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Capítulo 43 de 51

Capítulo Vii — parte 5 de 7

Isis Sem o Véu

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Demuestra Schweigger que las principales ceremonias religiosas de la antigüedad entrañaban conocimientos hoy perdidos de filosofía natural, y que la magia se entremezclaba en los misterios hasta el punto de que los milagros de los teurgos gentiles, judíos o cristianos, indistintamente, derivaban de sus secretos conocimientos físico-alquímicos432. Por otra parte, Schweigger y Ennemoser han descubierto la simbólica identidad de los gemelos Dioskuris con los polos eléctricos y magnéticos, demostrando con ello el conocimiento que de las propiedades magnéticas tenían los sacerdotes antiguos. Según Ennemoser433, se ha demostrado que muchos mitos, cuya significación antes no se comprendía, son ingeniosas al par que profundas expresiones de principios genuinamente científicos. Los modernos experimentadores se deshacen en alabanzas a nuestro siglo por sus descubrimientos, y poco les falta para emular en sus floridas lecciones de cátedra a los trovadores medioevales. Los Petrarcas, Dantes y Tassos del día, al glorificar la materia, cantan la amorosa unión de los errantes átomos y el afectuoso intercambio de protoplasmas, y lamentan la casquivana veleidad de las fuerzas que tan provocativamente juegan al escondite con los científicos en su dramática correlación. Proclaman a la materia única y autocrática soberana del infinito universo y la elevan al trono de la naturaleza del que depusieron al espíritu, su divorciado consorte. Pero olvidan que, sin el legítimo monarca, es el trono de la naturaleza como sepulcro blanqueado donde la corrupción anida. La materia, purgación grosera del espíritu que la vivifica, es de por sí masa inerte cuyo movimiento demanda un manipulador inteligente de esa batería galvánica llamada vida. ¿En qué rama de conocimientos aventajan los modernos a los antiguos? Conviene advertir que entendemos por conocimiento la acabada expresión de las verdades de la naturaleza y de ningún modo las brillantes definiciones de los científicos, ni los minuciosos pormenores que dan nombres particulares a los nervios, arterias, fibras y células de hombres, animales y plantas. Los modernos echan en cara a los antiguos su ignorancia de estos pormenores, y así los comentadores de Platón dicen que carecía de conocimientos anatómicos y se entretuvo en especular vanamente sobre la fisiología del cuerpo humano, cuyas funciones ignoraba, sin saber ni una palabra respecto a la transmisión nerviosa de las sensaciones. La idea platónica de que el cuerpo humano es un Microcosmos o universo en miniatura, y por lo tanto ha de estar formado como éste de triángulos, es en

432 En otro capítulo de esta obra, dedicado por completo a los admirables descubrimientos de los antiguos, demostraremos, bajo testimonio de fidedignos autores de la época, que mucho antes de la guerra de Troya los sacerdotes conocían el pararrayos. 433 Historia de la Magia, II.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I extremo trascendental para que la comprendan los científicos escépticos, y no es extraño que parezca ridículamente absurda a sus traductores, con excepción de Jowett, quien en el prólogo puesto al Timeo advierte sinceramente que los científicos modernos no tienen en cuenta que las ideas de Platón les han servido de apoyo para elevarse a superiores conocimientos, y además, olvidan lo mucho que la metafísica antigua ha

contribuido al progreso de la física moderna . Si en vez de disputar sobre la falta de precisión científica del lenguaje de Platón, analizáramos detenidamente sus obras, encontraríamos sin ir más allá del Timeo el germen de todos los descubrimientos modernos. Allí se vislumbran la circulación de la sangre y la ley de gravedad, pues sabía Platón que la sangre es un flúido en constante movimiento, aunque, como dice Jowett, ignorara que sale del corazón por las arterias para regresar a esta entraña por las venas. Platón empleó el método sintético cuyo más acabado modelo es la geometría. En vano la ciencia moderna busca entre las alteraciones moleculares aquella Causa primera que Platón infirió del majestuoso movimientos de los mundos que le revelaban el vasto plan de la creación. Apenas atendían los filósofos antiguos a los minuciosos pormenores que han agotado la paciencia de los científicos modernos; y de ello resulta que si un alumno de segunda enseñanza sabe más que Platón en los pormenores, en cambio el menos aprovechado discípulo de este filósofo dejaría tamañito al más sabiondo académico moderno en lo concerniente a las leyes cósmicas y las fuerzas que tras ellas laten. No echan de ver esto los traductores de Platón, porque están demasiado engreídos los modernos a expensas de los antiguos, cuyos errores fisiológicos y anatómicos se exageran para lisonjear el amor propio de nuestra época, obscureciendo el esplendor mental de pasados tiempos, como si con la imaginación agrandáramos las manchas del sol para eclipsarlo. La poca eficacia de las investigaciones modernas está comprobada por la circunstancia de que, no obstante la multitud de pormenorizadas denominaciones científicas en los minerales, vegetales, animales y en el mismo organismo humano, nada pueden decir en concreto los más eminentes fisiólogos acerca de la fuerza vital que ocasiona las transformaciones en los reinos de la naturaleza. Para ello es preciso beber en fuentes distintas de las que alimentan a los científicos contemporáneos. Mucho valor profesional necesita quien reconoce la profundidad de conocimiento de los antiguos, en contra del corriente prejuicio tan inclinado a regatearles méritos, y gustosamente

laureamos a científicos como Jowett quien en su traducción de las obras de Platón reconoce que en la filosofía natural de los antiguos, considerada en armónico conjunto, se echa de ver:

434 Jowett. – Diálogo de Platón, II, 508. 435 Director del colegio Baliol y catedrático de lengua griega en la universidad de Oxford.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I 1.º Que los filósofos de la antigüedad aceptaban la teoría de las nebulosas. Por lo tanto, no puede derivarse, como asegura Draper436, de los descubrimientos astronómicos de Herschel. 2.º Que Anaximenes sostuvo en el siglo VI antes de Jesucristo la teoría de la evolución, diciendo que los animales descendían de los primeros reptiles aparecidos en la tierra y que el hombre descendía de los animales, según enseñaban también los caldeos antes del diluvio. 3.º Que los pitagóricos afirmaban la analogía de la tierra con los demás cuerpos celestes437. Así resulta que Galileo expuso una teoría astronómica ya conocida en la India desde la más remota antigüedad. Según ha demostrado Reuchlin, el astrónomo florentino

estudió fragmentos de obras pitagóricas que todavía se conservaban en su época . 4.º Opinaban los antiguos que las plantas tienen sexo como los animales. Con ello vemos que los naturalistas modernos han seguido las huellas de sus predecesores. 5.º También enseñaban que las notas musicales están sujetas a número en dependencia de la tensión de la cuerda vibrante. 6.º Que las leyes matemáticas rigen el universo entero y aun suponían que del número se originaban las diferencias cualitativas. 7.º Negaban la aniquilación de la materia y sostenían que se transformaba en

diversidad de aspectos . Añade a esto Jowett que aunque algunos de los referidos descubrimientos no pasen de felices conjeturas, en modo alguno cabe atribuirlos a meras coincidencias440. En resumen, la filosofía platónica se distinguía por el orden, sistema y proporción de sus enseñanzas. Abarcaba la evolución de los mundos y de las especies, la transformación y conservación de la energía, la transmutación de las formas materiales y la eternidad de la materia y del espíritu. Desde este último punto de vista, la filosofía platónica supera

436 Conflictos entre la religión y la ciencia, 240. 437 Plutarco. – Traducción de Langhorne. 438 Aseguran algunos eruditos cabalistas que en tiempo de Galileo existía en un convento de Florencia el hoy perdido original griego de las Máximas pitagóricas de Sexto, que pudo leer el famoso astrónomo. Añaden que éste poseía, además, un manuscrito de Arquitas, discípulo oral de Pitágoras, cuyo texto trataba de astronomía, con exposición de las más importantes enseñanzas de la escuela pitagórica. Si algún mal intencionado se hubiese apoderado de este manuscrito, seguramente lo adulterara, como hizo el clérigo Ruffinas con las antecitadas Máximas de Sexto, que suplantó con una versión fraudulenta atribuida por él a un supuesto obispo Sexto. Véase la “ Introducción” de Taylor, a la “Vida de Pitágoras”, de Jámblico. 439 Jowett. – Introducción al Timeo, II, 508. 440 Jowett. – Introducción al Timeo, II, 508.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I de mucho a la ciencia moderna y corona la bóveda de su sistema con perfecta é inconmovible clave. Si tan cierto es que la ciencia ha progresado rápidamente en estos últimos tiempos, y si el moderno concepto de la naturaleza es más claro y preciso que el de los antiguos, ¿cómo quedan sin respuesta nuestras preguntas acerca del origen y condicionalidad de la vida? Si en los modernos laboratorios se acopia el fruto de la investigación experimental, que no conocieron los antiguos, ¿cómo no hemos adelantado un paso sino en caminos ya trillados antes de la era cristiana?; ¿cómo desde el punto culminante a que hemos llegado sólo vemos confusamente a lo lejos del alpino sendero del saber humano las gigantescas huellas de los primitivos exploradores? Si tanto sobrepujan los modernos a los antiguos artífices, que nos devuelvan las perdidas artes de nuestros antepasados y con ellas los inalterables colores de Luxor y la púrpura de Tiro, el indestructible cemento de las Pirámides, las hojas de Damasco, las vidrieras de colores y el vidrio maleable. Y si la química industrial apenas rivaliza ni siquiera con los artífices de los comienzos de la Edad Media, ¿á qué alardear de descubrimientos que, según toda probabilidad, se conocían hace miles de años? Cuanto más progresan la arqueología y la filología, tanto más humillantes son para nuestra época sus descubrimientos y tanto más glorioso el testimonio en favor de los antiguos sabios, acusados hasta ahora de ignorantes y supersticiosos. Muchísimo antes de que las carabelas del audaz genovés hendiesen las aguas del océano, ya habían dado las naves fenicias la vuelta al mundo para civilizar regiones hoy desiertas. La misma mano que trazó los planos de las pirámides de Egipto y otras obras hoy ruinosas en las márgenes del Nilo, erigió sin duda, según infieren los arqueólogos, el monumental Nagkon de Cambodge y grabó los jeroglíficos de los obeliscos y puertas de la población inda, recientemente descubierta en la Colombia británica por lord Dufferin, o en las ruinas de Palenque y Uxmal, en Centro América. Los restos que de las artes perdidas atesoramos en nuestros museos, hablan elocuentemente en favor de la civilización antigua y comprueban, vez tras vez, que las pasadas gentes enterraron con ellas diversidad de ciencias y artes no reavivadas en las retortas de la Edad Media ni en los crisoles de los laboratorios contemporáneos. Draper reconoce magnánimamente que los antiguos no dejaron de tener algunos conocimientos de óptica, y dice que las lentes convexas halladas en Nimrod prueban que conocían los instrumentos de amplificación441. En cambio, otros escritores les niegan rotundamente este conocimiento. Sin embargo, el testimonio de los autores clásicos confirma la opinión de Draper, pues Cicerón dice que vio toda la Ilíada escrita en una vitela que arrollada cabía en una cáscara de avellana. Además, Plinio asegura que Nerón llevaba un anillo con un cristalito a cuyo través veía desde lejos a los gladiadores. Mauricio poseía un instrumento llamado nauscópito con el cual

441 Conflictos entre la Religión y la Ciencia, 14.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I columbraba las costas de África desde el promontorio de Sicilia. Wendell habla de un amigo suyo que tenía una sortija antiquísima con la imagen de Hércules tan minuciosamente esculpida, que con lentes de aumento se distingue el entrelace dé los músculos y se pueden contar los pelos de las cejas. Rawlinson tenía una piedra de unos cinco centímetros de largo por dos de ancho, en que estaba grabado un tratado de matemáticas cuyo texto era imposible leer sin lentes. En el museo Abbott se conserva un anillo procedente de Cheops, que según cómputo de Bunsen data del ano 500 antes de J.C., y cuyo sello, del tamaño de un cuarto de dólar, tiene un grabado imperceptible a simple vista. También hay en Parma la piedra de una sortija perteneciente a Miguel Ángel, con un grabado de dos mil años de antigüedad, en que valiéndose de poderosas lentes se distinguen siete figuras de mujer. Todos estos hechos nos ponen en la alternativa de acusar de mendaces a los autores o reconocer que los antiguos conocían la óptica algo más de cuanto pudiera presumirse y que, como dice un notable crítico, el microscopio moderno es hermano menor del bíblico. Por lo tanto, en contra de la opinión que Fiske expone al criticar la ya citada obra de Draper, creemos que el único defecto de este autor estriba en mirar la historia a través de lentes inapropiadas, pues mientras echa mano de las convexas para descubrir el ateísmo del pitagórico Giordano Bruno, se vale de las cóncavas para explorar la sabiduría de los antiguos. Es muy singular la escrupulosidad con que tanto los autores clericales como los ateos intentan trazar el límite entre lo que debemos aceptar y lo que debemos rehuir de los escritores antiguos o por lo menos ponerlo en duda. Si, por ejemplo, nos dice Estrabón que el perímetro de Nínive medía cuarenta y siete millas, y admitimos su testimonio en este punto, ¿por qué recusarlo cuando asevera el cumplimiento de las profecías sibilinas? No es de sentido común honrar a Heródoto con el título de padre de la historia y tachar después de necia jerigonza el relato de los maravillosos fenómenos que personalmente presenció. Acaso necesiten los científicos de toda su cautela en este particular para que las gentes no salgan de su engaño. Sin embargo, se sabe que siglos antes de nuestra era ya emplearon los chinos para desmontes y voladura de rocas la pólvora, cuya invención se había atribuido a Schwartz y Bacon. Según dice Draper442, en el museo de Alejandría se conservaba una máquina de vapor inventada por el matemático Hero, un siglo antes de J.C., cuya forma era parecida a la de las actuales colipilas, por lo que añade el mismo autor que nada tiene de casual la invención de las modernas máquinas de vapor. Se engríe Europa de los descubrimientos de Galileo y Copérnico, y sin embargo, las observaciones astronómicas de los caldeos datan de un siglo después del diluvio, cuya fecha computa Bunsen en 10.000 años antes de la era cristiana443. Por otra parte se sabe que 2.000 años antes de J.C. un emperador chino

442 Conflictos entre la Religión y la Ciencia, 311. 443 Bunsen. – Lugar de Egipto en la Historia Universal, V, 88.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I sentenció a muerte a los dos astrónomos de la corte por no haber vaticinado un eclipse de sol. Ejemplo de las presunciones científicas de nuestro siglo y del falso concepto de su valer, nos lo ofrecen las alharacas con que se recibió el descubrimiento de la transformación de la materia y la conservación de la energía, considerado como el más importante del siglo por Guillermo Arimstrong, presidente de la Sociedad Británica. Sin embargo, no merece tal nombre de descubrimiento, porque desde tiempos remotísimos se conocía ya este principio, cuyos primeros vislumbres aparecen en la

doctrina védica de la emanación y la absorción . El griego Demócrito expuso también la teoría de la indestructibilidad de la materia, que nuestros físicos se han visto precisados a extender a la fuerza, diciendo que así como no se aniquila ni un átomo de materia, tampoco se desvanece fuerza alguna de la naturaleza, porque la fuerza es igualmente indestructible y se manifiesta en reversibles aspectos, de cuya modalidad depende el movimiento de la materia. Tal es el principio de la conservación de la energía, según los modernos científicos que de nuevo la han descubierto. Ya el año 1842 sospechaba Grove la reversibilidad del calor, luz, electricidad y magnetismo, capaces de ser causa en determinado momento y efecto en el siguiente445. Pero la ciencia nada dice ni sabe del origen de estas fuerzas ni de su modo de transformación; conoce los efectos é ignora la causa, porque no acierta a señalar el alfa y omega del fenómeno. Difícil es superar en este punto a Platón cuando pone en boca de Timeo estas palabras: “Dios conoce las cualidades originales de las cosas, pero al hombre sólo

le cabe la posibilidad de conocerlas” . Lo mismo dicen Tyndall y HuxIey en sus obras, con la diferencia de no consentir que ni el mismo Dios les aventaje en sabiduría, y tal vez en esto fundan sus alardes de superioridad. Los antiguos induistas derivaron del principio de la conservación de la energía su doctrina de la emanación y la absorción, según la cual, el punto primario (Tó 9On) del inmenso círculo, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna, emana de sí todas las cosas manifestadas en el universo visible bajo diversas formas que se transmutan y combinan recíprocamente en gradual transformación, desde el espíritu puro (la nada de los budistas) hasta la más densa materia, que se restituye a su primario estado o sea la absorción en el nirvana447. ¿Qué significa esto sino la conservación de la energía?

444 Este mismo comentario se lee en la obra De Divisione Naturæ, escrita por Juan Erigena, filósofo del siglo VIII. 445 Grove. – Prefacio a la correlación de fuerzas físicas. 446 Platón. – Timeo, 22. 447 Desde Higgins a Müller, cuantos arqueólogos y filólogos han estudiado imparcialmente las religiones antiguas, convienen en que pueden extraviar a quien las tome en sentido literal. El doctor Lardner, con intención o sin ella, adulteró groseramente las doctrinas antiguas. Según las enseñanzas esotéricas del budismo, el pravritti es la naturaleza existente en actividad, y el nivritti es la naturaleza en reposo. La

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