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Capítulo 35 de 51

Capítulo Vi — parte 3 de 6

Isis Sem o Véu

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I sospechaba de que les hubieran engañado. Realmente hay verdades tan infortunadas que comprometen a quien las cree y más todavía a quien cándidamente las confiesa en público”. Así lo corrobora la historia desde los tiempos más remotos hasta nuestros días. Cuando Hare publicó los primeros resultados de su investigación de los fenómenos espiritistas, todos le tuvieron por víctima de un engaño, aunque era uno de los más insignes físico–químicos de su tiempo, y al demostrar que no había semejante engaño le calificaron los profesores de Harvard de “chocha y visionariamente adherido a la enorme patraña del espiritismo.” Al iniciar Hare sus investigaciones en 1853, declaró que le movía a ello el humanitario deber de oponerse con todas sus fuerzas al flujo de insania popular que, a despecho de la razón y de la ciencia, acrecentaba rápidamente la grosera ilusión llamada espiritismo; y aunque esta declaración estaba en completa coincidencia con la hipótesis de la mesa giratoria de Faraday, tuvo la grandeza propia de los príncipes de la ciencia para investigar la cuestión y decir después toda la verdad. En una memoria publicada en Nueva York refiere el mismo Hare qué premio le dieron sus compañeros de profesión. Dice así: “Durante más de medio siglo me dediqué a investigaciones científicas cuya exactitud y precisión nadie puso en duda hasta que me convertí al espiritismo, y nadie tampoco atacó mi personal integridad hasta que los profesores de Harvard se declararon en contra de lo que yo sabía que era verdad y ellos no sabían que no lo fuese.” ¡Cuán patética amargura encierran estas palabras! ¡Un anciano de setenta y seis años, con medio siglo de labor científica, vituperado por decir la verdad! Aún hoy mismo se trata con despectiva compasión al ilustre sabio inglés Wallace, por haberse manifestado favorable al espiritismo. También los científicos rusos menosprecian ofensivamente al eximio zoólogo Nicolás Wagner, de San Petersburgo, por la candorosa declaración de sus ideas psicológicas. Pero preciso es distinguir entre los sabios y los científicos, pues si las ciencias ocultas, y entre ellas el moderno espiritismo, sufren maliciosa persecución de los segundos, tienen y han tenido en toda época leales defensores entre los primeros. Ejemplo de ello nos da Newton, antorcha de la ciencia, que creía en el magnetismo según lo enseñaron Paracelso, Van Helmont y demás filósofos del fuego. Nadie negará que la teoría newtoniana de la gravitación universal tiene su raíz en el magnetismo, pues él mismo nos dice que fundaba todas sus especulaciones científicas en el “alma del mundo”, en el universal y magnético agente a que denominó divinum sensorium. A este propósito añade: “Hay un espíritu sutilísimo que penetra todas las cosas, aun los cuerpos más duros, y está oculto en su substancia. Por virtud de la actividad y energía de este espíritu, se atraen recíprocamente los cuerpos y se adhieren al ponerse en contacto. Por él los cuerpos eléctricos se atraen y repelen desde lejanas distancias, y la luz se difunde, refleja, refracta y colora los cuerpos. Por él se mueven los animales y se excitan los sentidos. Pero esto no puede

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I explicarse en pocas palabras, porque nos falta la necesaria experiencia para determinar

las leyes que rigen la actividad operante de este agente” . Dos linajes hay de magnetización: la simplemente animal y la trascendente. Esta última depende, por una parte, de la voluntad y aptitud del magnetizador, y por otra, de las cualidades espirituales del sujeto y de su receptibilidad a las vibraciones de la luz astral. Pero no se tardará en reconocer que la clarividencia requiere mucha mayor voluntad en el magnetizador que receptividad en el sujeto, ya que éste, por positivo

que sea, habrá de rendirse al poder de un adepto . Si el magnetizador, mago o entidad espiritual dirige hábilmente la vista del sujeto, la luz astral iluminará sus más hondos arcanos, pues si bien es libro cerrado para quienes miran y no ven, está en cambio siempre abierto para los que quieran leer en él. Allí está anotado cuanto fué, es y será, y aun los más insignificantes actos de nuestra vida y nuestros más escondidos pensamientos quedan fotografiados en sus páginas eternas. Es el libro abierto por mano del ángel del Apocalipsis, el “libro de la vida” que sirve para juzgar a los muertos según sus obras. Es la memoria de Dios. Dice Zoroastro, que en el éter están figuradas las cosas sin figura y aparecen impresos

los pensamientos y caracteres de los hombres, con otras visiones divinas . Vemos, por lo tanto, que así la antigua como la moderna sabiduría, los vaticinios y la ciencia corroboran unánimemente las enseñanzas cabalísticas. En las indelebles páginas de la luz astral se estampan nuestros pensamientos y acciones y aparecen delineados con pictórica vividez, a los ojos del profeta y del vidente, los acontecimientos futuros y los efectos de causas echadas hace tiempo en olvido. La memoria, cuya naturaleza funcional es desesperación del materialista, enigma para el psicólogo y esfinge para el científico, es para el estudiante de filosofía antigua la potencia compartida con muchos animales inferiores, mediante la cual, inconscientemente, ve en su interior iluminadas por la luz astral las imágenes de pasados pensamientos, actos y sensaciones. El estudiante de ocultismo no ve en los ganglios cerebrales “micrógrafos de lo vivo y de lo muerto, de lugares en que hemos estado y de sucesos en que hemos intervenido”337, sino que acude al vasto receptáculo donde por toda la eternidad se almacenan las vibraciones del cosmos y los anales de las vidas humanas. La ráfaga de memoria que según tradición representa a los náufragos las escenas de su vida pasada, como el fulgor del relámpago descubre momentáneamente el paisaje a los ojos del viajero, no es más que la súbita ojeada que el alma, en lucha con el peligro, da a las silenciosas galerías en que está pintada su historia con impalidecibles colores.

334 Newton. – Principios fundamentales de filosofía natural. 335 Ejemplo de este caso es el magnetizador Du Potet. 336 Cory. – Oráculos Caldeos. 337 Draper. – Conflictos entre la Religión y la Ciencia.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Por la misma causa suelen sernos familiares ciertos parajes y comarcas en que hasta entonces no habíamos estado y recordar conversaciones que por vez primera oímos o escenas acabadas de ocurrir, según de ello hay noventa por ciento de testimonios. Los que creen en la reencarnación aducen estos hechos como otras tantas pruebas de anteriores existencias, cuya memoria se aviva repentinamente en semejantes circunstancias. Sin embargo, los filósofos de la antigüedad y de la Edad Media opinaban que si bien este fenómeno psicológico es uno de los más valiosos argumentos en favor de la inmortalidad y preexistencia del alma, no lo es en pro de la reencarnación, por cuanto la memoria anímica es distinta de la cerebral. Como elegantemente dice Eliphas Levi: “la naturaleza cierra las puertas después de pasar una cosa é impele la vida hacia delante”, en más perfeccionadas formas. La crisálida se metamorfosea en mariposa, pero jamás vuelve a ser oruga. En el silencio de la noche, cuando el sueño embarga los corporales sentidos y reposa nuestro cuerpo físico, queda libre el astral, según dice Paracelso, y deslizándose de su terrena cárcel, se encamina hacia sus progenitores y platica con las estrellas”. Los sueños, presentimientos, pronósticos, presagios y vaticinios son las impresiones del cuerpo astral en el cerebro físico, que las recibe más o menos profundamente, según la intensidad del riego sanguíneo durante el sueño. Cuanto más débil esté el cuerpo físico, más vívida será la memoria anímica y de mayor libertad gozará el espíritu. Cuando después de profundo y reposado sueño sin ensueños se restituye el hombre al estado de vigilia, no conserva recuerdo alguno de su existencia nocturna y, sin embargo, en su cerebro están grabadas, aunque latentes bajo la presión de la materia, las escenas y paisajes que vió durante su peregrinación en el cuerpo astral. Estas latentes imágenes pueden revelarse por los relámpagos de anímica memoria que establecen momentáneos intercambios de energía entre el universo visible y el invisible, es decir, entre los ganglios micrográficos cerebrales y las películas escenográficas de la luz astral. Por lo tanto, un hombre que nunca haya estado personalmente en un paraje ni visto a determinada persona, puede asegurar que ha estado y la ha visto, porque adquirió el conocimiento mientras actuaba en “espíritu”. Los fisiólogos sólo pueden objetar a esto diciendo que en el sueño natural y profundo está la voluntad inerte y es incapaz de actuar, tanto más cuanto no creen en el cuerpo astral y el alma les parece poco menos que un mito poético. Blumenbach afirma que durante el sueño queda en suspenso toda comunicación entre cuerpo y mente; pero Richardson, de la Sociedad Real de Londres, redarguye acertadamente al fisiólogo alemán, diciéndole que se ha excedido en sus afirmaciones, pues no se conocen todavía a punto fijo las relaciones entre cuerpo y mente. Añadamos a esta opinión la del fisiólogo francés Fournié y la del eminente médico inglés Allchin, quien confiesa con entera franqueza que no hay profesión científica de tan insegura base como la medicina, y veremos que no sin justicia deben oponerse las ideas de los sabios antiguos frente a las de la ciencia moderna.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Nadie, por grosero y material que sea, deja de vivir en el universo invisible al par que en el visible. El principio vital que anima su organismo físico reside principalmente en el cuerpo astral, cuyas partículas densas quedan inertes, mientras las sutiles no reconocen límite ni obstáculo. Bien sabemos que tanto los sabios como los ignorantes preferirán mantenerse en el prejuicio de que no es posible saber de donde dimana el agente vital, antes de conceder ni un momento de atención a lo que llaman rancias y desprestigiadas teorías. Algunos objetarán desde el punto de vista teológico que el alma de los brutos no es inmortal, pues tanto teólogos como legos confunden erróneamente el alma con el espíritu. Pero si estudiamos a Platón y otros filósofos antiguos, advertiremos que

mientras el cuerpo astral no pasa de tener una existencia más o menos larga después de la muerte física, el espíritu divino (impropiamente llamado alma por los teólogos) es esencialmente inmortal339. Si el principio vital fuese algo independiente del cuerpo astral, no estaría de seguro la clarividencia en tan directa relación con la debilidad física del sujeto. Cuanto más profundo sea el sueño hipnótico y menos signos de vida se noten en el cuerpo físico, tanto más clara será la percepción espiritual, y tanto más penetrante la vista del alma que desprendida de los sentidos corporales actúa con incomparablemente mayor potencia que cuando le sirve de vehículo un cuerpo sano y vigoroso. Brierre de Boismont nos da repetidos ejemplos de ello en demostración de que los cinco sentidos son mucho más agudos en estado hipnótico que en el de vigilia. Estos fenómenos prueban incontrovertiblemente la continuidad de la vida siquiera por algún tiempo después de muerto el cuerpo físico. Aunque durante nuestra breve estancia en la tierra pueda compararse el alma a una luz puesta debajo del celemín, no deja de brillar por ello y de recibir la influencia de espíritus afines, de modo que todo pensamiento bueno o malo atrae vibraciones de su misma naturaleza, tan irresistiblemente. como el imán atrae las limaduras de hierro, en proporción a la intensidad de las vibraciones etéreas del pensamiento; y así se explica que un hombre se sobreponga imperiosamente a su tiempo y que su influencia se transmita de una a otra época por medio de las recíprocas corrientes de energía entre los mundos visible e invisible, hasta afectar a gran parte del género humano. Difícil sería determinar las lindes que en este punto han puesto a su pensamiento los autores de la famosa obra El Universo invisible, pero del siguiente pasaje podemos inferir que no dijeron todo cuanto pensaban. Dice así: “Sea como quiera, no cabe duda de que las propiedades del éter son en el campo de la naturaleza muy superiores a las de la materia tangible. Y como la índole de ésta, salvo en algunos pormenores de poca importancia, se halla mucho más allá de la penetración de las lumbreras científicas, no llevaremos adelante nuestras disertaciones. Basta a nuestro

338 Llamado por Platón alma irracional o porción más etérea de la naturaleza material. 339 Los hebraístas cultos comprenderán fácilmente la diferencia entre las dos palabras, hrr (ruah) y wpn (nephesh).

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I propósito conocer los efectos del éter cuya potencialidad supera a cuanto nadie ha osado decir”. Uno de los más notables descubrimientos de los tiempos modernos, es la facultad que algunas personas receptivas poseen de describir el carácter y aspecto de una persona o los sucesos ocurridos, con tal de retener en la mano y pasárselo por la frente un objeto cualquiera relacionado con la persona o el suceso, por mucho que sea el tiempo transcurrido. Así, una piedra ruinosa le representará la historia del edificio a que perteneciera, con las escenas ocurridas en su interior y alrededores; un pedazo de mineral despertará en su alma la visión retrospectiva de la época de su formación. Esta facultad fué descubierta por el profesor Buchanan de Louisville (Kentucky), quien le dió el nombre de psicometría. A este sabio debe el mundo tan importante complemento de las ciencias psicológicas, y de seguro que merecerá ser honrado en estatua cuando la frecuencia de los experimentos psicométricos acaben de una vez con el escepticismo. Al publicar su descubrimiento se contrajo Buchanan a la utilidad de la psicometría para bosquejar el carácter de las personas, y dice a este propósito: “Parece que es indeleble la influencia mental y fisiológica que recibe un manuscrito, pues los más antiguos ejemplares de que me valí en las experiencias revelaban precisa y vigorosamente sus impresiones, apenas debilitadas por el tiempo. Por virtud de la psicometría fué posible leer, sin dificultad alguna, manuscritos antiguos cuya ordinaria interpretación hubiese requerido el auxilio de los paleólogos. Pero no únicamente los manuscritos retienen las impresiones mentales, sino que también los dibujos, pinturas y cualquier otro objeto que haya recibido el contacto mental y volitivo de una persona, le pueden servir a otra de medio de descripción psicométrica… Este descubrimiento tendrá incalculables consecuencias en su aplicación a las artes y a la historia”340. Los primeros experimentos de psicometría se llevaron a cabo en 1841, y desde entonces los han repetido muchísimos psicómetras en todo el mundo, demostrando con ellos que cuanto ocurre en la naturaleza mental, por mínimo é insignificante que sea, queda indeleblemente impreso en la naturaleza física, y como no se advierte alteración molecular en ella, forzosamente se infiere que las imágenes psicométricas provienen del éter o luz astral. En su hermosa obra: El alma de las cosas, trata de esta cuestión el geólogo Denton y cita multitud de ejemplos de las notables facultades psicométricas de su esposa. Entre ellos refiere que, puesto sobre la frente un pedazo de piedra de la casa de Cicerón en Túsculo, pero sin saber de donde procedía, describió no sólo el ambiente físico del gran orador romano, sino el del dictador Sila, a quien antes había pertenecido aquella casa. Un trozo de mármol del primitivo templo cristiano de Smirna, le representó a los fieles

340 Buchanan. – Bosquejos de Conferencias sobre el sistema neurológico de antropología. Acaso no presentía Buchanan todo el valor de sus proféticas palabras.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I en oración y a los sacerdotes oficiantes. Otros fragmentos de objetos procedentes de Asiria, Palestina, Grecia, el monte Ararat y otros puntos, le permitieron describir sucesos de la vida de personajes muertos miles de años antes. Un hueso o un diente de animales antediluvianos le daban a la psicómetra, por breves momentos, la visión del animal vivo con todas sus sensaciones. En muchos de estos casos, comprobó Denton las descripciones de su esposa, cotejándolas con los relatos históricos. La psicometría descubre los más recónditos secretos de la naturaleza y los acontecimientos remotos se reproducen con tan vívida impresión como los de ayer. Añade Denton en la misma obra: “No se mueve una hoja ni se levanta una onda ni se arrastra un insecto; sin que registren sus movimientos mil fieles escribanos en infalibles é indelebles escrituras. Así ocurre con lo sucedido en pasados tiempos. Continuamente ha estado la naturaleza fotografiándolo todo, desde que brilló la luz sobre la tierra, cuando sobre la cuna del recién nacido planeta flotaban vaporosas cortinas, hasta el momento actual. ¡Y qué fotografías!” Nos parece el colmo de la imposibilidad que en la materia atómica hayan quedado grabados los hechos ocurridos en la antigua Tebas o en algún templo prehistórico. Sin embargo, las imágenes de estos hechos están saturadas de aquel agente universal que todo lo penetra y todo lo retiene, llamado por los filósofos “alma del mundo” y por el geólogo Denton el “alma de las cosas”. Al aplicarse el psicómetra a la frente un objeto

determinado, relaciona su yo interno con el alma del objeto y se pone en contacto con la corriente de luz astral que, relacionada con dicho objeto, retiene las descripciones de los sucesos concernientes a su historia los cuales, según Denton, pasan ante la vista del psicómetra con la velocidad del rayo, en vertiginosa sucesión de escenas que tan sólo con mucha fuerza de voluntad es posible detenerlas en el campo visual para describirlas. El psicómetra es clarividente, pues ve con la vista interna; pero su visión de personas, lugares y sucesos resultará confusa, a menos que con potente fuerza de voluntad haya educado la percepción visual. Sin embargo, en los casos de hipnotismo, la clarividencia del sujeto depende de la voluntad del hipnotizador, quien, por lo tanto, puede detener la atención de aquél en determinada imagen todo el tiempo necesario para describirlo en sus más prolijos pormenores. Por otra parte, el sujeto sometido a la influencia de un hábil hipnotizador aventaja al psicómetra espontáneo en la clara y distinta predicción del porvenir. Si alguien objeta diciendo que no es posible ver lo que “todavía no existe”, le responderemos que tan posible es ver lo futuro como se ve lo pasado, que ya no existe. Según las enseñanzas cabalísticas, lo futuro está en embrión en la luz astral,

341 Está ya admitido que el éter interpenetra toda clase de materia, aun la más densa, y ya empieza a admitirse que retiene las imágenes de cuanto ha sucedido.

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