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Capítulo 23 de 51
Capítulo Iv — parte 1 de 4
Isis Sem o Véu
Prefiero la noble conducta de Emerson cuando tras varios desengaños exclama: “Anhelo la verdad”. Quien realmente es capaz de hablar así, siente en su corazón el gozo del verdadero heroísmo. TYNDALL Para que un testimonio sea suficiente se requieren las siguientes condiciones: 1.ª Gran número de testigos muy perspicaces que convengan en haber visto bien lo que han visto. 2.ª Que los testigos estén sanos de cuerpo y mente. 3.ª Que sean imparciales y desinteresados. 4.ª Que haya entre ellos asentimiento unánime. 5.ª Que solemnemente atestigüen el hecho. VOLTAIRE.– Diccionario filosófico l fervoroso protestante Agenor de Gasparín ha sostenido larga y porfiada lucha con Des Mousseaux, De Mirville Y otros fanáticos que atribuyen todos los Efenómenos espiritistas a la influencia de Satanás. El resultado de esta contienda han sido dos volúmenes de más de mil quinientas páginas, en que se prueban los efectos y se niega la causa de los fenómenos, tras sobrehumanos esfuerzos para explicarlos. Toda Europa leyó la severa réplica enviada por Gasparín al Journal des Débats 192 cuando este periódico motejó de locos rematados a cuantos después de leer el estudio sobre las “alucinaciones espiritistas” publicado por Faraday, persistiesen en dar crédito a los fenómenos que Gasparín había descrito minuciosamente como testigo presencial. Dice Gasparín en su réplica: “Hay que andar con cuidado, porque los representantes de las ciencias de experimentación van en camino de convertirse en inquisidores modernos.
192 Des Tables, I, 213.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Los hechos son más poderosos que las academias y no dejan de ser hechos, aunque se les menosprecie, niegue y ridiculice”193. Además, en la misma obra da Gasparín la siguiente descripción de los fenómenos por él observados en compañía del profesor Thury. Dice así: “Vimos con frecuencia que los pies de la mesa quedaban fuertemente pegados al suelo, sin que bastaran a levantarla los esfuerzos aunados de todos los circunstantes. En otras ocasiones presenciamos un fenómeno de vigorosa y perfectamente definida levitación, así como hemos oído golpes unas veces tan violentos que amenazaban romper la mesa en pedazos y otras tan tenues que era preciso escuchar con cuidado para percibirlos… Respecto a las levitaciones sin contacto hubo medio de obtenerlas fácilmente, con buen éxito, y no en casos aislados, sino unas treinta veces194. “En cierta ocasión la mesa continuó volteando y levantando los pies a pesar de haberse sentado encima un hombre que pesaba ochenta y siete kilogramos. Otra vez la mesa quedó inmóvil, sin que nadie la pudiera menear, no obstante el poco peso de la persona, que
apenas llegaba a diez y seis kilogramos . Un día volteó del revés con los pies al aire sin
que nadie la tocara” . A este propósito, dice De Mirville: “Ciertamente que un hombre que repetidas veces ha presenciado el fenómeno, no puede
aceptar el sutil análisis del físico inglés” . Desde el año 1850, Des Mousseaux y De Mirville, católicos a macha martillo, han publicado muchas obras de títulos muy a propósito para llamar la atención pública, que revelan la no disimulada alarma de sus autores, pues si los fenómenos no hubiesen sido auténticos no se tomara de seguro la iglesia romana la pena de combatirlos. La opinión pública, escépticos aparte, se dividió en la manera de apreciar los fenómenos. El solo hecho de que la teología temiese mucho más a las posibles revelaciones obtenidas por medio de este misterioso agente, que a cuantos conflictos pudieran suscitarle las negaciones de la ciencia, debiera haber abierto los ojos a los más escépticos. La iglesia romana no ha sido nunca crédula ni cobarde, como de sobras lo prueba el maquiavelismo peculiar de su política. Además, nunca le han preocupado los prestidigitadores, porque sabe hasta dónde pueden llegar sus artimañas, y así deja dormir tranquilos a Roberto Houdin, Comte, Hamilton y Bosco, mientras que persigue
193 Des Tables, I, 216. 194 Id., I, 48. 195 Id. 24. 196 Id. 35. 197 De los espíritus, 26.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I a los filósofos herméticos, a los místicos, a Paracelso, Cagliostro y Mesmer, y se deshace de los médiums para entorpecer manifestaciones que considera peligrosas. Los incapaces de creer en Satanás y en los dogmas de la Iglesia deben recordar que el clero es lo suficientemente astuto para no comprometer su reputación ocupándose de manifestaciones fraudulentas. Pero uno de los más valiosos testimonios de la realidad de los fenómenos psíquicos es el del famoso prestidigitador Roberto Houdin, quien nombrado perito por la Academia de Ciencias para informar sobre las maravillosas facultades clarividentes que, entremezcladas de ocasionales equivocaciones, demostraban los movimientos de una mesa, dijo: “Los prestidigitadores no nos equivocamos nunca y hasta ahora no ha fallado mi segunda vista”. El distinguido astrónomo Babinet no tuvo mejor fortuna al elegir al célebre ventrílocuo Comte como perito para informar sobre un caso de voces y golpes, pues se echó a reír delante del mismo Babinet por haber éste supuesto que el fenómeno tenía por causa el ventriloquismo inconsciente, hipótesis dignamente gemela de la cerebración inconsciente que, por lo evidentemente absurda, sonrojó a académicos más escépticos. A este propósito dice Gasparín: “Nadie niega la suma importancia y magnitud del problema de lo sobrenatural, según se planteó en la Edad Media y está planteado hoy día… Todo en él es profundamente serio: el mal, el remedio, la recrudescencia de la superstición y el fenómeno físico que ha de
extirparla” . Mas adelante expone su definición sobre la materia, convencido por las manifestaciones presenciadas, según él mismo afirma. Dice así: “Son ya tan numerosos los hechos sacados a la luz de la verdad, que de hoy más se ha de dilatar el campo de las ciencias naturales o se extenderá el de lo sobrenatural más allá de
todo límite” . De las muchas obras escritas por los autores católicos y protestantes en contra del espiritismo, ningunas causaron tan tremendo efecto como las de De Mirville y Des
Mousseaux que constituyen una verdadera enciclopedia biográfica del diablo y sus retoños, para íntima delectación de los buenos católicos desde los tiempos medioevales. Según estos dos autores, “el espíritu maligno, embustero y asesino desde un principio, es el instigador de los fenómenos espiritistas, que después de haber presidido durante miles de años la teurgia pagana, ha reaparecido en nuestro siglo a
198 Prefacio, 12 y 16. 199 Tomo I, 244. 200 Las principales son: La magia en el siglo XIX; Costumbres y prácticas de los demonios; Fenómenos de la Magia superior, Los Medianeros de la magia; De los espíritus y sus manifestaciones.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I favor del incremento de las herejías, de la incredulidad y del ateísmo”. La Academia francesa lanzó al oír esto un grito de indignación y Gasparín lo tuvo por insulto personal, diciendo: “Esto es una declaración de guerra, un llamamiento a las armas. La obra de De Mirville es un verdadero manifiesto. Me hubiera alegrado de ver en ella la expresión estricta de personales opiniones; pero es imposible, porque el éxito de la obra, las explícitas adhesiones recibidas por el autor, la reproducción de su tesis en los periódicos católicos, la solidaridad de los ultramontanos en esta materia, todo contribuye a dar a la obra el carácter de un acto y de una labor colectiva. Por consiguiente, me considero en el deber de recoger el guante é izar la bandera del protestantismo contra el estandarte
ultramontano” . Como era de esperar, los médicos, asumiendo el papel de los coros griegos, asentían a cuantas reconvenciones se lanzaban contra los dos escritores demonólogos. La revista Anales Médico–Psicológicos, dirigida por Brierre de Boismont y Cerise, publicó un artículo en el que se leía el siguiente párrafo: “Dejando aparte las luchas políticas, jamás se había atrevido un escritor en nuestro país a tan agresivas acometividades contra el sentido común. Entre ruidosas carcajadas por una parte y encogimiento de hombros por otra, el autor se presenta resueltamente ante los miembros de la
Academia para entregarles lo que modestamente titula: Memoria sobre el Diablo . No cabe dada de que esta Memoria era un punzante insulto a los académicos, ya acostumbrados desde 1850 a excesivas humillaciones. ¡Peregrina idea fué llamar la atención de los inmortales sobre las travesuras del diablo! Juraron vengarse unánimemente forjando una hipótesis que aventajase, en lo absurda, a la misma demonología de De Mirville. Dos médicos famosos, Royer y Jobart de Lamballe, presentaron al Instituto un alemán cuyas habilidades daban la clave de los fenómenos psíquicos. A este propósito dice De Mirville: “Nos sonroja decir que todo el fraude consistía en la dislocación de uno de los tendones de la pierna, según se demostró ante el Instituto de Francia en pleno, cuyos miembros agradecieron tan interesante comunicación, y pocos días después un catedrático de la
Facultad de Medicina daba públicas seguridades de que, puesto que los académicos
habían expuesto su opinión, ya estaba descubierto el misterio .
201 Tomo II, 524. 202 Anales médico– psicológicos, 1º Enero de 1854. 203 El Constitucional, 16 de Junio 1854. 204 De Mirville. – De los espíritus.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Pero estas científicas explicaciones no entorpecían el curso de los fenómenos psíquicos ni embarazaban la pluma de los dos escritores católicos en la exposición de sus ortodoxas teorías demonológicas. Des Mousseaux dijo que la Iglesia nada tenía
que ver con sus libros, y al propio tiempo presentaba a la Academia un trabajo del que entresacamos el siguiente párrafo: “El diablo es la principal columna de la fe. Su historia está íntimamente relacionada con la de la Iglesia y seguramente no hubiese caído el hombre sin las sugestivas palabras que pronunció por boca de su medianera la serpiente. De modo que a no ser por el diablo, el Salvador, el Redentor, el Crucificado, hubiese sido un ente ridículo y la cruz un agravio al sentido común”. Conviene advertir que este autor es eco fiel de la Iglesia, que igualmente anatematiza a quien niega la existencia de Dios que la del diablo. Pero el marqués De Mirville lleva más allá las relaciones entre Dios y el diablo, considerándolas como una sociedad mercantil en que Dios accede resignadamente a cuanto el diablo le propone con miras de exclusivo provecho. Así parece inferirse del siguiente pasaje: “Al sobrevenir la irrupción espiritista de 1853, con tanta indiferencia mirada, nos atrevemos a decir que era síntoma amenazador de una catástrofe. Bien es verdad que el mundo está en paz, pero no todos los desastres tienen los mismos antecedentes, y presentimos el cumplimiento de la ley expresada por Goërres al decir que “estas
misteriosas apariciones han precedido invariablemente a los castigos de Dios” . Estas escaramuzas entre los campeones del clero y la materialista Academia de Ciencias demuestran la poca eficacia de los esfuerzos de la docta corporación para desarraigar el fanatismo, aun de los mismos que presumen de cultos. La ciencia no ha vencido, ni siquiera ha refrenado a la teología, y tan sólo prevalecerá contra ella cuando reconozca en los fenómenos psíquicos algo más que alucinación y charlatanería. Pero ¿cómo lograrlo si no se los investiga? Si por ejemplo, hubiese padecido Oersted de psicofobia y receloso de que las gentes supersticiosas empleaban las agujas magnéticas para hablar con los espíritus, no se hubiera detenido a observar las variaciones de dichas agujas en sentido perpendicular a la corriente eléctrica que pasaba por un alambre colocado junto a ella, de seguro que no enriqueciera el sabio danés las ciencias experimentales con los principios referentes al electro–magnetismo. Babinet, Royer y Jobert de Lamballe son los tres miembros del Instituto que más se han distinguido, aunque sin lauro, en la contienda entre el escepticismo y el supernaturalismo. Babinet, el famoso astrónomo, se aventuró imprecavidamente en el campo de los fenómenos y
205 Costumbres y prácticas de los demonios, X. 206 De Mirville. – De los Espíritus, 4.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I quiso explicarlos científicamente; pero aferrado a la vana opinión tan general en los científicos, de que las manifestaciones psíquicas no resistirían más allá de un año a un examen minucioso, cometió la imprudencia de exponerlo así en los artículos que, como acertadamente observa De Mirville, apenas llamaron la atención de sus colegas y en modo alguno la del público. Babinet admite desde luego sin dudar en lo más mínimo la rotación de las mesas, que según dice “es capaz de manifestarse enérgicamente con movimiento velocísimo, que ofrece vigorosa resistencia cuando se intenta detenerlo”207. El insigne astrónomo explica el hecho del modo siguiente: “Los débiles y concordados impulsos de las manos puestas encima de la mesa la empujan suavemente hasta oscilar de derecha a izquierda… Cuando al cabo de un rato se inicia en las manos un estremecimiento nervioso y se armonizan los impulsos individuales de los
experimentadores, empieza la mesa a moverse” . Babinet considera esta explicación muy sencilla, “porque el esfuerzo muscular obra como en las palancas de tercer orden, en que el punto de apoyo está muy cerca de la potencia que comunica gran velocidad al objeto, a causa de la corta distancia que ha de recorrer la fuerza motora… Algunos se maravillan de que una mesa sujeta a la acción de varios individuos sea capaz de vencer poderosos obstáculos y que se rompan las patas cuando se la detiene bruscamente; pero esto nada de particular tiene en comparación de la energía desarrollada por la armonía y concordancia de los impulsos individuales… Repetimos que no ofrece dificultad alguna la explicación física del fenómeno”209. De este informe se infieren claramente dos conclusiones: la realidad del fenómeno y lo ridículo de su explicación. Babinet dió con ello motivo a que alguien se riera de él, pero como buen astrónomo sabe que también el sol tiene manchas. Además, aunque Babinet lo niegue, hemos de tener en cuenta la levitación de la mesa sin contacto. De Mírville dice que la tal levitación es “sencillamente imposible, tan
imposible como el movimiento continuo” . ¿Quién se atreverá después de esto a creer en las imposibilidades científicas? Pero las mesas no se contentan con oscilar, bailar y voltear, sino que también resuenan con golpes, a veces tan fuertes como pistoletazos. Sin embargo, la explicación científica no llega más que a suponer ventrílocuos a los testigos y a los investigadores.
207 Revista de Ambos mundos, 15 Enero 1854, 108. 208 Esta hipótesis es una variación de la de Faraday. 209 Revista de Ambos mundos, 410. 210 Revista de Ambos Mundos, Enero 1854, 414.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Babinet publicó a este propósito, en la Revista de Ambos Mundos, un soliloquio dialogado a la manera del En Soph de los cabalistas. Dice así: – ¿Qué podemos inferir en definitiva de los fenómenos sometidos a nuestra observación? ¿Se producen tales golpes? – Sí. – ¿Responden a preguntas? – Sí. – ¿Quién produce estos golpes? – Los médiums. – ¿Cómo? – Por el ordinario método acústico del ventriloquismo. –¿Pero no podrían proceder estos golpes del crujido de los dedos de manos y pies?
– No, porque entonces procederían siempre del mismo punto, y no sucede así . A este propósito dice De Mirville: “Ahora bien, ¿qué pensar de los norteamericanos y de sus millares de médiums, que producen los mismos golpes ante millares de testigos? De seguro que Babinet lo achacará a ventriloquismo. Pero ¿cómo explicar semejante imposibilidad? Oigamos a Babinet, para quien es la cosa más fácil del mundo: “La primera manifestación observada en los Estados Unidos, se debió en resumen a un muchacho callejero que golpeó la puerta de un vecino, atraído tal vez por una bala de plomo pendiente de un hilo; y si el señor Weekman, el primer creyente de América, al notar por tercera vez los golpes, no oyó risas en la calle, fué por la esencial diferencia entre un francés medio árabe y un inglés aquejado de lo que llamamos
alegría fúnebre” . En su famosa réplica a los ataques de Gasparín, Babinet y otros escritores, dice De Mirville: “Según los insignes físicos que han informado sobre el particular, las mesas voltean rápida y vigorosamente, ofrecen resistencia y, como ha demostrado Gasparín, se levantan sin que nadie las toque. Así como un juez decía que le bastaban tres palabras de puño y letra de un hombre para condenarlo a muerte, del mismo modo con las anteriores líneas nos empeñamos en confundir a los más famosos físicos del mundo
211 Revista de Ambos Mundos, Iº Mayo 1854, 531. 212 Revista de Ambos Mundos, Iº Mayo 1854, 511
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I y aun a revolucionar el globo, a menos que Babinet no hubiese tomado la precaución de indicar, como Gasparín, alguna ley o fuerza todavía desconocida. Porque esto zanjaría definitivamente la cuestión”213. Pero en las notas relativas a los fenómenos é hipótesis físicas llega a su colmo la insuficiencia de Babinet para explorar el campo del espiritismo. Parece que De Mirville se muestra muy sorprendido de la maravillosa índole del
fenómeno ocurrido en el Presbiterio de Cideville hasta el punto de rehusar la responsabilidad de su publicación, no obstante haber sido presenciado por jueces y testigos. Consistió dicho fenómeno en que en el preciso instante pronosticado por un hechicero, se oyó un ruidoso trueno encima de la casa rectoral, y al punto penetró en ella un flúido a manera de rayo que derribó por el suelo a cuantos allí estaban al amor de la lumbre, tanto a los que creían como a los que no en el poder del hechicero. Después de llenar el aposento de animales fantásticos, subió por la chimenea y desapareció, no sin producir un estruendo tan espantoso como el primero. Sin embargo, añade De Mirville que como ya tenía sobradas pruebas de los fenómenos psíquicos, no quiso añadir esta nueva enormidad a otras tantas”215. Pero Babinet que con sus eruditos colegas tanto se había mofado de los dos demonólogos, y que por otra parte estaba resuelto a demostrar la falsedad de semejantes relatos, no quiso dar crédito al fenómeno de Cideville y en cambio relató otro mucho más inverosímil, según comunicación dirigida a la Academia de Ciencias, el 5 de julio de 1852, reproducida sin comentario alguno y tan sólo como ejemplo de rayo
esferoidal, en las obras de Arago . Dice así literalmente: “Un aprendiz de sastre, que vivía en la calle de Saint–Jacques, estaba acabando de comer cuando oyó un fortísimo trueno y poco después vió que caía la pantalla de la chimenea como empujada por el viento, é inmediatamente salió pausadamente del interior de la chimenea un globo de fuego del tamaño de la cabeza de un niño, que dió la vuelta por la habitación sin tocar al suelo. El aspecto de este globo era como de un gato que anduviese sin patas, y parecía más bien brillante y luminoso que caliente é inflamado, porque el aprendiz no notaba sensación de calor. Se aproximó el globo a los pies del muchacho, a manera de los gatos cuando se restriegan contra las piernas de una persona; pero el aprendiz se apartó para evitar el contacto con aquel meteoro, aunque pudo examinarlo a su sabor mientras se fué moviendo alrededor de sus pies. Después de vacilar en opuestas direcciones, desde el centro de la habitación se elevó el globo hasta la altura de la cabeza del aprendiz, quien se echó hacia atrás para que no le diese en la cara. Al llegar a cosa de un metro del suelo, se
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