[user_registration_my_account]
Capítulo 50 de 51
Capítulo Viii — parte 5 de 6
Isis Sem o Véu
cosas de naturaleza contraria, luchan y se repelen mutuamente” . Esto no debe tomarse en el sentido de que se repelan los cuerpos de propiedades contrarias, sino tan sólo los que están juntos y son de naturaleza antagónica. Las investigaciones de Bart y Schweigger han disipado las dudas que pudieran caber acerca de si los antiguos conocían debidamente la atracción del hierro por el imán, así como las modalidades positiva y negativa de la electricidad, aunque dieran a todo ello distintos nombres. Entre los antiguos era opinión general que los planetas estaban relacionados magnéticamente, porque todos son imanes, y así, no sólo llamaban piedras magnéticas a los aerolitos, sino que se valían de ellos en los Misterios para los mismos usos en que nosotros empleamos hoy el imán. A este propósito dice Mayer: “La tierra es un enorme imán y todo súbito trastorno de la superficie del sol altera profundamente el equilibrio magnético de la tierra, ocasionando el temblor de las brújulas de los observatorios con luces polares cuyas vaporosas llamas parecen danzar al compás de la inquieta aguja”535. Cuando esto enseñaba Mayer, no hacía más que repetir en inglés lo que se enseñó en lengua dórica muchos siglos antes de nacer el primer filósofo cristiano. Los prodigios realizados por los sacerdotes teurgos son tan auténticos y se apoyan en tan sólidas pruebas (si de algo vale el testimonio humano), que Brewster les reconoce piadosamente profundos conocimientos de ciencias físicas y filosofía natural, por no confesar que sobrepujaron en maravilla a los taumaturgos cristianos. Los modernos científicos están enredados en los términos de un dilema: o confiesan que los antiguos sabían más física que ellos o han de admitir en la naturaleza algo más allá de las ciencias físicas, es decir, que el espíritu posee facultades no sospechadas por nuestros filósofos. Sobre esto dice Bulwer–Lytton: “Los errores en que caemos respecto de la
534 Platón. – Timeo. En esto se apoya Jowett en su introducción para decir que Platón enseñaba que los cuerpos similares se atraen mutuamente. Sin embargo, semejante aserto equivaldría a negarle al insigne filósofo el rudimentario conocimiento de las leyes de polaridad magnética. 535 Mayer. – Conferencia dada en el Círculo Científico de Yale, 1872.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I ciencia de nuestra especialidad, sólo los advertimos a la luz de otra ciencia
especialmente cultivada por el estudio ajeno” . Nada de más fácil explicación que las superiores posibilidades de la magia. La radiante luz del universal océano magnético, cuyas eléctricas ondulaciones interpenetran en su incesante movimiento los átomos de la creación entera, revelan a los estudiantes de hipnotismo el alfa y el omega del gran misterio, a pesar de la deficiéncia de sus experimentos. Tan sólo el estudio de este agente, soplo divino, descubre los secretos de la psicología y de la fisiología y de los fenómenos cósmicos y espirituales. A este propósito dice Psello: “La magia era la parte superior de la ciencia sacerdotal y tenía por objeto investigar la naturaleza, potencias y cualidades de todas las cosas sublunares; de los elementos y sus compuestos; de los animales; de las plantas y sus frutos; de las piedras y hierbas; en una palabra, inquiría la esencia y potencia de todas las cosas. Los efectos de esta ciencia se resolvían en esculpir estatuas magnetizadas que tocaban los enfermos para recobrar la salud y en fabricar figuras y talismanes que lo mismo servían para provocar la enfermedad que para curarla. También por medio de la magia se hace aparecer frecuentemente fuego celestial que enciende las lámparas y
hace sonreír a las estatuas” . No es extraño que los antiguos sacerdotes animaran mágicamente estatuas de piedra y metal, según aseguran fidedignos testimonios, cuando en nuestros tiempos es posible, gracias al descubrimiento de Galvani, mover las patas de una rana muerta y alterar los rasgos fisonómicos de un cadáver, de modo que sucesivamente denote alegría, ira, horror y las más variadas emociones. El puro y celeste fuego del altar pagano era electricidad derivada de la luz astral, y por consiguiente, si las estatuas estaban preparadas al efecto, bien podían, sin sospecha de superstición, provocar la enfermedad o restituir la salud mediante contacto, como sucede hoy con los cinturones eléctricos. Los escépticos, así doctos como ignorantes, se han burlado a su sabor en estos dos últimos siglos de los absurdos atribuidos a Pitágoras por su biógrafo Jámblico. Dice éste que el filósofo de Samos disuadió a una osa de comer carne; logró que un águila bajara de las nubes a posarse sobre su cuerpo, de modo que pudo domesticarla acariciándola con la mano y dirigiéndola suaves palabras; y por fin, persuadió a un buey a que no comiese habas, sin más exhortaciones que unas cuantas frases inusitadas a la oreja. Todo esto parecen ridiculeces de ignorancia y superstición a los ojos de las cultísimas generaciones del día; pero si analizamos estos supuestos absurdos veremos
536 Una historia extraña. 537 Taylor. – Pausanías. Psello. – Manuscrito del Tratado de los demonios. Tratado de los misterios báquicos y eleusinos.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I que no lo son tanto como el en que incurren los detractores de Pitágoras al creer literalmente que Josué detuvo el sol en su carrera. Con frecuencia vemos hombres de escasa cultura y aun jovencitas de complexión delicada que a copia de paciencia y voluntad lograron domar los ferocísimos animales que exhiben sin temor alguno en sus colecciones zoológicas. El mismo resultado obtienen algunos hipnotizadores que, con su mágica sugestión, dominan no sólo a los animales, sino también a las personas, como hizo, por ejemplo, el famoso magnetizador Regazzoni, cuyos experimentos (mucho más increíbles que cuanto se haya podido atribuir a Pitágoras) tanta admiración causaron en París y Londres. No es justo, por lo tanto, acusar de inveraces o supersticiosos hasta el absurdo a los biógrafos de hombres tales como Pitágoras y Apolonio de Tyana. Al ver que la mayoría de quienes tan escépticos se muestran en lo tocante a las facultades mágicas de los antiguos y se burlan de sus míticas teogonías creen sin embargo firmemente en la Biblia, no podemos por menos de asentir al oportuno apóstrofe de Higgins, que dice: “Cuando encuentro hombres instruidos que toman el Génesis al pie de la letra, siendo así que los antiguos, no obstante sus defectos, tuvieron sobrado buen criterio para tomarlo en sentido alegórico, casi llego a dudar de si realmente ha progresado la mentalidad humana”538. Taylor es uno de los pocos comentadores que han reconocido con justicia el talento de los autores griegos y latinos. En su traducción de la Vida de Pitágoras, de Jámblico, dice Taylor: “Puesto que según nos informa Jámblico estuvo Pitágoras iniciado en los misterios de Byblus y Tiro, en las ceremonias religiosas de los sirios, en la sagrada ciencia de los magos de Babilonia y en los secretos de los santuarios egipcios, donde pasó veintidós años de su vida, nada tiene de maravilloso que conociera la teurgia y fuese capaz de operar prodigios superiores al ordinario alcance de la virtud humana, que al vulgo le parecen increíbles”. El éter universal no era para los antiguos un desierto extendido por las inmensidades cerúleas, sino que lo consideraban como mar sin orillas, en cada una de cuyas moléculas latía un germen de vida, poblado, a semejanza de los mares terrenos, de diversidad de criaturas monstruosas unas y menores otras. Así como los animales de branquias se encuentran, según la especie, en mares altos o charcas bajas, así también cada linaje o casta de las entidades etéreas (espíritus elementales) moran habitualmente en los parajes más adecuados a su índole y unas se muestran amigas y otras enemigas del hombre; cuáles son de agradable y cuáles de repulsivo aspecto; algunas se refugian en apacibles retiros y varias se complacen en planear sobre las aguas. Si recordamos que el movimiento de los astros ha de perturbar el éter más hondamente todavía que los proyectiles el aire o las naves el agua, no será difícil inferir que determinadas posiciones respectivas de los astros puedan originar corrientes etéreas más caudalosas en una dirección que en otra y arrastrar, por lo tanto, en el
538 Higgins. – Anacalipsis, I, 807.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I mismo sentido grandes masas de elementales amigos o enemigos que, al ponerse en contacto con la atmósfera de la tierra, ocasionen efectos de notoria realidad. Opinaron los antiguos que los espíritus elementales, no dotados de alma, emanaron del incesante movimiento de la luz astral, que es fuerza engendrada por la voluntad. Pero como esta voluntad procede de una inteligencia infalible (porque es purísima emanación del Padre y no está sujeta a los órganos físicos del pensamiento humano), desde el principio del tiempo comenzó a desenvolver, con arreglo a leyes inmutables, la materia elementaria indispensable para la generación de las razas humanas que, ya pertenezcan a nuestro planeta, ya a cualquiera de los miles que voltean en el espacio, tienen todas sus cuerpos físicos formados según matriz de los cuerpos de cierta especie de entidades elementales que pasaron a los mundos invisibles. En el encadenamiento de la filosofía antigua no faltaba eslabón alguno de cuantos pudiera forjar una “imaginación experta”, como dice Tyndall, ni quedaba la menor laguna que pudiera colmarse con hipótesis materialistas, pues nuestros “ignorantes” antepasados trazaban la línea de evolución de uno a otro extremo del universo, sin que, como absurdamente han hecho los modernos científicos, intentaran resolver ecuaciones de un solo miembro. De la propia suerte que en la serie de evolución física no falla término alguno desde la nebulosa estelar hasta el cuerpo humano, así tampoco dejaron los antiguos ningún punto interrumpido en la línea de evolución espiritual que abarca desde el éter cósmico hasta el encarnado espíritu del hombre. Según los antiguos, la evolución procedía del mundo del espíritu al de la materia, para ascender desde éste al punto originario. La evolución de las especies era para ellos el descenso del espíritu a la materia y las entidades elementarias tienen en esta línea un punto tan señalado como el eslabón que Darwin juzga perdido entre el hombre y el mono. Nadie ha descrito más poética y acabadamente los seres elementales que Bulwer–Lytton, en su obra Zanoni, pues cuando los pinta como “algo inmaterial que da idea de alegría y luz”, parecen sus palabras más bien eco fiel de la memoria que exuberante engendro de la imaginación. Dice uno de los personajes de la mencionada obra: “El hombre es tanto más presuntuoso cuanto más ignorante. Durante muchos siglos sólo vio lucecitas encendidas por Dios para alumbrarle por la noche en los innumerables mundos que centellean en el espacio como burbujas en un océano sin límites… La astronomía ha desvanecido esta ilusión de la vanidad humana, y, aunque con repugnancia, confiesa el hombre que los astros son otros tantos mundos mayores y mejores que el suyo… Por doquiera descubre la ciencia nuevas vidas en esta inmensa ordenación… Procediendo, pues, por rigurosa analogía, si no hay brizna de hierba ni gota de agua que no sea, como la estrella más lejana, un mundo palpitante de vida, y si el hombre es un mando para los millones de seres vivientes que pueblan su carne y su sangre, basta el sentido común para inferir que los infinitos espacios interplanetarios están cuajados de entidades vivientes adaptadas a dicho medio. ¿No es absurdo
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I admitir la vida en una brizna de hierba y negarla en las inmensidad es del espacio? La ley reguladora del sistema universal no consiente el vacío ni en un punto siquiera, ni tampoco permite lugar alguno donde no aliente la vida. ¿Cómo cabe concebir, entonces, que el espacio esté vacío, inanimado, y tenga en el ordenamiento de la creación menor utilidad que la brizna de hierba o la gota de agua poblada de miles de infusorios? El microscopio descubre los parásitos que habitan en la brizna, pero no se ha inventado todavía un telescopio de suficiente alcance, para descubrir los nobilísimos y superiores seres que pueblan los inmensos espacios etéreos. Sin embargo, entre estos seres y el hombre hay misteriosa y terrible afinidad… Mas para descorrer este velo es preciso que el alma rebose de vivo entusiasmo y se desprenda de todo deseo mundano… Dispuesto así el hombre, vendrá en su auxilio la ciencia para que su vista sea más aguda, su ingenio más vivo, su sensibilidad más exquisita y aun el mismo éter, por virtud de ciertos secretos de química sublime, será más tangible y manifiesto. Después de todo, esto no es magia como se figuran los crédulos, pues no hay magia contra naturaleza, sino que únicamente la ciencia es capaz de dominar a la naturaleza. Ahora bien: existen en el espacio millones de seres no precisamente espirituales, porque todos tienen, como los infusorios, ciertas formas de materia, si bien tan delicada, vaporosa y tenue, que es a manera de película o vello que envuelve el espíritu… A la verdad, estas razas difieren entre sí completamente, pues unas son de extrema sabiduría y otras de horrible malignidad; unas hostiles como enemiga implacable hacia el hombre y otras benéficas como medianeras entre cielo y tierra… Entre los habitantes de los umbrales hay uno que excede en malicia y perversidad a todos los de su linaje; uno cuya mirada arredra al hombre más intrépido y cuyo poder se acrecienta en proporción del temor que inspira”539. Tal es el esbozo que de los elementales no dotados de espíritu traza un autor, de quien se supone fundadamente que sabía mucho más de cuanto condescendiera a declarar ante un público escéptico. Más adelante trataremos de explicar algunas enseñanzas esotéricas acerca del pasado, presente y porvenir del hombre. Estas enseñanzas son la fuente de que brotó el Antiguo y parte del Nuevo Testamento, y contienen los más sublimes conceptos de moral y de religión revelada. Las clases fanáticas e ignorantes de la sociedad tomaban la doctrina en sentido literal, pero las clases superiores, constituidas en su mayoría por iniciados, estudiaban en el solemne silencio de los santuarios y adoraban al único Dios del cielo. Las enseñanzas que, en el Banquete expone Platón acerca de la creación del hombre, y su teoría cosmogónica declarada en el Timeo, deben tomarse en sentido alegórico para aceptarlas por completo. Los neoplatónicos se aventuraron a exponer, sin violación de sigilo, las interpretaciones pitagóricas contenidas en el Timeo, Cratylus, Parménides y
539 Bulwer– Lytton. – Zanoni.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I algunos otros diálogos y trilogías. Los conceptos capitales de estas enseñanzas, en apariencia incongruentes, son el de la inmortalidad del alma y el de Dios como mente universal infundida en todas las cosas. La piedad de Platón y el respeto con que siempre habla de los Misterios son prenda suficiente de su discreción para no quebrantar el profundo sentimiento de responsabilidad inherente a todo adepto. A este propósito dice el insigne filósofo: “El hombre sólo puede llegar a ser verdaderamente perfecto, perfeccionándose en los perfectos misterios”540. No disimulaba Platón su disgusto por la divulgación que en su tiempo empezaba ya a darse a las enseñanzas de los misterios, pues opinaba que en vez de profanarlos en oídos de la multitud, debían reservarse exclusivamente a los más dignos y celosos
discípulos . Si bien menciona Platón frecuentemente a los dioses en sus obras, no cabe dudar de su fe monoteísta, pues por dioses entiende seres de jerarquía muy inferior a la divinidad y tan sólo superiores en un grado al hombre. El mismo Josefo, no obstante los prejuicios de raza, reconoce la creencia monoteísta de Platón, y a este propósito dice en su famosa diatriba contra Apión: “Los filósofos griegos que discurrían de acuerdo con la verdad no ignoraban cosa alguna… ni dejaban de notar la aparente frivolidad de las alegorías mitológicas que con justicia desdeñaban… Por este motivo se inclina Platón a creer que son inconvenientes los poetas en la república y no obstante rendir homenaje a Homero, le inculpa de haber quebrantado con sus mitos la ortodoxa creencia en un solo Dios”. Quienes descubran el verdadero espíritu de la filosofía platónica, difícilmente se contentarán con los comentarios de Jowett, quien dice que la influencia ejercida en la posteridad por el Timeo deriva en parte de la equivocada interpretación que los neoplatónicos dieron a las doctrinas de su autor, hasta el punto de estar las aclaraciones neoplatónicas de los Diálogos en “completo desacuerdo con el espíritu de Platón”. Esto equivaldría a suponer que Jowett ha penetrado acertadamente este espíritu; pero sus comentarios no lo denotan así. Dice Jowett que los cristianos encuentran en el Timeo las ideas de la Trinidad, el Verbo, la Creación y la Iglesia, aunque bajo el concepto judaico. Sin embargo, no es extraño que encuentren estas ideas, porque realmente están expuestas literalmente en dicha obra, aunque haya volado el espíritu que animaba las enseñanzas del insigne filósofo y fuera en vano que lo buscáramos en los áridos dogmas de la teología cristiana. La esfinge es hoy la misma que cuatro siglos antes de nuestra era, pero Edipo murió de muerte violenta por haber revelado al mundo lo que el mundo no estaba en disposición de recibir. Platón
540 Platón. – Fedro. – Traducción Cory, I, 328. 541 Así lo corrobora el mismo Platón al decir: “Os quejáis de que en mi anterior discurso no expliqué suficientemente la naturaleza del Primero. De intento usé un lenguaje enigmático para que si la tablilla sufriera algún accidente, ya por mar ya por tierra, nadie que no conociera el asunto pudiera comprender su contenido”. – (Platón, Ep.II. 312; Cory, Fragmentos antiguos).
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I encarnaba la verdad y necesario era que muriese como han de morir las verdades trascendentales antes de que renazcan cual Fénix de sus cenizas. Todos los comentadores de Platón han advertido la vivísima semejanza entre las esotéricas enseñanzas del ilustre filósofo y la doctrina cristiana; pero cada cual trató de explicar esta semejanza desde el punto de vista de sus personales creencias religiosas. Así, Cory542 opina que la semejanza es tan sólo superficial y prefiere el Dios antropomórfico a la Mónada pitagórica. Taylor, por el contrario encarama la Mónada muy por encima del Dios mosaico. ZeÍler ridiculiza el atrevimiento de los Padres de la Iglesia que, sin respeto a la historia ni a la cronología ni a la opinión pública, insisten en que la escuela
platónica copió de la religión cristiana sus conceptos fundamentales . Todas las filosofías antiguas enseñan que Dios es la mente universal difundida en
Leitura livre, oferecida pelo Conhecer para Transformar.