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Capítulo 47 de 51

Capítulo Viii — parte 2 de 6

Isis Sem o Véu

482 Las actuales circunstancias políticas de Europa, vindican a Nostradamus y otros astrólogos, del ridículo de que les han encubierto los escépticos. En un libro de profecías publicado en 1453, se lee, entre otras, la siguiente predicción: “De aquí a dos veces doscientos años, el Oso arremeterá contra la Media Luna , pero si se alían el Gallo y el Toro no ha de ganar el Oso. Y dos décadas más tarde (sépalo el Islam y tiemble) la Cruz se afirmará y se irá debilitando la Media Luna hasta desvanecerse y desaparecer”. Precisamente a los cuatrocientos años justos de la profecía estalló la guerra de Crimea en que la alianza de Francia(Gallo) é Inglaterra (Toro) dio al traste con los proyectos de Rusia (Oso). Terminó la guerra en 1856, con grave riesgo de la desaparición de Turquía (Media Luna). En el año actual (1876), dos décadas después de firmada la paz, han ocurrido inesperados sucesos que parecen confirmar el cumplimiento de la predicción, pues Turquía se va debilitando de año en año y cabe presumir que dentro de no largo tiempo quede borrada del mapa de Europa, para resolver de este modo la cuestión de Oriente. Un ejemplar del mencionado libro de profecías está en la biblioteca de un pariente nuestro, con texto francés antiguo de difícil lectura, por lo que hemos tomado la cita de una traducción inglesa perteneciente, según se dice, a un caballero del Somersetshire (Inglaterra).

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I disponían de instrumentos ópticos tan excelentes como los del día. Según infiere Rawlinson de las inscripciones de los ladrillos asirios, el templo de Borsippa (Birs–Nimrud) tenía siete pisos dispuestos en círculos concéntricos de ladrillo y metal, del color correspondiente al planeta cuyas órbitas simbolizaban, y por lo tanto no cabe suponer que los instrumentos de Nabucodonosor fuesen de poco alcance ni de escasa monta los conocimientos de sus astrónomos. Tampoco es posible achacar a coincidencia que los caldeos diesen a cada planeta el color que en efecto han

distinguido en ellos las recientes observaciones telescópicas . Asimismo no puede ser coincidencia que Platón aludiera en el Timeo a la indestructibilidad de la materia, transmutación de fuerzas y conservación de la energía, de modo que su comentador Jowett dice a este propósito: “La última palabra de la filosofía moderna es continuación y desarrollo de los principios fundamentales de la ciencia que dejó

sentados Platón” . Las antiguas religiones fueron esencialmente sabeístas, y cuando lleguen a interpretarse con exactitud sus mitos y alegorías, no sólo se verá que no discrepan lo más mínimo de los modernos conceptos astronómicos, sino que casi todos los principios de esta ciencia están encubiertos en las ingeniosas trazas de sus fábulas. Alegorizaban el movimiento de los astros, personificaban la índole de los fenómenos y en la conducta y temperamento de las divinidades olímpicas simbolizaban los principios de las ciencias físico-químicas. La electricidad atmosférica en su estado latente está representada por los semidioses, cuya acción sé limita a la tierra, pero que en sus eventuales vuelos a las regiones divinas despliegan energía eléctrica estrictamente proporcionada a la distancia a que se elevan. Las mazas de Hércules y Thor eran mucho más mortíferas cuando los dioses se cernían entre las nubes. Júpiter olímpico concentraba en su persona y atributos las fuerzas cósmicas antes de que el genio de Fidias le diese forma humana a propósito para que las multitudes le adorasen con el nombre de Máximus o Dios de los dioses. El mito de Júpiter, menos metafísico y complicado en un principio, era elocuentísima expresión de filosofía natural. Según dicen Porfirio y Proclo, al elemento masculino (Zeus) de la creación se le llamaba cabeza de los seres vivientes (Zôoh-ok-Zôo? h? ) cuyos femeninos principios eran Vesta (tierra) y Metis (agua). En la teoría órfica, que desde el punto de vista metafísico es la más antigua de todas, representa Zeus a la vez la potencia y el acto, la Causa inmanifestada y el Demiurgo o Creador, emanado de la invisible Potencia. Las esposas de Zeus, considerado como Demiurgo, simbolizan los agentes de la evolución cósmica, es decir, las afinidades químicas y las atracciones y repulsiones magnéticas y la electricidad atmosférica. De estos simbolismos físicos se infiere cuán versados estaban los antiguos en las ciencias físicas tal como ahora se conocen.

483 Obras de Rawlison. – Tomo XVII, 30–32 (edición revisada). 484 Introducción al Timeo. – Diálogos de Platón, I, 509.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Posteriormente, en tiempo de Pitágoras representa Zeus la metafísica trinidad o sea la Mónada que de sí misma educe la Tetractis de voluntad, mente y acción. Más adelante todavía, los neoplatónicos se abstienen de filosofar sobre la Mónada primaria, por inaccesible al entendimiento humano, y tratan tan sólo de la Triada demiúrgica o manifestación visible y tangible de la Divinidad desconocida. Plotino, Porfirio, Proclo y otros filósofos admitieron la misma Triada de Zeus Padre, Zeus Hijo (Poseidón o Dunamis) y de Zeus Espíritu (Nous). Este mismo concepto siguió enseñándose durante el siglo II de la era cristiana en la escuela de Ireneo, pues no hubo entre los neoplatónicos y cristianos otra discrepancia que la violenta confusión establecida por los últimos entre la Mónada incomprensible y la Triada creadora. Desde el punto de vista astronómico, Zeus–Dionisio tiene su origen en el Zodíaco o antiguo año solar. En Libia lo representaban bajo forma de carnero y su concepto era idéntico al Amun egipcio que engendró a Osiris (dios–toro), quien a su vez es una personificada emanación del Padre–Sol o Sol en Tauro, mientras que el Padre–Sol del cual emana esta personificación es Sol en Aries. Según sabemos, el toro simboliza la potencia creadora; y precisamente uno de los principales expositores de la cábala, Simón–Ben–Iochai que floreció en el siglo I de la era cristiana, nos explica el origen de esta extraña adoración de toros y vacas. Más adelante nos referiremos a las enseñanzas de los cabalistas sobre este símbolo, según las expone Simón–Ben–Iochai, y veremos que ni Darwin ni HuxIey, fundadores de la teoría de la evolución y transformación de las especies, encontrarían en él nada opuesto a la razón y sí tan sólo la contrariedad de ver que los antiguos se les hayan anticipado en el descubrimiento. Sin dificultad puede probarse que Saturno o Kronos (cuyo anillo descubrieron con toda seguridad los astrólogos caldeos) estuvo considerado desde tiempo inmemorial como padre de Zeus, antes de que éste alcanzara la suprema categoría de padre de los dioses. Es Saturno el Belo o Baal de los caldeos, que tomaron su culto de los acadianos, y aunque Rawlinson insiste en que estos últimos procedían de Armenia, no cabe admitir esta hipótesis por cuanto Belo es la variedad babilónica del Siva o Bala indo, el destructor dios del fuego que en muchos aspectos sobrepuja al mismo Brahmâ. A este propósito dice un himno órfico: “Zeus es el primero y el último, la cabeza y las extremidades. De él proceden todas las cosas. Es hombre y ninfa inmortal485, alma de las cosas, motor principal del fuego, sol y luna, fuente del océano, demiurgo del universo, divina potestad creadora y gobernadora del cosmos. Zeus lo es todo. Es fuego, agua, tierra, éter, noche, cielos, Metis (la arquitecta primieval)486, Eros y Cupido. Todo está comprendido en las vastísimas dimensiones de su glorioso cuerpo”487.

485 Elementos masculino y femenino. 486 La Sophia de los agnósticos y la Sephira de los cabalistas. 487 Estobeo. – Eglogas.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Este breve himno laudatorio abarca el fundamento de todo concepto mítico. La imaginación de los antiguos era, según parece, tan inagotable como las visibles manifestaciones de la Divinidad que les deparaban los temas de sus alegorías siempre referentes, no obstante su copiosa variación, a las dos ideas capitales que bajo las sacras representaciones se ajustaban paralelamente a los aspectos físico y espiritual de las leyes naturales. Los metafísicos conceptos de los antiguos no estaban jamás en contradicción con las verdades científicas, y sus credos religiosos se basan en las ideas físico-psíquicas de los sacerdotes y filósofos, que las derivaron de las tradiciones primievales, confirmadas por la experiencia propia con auxilio de la sabiduría acopiada en épocas intermedias. La misión de los rayos de Júpiter estaba simbolizada en Diana, la esplendente virgen

Artemisa, llamada en antiquísimos tiempos Diktynna . La luna es opaca y su brillo es reflejo de la luz solar. Su símbolo era la diosa Astarté o Diana que, como la cretense Diktynna, está coronada de una guirnalda de la mágica y siempre verde planta diktammon o dictamnus, cuyo contacto, según se dice, provoca el sonambulismo en quien no lo tiene. Análogamente a Eilithya y Juno Pronuba, presidía Diana los nacimientos y se la consideraba como divinidad esculápica. La guirnalda de dictamnus en las figuras de Diana nos demuestra una vez más la profunda observación de los antiguos, pues por una parte esta planta tiene muy eficaces virtudes sedantes y medra abundantemente en el monte Dicte de la isla de Creta; y por otra parte, la luna, según las más notables autoridades en magnetología, influye en los humores del cuerpo y en las células nerviosas, que tan importante papel desempeñan en la hipnotización. Así es que los cretenses ponían manojos de esta planta sobre el cuerpo de las parturientas y con las raíces hacían un brebaje que aliviaba los dolores del parto y mitigaba la peligrosa irritabilidad del organismo en este período. También solían colocar a las parturientas en el recinto sagrado del templo de Diana, expuestas a los rayos de la esplendente hija de Júpiter, la brillante y serena luna del cielo oriental. Los induistas y budistas tienen muy complejo concepto de la influencia del sol y de la luna considerados como elementos masculino y femenino, que son respectivamente los principios positivo y negativo de la polaridad magnética. Todos los autores indos que trataron del magnetismo reconocieron la influencia de la luna en las mujeres, y tanto Ennemoser como Du Potet corroboran acabadamente las teorías de los videntes indos. En todos los países de la antigüedad estaba consagrado el zafiro a la Luna, y los budistas tenían esta preciosa piedra en muchísimo respeto, no derivado de la superstición, sino con sólido fundamento científico. Atribuyen los budistas al zafiro virtudes mágicas, por cuanto su color azul obscuro determina fenómenos sonambúlicos, según puede observar cualquier estudiante de hipnotismo. Esto se deriva de la hasta hace poco tiempo no advertida influencia de los colores del prisma y

488 Literalmente significa rayo emitido, de la raíz dikein.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I especialmente del azul en el crecimiento de las plantas. Según ha demostrado el general Pleasonton, después de muchas discusiones académicas sobre la potencia calorífica de los rayos solares, los azules son los más eléctricos y su influencia favorece en mágicas proporciones el crecimiento de plantas y animales. Por otra parte, las investigaciones de Amoretti sobre la polaridad eléctrica de las piedras preciosas demuestran que el diamante, el granate y la amatista son electro–negativos, al paso

que el zafiro es electro positivo . Todo esto nos mueve a reconocer que las modernas ciencias experimentales corroboran cuanto acerca del particular conocían los sabios de la India, muchísimo antes de la fundación de las academias europeas. Dice una antiquísima leyenda inda, que enamorado Brahmâ Prajâpati de su propia

hija Ushâs , tomó la forma de ciervo (ris'ya) y la convirtió a ella en cierva, de modo que así se cometió el primer pecado de que fué culpable el mismo Brahmâ. Ante tamaña profanación, se aterrorizaron de tal manera los dioses, que asumiendo su más horrible aspecto, pues los dioses pueden tomar cuantas figuras quieran, formaron a Bhûtavan, el espíritu del mal, con propósito de aniquilar la encarnación del primer

pecado, cometido por el mismo Brahmâ. Al ver esto, Brahmâ–Hiranyagarbha se arrepintió profundamente y empezó a recitar los mantras de purificación. De su llanto cayó una lágrima, la más ardiente de cuantas de ojos brotaron, que al tocar en el suelo se convirtió en el primer zafiro”492. Esta semipopular y semisagrada leyenda denota que los indos, no sólo sabían que el azul era el color más eléctrico, sino que también conocían la influencia del zafiro y de otros minerales. Aparte de esto, dice Orfeo que con una piedra imán es posible influir en muchas personas reunidas; Pitágoras atribuye secreta importancia al color y naturaleza de las piedras preciosas; y Apolonio de Tyana enseñaba a sus discípulos las ocultas virtudes de estas piedras, y cada día del mes llevaba una sortija de distinta piedra, con arreglo a las leyes de la astrología judiciaria. Según los budistas, el zafiro tranquiliza el espíritu, serena el ánimo, aleja los malos pensamientos y tonifica el cuerpo, que son precisamente los efectos atribuidos por la moderna electroterapia a la acción de una corriente eléctrica con acierto dirigida. A este propósito dicen los budistas: “El zafiro abre puertas y casas cerradas para el espíritu del hombre; despierta el deseo de orar y entraña mayor paz que cualquiera otra alhaja.

Pero quien la lleve ha de vivir pura y santamente” .

489 Kieser. – Archivos, IV, 62. – Realmente muchos símbolos antiguos eran equívocos o juegos de palabras. 490 Los cielos. Algunas veces la aurora. 491 Los induistas dan también a Brahmâ el sobrenombre de Hiranyagarbha, que significa alma unitaria, mientras que Amrita es el alma suprema, la primera emanación del Brahmâ creador. 492 Rig Veda. – Aitareya Brâhmana. 493 Marbod. – Liber lapid ( edición Beekman).

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Diana es hija de Zeus y Proserpina494; pero Hesiodo la llama Diana Eilythia–Lucina y

dice que es hija de Júpiter y Juno . En las frecuentes querellas conyugales entre Júpiter y Juno, su hija Diana se vuelve de espaldas a su madre y sonríe a su padre, aunque reconviniéndole por sus devaneos. Esto es símbolo de los eclipses de luna, durante los cuales, se dice que los magos de Tesalia y Babilonia convertían hacia la tierra sus hechizos y encantos hasta lograr que se reconciliase la irritada pareja. Entonces Juno sonreía orgullosa a la brillante Diana que, circuyéndose de su creciente, volvía al secreto retiro de las montañas. Parece que esta fábula alude a las fases de la luna. Los habitantes de la tierra sólo vemos un hemisferio de la luna y esto significa que Diana le vuelve la espalda a su madre Juno. Las posiciones respectivas del sol, la tierra y la luna cambian continuamente, y la fase de luna nueva coincide siempre con variaciones atmosféricas, aparte de que las tempestades pudieron muy bien sugerir la idea de una lucha entre el sol y la tierra, sobre todo cuando aquél está oculto por rugientes nubes. Además, la luna no brilla en su fase de nueva, porque el hemisferio visible desde la tierra no está iluminado por el sol; pero después de la reconciliación, va mostrándose gradualmente iluminado el disco de la luna, y de aquí que los astrólogos caldeos y los magos de Tesalia, cuyo conocimiento del curso de los astros igualaba al de cualquier astrónomo moderno, se esforzaran en aplacar las iras de la luna y moverla a mostrar de nuevo su semblante, después de haber recibido la “radiante sonrisa” de su madre la tierra, cuando a su vez se refleja la luz del sol en la luna. Por esto decía la fábula que tan luego como Diana se ciñe el creciente, se marcha otra vez a cazar a la montaña. No hemos de negar la intrínseca sabiduría de los antiguos juzgando por las, en apariencia, supersticiosas fábulas con que velaron la explicación de los fenómenos naturales, pues a tanto equivaldría que, por ejemplo, dentro de quinientos años nuestros descendientes tacharan de antiguos ignorantones a los discípulos del profesor Balfour Stewart y de filósofo superficial a su maestro, por haber llevado éste a cabo experimentos con propósito de averiguar, como en efecto averiguó, que las manchas del sol están relacionadas con las enfermedades de algunas plantas y que influyen poderosamente en las condiciones de la tierra496. Si la ciencia moderna llega a este punto, no hay motivo para tratar de locos o de bellacos a los astrólogos de la

494 Símbolo de la actividad de la tierra. 495 La diosa Juno simboliza también la tierra, cuando devorada por Kronos o Saturno, le devuelve la vida la oceánica Metis. La evolución del tiempo está simbolizada en saturno que devora a la tierra en los cataclismos prehistóricos; y cuando Metis (las aguas), se retira a descansar en sus múltiples lechos, es decir, cuando se restaura el curso normal de las aguas y aparecen los nuevos continentes en seco, resucita Juno a nueva vida en su primera forma. Esta misma idea se expresa en el Génesis, I, 9 y 10. 496 Balfour Stewart. – El sol y la tierra.

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