan sólo en ir a rastras de lo particular a lo universal. Draper lamenta61 que los místicos especulativos como Amonio Saccas y Plotino suplantaran a los rigurosos geómetras de las escuelas antiguas; pero no tiene en cuenta que la geometría es entre todas las ciencias el más acabado modelo de síntesis y en toda su trama procede de lo universal a lo particular o sea el método platónico. Ciertamente que no fallarán las ciencias exactas mientras, recluidas en las condiciones del mundo físico, se contraigan al método aristotélico; pero como el mundo físico es limitado aunque nos parezca ilimitado, no podrán las investigaciones meramente físicas transponer la esfera del mundo material. La teoría cosmológica de los números, que Pitágoras aprendió de los hierofantes egipcios, es la única capaz de conciliar la materia y el espíritu demostrando matemáticamente la existencia de ambos principios por la de cada uno de ellos. Las combinaciones esotéricas de los números sagrados del universo resuelven el arduo problema y explican la teoría de la irradiación y el cielo de las emanaciones. Los órdenes inferiores proceden de los espiritualmente superiores y evolucionan en progresivo ascenso hasta que, llegados al punto de conversión, se reabsorben en el infinito. La fisiología, como todas las ciencias, está sujeta a la ley de evolución cíclica, y si en el actual ciclo va saliendo apenas del arco inferior, algún día tendremos la prueba de que en época muy anterior a Pitágoras estuvo en el punto culminante del ciclo. Por de pronto, Pitágoras aprendió fisiología y anatomía de boca de los discípulos y sucesores del sidonio Mochus, que floreció muchísimos años antes que el filósofo de Samos, cuya solicitud por conservar las enseñanzas de la antigua ciencia del alma le hacen digno de vivir eternamente en la memoria de los hombres. Las ciencias enseñadas en los santuarios estaban veladas impenetrablemente por el más sigiloso arcano. Esta es la causa del poco aprecio en que hoy se tiene a los filósofos

61 Conflictos entre la Religión y la Ciencia.

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