[user_registration_my_account]
Capítulo 2 de 51
Ante El Velo — parte 1 de 6
Isis Sem o Véu
Juan. Arbolemos en los muros nuestras ondulantes banderas. Rey Enrique VI. Act. IV. –He consagrado mi vida al estudio del hombre, de su destino y de su felicidad.” J. R. BUCHANAN, M. D., Bosquejos de Conferencias sobre Antropología. egún se nos dice, hace diez y nueve siglos que la divina luz del cristianismo disipó las tinieblas del paganismo, y dos siglos y medio que la refulgente Slámpara de la ciencia moderna empezó a iluminar la obscura ignorancia de los tiempos. Se afirma que el verdadero progreso moral é intelectual de la raza se ha realizado en estas dos épocas. Que los antiguos filósofos eran suficientemente sabios para su tiempo, pero poco menos que letrados en comparación de nuestros modernos hombres de ciencia. la moral pagana bastó a las necesidades de la inculta antigüedad, hasta que la luminosa “Estrella de Bethlehem” mostró el camino de la perfección moral y allanó el de la salvación. En la antigüedad, el embrutecimiento era regla, la virtud y el espiritualismo excepción. Ahora, el más empedernido puede conocer la voluntad de Dios en su palabra revelada; todos los hombres desean ser buenos y mejoran constantemente. Tal es la proposición: ¿qué nos dicen los hechos? Por una parte, un clero materializado, dogmático y con demasiada frecuencia corrompido; una hueste de sectas y tres grandes religiones en guerra; discordia en lugar de unión; dogmas sin pruebas; predicadores efectistas; sed de placeres y riquezas en feligreses solapados é hipócritas, por exigencias de la respetabilidad. Esta es la regla del día; la sinceridad y verdadera piedad la excepción. Por otra parte, hipótesis científicas edificadas sobre arena; ni en la más sencilla cuestión, acuerdo; rencorosas querellas y envidias; impulso general hacia el materialismo; lucha a muerte entre la ciencia y la teología por la infalibilidad: “Un conflicto de épocas.” En Roma, que a sí propia se llama centro de la cristiandad, el putativo sucesor de Pedro mina el orden social con su invisible pero omnipotente red de astutos agentes, y les incita a revolucionar la Europa en favor de su supremacía espiritual y temporal. Vemos al que se llama Vicario de Cristo, fraternizar con los musulmanes, contra una
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I nación cristiana, invocando públicamente la bendición de Dios para las armas de quienes por siglos resistieron a sangre y fuego las pretensiones del Cristo a la Divinidad. En Berlín, uno de los mayores focos de cultura, eminentes profesores de las modernas ciencias experimentales han vuelto la espalda a los tan encomiados resultados del progreso en el período posterior a Galileo, y han apagado tranquilamente la luz del gran florentino, con intento de probar que el sistema heliocéntrico y la rotación de la tierra son sueños de sabios ilusos: que Newton era un visionario y todos los astrónomos pasados y presentes, hábiles calculadores de fenómenos improbables. Entre estos dos titanes en lucha, ciencia y teología, hay una muchedumbre extraviada que pierde rápidamente la fe en la inmortalidad del hombre y en la Divinidad, y que aceleradamente desciende al nivel de la existencia animal. ¡Tal es el cuadro actual iluminado por la meridiana luz de esta era cristiana y científica! ¿Fuera de estricta justicia condenar a lapidación crítica al más humilde y modesto autor, por rechazar enteramente la autoridad de ambos combatientes? ¿No deberíamos más bien tomar como verdadero aforismo de este siglo, la declaración de Horacio Greeley: “No acepto sin reserva la opinión de ningún hombre, vivo o muerto4?” Suceda lo que suceda, ésta será nuestra divisa, y tomaremos este principio por lema y guía constante en la presente obra. Entre los muchos frutos fenoménicos de nuestro siglo, la creencia de los llamados espiritistas ha brotado de entre las vacilantes ruinas de la religión revelada y de la filosofía materialista; porque al fin y al cabo es la única que depara posible refugio, a manera de transacción entre ambas. No es maravilla que nuestro soberbio y positivo siglo haya mal acogido a los inesperados espectros de la época anterior al cristianismo. Los tiempos han cambiado de manera extraña, y no ha mucho, un conocido predicador de Brooklyn, decía acertadamente en un sermón que si de nuevo Jesús viniera y hablara en las calles de Nueva York, como en las de Jerusalén, lo llevarían a la cárcel5. ¿Qué acogida había de esperar, pues, el espiritismo? Io misterioso y extraño no atrae ni seduce a primera vista. Raquítico como niño amamantado por siete nodrizas, llegará a la adolescencia lisiado y mutilado. Sus enemigos son legión y sus amigos puñado. ¿Por qué así? ¿Cuándo fué aceptada una verdad a priori? Los campeones del espiritismo exageraron fanáticamente sus cualidades, y no echaron de ver sus indudables imperfecciones. La falsificación es imposible sin modelo que falsificar. El fanatismo de los espiritistas prueba la ingenuidad y posibilidad de sus fenómenos. Nos dan hechos que debemos investigar; no afirmaciones que debamos creer sin pruebas. Millones de personas razonables no sucumben fácilmente a colectivas alucinaciones. Y así, mientras el clero interpreta tendenciosamente la Biblia, y la ciencia promulga Códigos acerca de
4 “Recuerdos de una vida ocupada”, p. 147. 5 Henry Ward Beecher.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I lo posible en la naturaleza, sin dar oídos a nadie, la verdadera ciencia real y la verdadera religión caminan con majestuoso silencio hacia su futuro desarrollo. Todo lo referente a los fenómenos descansa en la correcta comprensión de la filosofía antigua. ¿Adónde acudir en nuestra perplejidad sino a los antiguos sabios, desde el momento en que, so pretexto de superchería, los modernos nos niegan toda explicación? Preguntémosles qué conocen de la verdadera ciencia y religión, no en lo concerniente a meros pormenores, sino respecto a los amplios conceptos de estas dos gemelas, tan fuertes cuando unidas como débiles cuando separadas. Además, mucho nos aprovechará comparar la tan encomiada ciencia moderna con la antigua ignorancia, y la teología perfeccionada con la “Doctrina Secreta” de la antigua religión universal. Quizás encontremos así un campo neutral donde relacionarnos ventajosamente con ambas. La filosofía platónica es el más perfecto compendio de los abstrusos sistemas de la antigua India, y la única que puede ofrecernos terreno neutral. Aunque Platón murió hace veintidós siglos, los intelectuales todavía se ocupan de sus obras. Platón fué, en la plena acepción de la palabra, el intérprete del mundo, el filósofo más grande de la era precristiana, que reflejó fielmente en sus obras el espiritualismo y la metafísica de los filósofos védicos, que le precedieron millares de años. Vyasa, Jaimini, Kapila, Vrihaspati y Sumantu influyeron indeleblemente al través de los siglos en Platón y su escuela. Con esto probaremos que Platón y los sabios de la India tuvieron la misma revelación de la verdad. ¿No prueba su pujanza, contra las injurias del tiempo, que esta sabiduría es divina y eterna? Platón enseña que la justicia permanece en el alma de su poseedor, y que es su mayor bien. “Los hombres admitieron sus derechos trascendentes en proporción de su inteligencia.” Y sin embargo, los comentadores de Platón desdeñan casi unánimemente los pasajes probatorios de que su metafísica tiene sólidos cimientos y no se funda en especulaciones. Platón no podía aceptar una filosofía sin aspiración espiritual. Ambas cosas se armonizan en él. El antiguo sabio griego tiene por único objeto de logro el REAL CONOCIMIENTO. Sólo consideraba como filósofos sinceros, o estudiantes de verdad, a quienes poseían la ciencia de las realidades en oposición a las apariencias; de lo eterno en oposición a lo transitorio; de lo permanente en oposición a cuanto alternativamente crece, mengua, nace y perece. “Más allá de las existencias finitas y causas secundarias de las leyes, ideas y principios, hay una INTELIGENCIA o MENTE (noûç, nous, el espíritu), principio de los principios; Idea Suprema en que se apoyan las demás ideas; monarca y legislador del universo; substancia primordial de que todas las cosas proceden y a que deben su existencia; Causa primera y eficiente de todo orden, armonía, belleza, excelencia y bondad, que hienche el universo, a la que llamamos el Supremo Bien, el
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I
Dios (qeòç) de los dioses (ó èpì pántwn qeòç) ” No es la verdad ni la inteligencia, sino “Padre de ambas”. Aunque nuestros sentidos corporales no pueden percibir esta eterna esencia de las cosas, pueden comprenderla cuantos por no ser completamente obtusos quieran comprenderla. “A vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos (pollá) no les es dado… Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden7”. Asegura el neoplatónico Porfirio, que en los MISTERIOS se enseñaba y comentaba la filosofía de Platón. Muchos han puesto en tela de juicio y aun han negado los misterios; y Lobeck, en su Aglaophomus, llega al extremo de decir que estas sagradas ceremonias sólo servían para cautivar la imaginación. ¿Cómo Atenas y Grecia hubieran acudido durante más de veinte siglos cada cinco años a Eleusis, si los misterios fueran farsa religiosa? Agustín, obispo de Hipona, declara que las doctrinas neoplatónicas son las esotéricas y originales doctrinas de los primeros discípulos de Platón, y diputa a Plotino por un Platón resucitado. También explica los motivos que tuvo el gran filósofo para encubrir el sentido interno de sus enseñanzas8. Respecto de los Mitos, declara Platón en el Gorgias y en el Phœdon que son vehículos de grandes verdades muy dignas de aprender; pero los comentadores conocen tan poco al gran filósofo que se ven obligados a confesar que no saben dónde “termina lo doctrinal y empieza lo mítico.” Platón desvanecía la popular superstición de la magia y los demonios, y enunciaba las exageradas ideas de su tiempo en teorías racionales y concepciones metafísicas que tal vez no se acomoden al método de raciocinio inductivo establecido por Aristóteles; pero que satisfacen cumplidamente a cuantos se percatan de la elevada facultad del hombre, llamada intuición, que nos da el criterio para conocer la Verdad. Fundando sus doctrinas en la Mente Suprema, enseña Platón que el nous, espíritu, o alma racional del hombre, fué “engendrado por el Padre Divino”, y es de naturaleza
6 Coker, “El Cristianismo y la Filosofía Griega”, XI. p. 377. 7 S. Mateo, XIII, II, I3. 8 “Las acusaciones de ateismo, de adorar a divinidades extranjeras y corromper a la juventud ateniense, lanzadas contra Sócrates, justifican plenamente que Platón encubriera el verdadero sentido de sus enseñanzas. La peculiar jerigonza de los alquimistas tuvo indudablemente el mismo objeto. Los cristianos de toda secta, y especialmente los católico–romanos, emplearon la cárcel, el tormento y la hoguera contra cuantos enseñaban las ciencias naturales en contradicción con las teorías ortodoxas. El Papa Gregorio el Grande prohibió por pagano el uso gramatical del latín. El crimen de Sócrates fue descubrir a sus discípulos la doctrina secreta en lo que a los Dioses se refería. Esta doctrina se enseñaba en los Misterios, y era un crimen capital revelarla. También le acuso Aristófanes de introducir en la republica el nuevo dios Dinos, al que presentaba como Demiurgos o Artífice y señor del Sistema solar. El sistema heliocéntrico era también doctrina de los Misterios; y por esto cuando el pitagórico Aristarco lo enseñó públicamente, declaró Cleanto que los griegos debían haberle condenado por blasfemar contra los dioses” (Plutarco.) Pero Sócrates no fue iniciado, y, por lo tanto, no quebrantó el sigilo de los Misterios.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I semejante y homogénea a la Divinidad, y, por lo tanto, capaz de percibir las eternas realidades. La facultad de contemplar la realidad directa é inmediatamente, sólo es propia de Dios, y la aspiración a este conocimiento es la filosofía propiamente dicha, o amor a la sabiduría. El amor a la verdad es inherentemente el amor al bien, y si predomina sobre todo deseo del alma y la purifica por su asimilación con lo divino y dirige las acciones del hombre, le eleva a participar de la Divinidad y le ensalza a semejanza de Dios. “Esta ascensión”, dice Platón en el Theœtetus “consiste en llegar a parecerse a Dios, y la asimilación se efectúa cuando, por medio de la sabiduría, el hombre es justo y santo”. La base de esta asimilación es siempre la preexistencia del espíritu o nous. La alegoría del carro con caballos alados del Phœdrus, presenta a la naturaleza psíquica doblemente compuesta del thumos o parte epithumética, formada de substancias pertenecientes al mundo de los fenómenos, y el qumoeidéç, thumoeides, la esencia enlazada con el mundo eterno. La actual vida terrena es caída y castigo. El alma habita en "la sepultura que llamamos cuerpo” y en su estado de encarnación, antes de recibir la disciplina educativa, el elemento espiritual o noético está “dormido”. La vida es más bien sueño que realidad. Como los cautivos de la subterránea caverna descrita en La República, percibimos únicamente, con la espalda vuelta a la luz, las sombras de los objetos y creemos que son realidades actuales. ¿Acaso no es ésta la idea de Maya, o ilusión de los sentidos durante la vida física, rasgo característico de la filosofía budista? Si en la vida material no nos entregamos absolutamente a los sentidos, estas ilusiones despiertan en nosotros la reminiscencia del mundo superior en que ya hemos vivido. “El espíritu interno conserva un vago y obscuro recuerdo del anterior estado de bienaventuranza de que gozara y anhela instintivamente volver a él”. Incumbencia de la Filosofía es libertarle de la esclavitud de los sentidos, por medio de la disciplina, y elevarle al empíreo del puro pensamiento, a la visión de la verdad, bondad y belleza eternas. Dice Platón en el Theœtetus que “el alma no puede encarnar en cuerpo humano, si antes no ha contemplado la verdad o sea el conjunto de todo cuanto el alma veía cuando habitaba en la Divinidad, con desprecio de las cosas que decimos que son, y la mira puesta en lo que REALMENTE ES. Por lo tanto, sólo el nous, o espíritu del filósofo (ó amante de la suprema verdad) está dotado de alas, porque con su elevada capacidad retiene estas cosas en su mente, y al contemplarlas diviniza, por decirlo así, a la misma Divinidad. El debido uso de las reminiscencias de la vida primera y el perfeccionamiento en los perfectos misterios lleva al hombre a la verdadera perfección. Entonces está iniciado en la sabiduría divina.” Así comprenderemos por qué las más sublimes escenas de los Misterios eran siempre nocturnas. La vida del espíritu interno es la muerte de la naturaleza externa, y la noche del mundo físico es el día del espiritual. Por esto se adoraba a Dionisio, el sol nocturno, con preferencia a Helios, el sol diurno. Los Misterios simbolizaban la preexistente condición del espíritu y del alma, la caída de ésta en la vida terrena y en el Hades, las
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I miserias de esta vida, la purificación del alma y su restitución a la divina bienaventuranza o reunión con el espíritu. Theón de Esmirna compara acertadamente la disciplina filosófica con los ritos místicos: A este propósito, dice que podemos considerar la filosofía como la iniciación en los verdaderos arcanos y la instrucción en los genuinos Misterios. La iniciación abarca cinco grados: 1º, la purificación previa; 2º, la admisión en los ritos secretos; 3º, la revelación epóptica; 4º, la investidura o entronización; 5º, en consecuencia de los anteriores, la amistad íntima, comunión con Dios y la felicidad dimanante de la comunicación con seres divinos… Platón llama epopteia, o visión personal, la perfecta contemplación de lo aprendido intuitivamente o sean las verdades é ideas absolutas. También considera la coronación como símbolo de la autoridad recibida de los instructores para conducir a otros a la misma contemplación. El quinto grado es la mayor felicidad terrena y, según Platón,
consiste en asimilarse a la Divinidad, tanto como cabe en los seres humanos . Tal es el platonismo. Dice Emerson que “de Platón arranca cuanto los pensadores escriben y discuten”. En él se resumía la ciencia de su época: la de Grecia, de Filolao a Sócrates; la de Pitágoras en Italia; y la que derivó de Egipto y Oriente. Era una inteligencia tan vasta, que toda la filosofía europea y asiática está comprendida en sus doctrinas, y a su cultura y poder de contemplación añadía temperamento y cualidades de poeta. Los discípulos de Platón aceptaron, en general, sus teorías psicológicas. Algunos, como Xenócrates, aventuraron atrevidas especulaciones. Espeusipo, sobrino y sucesor del eminente filósofo, fué autor del Análisis numérico, o tratado de los números pitagóricos. Algunas de sus especulaciones no están en los Diálogos escritos; pero como era oyente de las conferencias orales de Platón, tiene mucha razón Enfield al decir que sus opiniones no debían diferenciarse de las de su maestro. El es, sin duda, el antagonista que Aristóteles critica sin nombrarlo cuando cita el argumento de Platón contra la doctrina de Pitágoras, de que todas las cosas son en sí mismas números, ó, mejor dicho, inseparables de la idea de número. Insistía especialmente en demostrar que la doctrina platónica de las ideas difería esencialmente de la pitagórica en que los números y magnitudes existen independientemente de las cosas. También aseguraba que Platón enseñó que no puede existir conocimiento real, si el objeto de conocimiento no trasciende a una región superior a lo sensible. Pero Aristóteles no es testimonio fidedigno, pues adulteró a Platón y casi puso en ridículo las ideas de Pitágoras. Hay una regla de interpretación que debe guiarnos en el examen de toda opinión filosófica. “La inteligencia humana, bajo la necesaria acción de sus propias leyes, está impelida a mantener las mismas ideas fundamentales, y el corazón del hombre a alimentar los mismos sentimientos en toda época”. Cierto es que
9 Tomás Taylor. – “Misterios báquicos y eleusinos”, p. 47. Nueva York. J.W.Bouton, 1875.
Leitura livre, oferecida pelo Conhecer para Transformar.