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Capítulo 31 de 51

Capítulo V — parte 5 de 6

Isis Sem o Véu

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I comprensiblemente, el hombre pez, Oannes o Dagón, el semidemonio de Babilonia305. Conviene advertir que esta antigua teoría de la evolución, no sólo se encierra en los símbolos y leyendas, sino que también se ve representada en pinturas murales de los templos indos y se han encontrado fragmentos descriptivos en los templos egipcios y en las losas de Nimrod y Nínive excavadas por Layard. Pero ¿qué hay tras la descendencia del hombre según Darwin? Por muy allá que vaya nuestro examen, sólo encontramos hipótesis de imposible demostración, porque el famoso naturalista dice que “todas las especies descienden en línea recta de unos cuantos individuos existentes mucho tiempo antes de formarse la primera capa silúrica”306. Aunque Darwin no se toma el trabajo de decirnos quiénes fueron estos “unos cuantos individuos”, basta que para admitir su existencia haya de solicitar la corroboración de los antiguos, de modo que el concepto tenga carácter científico. En efecto, sería verdaderamente temerario afirmar qué la ciencia moderna contradice la antigua hipótesis del hombre antediluviano, después de las modificaciones sufridas por nuestro globo en cuanto a temperatura, clima, suelo y aun nos atrevemos a decir que en sus condiciones electro–magnéticas. Las hachas de pedernal encontradas Por Boucher de Perthes en el valle de Sômme son prueba de que la antigüedad del hombre sobre la tierra excede a todo cómputo. Según Büchner, el hombre existía ya en el período glacial correspondiente a la época cuaternaria y probablemente más allá todavía. Pero ¿quién es capaz de sospechar lo que nos tienen reservado los futuros descubrimientos? Si hay pruebas incontrovertibles de que el hombre existió en tan remota antigüedad, forzosamente se ha de haber alterado su organismo de modo admirable, por razón de las mudanzas atmosféricas y climatológicas. En consecuencia, también cabe suponer por analogía, remontándonos a esas lejanísimas épocas, que el organismo de los remotos ascendientes de los “helados gigantes”, les permitiera convivir con los peces devónicos y los moluscos silúricos. Verdad que no han dejado sus huesos ni sus hachas de sílex en las cavernas; pero si es fidedigno el testimonio de los antiguos, en los primitivos tiempos no sólo hubo gigantes ú “hombres de famoso poderío”, sino también “hijos de Dios”. Si a cuantos creemos en la evolución del espíritu, tan firmemente como los materialistas en la de la materia, se nos acusa de sostener “hipótesis indemostrables”, bien podemos echar en cara a los acusadores que, según ellos mismos confiesan, su teoría de la evolución física

no está demostrada y tal vez sea indemostrable . Nosotros podemos por lo menos inferir pruebas de los mitos cosmogónicos cuya pasmosa antigüedad reconocen filólogos y arqueólogos, mientras que nuestros adversarios en nada pueden apoyarse, a

305 Cory. – Fragmentos antiguos. 306 Origen de las especies, 448–449, 1ª edición. 307 Huxley. – Conferencia sobre Darwin y Hæckel.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I no ser que recurran a parte de las antiguas inscripciones con caracteres ideográficos y supriman el resto. Afortunadamente, mientras las obras de algunos reputados científicos parecen contradecir nuestras teorías, las corroboran por completo otros no menos eminentes, como Wallace, quien defiende la idea del “lento proceso evolutivo” de las especies a partir de una época remotísima en innumerable sucesión de ciclos308. Y si esto admite en los animales, ¿por qué no admitirlo en el hombre cuyos lejanísimos ascendientes fueron los seres puramente espirituales llamados hijos de Dios? Volvamos ahora al simbolismo antiguo con su mitología físico–religiosa. Más adelante esperamos demostrar la íntima relación de estos mitos con los adelantos de las ciencias naturales, pues las emblemáticas imágenes y la peculiar fraseología de los sacerdotes antiguos encubren conocimientos todavía ignorados en nuestro ciclo. Por muy experto que sea un erudito en las escrituras hierática y jeroglífica de los egipcios, ha de analizar cuidadosamente las inscripciones y no aventurarse a interpretarlas sin estar antes seguro, compás y regla en mano, de que el jeroglífico se ajusta a las figuras y líneas geométricas que dan la clave. Sin embargo, hay mitos de espontánea interpretación, como por ejemplo los bisexuales creadores en todas las cosmogonías. El griego Zeus–Zën (Éter) con sus esposas Chthonia (tierra caótica) y Metis (agua); Osiris (también el Éter) primera emanación de Amun, la Suprema Deidad y primaria fuente de luz, con Isis–Latona

(tierra y agua); Mithras , el dios nacido de la roca, símbolo del fuego mundanal masculino o personificación de la luz primaría, y su a la par esposa y madre Mithra, la diosa del fuego, que representaban el puro elemento igneo (principio activo masculino), considerado como luz y calor, en conjunción con la tierra y el agua (principios pasivos femeninos de la generación cósmica). Mithras es hijo de Bordj (la montaña mundanal de

los persas) de la que surge como resplandeciente rayo de luz. La cosmogonía inda nos habla de Brahmâ, el dios del fuego, y de su prolífica consorte Unghi, la refulgente deidad de cuyo cuerpo brotan mil rayos de gloria y siete lenguas de fuego311. Siva, personificado en el Meru (los Himalayas o montaña mundanal de los indos), descendió del cielo, como el Jehovah judío, en una columna de fuego. Todas estas divinidades y otras tantas de ambos sexos que pudiéramos citar revelan claramente su significación esotérica. Y ¿qué otra cosa sino el principio físico–químico de la creación primordial significarían estos mitos duales? Son símbolo de la primera y trina manifestación de la

308 Distribución geográfica de los animales. 309 Los persas llamaban a Mithras Theos ek petros, el dios de la roca. 310 Bordj es un volcán que por lo tanto contiene fuego (elemento activo masculino) y piedra, tierra y agua (elementos pasivos femeninos). Este mito es muy significativo. 311 Los Brahmanes sagnikus mantienen hoy día el fuego perpetuo en honor de Unghi.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Causa Suprema en espíritu, fuerza y materia; de la divina correlatividad en el punto inicial de la evolución representada por la cópula del fuego y del agua o unión del principio activo masculino con el pasivo femenino, emanados ambos del electrizante espíritu y procreadores de su telúrico hijo, la materia cósmica o substancia primaria, vivificada por el éter o luz astral. Tenemos, por lo tanto, que las montañas, huevos, árboles, serpientes, columnas y demás símbolos mundanales encubren verdades de filosofía natural científicamente demostradas. Las montañas simbólicas describen con ligeras variantes la creación primaria; los árboles mundanales denotan la evolución del espíritu y de la materia; la serpiente y las columnas aluden a los diversos atributos de esta doble evolución en su interminable correlatividad de fuerzas cósmicas. En los misteriosos repliegues de la montaña, matriz del universo, las divinas potestades disponen los atómicos gérmenes de la vida orgánica y el licor de vida que despierta el espíritu humano en la materia humana. Este sagrado licor es el Soma, la bebida sacrificial de los indos; porque las partículas más densas de la substancia primera formaron el mundo físico, y las más sutiles lo envolvieron en sus etéreas é invisibles ondulaciones, como a niño recién nacido, estimulando su actividad a medida que surgía lentamente del eterno caos. Los mitos cosmogónicos pasaron de la idea poéticamente abstracta al simbolismo plástico, tal como los halla hoy la arqueología. La serpiente, que tan importante papel representa en la pintura y escultura antiguas, perdió después su verdadera significación a causa de las absurdas interpretaciones del Génesis, que la identifican con Satanás, cuando por el contrarió es el mito de más diversos é ingeniosos emblemas. Entre ellos se cuenta el de agathodaimon (arte de curar é inmortalidad del alma) y, por esta razón, es obligado atributo de todas las divinidades patronímicas de la salud y de la higiene. En los Misterios egipcios la copa de la salud estaba rodeada de serpientes. También es este reptil emblema de la materia, pues como el mal es la oposición al bien, cuanto más se aparte la materia de su espiritual fuente, tanto más quedará sujeta al mal. En las más antiguas imágenes de los egipcios y en las alegorías cosmogónicas de Kneph simboliza la materia una serpiente dentro de un círculo hemisférico cuyo ecuador cruza en línea recta para dar a entender que si el universo de luz astral envuelve al mundo físico que de él emanó, queda a su vez envuelto y limitado por Emepht (Causa Primera). Phtha engendra a Ra con las miríadas de formas que vivifica, y ambos salen del huevo mundanal porque el huevo es la más común modalidad generativa de los seres vivientes. La eternidad del tiempo y la inmortalidad del espíritu están simbolizadas en la serpiente que circuye el mundo y se muerde la cola sin dejar solución de continuidad. También simboliza entonces la luz astral.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Los filósofos de la escuela de Ferécides enseñaban que el éter (Zeus o Zën) es el cielo superior o empíreo donde está el mundo superior cuya luz (astral) es la concentración de la substancia primaria. Tal es el símbolo de la serpiente identificada más tarde con Satán por los cristianos. Es el Od, Ob y Aûr de Moisés Y de los cabalistas. Cuando la luz astral en estado pasivo actúa sobre quienes sin darse cuenta se ven arrastrados por su corriente es el Ob o pitón. Moisés se resolvió al exterminio de cuantos cedían a la influencia de las siniestras entidades que por todas partes nos rodean y se mueven en las ondas astrales como el pez en el agua, a las que Lytton llama “moradores del umbral”. Pero se transmuta en Od tan pronto como la vivifica el flujo consciente de un alma inmortal, porque entonces las corrientes astrales actúan bajo la dirección de un adepto o un hipnotizador cuya espiritual pureza les capacite para dominar las fuerzas ciegas. En este caso, desciende temporáneamente a nuestra esfera una elevada entidad planetaria de las que nunca encarnaron (aunque entre ellas las haya que han vivido en nuestro mundo) y purificando el ambiente circundante abre los ojos espirituales del sujeto y le infunde el don de profecía. Por lo que atañe al Aûr designa ciertas propiedades ocultas del agente universal, que únicamente interesan a los alquimistas y en modo alguno al público en general. Anaxágoras de Clazomene, fundador del sistema filosófico homoiomeriano, creía firmemente que los elementos y arquetipos espirituales de todas las cosas procedían del éter sin límites, al cual se restituían desde la tierra. Los indos divinizaron el éter (akâska) y los griegos y latinos lo identificaron con Zeus o Magnus, a quien Virgilio312 llama pater omnipotens œter. Las entidades astrales o habitantes del umbral a que hemos aludido son los espíritus

elementarios de los cabalistas o los diablos de la iglesia cristiana.

312 Geórgicas, II. 313 Porfirio y otros filósofos discurren sobre la naturaleza de estas entidades moradoras en el umbral. Generalmente son malévolos y falaces, aunque algunos hay inofensivos y dóciles, pero tan endebles que les cuesta mucho trabajo comunicarse con los mortales, cuyo trato apetecen constantemente. La malignidad de los primeros es inconsciente, porque como la ley de evolución espiritual no ha transmutado su instinto en inteligencia, tienen todavía latente la razón cuyas más elevadas luces son propias tan sólo del espíritu inmortal. Pero la Iglesia latina contradice a los cabalistas en este punto. San Agustín, en su contienda con el neoplatónico Porfirio sobre el particular, dice: “Estos espíritus no son engañosos por condición natural, como afirma el teurgo Porfirio, sino por malicia, pues se fingen dioses y simulan las almas de los difuntos, de modo que no es que aparezcan como diablos, sino que en verdad lo son“ (Ciudad de Dios, X, 2). Entonces, ¿en qué especie hemos de clasificar a los hombres sin cabeza que San Agustín asegura haber visto y a los sátiros que según San Jerónimo se exhibieron durante mucho tiempo en Alejandría? Dicen que estos sátiros tenían piernas y rabo de cabrío y que a uno de ellos ¡ lo pusieron en salmuera para enviarlo en un barril al emperador Constantino!

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Dice Des Mousseaux muy gravemente, al tratar de los diablos, que ya Tertuliano descubrió a las claras el secreto de sus astucias. ¡Precioso descubrimiento! Pero ahora que tanto conocemos de las tareas mentales de los Padres de la Iglesia y de sus descubrimientos en antropología astral, ¿habremos de extrañar que en su afán de exploraciones espirituales se hayan olvidado de nuestro planeta hasta el punto de negarle, no solo movimiento, sino también esferoicidad? Dice Langhorne en su traducción de Plutarco: “Opina Dionisio de Halicarnaso que Numa mandó edificar el templo de Vesta en forma de rotonda para representar la redondez de la tierra simbolizada en dicha diosa”. Además, Filolao, de acuerdo con los pitagóricos, sostiene que el elemento fuego está en el centro de la tierra; y Plutarco, al tratar de este asunto, atribuye a los pitagóricos la opinión de que “la tierra no está quieta ni situada en el centro del universo, sino que gira en torno de la esfera de fuego, sin ser la más valiosa ni la principal parte de la gran máquina”. De la misma manera opinaba Platón. Por lo tanto, no cabe duda de que los pitagóricos se anticiparon al descubrimiento de Galileo. Muchos fenómenos, hasta ahora misteriosos é inexplicables, serán fáciles de comprender una vez admitida la existencia del universo invisible314 que satura el organismo de los sujetos hipnotizados, ya por la poderosa voluntad de un magnetizador, ya por entidades invisibles cuya acción produce el mismo resultado. Una vez hipnotizado el sujeto, sale su cuerpo astral de la paralizada envoltura de carne y cruzando el espacio sin límites se detiene en el borde de la misteriosa frontera. Pero las puertas de entrada a la “ciudad silencios” tan sólo están entornadas y no se le abrirán de par en par hasta el día en que su alma, unida a la sublime é inmortal esencia, deje su cuerpo de carne. Entretanto, el vidente sólo puede atisbar por la mirilla, y de su agudeza perceptiva dependerá la extensión del campo visual. Todas las religiones antiguas tuvieron el mismo concepto de la trinidad en la unidad simbolizada en los tres Dejotas de la Trimurti inda y en las tres cabezas de la cábala judía esculpidas una en otra y encima una de otra315. La Trinidad de los egipcios y la de los griegos simbolizaban análogamente la emanación primaria y trina con sus dos principios: masculino y femenino. La unión del Logos (sabiduría, principio masculino, Dios manifestado) con el Aura (principio femenino, Anima mundi, Espíritu Santo, Sefira de los cabalistas y Sofía de los agnósticos) engendra todas las cosas visibles é invisibles. La verdadera interpretación metafísica de este dogma universal quedó reservada en el recinto de los santuarios; pero los griegos la personificaron en poéticos mitos. En las Dionysíacas de Nonnus aparece Baco enamorado de la suave y juguetona brisa Aura Plácida (Espíritu Santo o céfiro plácido). A este propósito dice Higgins: “El céfiro plácido

314 Así es de presumir si todos los científicos aceptan las conclusiones de sus colegas, los autores de la obra: El Universo invisible. 315 “Tria capita exsculpta sunt, una intra alterum, et alterum supra alterum” (Sohar; Idra suta, sectio VII ).

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I dió origen a dos santos del calendario compuesto por los ignorantes Padres de la Iglesia: Santa Aura y San Plácido, con añadidura de convertir al jovial dios en San Baco, cuyo sepulcro y reliquias se enseñan todavía en Roma. La fiesta de Santa Aura y San Plácido se celebra el 5 de Octubre, poco antes de la de San Baco”316. Mucho más sublime y poético es el espíritu religioso del mito escandinavo. En el insondable abismo del mundo (Ginnungagap) luchan con ciega y rabiosa furia la materia cósmica y las fuerzas primarias, cuando el Dios inmanifestado envía el benéfico soplo del deshielo desde la ígnea esfera del empíreo (Muspellheim), entre cuyos refulgéntes rayos mora mucho más allá de los límites del mundo. El alma del Invisible, el Espíritu flotante sobre las negras aguas del abismo, hace surgir del caos el orden y después de dar el impulso a la creación toda, queda la CAUSA PRIMERA instatu abscondito 317. La religión y la ciencia se hermanan en los cantos del paganismo escandinavo. Cuando Thor, el Hércules del Norte, hijo de Odin, ha de empuñar la terrible maza de donde brota el rayo, se calza guanteletes de hierro. Lleva además el cinto de fuerza o cinturón mágico que acrecienta su celeste poderío. Monta un carro con lanza de hierro, cuyas ruedas giran sobre nubes preñadas de rayos, tirado por dos carneros con frenos de plata y su temerosa frente está coronada de estrellas. Esgrime Thor su clava con fuerza irresistible contra los rebeldes gigantes helados a quienes vence, derrite y aniquila. Cuando los dioses han de celebrar asamblea en la fuente de Urdar para decidir los destinos de la humanidad, todos se encaminan allá montados menos Thor, que va por su pie, temeroso de que al atravesar el Bifrost (arco–iris) o puente Æsir de variados colores, lo incendie con su fulgurante carro y hiervan las aguas de Urdar. Lisa y llanamente ¿qué interpretación cabe dar a este mito sino que el autor de la leyenda conocía no poco la electricidad? Thor, personificación de la energía eléctrica, para manejar el flúido se pone guanteletes de hierro, es decir, del metal conductor. El cinturón de fuerza es el circuito cerrado por donde fluye la corriente eléctrica. El carro cuyas chispeantes ruedas giran sobre las cargadas nubes simboliza la electricidad en actuación. La puntiaguda lanza sugiere la idea del pararrayos y el tiro de carneros representan el principio masculino con el femenino en los frenos de plata, puesto que éste es el metal de Astarté o Diana (la luna). En el carnero y el freno vemos combinados en oposición los principios activo y pasivo de la naturaleza. El carnero impulsa y el freno retiene, pero ambos están sujetos a la omnipenetrante energía eléctrica que los mueve. De esta energía primaria y de las múltiples y sucesivas combinaciones de ambos principios masculino y femenino dimana la evolución del mundo visible, gloriosamente cifrado en el sistema planetario que simboliza el círculo de estrellas que ornan su frente. Los terribles rayos de Thor (electricidad activa) prevalecen contra las fuerzas titánicas representadas en los gigantes; pero al reunirse con los dioses menores, ha de

316 Higgins. – Anacalypsis. – véase también “Dupruis”. 317 Mallet. – Antigüedades del Norte, 401–406. Canto del Völuspa en los Eddas.

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