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Capítulo 17 de 51

Capítulo Ii — parte 4 de 5

Isis Sem o Véu

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Es la esencia masculina o sabiduría, mientras que el caos es la esencia femenina. Así tenemos, que la materia y el espíritu eran ya para los fenicios los dos principios coeternos é infinitos. Esta teoría es tan antigua como el mundo, y no fué Demócrito su autor, pues la intuición del hombre precedió al ulterior desenvolvimiento de su razón. Las escuelas materialistas son incapaces de explicar los fenómenos ocultos, porque niegan a Dios, en quien reside la Voluntad. Su desconocimiento de los fenómenos psíquicos, y lo absurdo de las hipótesis con que pretenden explicarlos, dimanan de que a priori desdeñan cuanto puede empujarles a transponer los límites de las ciencias experimentales y entrar en los dominios de la psicología o de la que no fuera incongruente llamar fisiología metafísica. Los filósofos antiguos afirmaban que todas las cosas visibles é invisibles surgían a la existencia por manifestación de la Voluntad, a que Platón llamó Idea divina, y que así como esta Idea da existencia objetiva a la materia con sólo enfocar su voluntad en un centro de fuerzas localizadas, así también el hombre, el microcosmos respecto del macrocosmos, da forma objetiva a la materia en proporción del vigor de su voluntad. Los átomos imaginarios146 son como operarios movidos automáticamente a influjo de la Voluntad universal que en ellos se enfoca y, manifestada en fuerza, los pone en actividad. El proyecto del futuro edificio está en la mente del Arquitecto y es reflejo de su voluntad que, abstracta desde el momento de concebirlo, se concreta en cuanto los átomos imaginarios obedecen a los puntos, líneas y formas trazadas en la mente del divino geómetra. Como Dios crea, así crea el hombre. Dadle voluntad lo suficientemente vigorosa y subjetivará las formas mentales, que muchos llaman alucinaciones, aunque para quien las forja sean tan reales como los objetos tangibles. Si aumenta el vigor de la voluntad é inteligentemente la dirige, condensará las formas en objetos visibles. Este es el secreto de los secretos, y quien lo aprende, merece el título de mago. Los materialistas nada pueden argüir contra esto, desde el punto en que para ellos es materia el pensamiento. Si tal supusiéramos, tendríamos que el ingenioso mecanismo proyectado por el inventor, las encantadoras escenas surgidas de la mente del poeta, los soberbios lienzos pintados por la viva imaginación del artista, la incomparable estatua cincelada en el pensamiento del escultor, los palacios y castillos planeados por el arquitecto, debieran existir objetivamente, a pesar de ser subjetivos é invisibles, porque el pensamiento, según los materialistas, es materia plasmada en forma. ¿Cómo negar entonces que haya hombres de voluntad lo bastante potente para transportar al mundo visible estas creaciones mentales y revestirlas de materia tangible? Si los científicos franceses no han cosechado laureles en el nuevo campo de investigación, tampoco los cosecharon los científicos ingleses hasta que Crookes se ofreció en holocausto por los pecados del mundo científico. Al cabo de veinte años de desdenes, consiente Faraday en hablar un par de veces de este asunto, no obstante

146 Figura de dicción empleada por Demócrito y tomada al pie de la letra por los materialistas.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I servir su nombre de conjuro contra los hechizos del espiritismo entre cuantos discuten los fenómenos psíquicos, y de ser ya notorio que en su vida vió una mesa giratoria el ilustre físico, que se avergonzaba de haber publicado sus investigaciones sobre tan degradante creencia. No tenemos más que desdoblar unos cuantos olvidados números del Journal des Debats, correspondientes a la época en que actuaba en Inglaterra un notable médium escocés, para restituir a pasados acontecimientos su primitiva lozanía. En uno de dichos números se erige Foucault en campeón del famoso físico inglés, diciendo: “No vaya a creerse que el insigne físico se ha olvidado de sí mismo hasta el extremo de sentarse prosaicamente junto a una mesa rotatoria”. Entonces, ¿de qué se avergonzaba el caudillo de la filosofía experimental? Aprovecharemos esta coyuntura para hablar del indicador de Faraday, el famoso aparato que inventó para atrapar a los médiums, es decir, para sorprender los fraudes mediumnímicos, según describe el marqués de Mirville, en La cuestión de los espíritus, esta complicada máquina cuyo recuerdo turba el sueño de los médiums impostores. Para comprobar la impulsión del médium, colocaba Faraday varios discos de cartón adheridos tangencialmente uno con otro por medio de cola, que se desprendían por efecto de una presión continuada. Ahora bien: luego de girar la mesa, si es que a tanto se había atrevido en presencia de Faraday, lo cual no deja de ser significativo, se examinaban los discos y al ver que habían resbalado en la misma dirección que el giro de la mesa, resultaba de ello la prueba incontrovertible de que el médium había empujado el mueble. Otro aparato de comprobación de los fenómenos psíquicos consistía en un pequeño dinamómetro que delataba el más leve impulso del médium, ó, según decía el mismo Faraday, “ indicaba el paso del estado pasivo al activo”. Este dinamómetro, indicador del impulso, demostraba tan sólo la acción de una fuerza que emanaba de los observadores o los dominaba. Pero ¿quién ha negado jamás la existencia de una fuerza en estos fenómenos? Todos admitimos que esta fuerza pasa a través del médium, como generalmente sucede o actúa con entera independencia del mismo, según ocurre bastantes veces. A este propósito, dice de Mirville: “El verdadero misterio está en la desproporción entre la fuerza desplegada por los médiums (que empujaban porque a ello se veían forzados) y los efectos de rotación cuya índole es realmente prodigiosa. En presencia de tan pasmosos efectos, ¿cómo suponer que las liliputienses experiencias de

esta índole tengan valor alguno en la tierra de gigantes hace poco descubierta?” , Con mayor mala fe procedió el profesor Agassiz, cuya reputación científica corría parejas en América con la de Faraday en Inglaterra. El notable antropólogo Buchanan, que ha tratado mejor que nadie en América del espiritismo, habla de Agassiz con justa indignación, pues no tenía motivo para escarnecer los fenómenos que en sí mismo había

147 La cuestión de los espíritus.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I experimentado. Pero como Faraday y Agassiz están ya desencarnados, vale más ocuparnos de los vivos que de los muertos. Resulta, por lo tanto, que los modernos escépticos niegan una fuerza del todo familiar a los antiguos tiempos. En épocas antediluvianas tal vez jugarían con esta fuerza los chiquillos, como los que describe Bulwer Lytton en La raza futura, juegan con el tremendo vril o agua de Phtha. Los antiguos llamaron a la antedicha fuerza Anima mundi y los herméticos medioevales le dieron los nombres de luz sidérea, leche de la Virgen, magnes y otros varios. Pero los modernos eruditos repudian tales denominaciones, porque tienen sabor de magia, que, según ellos, es grosera superstición. Apolonio y Jámblico afirman que el poderío del hombre que anhela superar a los demás, “no consiste en el conocimiento de las cosas externas, sino en la perfección del alma interna”148. Así llegaron ellos al conocimiento de sus almas divinas cuyos poderes emplearon con toda la sabiduría alcanzada por el estudio esotérico del hermético saber heredado de sus antecesores. Pero los filósofos del día no pueden o no se atreven a llevar sus tímidas miradas más allá de lo comprensible. Para ellos no hay vida futura ni divinos ensueños, que desdeñan por contrarios a la ciencia. Para ellos los antiguos son “ignorantes antepasados”, y miran con despectiva compasión a todo autor que crea inherentes al ser humano las misteriosas ansias de ciencia espiritual. Dice un proverbio persa: “Cuanto más obscuro está el cielo, más brillan las estrellas.” Así, en el negro firmamento de la Edad Media aparecieron los misteriosos Hermanos de la Rosa Cruz, que no organizaron asociaciones ni instituyeron colegios, porque, acosados por todas partes como fieras, los tostaba sin escrúpulo la iglesia católica en cuanto caían en sus manos. A este propósito dice Bayle: “Como la religión prohíbe el derramamiento de sangre en su máxima Ecclesia non novit sanguinem, quemaban a las víctimas, cual si al quemarlas no vertiesen su sangre”. Varios de estos místicos, guiados por las enseñanzas aprendidas en manuscritos secretamente conservados de generación en generación, llevaron a cabo descubrimientos que no desdeñarían hoy las ciencias experimentales. El monje Rogerio Bacón, vituperado de charlatán y tenido por aprendiz de artes mágicas, pertenece de derecho, sino de hecho, a la Fraternidad de los estudiantes de ocultismo. Floreció en el siglo XIII con Alberto el Magno y Tomás de Aquino, y sus descubrimientos de la pólvora, de las lentes ópticas y varios mecanismos, fueron atribuidos a hechicería por pacto demoníaco, y de ellos se aprovechan hoy mismo quienes más le escarnecen.

148 Bulwer lytton. – Zanoni.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I En un drama de la época de Isabel de Inglaterra, escrito por Roberto Green y basado en la historia legendaria de Rogerio Bacón, se dice, que habiendo sido presentado al rey, le pidió éste que demostrase algo de su saber ante la reina, y que él entonces movió la mano y oyóse al punto una música tan armoniosa como jamás la oyera ninguno de cuantos la escuchaban. Fué la música en crescendo y de pronto aparecieron cuatro figuras que danzaron un buen espacio, hasta desvanecerse en el aire. Movió de nuevo el monje la mano y súbitamente se difundió por la estancia tan exquisito perfume que parecía hábilmente preparado con los más finos y delicados aromas del mundo. Aseguró después Bacón a uno de los caballeros allí presentes, que iba a presentarle la mujer de quien andaba enamorado, y descorriendo las cortinas de la cámara regia, apareció a los ojos de los circunstantes una cocinera cucharón en mano que desapareció con igual presteza. Encolerizado el orgulloso caballero por aquella humillación, amenazó al monje con su venganza, pero él repuso tranquilamente: “No me amenace vuestra gracia, porque mayor pudiera ser su vergüenza, y ande alerta en decir otra vez que los letrados mienten”. Un historiador moderno149 comenta este relato, diciendo: “Puede considerarse esto como ejemplo de la clase de manifestaciones resultantes, sin duda, de un conocimiento profundo de las ciencias naturales”. Nadie ha dudado nunca que resultaran de semejantes conocimientos, y no otra cosa dijeron los herméticos, magos, astrólogos y alquimistas. A la verdad, no es culpa suya que las masas ignorantes, excitadas sin escrúpulo por el clero fanático, hayan atribuido a diabólicas influencias los fenómenos psíquicos; y por otra parte, las terribles torturas inquisitoriales retrajeron de la manifestación de sus facultades a los filósofos ocultistas, quienes dijeron en sus obras esotéricas, que da magia es la aplicación de causas naturales y activas a las cosas pasivas, para determinar efectos prodigiosos, pero completamente naturales”. El fenómeno de la música y de los aromas que Rogerio Bacón operó en la corte de Inglaterra, se ha repetido con frecuencia en nuestra época. Prescindiendo de nuestras personales experiencias, diremos que, según informes de los corresponsales ingleses de la Sociedad Teosófica, hubo casos en que oyeron músicas y percibieron fragancias, sin que nada señalase su procedencia, por cual motivo atribuyeron el fenómeno a la influencia de los espíritus. Uno de dichos corresponsales informó diciendo, que en cierta ocasión la casa donde se celebraban reuniones espiritistas de carácter íntimo quedó impregnada durante muchas semanas de intenso aroma de sándalo. Otro corresponsal describe el fenómeno que llama toque musical. Las mismas potencias capaces de producir hoy estos fenómenos debieron existir y tener idénticas facultades en la época de Bacón. Respecto a las apariciones espectrales, baste decir que también hoy ocurren en las sesiones espiritistas y, por lo tanto, no cabe dudar de los prodigios atribuidos a Bacón en este punto.

149 T. Wright. – Narraciones de brujería y magia.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I En su tratado de Magia Natural, enumera Bautista Porta un catálogo de fórmulas secretas para obtener extraordinarios efectos de las fuerzas ocultas de la naturaleza, pues aunque los magos creían tan firmemente como los espiritistas de hoy en los espíritus invisibles, no fiaban las operaciones mágicas a su entera dirección y auxilio, pues de sobra sabían cuán difícil es ahuyentar a los elementales una vez se les hayan abierto las puertas de par en par. Aun la misma magia de los antiguos caldeos consistía tan sólo en el profundo conocimiento de las propiedades químicas de las substancias minerales, y únicamente se comunicaban, mediante ceremonias religiosas, con las puras entidades espirituales, cuando el teurgo requería el divino auxilio en asuntos de moral o material interés. Pero tan sólo subjetivamente y por efecto de su pureza de vida y continuadas oraciones podían evocar los espíritus invisibles que despiertan les extáticos sentidos de clarividencia y clariaudiencia. Producían los fenómenos psíquicos mediante la aplicación de las fuerzas naturales y en modo alguno por las artes de prestidigitación de que se valen hoy día los hechiceros. Quienes conocen las secretas fuerzas naturales y emplean con paciente parsimonia las facultades dimanantes de tal conocimiento, laboran por algo superior a la deleznable gloria de una fama efímera, pues sin apetecerla logran la inmortalidad reservada a cuantos olvidándose de sí mismos se entregan por entero al bien del género humano. Iluminados por la luz de la verdad eterna, aquellos rico–pobres alquimistas iban más allá de la común penetración, y sólo diputaban por inescrutable la Causa primera. Su norma constante estaba trazada de consuno por la intrepidez, el deseo de saber, la firme voluntad y el absoluto sigilo. Sus espontáneos impulsos eran la beneficencia, el altruismo y la moderación. La sabiduría era para ellos de mayor estima que el logro mercantil, el lujo, riqueza, pompa y poderío mundano, al paso que no les asustaban ni hambres ni pobrezas ni fatigas ni desprecios humanos, con tal de llevar a cabo su tarea. Pudieron haber reposado en blandos lechos de aterciopeladas colchas, y prefirieron morir en los hospitales y en las márgenes de los caminos, antes que envilecer sus almas cediendo a la nefanda concupiscencia de quienes intentaban hacerles quebrantar sus sagrados votos. Ejemplo de ello nos dan las vidas de Paracelso, Cornelio Agripa y Filaleteo. Si los espiritistas quieren mantener la recta noción del mundo espiritual, no deben consentir que los científicos investiguen fenómenos con estricto propósito de experimentación, pues seguramente daría por resultado un parcial redescubrimiento de la magia de Moisés y Paracelso. Bajo la engañosa belleza de sus apariciones espectrales, podrían encubrirse las sílfides y ondinas de los rosacruces, jugueteando en las corrientes de fuerza psíquica y de fuerza ódica. Crookes reconoce que la aparición espectral de Catalina King es una entidad, pero recela que no tenga alma y esté animada aquella figura de hermoso cutis por el médium y los concurrentes. También los eruditos autores de El universo invisible dan

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I de mano a su hipótesis electrobiológica y vislumbran la posibilidad de que el éter universal sea el álbum fotográfico de En–Soph, el infinito Ser. Muy lejos estamos de asegurar que todos los espíritus comunicantes de las sesiones espiritistas pertenezcan a los órdenes de elementales y elementarios, pues muchos de ellos, sobre todo los que hablan por boca y escriben por mano del médium, aparte de otras operaciones, son espíritus de difuntos cuya bondad o malicia depende del carácter moral del médium, del ambiente colectivo de los circunstantes y, mucho más todavía, de la intensidad é índole del propósito. Nada serio puede esperarse cuando la sesión no tiene otro objeto que satisfacer la curiosidad y pasar el tiempo; pero tampoco crea nadie que un espíritu sea capaz de materializarse en carne y hueso, pues lo más que pueden hacer es proyectar su imagen etérea en las ondas atmosféricas, de modo que tanto el cuerpo como el traje cansarán al tacto una sensación semejante a la brisa y no la de un objeto densamente material. Es inútil atribuir naturaleza humana a los “espíritus materializados” en quienes se advertían los latidos del corazón, y que hablaban con voz sonora, unas veces valiéndose de trompetilla y otras sin haber de recurrir a este instrumento. Difícilmente se olvidan una vez oídas las voces, si cabe darles este nombre, de las apariciones espectrales. La voz de los espíritus puros semeja el trémulo murmullo de una lejana arpa eólica. La voz de un espíritu en pena, y por lo tanto impuro, si no maligno, puede compararse a la voz humana que saliese del fondo de un tonel vacío. Esta filosofía no es nuestra, sino la de muchísimas generaciones de magos y teurgos que la fundaron en la experiencia. El testimonio de la antigüedad es irrecusable en este

punto: Daimoníwn ywnaì a5narqroi ei1sí . Las voces de los espíritus son inarticuladas. La voz de los espíritus consiste en una serie de sonidos de efecto semejante al de una columna de aire comprimido que, ascendiendo de abajo arriba, se derramara en torno del oyente. En el caso de Isabel Eslinger, todos cuantos presenciaron la aparición151, atestiguaron que habían visto como una columna de nubes. Durante once semanas seguidas observaron diariamente esta aparición, el doctor Kerner y sus hijos, varios sacerdotes luteranos, el abogado Fraas, el grabador Düttenhöfer, los dos médicos Siefer y Sicherer, el juez Heyd, el barón de Hugel y muchas otras personas. Mientras se manifestaba el espectro, permanecía Isabel en su celda orando sin cesar en voz alta, y como al propio tiempo hablaba la aparición, no podía ser un caso de ventriloquismo, aparte de que, según los testigos, nada tenía aquella voz de humana ni nadie era capaz de imitar su timbre. Más adelante daremos copiosas pruebas entresacadas de autores antiguos acerca de esta evidente verdad. Por ahora repetiremos que ningún espíritu de los llamados

150 Dea Mousseaux. – Dodone – Dios y los dioses, 326. 151 Entre los testigos de vista se cuentan : el alcalde de la carcel de Weinsberg, los señores Mayer. Eckhart, Theurer, Knorr, Düttenhöfer y el matemático Kapff.

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