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Capítulo 33 de 51
Capítulo Vi — parte 1 de 6
Isis Sem o Véu
Hermes, el portador de mis órdenes, tomó la varilla con que a su arbitrio cierra los párpados de los mortales y a su arbitrio también despierta a los dormidos. – Odisea, Libro V Yo vi saltar los anillos samotracios y bullir las limaduras de acero en un plato de bronce, apenas pusieron debajo la piedra imán. Y con pánico terror parecía huir de ella el hierro con acerbo odio. – LUCRECIO, Libro VI Pero lo que especialmente distingue a la Fraternidad, es su maravilloso conocimiento de los recursos del arte médico. Operan por medio de simples y no por hechizos. – (Manuscrito. Informe sobre el origen y atributos de los verdaderos rosacruces) ocas verdades tan profundas han dicho los científicos como la expuesta por Cooke en su obra Nueva Química, al decir: “La historia de la ciencia nos Pdemuestra que para arraigar y desarrollarse una verdad científica, es preciso que la época esté debidamente dispuesta a recibirla, pues muchas ideas no dieron fruto por haber caído en suelo estéril; pero tan luego como el tiempo puso el abono, la simiente echó raíces y más tarde frutos… ”Todo estudiante se sorprende al ver el escaso número de verdades que aun los más preclaros talentos añadieron al acopio científico”. La transformación operada recientemente en la química es muy a propósito para llamar la atención de los químicos sobre el particular, que no causaría extrañeza si antelativamente se hubiesen estudiado con imparcial criterio las enseñanzas alquímicas. El puente que salva el abismo abierto
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I entre la nueva química y la vieja alquimia es pequeño en comparación del tendido más audazmente al pasar de la teoría dualística, a la unitaria. Así como Ampère fué fiador de Avogadro entre los químicos modernos, así también se verá algún día que la hipótesis del od, sustentada por Reichenbach, abre camino para estimar la valía de Paracelso. Hace tan sólo cincuenta años, se consideraba la molécula como el tipo unitario de las combinaciones químicas, y acaso no transcurra tanto tiempo sin que se reconozca el eminente mérito del místico suizo, quien dice en una de sus obras: “Conviene tener en cuenta que el imán es aquel espíritu de vida en el hombre sano, a quien el enfermo busca, y ambos están unidos al caos externo. De esta suerte, el enfermo inficiona al sano por atracción magnética”. Las obras de Paracelso describen las causas de las enfermedades que afligen a la humanidad, las ocultas relaciones entre la fisiología y la psicología, que en vano se esfuerza en descubrir especulativamente la ciencia moderna, y los específicos y remedios de cada una de las dolencias corporales. También conoció Paracelso el electro–magnetismo tres siglos antes de que (Ersted presumiera haberlo descubierto, según puede inferirse del examen crítico de su peculiar terapéutica. En cuanto a sus descubrimientos químicos, no hay necesidad de enumerarlos, puesto que muchos
autores imparciales le tienen por uno de los más insignes químicos de su época . Brierre de Boismont le llama genio, y de acuerdo con Deleuze dice que abrió una nueva era en la historia de la medicina. El secreto de sus felices y mágicas curaciones (como las llamaron entonces), consistía en el soberano menosprecio con que miraba a las tituladas autoridades científicas de su tiempo. A este propósito, dice: “Al investigar la verdad, me he preguntado que de no haber en este mundo maestros de medicina, ¿cómo me las hubiera yo arreglado para aprender este arte? Pues en ningún otro libro que en el siempre abierto de la naturaleza, escrito por el dedo de Dios… Me acusan de no haber entrado en el templo del arte por la puerta principal; pero ¿quién tiene razón? ¿Galeno, Avicena, Mesue, Rhasis o la honrada naturaleza? Yo creo que la naturaleza, y por sus puertas entré guiado por la luz de la naturaleza sin necesidad de candiles de boticario”. Su desdén por la rutina docente y el formulismo científico, el anhelo de identificarse con el espíritu de la naturaleza, que era para él la única fuente de salud, el único sostén y luz de la verdad, concitaron contra el alquimista y filósofo del fuego, las implacables iras de los pigmeos de la época. No debe maravillarnos de que le acusaran de charlatán y aun de beodo, si bien Hemmann le defiende denodadamente de esta última imputación, demostrando que fué calumnia de un tal Oporino, quien estuvo con él durante algún tiempo para sorprender sus secretos, y al no lograr su intento, se desataron las malas lenguas de sus despechados discípulos, coreadas por los boticarios. Fundó Paracelso la escuela del magnetismo animal, y descubrió las propiedades del imán. Sus contemporáneos menoscabaron su reputación tachándole
318 Hemmann. – Ensayos médico–quirúrgicos. Berlín, 1778.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I de hechicero, en vista de las maravillosas curas que obtenía, como tres siglos después se vió también acusado el barón Du Potet, de brujería y demonolatría, por la Iglesia romana, y de charlatanería por los académicos de Europa. Según dijeron los filósofos del fuego, no hay químico capaz de considerar el “fuego viviente” distintamente de sus colegas, y a este propósito dice Fludd: “Olvidaste lo que tus padres te enseñaron sobre ello, o mejor dicho, nunca lo supiste porque es
demasiado elevado para ti” . Quedaría incompleta esta obra si no relatáramos, siquiera brevemente, la historia del magnetismo animal desde que Paracelso asombró con sus experimentos a los sabios de la segunda mitad del siglo XVI. Sucintamente expondremos algo relativo a los trabajos de Antonio Mesmer, que importó de Alemania el magnetismo animal, y al desvío con que lo recibieron los académicos, después de haber rechazado consecutivamente cuantos descubrimientos se hicieron de Galileo acá, según consta en los documentos casi convertidos en polvo de la Academia de Ciencias de París, cuyos miembros cerraban las puertas de entrada a los sublimes misterios de los mundos físico y psíquico. A su alcance estaba el alkahest, el gran disolvente universal, y lo menospreciaron para confesar al cabo de un siglo que, “más allá de los límites de la observación no es infalible la química, y aunque nuestras hipótesis y teorías puedan contener un fondo de verdad, sufren frecuentes alteraciones, que las revolucionan por
completo” . No es lícito afirmar sin pruebas que el magnetismo animal y el hipnotismo sean puras alucinaciones. Pero ¿en dónde están las pruebas que den el único valor posible a la afirmación? Miles de ocasiones desaprovechadas tuvieron los académicos para cerciorarse de la verdad, y en vano magnetizadores é hipnotizadores invocan el testimonio de los sordos, lisiados, enfermos y moribundos a quienes devolvieron la salud sin otra medicina que sencillísimas manipulaciones y la apostólica imposición de manos. Cuando el hecho es innegable por lo evidente, lo achacan a mera coincidencia, sino dicen nuestros numerosos tomases que todo son visiones, charlatanería y exageración. El célebre saludador norteamericano Newton ha efectuado más curas instantáneas que enfermos tendrán en toda su vida los más famosos médicos neoyorkinos, y el mismo éxito ha tenido en Francia el zuavo Jacobo. ¿Será posible entonces tachar de alucinaciones o de confabulación de charlatanes y lunáticos los testimonios acopiados durante los últimos cuarenta años? Quien tal hiciera se confesaría mentecato. A pesar de la reciente condena de Leymarie, de las mofas de los escépticos y de muchos médicos y científicos, de la impopularidad del asunto y de la tenaz persecución
319 Roberto Fludd. –Tratado III. 320 Cooke. – Nueva Química.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I del clero romano que combate en el magnetismo al tradicional enemigo de la mujer, es tan evidente la verdad de los fenómenos psíquicos, que hasta los mismos tribunales franceses, si bien con repugnancia, no han tenido más remedio que reconocerlos. La famosa clarividente, señora Roger, y su hipnotizador el doctor Fortin, fueron acusados de estafa. La sujeto compareció el 18 de Mayo de 1876 ante el tribunal correccional del Sena, acompañada del barón Du Potet, en calidad de testigo, y del famoso abogado Julio Favre, en la de defensor. Por una vez al menos prevaleció la verdad, quedando desestimada la acusación. ¿Se debió este resultado a la vibrante elocuencia del defensor o a las incontrovertibles pruebas aducidas? Sin embargo, también Leymarie, editor de la Revue Spirite, adujo pruebas favorables, aparte de las declaraciones de un centenar de respetables testigos, entre los que se contaban reputaciones europeas de primer orden. Esta incongruencia no tiene otra explicación sino que los magistrados no se atrevieron a discutir los fenómenos hipnóticos. En las fotografías espiritistas, golpes, escrituras, levitaciones, voces y materializaciones, cabe simulación y difícilmente se hallará un fenómeno espiritista que no pueda remedar un hábil prestidigitador con sus artificios; pero las maravillas del hipnotismo y los fenómenos psíquicos de índole subjetiva desafían las imposturas de los médiums farsantes, las burlas de los escépticos y los rigorismos de la ciencia. No es posible fingir la catalepsia. Los espiritistas que anhelan ver sus ideas científicamente reconocidas, se dedican al fenomenismo hipnótico. Si colocamos en el tablado de la Sala Egipcia a un sujeto hipnotizado, el hipnotizador podrá transportarle el libre espíritu a cuantos parajes indique el público y poner a prueba su clarividencia y clariaudiencia. En las partes del cuerpo afectadas por los pases del hipnotizador, se le podrán clavar alfileres y agujas aunque sea en sitio tan delicado como los párpados, cauterizar sus carnes y herirle con armas de filo, sin que se le cause el menor daño ni sienta el más leve dolor. Bien dicen Regazzoni, Du Potet, Teste, Pierrard, Puysegur y Dolgoruky, que no es posible dañar a un sujeto hipnotizado. Después de esto invitemos a someterse al mismo experimento a cualquier hechicero vulgar de los que rabian por cobrar celebridad y presumen de hábiles en el remedo de los fenómenos espiritistas. De
seguro que rehusará poner su cuerpo en semejantes pruebas . Cuentan que el alegato de Julio Favre mantuvo en suspenso durante hora y media a los magistrados y al público; pero sin regatearle méritos, que por haberle oído en otras ocasiones reconocemos, valga señalar que el último párrafo de su defensa encerraba
321 En el Boletín de la Academia de Medicina de París ( tomo I, 343, año 1837) consta el informe del doctor Oudet, diciendo que para comprobar la insensibilidad de una sujeto hipnotizada le introdujo un largo alfiler entre cuero cabelludo y carne y le acercó un dedo durante algunos segundos a la llama de una bujía. En otra ocasión se hipnotizó a una señora , de apellido Plaintain, para extirparle un cáncer de la mama derecha. La operación duró doce minutos y en todo este tiempo la paciente estuvo conversando tranquilamente con el hipnotizador, sin notar el más ligero dolor. ( Boletín de la Academia de Medicina, tomo II, 370.)
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I una afirmación prematura y al propio tiempo errónea. Dijo así: “Estamos en presencia de fenómenos que la ciencia admite, aunque sin explicarlos. El vulgo podrá reírse de ellos, pero son la preocupación de físicos ilustres. La justicia no debe ignorar por más tiempo lo que la ciencia reconoce”. El vulgo no se hubiera reído del hipnotismo si la gratuita afirmación del defensor se basara en numerosas investigaciones científicas de imparciales experimentadores, en vez de limitarse a una exigua minoría verdaderamente anhelosa de interrogar a la naturaleza. El vulgo es dócil y sumiso como un niño que va fácilmente adonde su aya le lleva. Escoge para la adoración los ídolos y fetiches que más le deslumbran y después se vuelve en redondo por ver con aduladora mirada si está satisfecha esa vieja aya que se llama opinión pública. Aseguraba Lactancio, que ningún escéptico de su época se hubiera atrevido a negar la inmortalidad del alma delante de un mago, “porque éste le hubiera demostrado al punto lo contrario, evocando las almas de los muertos para que se manifestasen
visiblemente a los vivos y predijesen acontecimientos futuros” . Cosa parecida ocurrió en la causa de la señora Roger, pues los magistrados se amedrentaron al ver que el barón Du Potet la hipnotizaba en su presencia, como prueba testifical en favor de la acusada. Volviendo ahora a Paracelso, diremos que sus obras escritas en estilo enigmático, aunque vigoroso, han de leerse como los rollos de Ezequiel, por dentro y por fuera. Había en aquellos tiempos mucho riesgo en exponer doctrinas heterodoxas, pues la Iglesia estaba en toda su pujanza y menudeaban los autos de fe. Por esta razón vemos que Paracelso, Agrippa y Filaletes fueron tan notables por la piedad de sus declaraciones públicas, como famosos por sus hazañas alquímicas y mágicas. La opinión de Paracelso sobre las propiedades ocultas del imán se halla expuesta en sus obras: Archidaxarum, De Ente Dei y De Ente Astrorum, en la primera de las cuales describe la maravillosa tintura medicinal extraída del imán y denominada magisterium magnetis. Sin embargo, la exposición está en lenguaje no entendido de los profanos y a este propósito dice: “Cualquier campesino echa de ver que el imán atrae al hierro; pero el sabio debe preguntarse por qué… Yo he descubierto que además de esta notoria propiedad de atraer al hierro, tiene el imán otra propiedad oculta”. Más adelante demuestra Paracelso que en el hombre late una “fuerza sidérea” emanada de los astros, que constituye su forma astral. Esta fuerza sidérea, que pudiéramos llamar espíritu de la materia cometaria, permanece directamente relacionada con los astros de que procede y así quedan los hombres en mutua atracción magnética. Considera también Paracelso, que el cuerpo humano tiene la misma composición química que la tierra y los demás astros, y dice así: “El cuerpo
322 Wilder. – Profecías antiguas y modernas. – Diario Frenológico.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I procede de los elementos y el alma de los astros… De los elementos saca el hombre en comida y bebida lo necesario para sustentar su carne y sangre; pero de las estrellas le viene el sustento de la mente y pensamientos de su alma”. Vemos corroboradas hoy estas afirmaciones de Paracelso, por cuanto el espectroscopio demuestra la identidad química, entre el cuerpo humano y el sistema planetario, y los físicos enseñan desde la
cátedra la magnética atracción del sol y de los planetas . Entre los elementos constitutivos del cuerpo humano, se han descubierto ya en el sol, el hidrógeno, sodio, calcio, magnesio y hierro; y en los centenares de estrellas observadas se ha encontrado el hidrógeno, excepto en dos. Por lo tanto, si el espectroscopio ha confirmado al menos una de las afirmaciones de Paracelso, es de esperar que con el tiempo queden corroboradas las demás, no obstante el menosprecio en que le han tenido astrónomos y químicos por sus teorías sobre la idéntica composición química del hombre y los astros, y por sus ideas acerca de las afinidades y atracciones entre unos y otros. Pero ocurre preguntar: ¿cómo pudo Paracelso presumir la constitución de los astros, cuando hasta el descubrimiento del espectroscopio nada supieron las academias de química sidérea? Aún hoy día, a pesar de los novísimos procedimientos de observación, sólo se ha logrado indicar la presencia en el sol de unos cuantos elementos y de una cromoesfera hipotética, pues todo lo demás continúa en el misterio. ¿Hubiese podido Paracelso estar tan seguro de la constitución natural de los astros, si no dispusiera de medios como la filosofía hermética y la alquimia, no sólo desconocidos, sino menospreciados por la ciencia? Además, conviene tener en cuenta que Paracelso descubrió el hidrógeno y conocía perfectamente su naturaleza y propiedades, mucho tiempo antes de que los científicos ortodoxos sospecharan su existencia; que había estudiado astrología y astronomía, como todos los filósofos del fuego, y no se equivocaba al asegurar la directa afinidad del hombre con los astros. También expuso Paracelso, y a los fisiólogos toca comprobarlo, que el cuerpo no sólo se alimenta por medio del estómago, “sino también, aunque imperceptiblemente, de la natural fuerza magnética de que cada individuo extrae su nutrición específica… ; pues de los elementos en equilibrio atrae el hombre la salud y de los perturbados la enfermedad”. La ciencia admite que los organismos vivientes están sujetos a leyes de afinidad química, y la propiedad más notable de los tejidos orgánicos, según los fisiólogos, es la absorción. Por lo tanto, nada de extraño tiene la afirmación de Paracelso de que el cuerpo humano, a causa de su naturaleza química y magnética,
323 La hipótesis de que el sol es un globo incandescente, está ya algo pasada de moda, según dijo hace poco una Revista Ilustrada, pues si el sol fuese un témpano de hulla, con la suficiente cantidad de oxígeno para arder, quedaría consumido en menos de cinco mil años. A pesar de este cómputo, aún hay quien sostiene que el sol es un depósito de metales en estado gaseoso.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I absorbe las influencias siderales. ¿Qué puede objetar la ciencia a la afirmación de que los astros nos atraen y a nuestra vez los atraemos? Así lo prueba el descubrimiento del barón de Reichenbach, de que las emanaciones ódicas del hombre son idénticas a las de los minerales y vegetales. Paracelso afirmó la unidad constitutiva del universo, al decir, que “el cuerpo humano contiene materia cósmica”, pues el espectroscopio no sólo ha demostrado la existencia en el sol y demás estrellas, fijas de los mismos elementos químicos dé la tierra, sino
también que cada estrella es un sol de constitución similar al nuestro . Según
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