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Capítulo 15 de 51

Capítulo Ii — parte 2 de 5

Isis Sem o Véu

7.ª Los fenómenos se deben a la acción de las almas de los difuntos . 8.ª La energía psíquica opera, por medio de las entidades aludidas, en las cuatro hipótesis inmediatamente precedentes. La primera hipótesis sólo es válida en casos, por desgracia demasiado frecuentes, pero no tiene importancia alguna con relación a los fenómenos de por sí. Las segunda y tercera son los últimos reductos en que se guarecen los escépticos y materialistas, a quienes puede aplicarse el aforismo jurídico: Adhuc sub judice lis est. Por lo tanto, sólo hemos de analizar las otras cuatro hipótesis en las que podremos incluir la octava. En prueba de lo muy expuesta a error que está toda opinión científica, compararemos los diversos artículos que sobre los fenómenos espiritistas escribió Crookes desde 1870 a 1875. De uno de ellos entresacamos el siguiente pasaje: “El perfeccionamiento y difusión de los métodos científicos facilitarán la exactitud de las observaciones, con estímulos de mayores anhelos de verdad, en los investigadores futuros, cuyos descubrimientos lanzarán los vanos residuos del espiritismo al desconocido antro de la magia y de la nigromancia.” Sin embargo, en 1875 describía el mismo Crookes, con profusión de pormenores, los fenómenos producidos por el materializado espíritu llamado Catalina King120. No cabe suponer que durante dos o tres años seguidos estuviera Crookes sujeto a alguna sugestión extraña o alucinado por completo, pues la materializada forma de Catalina King se le aparecía en su propio despacho en circunstancias incompatibles con todo fraude, y la vieron y oyeron centenares de testigos. Sin embargo, dice Crookes que jamás creyó que Catalina King fuera un espíritu desencarnado. Aun admitiendo la afirmación de Crookes bajo su sola palabra, tendríamos que la materializada forma había de ser forzosamente una de las entidades enumeradas en la sexta hipótesis, según opina el mismo Crookes121. Y por cierto, que tan sólo a una hada pudiera aplicarse la poética descripción del insigne físico cuando de ella dice: “Aparece rodeada de un ambiente de vida, y sus dulces y serenos ojos, tan bellos como los pensamientos celestiales, acrecientan con su mirada la diafanidad del aire. Ante su avasalladora presencia, sentimos que no fuera idolatría hincarnos de rodillas”122. Así es que después de haber escrito en 1870 tan acerbas frases contra el

118 Esta es la hipótesis de los cabalistas. 119 Hipótesis de los espiritistas. 120 Crookes. – Lo más reciente acerca de Catalina King, folleto núm.3, pág.119. 121 Crookes. – Lo más reciente acerca de Catalina King, folleto núm. 1, 7. 122 Crookes. – Lo más reciente acerca de Catalina King, folleto núm. 3, 112.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I espiritismo y la magia, después de declarar que todo le parecía cosa de superstición, o por lo menos de inexplicable fraude o alucinación de los sentidos, dice Crookes cinco años más tarde: “Mayor repugnancia siente mi razón, por contrario al sentido común, a creer que la Catalina King de estos tres pasados años, sea ilusorio efecto de fraudes é imposturas

que creer que sea lo que ella afirma ser” . Esta observación demuestra concluyentemente: 1.º Que si bien Crookes tenía el pleno convencimiento de que la forma materializada Catalina King era una entidad, no creía que fuese el médium, ni difunto alguno, sino, por el contrario, una desconocida fuerza de la naturaleza, propensa a las expansiones del amor y de la alegría retozona. 2.º Que a pesar de su absoluta certeza de la existencia de aquella nueva fuerza, no variaba el eminente investigador su escéptica actitud respecto de la cuestión. En una palabra: creía firmemente en el fenómeno, pero negaba que lo produjera la acción del espíritu de un difunto. Nos parece que por lo concerniente a los prejuicios del vulgo, esclarece Crookes un misterio para sumir a las gentes en otro todavía mayor, es decir, que le resulta el obscurum per obscurius, pues al rechazar los despreciables residuos del espiritismo, se sumerge temerariamente el audaz científico en el desconocido limbo de la magia y la nigromancia. Las leyes hasta ahora conocidas de las ciencias físicas, apenas intervienen en los fenómenos espiritistas, por muy objetivos que sean, y aunque de ellos se infieran visiblemente los efectos de una fuerza desconocida, no han podido todavía los científicos comprobarlos a su sabor ni descubrir las condiciones necesarias y suficientes para su producción, porque ello requiere un estudio tan profundo de la trina naturaleza física, psíquica y espiritual del hombre, cual en otro tiempo lo hicieron los magos, teurgos y taumaturgos. Hasta ahora, aun los mismos que, a ejemplo de Crookes, han investigado atenta é imparcialmente los fenómenos psíquicos, prescindieron de la causa como si de antemano la diputaran por investigable y les conturbase lo mismo que la causa primera de los fenómenos cósmicos, cuyos infinitos efectos tan cachazudamente observan y clasifican. Sus procedimientos de investigación igualan en insensatez a aquel que para encontrar las fuentes de un río, caminase hacia la desembocadura. Tan mezquino concepto tienen de la posible acción de las leyes naturales, que, o niegan aun las más sencillas modalidades de fenómenos psíquicos, o han de atribuirlos a milagros que la ciencia rechaza por absurdos, resultando de todo ello desprestigiados

123 Crookes. – Investigación de los fenómenos espiritistas, 45.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I los científicos. Si éstos hubieran estudiado los llamados “milagros”, en vez de negarlos, de seguro que ya conocerían muchas leyes naturales que los antiguos conocieron. Como dice Bacón: “El convencimiento no dimana de los argumentos, sino de la experimentación”. Los antiguos, y sobre todo los magos y astrólogos caldeos, se distinguieron siempre por su ardiente anhelo de inquirir la verdad en las diversas ramas de la ciencia, pues se esforzaban en penetrar los secretos de la naturaleza, por los mismos métodos de observación y experimentación a que recurren los modernos investigadores; y si éstos se resisten a creer que aquéllos ahondaran mucho más en los misterios del universo, no por ello es justo negar que poseyeran vastos conocimientos, ni tampoco acusarles de superstición, pues lejos de haber prueba de estas imputaciones, cada nuevo descubrimiento arqueológico es un testimonio a su favor. Nadie les ha superado aún en conocimientos químicos, y a este propósito dice Wendell en su famosa conferencia acerca de Las Artes perdidas, que “la química llegó en tiempos antiguos a una altura no alcanzada ni siquiera bordeada por nosotros”. Conocieron el vidrio maleable que, suspendido de un extremo, se iba distendiendo por su propio peso, hasta adelgazarse en forma de cinta flexible que podía arrollarse a la muñeca, y cuyo secreto de fabricación fuera para nosotros tan difícil como volar hasta la luna. Está históricamente comprobado, que un extranjero llevó a Roma, en tiempo de Tiberio, una copa de cristal que al caer sobre el pavimento de mármol no se rompía, sino que tan sólo se abollaba y era fácil restituirle su primitiva forma a martillazos. Si los modernos dudan de ello es porque no saben hacerlo. En Samarcanda y en algunos monasterios del Tíbet, pueden verse hoy día copas y otros objetos de cristal maleable, con añadidura de haber allí quienes afirman que pueden fabricarlos, gracias a su conocimiento del tan ridiculizado alkahest o disolvente universal que, según Paracelso y Van Helmont, es un agente natural “capaz de reducir todos los cuerpos sublunares, así homogéneos como heterogéneos, a su ens primum o substancia primaria, convirtiéndolos en un licor uniforme y potable, que aun mezclado con agua ú otro zumo cualquiera no pierde su virtud, y si otra vez se mezcla consigo mismo se convierte en agua pura y elemental”. ¿Qué inconveniente hay en admitir la posibilidad de todo esto? ¿Por qué ha de ser utópico este disolvente? ¿Acaso porque los químicos modernos no lo han descubierto? Sin mucho esfuerzo podemos concebir que todos los cuerpos dimanan de una substancia primaria que de acuerdo con la astronomía, geología y física, debió de ser flúida en su originario estado. ¿Por qué no puede el oro, cuya génesis desconocen los químicos modernos, haber sido primitivamente una substancia básica del oro, un flúido pesado que, como dice Van Helmont, “por su propia naturaleza y por la firme cohesión de sus partículas tomó el estado sólido”? No es, por lo tanto, despropósito creer que haya una substancia universal que reduzca todos los cuerpos a su genérica substancia. Van Helmont la califica de “la sal más poderosa y principal que en su grado máximo de simplicidad, pureza y sutilidad, no se altera al reaccionar sobre otras

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I materias, y tiene suficiente energía para disolver el cuarzo, las piedras preciosas, el vidrio, la sílice, el azufre y los metales, formando una sal roja de peso equivalente, al de las materias disueltas con tanta facilidad como el agua caliente disuelve la nieve”. Este es el flúido que aún hoy se emplea para sumergir el vidrio común y darle maleabilidad. Tenemos una prueba palpable de semejantes posibilidades. Un corresponsal extranjero de la Sociedad Teosófica, famoso médico que hace más de treinta años se dedica al estudio de las ciencias ocultas, ha obtenido el primario elemento del oro al que llama legítimo aceite de oro, que analizado por muchos químicos, se han visto precisados a confesar que no acertaban con el procedimiento de obtención. No debe extrañarnos que este médico se resista a publicar su nombre, pues el ridículo y las preocupaciones vulgares son a veces más peligrosas que la Inquisición antigua. La tierra adámica es de linaje emparentado con el alkahest y uno de los más importantes secretos alquímicos, que ningún cabalista divulgará, pues como dice muy bien en lenguaje simbólico: “daría explicación de las águilas de los alquimistas y las águilas tienen las alas cortadas”. Es un secreto que Tomás Vaughan (Eugenio Filaleteo), tardó veinte años en aprender. A medida que la aurora de las ciencias físicas fué acrecentándose en luz diurna, las ciencias espirituales se sumergieron en cada vez más densas sombras, hasta el punto de negarlas muchos muy rotundamente. A los eminentes psicólogos de otras épocas se les tiene hoy por ignorantes y supersticiosos, cuando no por saltimbanquis y prestidigitadores, pues el sol de la ciencia brilla en nuestros días con tal esplendor, que parece axiomático que los antiguos nada sabían y estaban envueltos en las brumas de la superstición. Pero olvidan sus detractores que el sol de nuestro tiempo será obscura noche en comparación del luminar futuro, y que así como los científicos de nuestro siglo tildan de ignorantes a sus antepasados, tal vez sus descendientes digan de ellos que nada sabían. La marcha del mundo es cíclica. Las razas futuras serán reproducción de otras hace siglos desaparecidas, mientras que la nuestra acaso reproduce la existente diez mil años atrás. Tiempo ha de llegar en que reciban su merecido cuantos hoy detractan públicamente a los herméticos, pero que en privado consultan sus polvorientos volúmenes para plagiar sus ideas. A este propósito exclama honradamente Pfaff: “¿Quién ha tenido tan claro concepto de la naturaleza como Paracelso? Fué el audaz fundador de la química médica y de innovadoras escuelas, victoriosas en la controversia, y uno de los pensadores que dieron más acertada orientación al estudio de la naturaleza de las cosas. Lo que en sus obras dice acerca de la piedra filosofal, de los pigmeos y gnomos, de los homúnculos, del elixir de larga vida y demás temas hoy

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I aducidos por sus detractores para regatearle méritos, no puede debilitar nuestro

agradecimiento y admiración por sus obras y por su noble vida” . Muchos médicos, químicos y magnetizadores nutrieron su mente en las obras de Paracelso. De él tomó Hufeland su teoría de las enfermedades infecciosas, a pesar de que Sprengel le llama “el charlatán de la Edad Media”, si bien en cambio reivindica Hemman la teoría del insigne filósofo diputándole noblemente por el químico más ilustre de su época”125 126 . Lo mismo dicen Molitor y el eminente psicólogo alemán Ennemoser127, de cuyos estudios sobre Paracelso se infiere que este hermético fué “el más admirable talento de su tiempo”. Pero las lumbreras modernas presumen de aventajarle en sabiduría, y han hundido en el “ limbo de la magia” las ideas de los rosacruces acerca de los espíritus elementales, duendes y hadas como si fueran cuentos infantiles128. Concedemos de buen grado a los escépticos que en la mitad y más de los fenómenos psíquicos interviene el fraude más o menos hábilmente dispuesto, según prueban recientes manifestaciones de médiums materializados; pero quedan todavía muchísimos otros fenómenos perfectamente auténticos, en espera de comprobación por parte de los científicos que se verán precisados a efectuarla con toda sinceridad, cuando los espiritistas sean lo suficientemente razonables para no proporcionar armas a sus adversarios. ¿Qué concepto formarán los espiritistas sensibles del espíritu guía que después de haberse servido año tras año, de un pobre médium, lo abandona de repente cuando más necesita de su auxilio? Tan sólo seres sin alma ni conciencia pueden hacerse reos de tamaña injusticia. ¿Es acaso por la fuerza de las circunstancias? Mero sofisma. ¿Qué espíritus son esos qué no convocan si es necesario un ejército de espíritus amigos para salvar al inocente médium del abismo abierto bajo sus plantas? Lo que sucedió en pasados tiempos puede también suceder en los nuestros. Apariciones hubo antes del espiritismo moderno y fenómenos análogos a los de hoy se produjeron en toda época. Si las presentes manifestaciones psíquicas son ciertas é indudables, también debieron serlo los milagros y proezas taumatúrgicas de la antigüedad, porque los de ayer no

124 Pfaff. – Astrología. 125 Ensayos médico–quirúrgicos. 126 Filosofía de la Historia. 127 De Teofanía. Magia de Paracelso. 128 Dice Kemshead en su Química inorgánica, que Paracelso menciona por vez primera el hidrógeno cuya existencia apenas se sospechaba. Pero ¿por qué no confesar al mismo tiempo con franqueza que Paracelso redescubrió el hidrógeno así como también las propiedades del imán y con ellas el magnetismo animal? Es fácil comprender que el obligado sigilo de los rosacruces alquimistas, impedía a Paracelso divulgar sus conocimientos. No fuera tarea muy ardua para un químico versado en las obras de Paracelso demostrar que los alquimistas conocieron el oxígeno cuyo descubrimiento se atribuye a Priestley.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I tienen mejor testimonio que los de hoy. Pero aun cuando admitamos la impostura de los dos tercios de manifestaciones psíquicas que torrencialmente van derramándose de uno a otro extremo del globo, ¿qué decir de las indudablemente auténticas? Entre los fenómenos comprobados, hay sublimes, magnas y divinas comunicaciones dadas por médiums, ya profesionales, ya espontáneos. A veces son niños y personas sencillas de cuya boca recibimos enseñanzas, máximas filosóficas, poesías, oraciones inspiradísimas, composiciones musicales y obras pictóricas dignas de los comunicantes. Con frecuencia se han cumplido sus vaticinios, y a veces se elevaron a disquisiciones morales de positiva eficacia. ¿Quiénes son estos espíritus, estas inteligentes potestades, externas sin duda alguna al médium, y con entidad per se. Verdaderamente, son inteligencias tan distintas de los trasgos y duendes, como el día de la noche. Reconocemos la gravedad del caso. Cada vez va generalizándose más la sujeción de los médiums a esos “espíritus” falaces con apariencia diabólica, cuyos efectos se multiplican perniciosamente. Algunos de los mejores médiums se han retirado de las sesiones públicas y el movimiento espiritista toma cariz de iglesia. Nos atrevemos a pronosticar que si los espiritistas no aprenden en la filosofía a distinguir de espíritus y precaverse de los de mala índole, antes de veinticinco años se habrán refugiado en la iglesia romana huyendo de los “guías y directores a que por tanto tiempo estuvieron aficionados”. Ya empiezan a manifestarse las señales de esta catástrofe. En el reciente Congreso de Filadelfia hubo quienes propusieron fundar una secta de espiritistas cristianos. Esto se deriva de que, separados de la Iglesia é ignorantes de la filosofía de los fenómenos y de la naturaleza de las entidades espirituales, están sumidos en un mar de incertidumbres como buque sin timón ni brújula. No pueden substraerse al dilema: o con Porfirio o con Pío IX. Aunque científicos tan legítimos como Wallace, Crookes, Wagner, Butlerof, Varley, Buchanan, Hare, Reichenbach, Thury, Perty, Morgan, Hoffmann, Goldschmidt, Gregory, Flammarion, Cox y algunos otros creen firmemente en los fenómenos psíquicos, hay entre ellos quienes rechazan la hipótesis de que tengan por causa los espíritus de los difuntos. Por lo tanto, es lógico suponer que si la Catalina King, de Londres, de tan notoria autenticidad, no es el espíritu de un difunto, había de ser forzosamente el condensado fantasma astral de alguna entidad, o bien uno de los duendes de los rosacruces ó, en último término, una fuerza natural todavía desconocida. Pero poco importa que sea espíritu angélico o maligno desde el momento en que, según rigurosas comprobaciones, no era una forma sólida y densa, sino una aparición, un aliento, un espíritu. Es una inteligencia que actúa externamente al organismo del médium y, por lo tanto, forzoso es reconocerle existencia, aunque invisible. Pero ¿qué es este alguien impalpable que piensa y habla, si no es persona humana?; ¿cómo manifestaría emoción, remordimiento, temor, alegría y demás afectos anímicos si de por sí no sintiese?; ¿por qué algunas de estas misteriosas manifestaciones se gozan en burlar al investigador sincero y menosprecian los más nobles sentimientos humanos? Tan sólo el

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I verdadero psicólogo es capaz de desentrañar este misterio si cuida de consultar las polvorientas obras de los desdeñados herméticos y teurgos.

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