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Capítulo 39 de 51
Capítulo Vii — parte 1 de 7
Isis Sem o Véu
¡Oh Tú, Causa primera, la menos comprendida! POPE ¿Por qué esta placentera esperanza, este hondo deseo, este ardiente anhelo de inmortalidad? ¿ Por qué el secreto temor, el íntimo espanto de caer en la nada? ¿ Por qué se encoge el alma en sí misma y tiembla a la sola idea de aniquilación? Es la divinidad que en nuestro interior se agita. Es el cielo que señala nuestro porvenir y revela la inmortalidad del hombre. ¡Oh eternidad! Encantadora y pavorosa idea. ADDISON Hay otro mundo mejor. KOTZEBUE.– El Extranjero espués de conceder tanto espacio a las encontradas opiniones de los científicos respecto de los fenómenos psíquicos, justo es atender a las teorías Dde los alquimistas medioevales, quienes, salvo raras excepciones, profesaban en este punto las mismas doctrinas que los antiguos filósofos, resumidas en la alquimia, la cábala caldeo–hebraica, los sistemas esotéricos de los magos y de los pitagóricos, y posteriormente las enseñanzas de los neoplatónicos y teurgos. Más adelante examinaremos las ideas de los gimnósofos indos y de los astrólogos caldeos, sin descuidarnos de poner de manifiesto las capitales verdades subyacentes en las mal comprendidas religiones de la antigüedad. Los cuatro elementos de nuestros antepasados: tierra, aire, agua y fuego, significan para el estudiante de alquimia y magia o psicología antigua, algo que jamás sospecharon los filósofos modernos. Conviene advertir que la llamada nigromancia o espiritismo, en cuanto atañe a la evocación de los difuntos, es práctica universalmente difundida en todos los países desde la más remota antigüedad.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Enrique More, catedrático de la universidad de Cambridge, que no era alquimista ni mago ni astrólogo, sino sencillamente un insigne filósofo, gozaba de universal aprecio por su profundo saber y creía firmemente en sortilegios y hechicerías. Sus ingeniosos argumentos en pro de la inmortalidad del espíritu humano, se fundan en la filosofía pitagórica aceptada por Cardan, Van Helmont y otros místicos. Según sus enseñanzas, todas las cosas proceden del increado espíritu a que llamamos Dios, la substancia suprema, por emanación causativa. Dios es la substancia primaria y todo lo demás la secundaria. Dios emanó la materia dotándola de poder semoviente, por lo que si bien es Dios la causa de la materia y del movimiento, podemos decir, sin embargo, que la materia se mueve por sí misma. El espíritu de Dios es, por lo tanto, una substancia indiscernible que puede moverse, infundirse, contraerse, dilatarse y también penetrar, mover y alterar la materia, su tercera emanación379. Creía More en las apariciones y afirmaba resueltamente la individualidad del alma humana cuya memoria: y conciencia persisten en la vida futura. Dice que “el cuerpo astral consta, al dejar el físico, de dos distintos vehículos: el aéreo y el etéreo. Mientras el espíritu desencarnado actúa en el vehículo aéreo está sujeto al hado, esto es, a la culpa y a la tentación, pues le queda el apego a los intereses terrenos y no es completamente puro hasta que desecha este vehículo, propio de las bajas esferas, y se eterifica, pues sólo entonces se convence de su inmortalidad, porque un cuerpo tan transparentemente luminoso como el etéreo, no proyecta sombra alguna. Cuando el alma llega a esta condición se substrae al hado y a la muerte. Esta trascendente condición de divina pureza era el único anhelo de los pitagóricos”. A los escépticos de su tiempo los trata More con despectivo rigor. De Scot, Adie y Webster, dice que son “santos de nuevo cuño y fiscales jurados de las brujas que contra toda razón, a pesar de los intérpretes y de la misma Escritura, ven en Samuel un bribón redomado.” Y termina diciendo: “¿A quién hemos de creer? ¿A la Escritura o a esos payasos henchidos de orgullosa ignorancia y vanidosa y estúpida incredulidad?
Que cada cual juzgue como le parezca” . ¿Qué lenguaje hubiera empleado este eminente teólogo contra los escépticos de nuestros días? Descartes, aunque adorador de la materia, era ardiente partidario de la teoría magnética y hasta cierto punto de la alquimia. Su concepto del universo tenía no poca semejanza con el de otros insignes filósofos. Según él, está lleno el infinito espacio de una materia flúida elemental, única fuente de toda vida, que envuelve a los astros y los mantiene en continuado movimiento. Los vórtices de Descartes entrañan el mismo concepto que las corrientes magnéticas de Mesmer, y sobre esto dice Ennemoser, que
379 More. – Antídoto, libro I, cap.4. 380 Carta a Ganvil. – 25 de Mayo de 1678.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I la semejanza entre ambas hipótesis es más notable de lo que presumen quienes no han
estudiado cuidadosamente el asunto . El conspicuo filósofo Poiret–Naudé profesó asimismo la teoría magnética y fué uno
de sus primeros propagadores . En sus obras está plenamente vindicada la filosofía mágico–teosófica. El conocido doctor Hufeland dejó escrita una obra sobre magia383 en que expone la teoría de la atracción magnética entre los hombres, los animales, las plantas y los minerales, corroborando el testimonio de Campanella, Van Helmont y Servio, en lo referente a la simpatía entre las diversas partes de los cuerpos orgánicos e inorgánicos. Estas mismas ideas declara Tenzel Wirdig en sus obras, con mayor claridad, lógica y vigor que cuantos místicos trataron del mismo asunto. En su famosa obra: Nueva medicina espiritual, demuestra que la naturaleza entera está animada, fundándose en la magnética atracción universal a que da el nombre de “armonía de los espíritus”. Según él, cada cosa atrae a su semejante y propende hacia las de índole simpática con la suya. De las mutuas simpatías y antipatías se origina el continuado movimiento del universo, y la incesante comunión entre cielos y tierra engendra la armonía universal. Todas las cosas viven y mueren por efecto del magnetismo y se influyen recíprocamente a pesar de la distancia, de modo que la fuerza de atracción y repulsión determina el estado normal o morboso de los congéneres384. Kepler, el precursor de Newton en el descubrimiento de fundamentales principios científicos, entre ellos el de la gravitación universal385, aceptaba la enseñanza cabalística de que los espíritus planetarios son entidades inteligentes residentes en los planetas, que están habitados por seres espirituales cuya influencia se deja sentir en los moradores de los planetas más densamente groseros, y en particular de nuestro
globo . Pero así como esta hipótesis de las planetarias influencias espirituales quedó suplantada por la de los vórtices del materialista Descartes, algún día prevalecerán sobre esta última las de las corrientes magnéticas inteligentemente dirigidas por el ánima mundi.
381 Historia de la Magia, II, 272. 382 Apología de los personajes falsamente acusados de magia. – 1679. 383 Berlin. – 1817. 384 Cuenta Hufeland, que en cierta ocasión le arrancaron a un hombre un trozo de cuero cabelludo cuyo pelo fue encanecido al par del de la cabeza. – Ennemoser. – Historia de la magia. 385 Muy acertadamente atribuía Kepler la atracción universal a la fuerza magnética, no obstante haber llamado a la astrología “ hija loca de madre cuerda”, aludiendo en lo de madre a la astronomía. 386 Sería prolijo detenernos en la defensa de la teoría de Kepler sobre la relación entre los cinco cuerpos geométricos regulares y las órbitas de los cinco planetas principales. Aunque Draper se burla de esta teoría, vemos que los descubrimientos modernos van corroborando muchas teorías antiguas y cabe esperar que a todas les llegue el turno de vindicación.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I El erudito filósofo italiano Juan Bautista Porta recibió de la crítica el mismo trato que sus colegas, no obstante haber demostrado el ningún fundamento de las imputaciones que de superstición y hechicería se lanzaban contra la magia. Este célebre alquimista dice en su obra: Magia natural, que los fenómenos de ocultismo tienen por fundamento el alma del mundo que solidariza todas las cosas. Añade que el espíritu humano es de la esencia de la luz astral, y que como ésta actúa en simpática armonía con la naturaleza toda, nuestros cuerpos sidéreos alcanzan a operar mágicas maravillas con tal de conocer los elementos a propósito. Declara que la piedra filosofal, de cuya posesión se han jactado muchos para asombrar a las gentes, la encontraron felizmente unos pocos, é insinúa algo de la significación espiritual de esta piedra. El monje Kircher, de la escuela mística, expuso en 1654 una completa teoría del magnetismo universal387, basada en muchos puntos insinuados por Paracelso. Define el magnetismo en oposición al concepto de Gilbert, que considera la tierra como un enorme imán, y arguye en contra, diciendo que si bien toda partícula terrestre y toda fuerza invisible é incoercible son magnéticas, no es ello razón bastante para afirmar que la tierra sea un imán, pues en el universo solo hay un imán, del que procede el magnetismo de cuanto existe. Este imán es, por supuesto, lo que los cabalistas llaman sol espiritual, esto es, Dios. Afirmaba Kircher que el sol, la luna, los planetas y las estrellas son sumamente magnéticos, pero por inducción, por efecto de moverse en el flúido magnético del universo o sea en la luz espiritual. Demuestra, además, la misteriosa simpatía entre los seres de los tres reinos de la naturaleza, con infinidad de ejemplos comprobados, algunos posteriormente, aunque la mayor parte no sólo no lo han sido, sino que se les ha negado posibilidad gracias a la tradicional cautela y equívoca lógica de los científicos. Establece Kircher la distinción entre el magnetismo mineral y el animal o zoomagnetismo, diciendo que excepto en el caso de la piedra imán, todos los minerales han de estar magnetizados por la mayor potencia del magnetismo animal, que a su vez recibe esta virtud de la primera causa creadora. Por ejemplo, una aguja puede quedar magnetizada en la mano de un hombre de recia voluntad, y el ámbar adquiere esta potencia más por el frote de la mano humana que por otro medio cualquiera; y así es que el hombre puede comunicar su propia vida y animar hasta cierto punto los cuerpos inanimados. A esto llaman hechicería los necios.
El sol es el cuerpo más magnético de todos y así lo entendieron los filósofos antiguos, pues echaron de ver que las emanaciones del sol atraían todas las cosas que por su influencia reciben el poder de atracción. En prueba de ello cita algunas plantas que denotan mayor atracción hacia el sol y otras hacia la luna. Entre las primeras tenemos la llamada githymal, que sigue fielmente al sol aun cuando esté nublado. La flor de acacia abre los pétalos al salir el sol y los cierra a la puesta. Lo mismo hacen el
387 Magnes sive de arte magnetici opus tripartitum. – Colonia, 1654. 388 En este concepto se anticipó Kircher de dos siglos a la teoría del general Pleasonton.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I loto egipcio y el girasol de Europa. La hierbamora ofrece análoga particularidad respecto de la luna. Como ejemplo de las simpatías y antipatías entre los planetas, cita Kircher la aversión de la vid por las berzas y su amor al olivo; la simpatía del ranúnculo por el lirio y la de la ruda por la higuera. En prueba de antipatía cita los renuevos del granado mexicano, cuyos trozos, al cortarlos, se repelen como movidos de implacable hostilidad. Opina Kircher, por otra parte, que los sentimientos y emociones son mudanzas de la condición magnética del individuo, es decir, que la ira, los celos, la amistad, el amor y el odio provienen de la alteración del ambiente que constituye nuestro campo de emanaciones magnéticas. El amor es uno de los sentimientos que ofrecen tan diversos aspectos como el amor maternal y el del artista por su arte. Tanto el amor como la amistad son manifestaciones de simpatía entre naturalezas congeniantes. Para Kircher, el magnetismo de amor puro es la causa eficiente de todas las cosas creadas. El amor sexual es de naturaleza eléctrica y lo llama amor febris species, la fiebre de la especie. Distingue Kircher dos clases de atracción magnética: la simpatía y la fascinación; una santa y natural; otra siniestra y artificiosa. A esta última atribuye el poder del sapo que sólo con abrir la boca atrae a la víctima que se precipita en sus fauces. El ciervo y otros rumiantes menores se ven impelidos irresistiblemente hacia la boa que los fascina, y el pez torpedo entorpece el brazo del pescador con sus descargas. El provechoso ejercicio de la facultad magnética, requiere tres condiciones: 1.º Nobleza de alma. 2.º Voluntad robusta é imaginación intensa. 3.º Un sujeto más débil que el magnetizador. El hombre inmune a las tentaciones del mundo y de la carne puede curar magnéticamente enfermedades tenidas por incurables y adquirir clarividencia profética. Hasta aquí las teorías de Kircher. Un raro libro del siglo XVII nos da curioso ejemplo de la magnética atracción universal en las notas de viaje y relato oficial enviado al rey de Francia por su embajador el señor de Loubère, acerca de lo que había visto en el reino de Siam. Dice así: “En Siam hay dos peces de agua dulce, llamados pal y cadi que cuando se les pone a cocer en la olla siguen el movimiento de la marea subiendo y bajando en relación con el flujo y reflujo”389. Loubère hizo varios experimentos con estos peces, en compañía del ingeniero Vincent, cuyo testimonio da visos de certeza a este fenómeno que algunos tachan de patraña. Precisamente en los países incultos debemos interrogar con mayor solicitud a la naturaleza y observar los efectos de la sutilísima energía a que los antiguos llamaron alma del mundo. Tan sólo en las comarcas de Oriente, en las vastas é
389 Loubère. – Notas para un nuevo informe histórico del reino de Siam. – 1692.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I inexploradas regiones asiáticas, encontrará el estudiante de psicología alimento bastante para satisfacer su hambre de verdad; porque la atmósfera de las ciudades populosas está viciadísima por el humo de las fábricas, locomotoras y vapores, aparte de las miasmáticas exhalaciones de vivos y muertos. La naturaleza, lo mismo que el hombre, está influída en su actuación por el medio ambiente, y el poderoso aliento de la correlación de fuerzas puede ser aminorado, impedido y contrarrestado en determinadas ocasiones como si fuese un ser humano. No tan sólo el clima, sino las ocultas influencias que cotidianamente recibe, modifican la naturaleza psicofísica del hombre, de la propia suerte que la constitución de la materia llamada inorgánica, hasta extremos no sospechados por la ciencia. Así resulta, que el Diario Médico–Quirúrgico de Londres aconseja a los cirujanos que no lleven lancetas a Calcuta, pues se sabe por personales experiencias que el acero inglés no resiste el clima de la India. Análogamente, un manojo de llaves de fabricación inglesa o norteamericana se enmohecen a las veinticuatro horas de estar en Egipto, al paso que los objetos de acero del país no se oxidan. También se ha visto que un samano de Siberia, que había ejercido notablemente sus facultades psíquicas entre sus compatriotas, las fué perdiendo hasta quedar sin ellas en el nebuloso y humeante Londres. Si el organismo humano no es menos sensible que un pedazo de acero a las influencias climatológicas, ¿á qué dudar del testimonio de los viajeros que vieron al samano realizar cotidianamente asombrosos fenómenos en su país natal, y a qué negar la posibilidad de estos fenómenos tan sólo porque no pudo realizarlos en París y Londres? Wendell demuestra en su conferencia sobre las Artes perdidas, que el cambio de clima influye en la naturaleza psíquica del hombre, y que los orientales superan en agudeza de sentidos a los europeos. Dice Wendell que los tintoreros de Lyon, tan excelentes en su arte, sospechan que hay un delicado matiz azul, invisible para los europeos, al paso que en Cachemira elaboran las muchachas chales de 150.000 pesetas con trescientos matices distintos, que los europeos no sólo son incapaces de obtener, sino ni siquiera de distinguir. Si tan enorme es la diferencia entre la agudeza sensoria de ambas razas, bien pudiera ocurrir lo mismo en cuanto a facultades psíquicas. Además, las muchachas de Cachemira ven objetivamente matices que los europeos no pueden ver y, sin embargo, existen; por lo tanto, posible es también que las personas dotadas de la misteriosa facultad de la doble vista vean lo que ven, tan objetivamente como la muchacha de Cachemira, y en vez de ser sus visiones imaginativas quimeras, sean, por el contrario, reflejos de personas y cosas reales impresas en el éter astral, según enseñaron los antiguos filósofos y los Oráculos Caldeos, y lo sospecharon algunos investigadores modernos como Babbage, Jevons y los autores de El Universo Invisible. A este propósito, dice Paracelso: “Tres espíritus actúan en el hombre y tres mundos lanzan sobre él sus luminosos rayos; pero los tres son imagen y eco de un solo principio productor. El primer espíritu es el de los elementos390; el segundo es el de las
390 Cuerpo terrestre y fuerza vital en su condición grosera.
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