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Capítulo 29 de 51
Capítulo V — parte 3 de 6
Isis Sem o Véu
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I corriente pasaba en flujo continuo de las manos del fakir a la planta, cuyas células avivaba con estupenda actividad, hasta terminar su crecimiento. El principio de vida es una fuerza ciega y sumisa a la influencia capaz de dominarla. Con arreglo al ordinario curso del crecimiento vegetal, el protoplasma hubiera concentrado este principio para desenvolverse, según la norma establecida, con sujeción a las circunstancias atmosféricas (luz, calor, humedad), de las cuales hubiesen dependido su más o menos rápido crecimiento y su mayor o menor altura. Pero el fakir, con su poderosa voluntad y su espíritu purificado de los contactos materiales279, auxilia la acción de la naturaleza y condensando, por decirlo así, en el germen el principio de vida vegetal acelera su desenvolvimiento. Esta fuerza vital obedece ciegamente a la voluntad del fakir, quien hubiera podido convertir la planta en un monstruo con sólo forjarlo mentalmente, pues la forma plástica y concreta se ajusta con invariable exactitud al tipo subjetivamente trazado en la mente del fakir, de la propia suerte que la mano y el pincel del pintor reproducen la imagen ideada por el artista. La voluntad del fakir en éxtasis delinea una matriz invisible, pero perfectamente objetiva, que sirve de necesario molde a la materia vegetal de la planta. La voluntad crea, porque, puesta en actuación, es fuerza que engendra materia. Si alguien objetara diciendo que el fakir no podía trazar en su mente el modelo de la planta, pues ignoraba la especie de semilla escogida por Jacolliot, responderíamos que el espíritu humano es semejante al del Creador en omnisciencia. Por lo tanto, si bien el fakir en estado de vigilia no podía saber qué especie de semilla era, en estado de trance, o sea muerto corporalmente con relación al mundo exterior, no tuvo su espíritu dificultad alguna de espacio ni de tiempo para conocer la especie de simiente plantada en la maceta o reflejada en la mente de Jacolliot. Las visiones, prodigios y demás fenómenos psíquicos existentes en la naturaleza corroboran nuestra afirmación. Tal vez se arguya en otro sentido, contra el hecho de referencia, diciendo que lo mismo, y tan bien como el fakir, hacen los prestidigitadores indos, si hemos de creer a los informes de la prensa y a los relatos de los viajeros. Indudablemente hacen lo mismo los vagabundos prestidigitadores a pesar de sus licenciosas costumbres que no les dan reputación de santidad ni entre los naturales ni entre los extranjeros, antes al
palabra As, Ah o Iah en su significado de vida y existencia es evidentemente la raíz de la voz akâsa que en el Indostán se pronuncia ahasa y designa el principio o sea el soplo divino que da la vida. Es el ruah de los hebreos cuyo significado, según el Léxicon de Parkhurst, es viento, soplo, aire en movimiento, espíritu moviente, o espíritu de Dios flotante sobre las aguas. 279 Conviene advertir que el fakir Kavindasami exigió de Jacolliot juramento de no acercársele mientras le viera en trance, pues el más leve contacto material hubiese paralizado la actuación del libre espíritu, como, con perdón del símil, un caracol que se esconde en la concha apenas se le tocan los cuernos. A veces la brusca interrupción del éxtasis y el repentino reingreso del espíritu en el cuerpo puede matar al sujeto por rompimiento del tenue enlace entre ambos elementos. Véanse a este propósito las obras de Du Potet y Puysegur.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I contrario, sus compatriotas les temen y menosprecian porque los miran como brujos y nigrománticos. Pero éstos llaman en su auxilio a los espíritus elementales, mientras que los hombres de la santidad de Kavindasami tienen bastante con la valía de su espíritu divino, íntimamente unido al alma astral, para recibir auxilio de los puros y etéreos pitris que asisten a su encarnado hermano. Cada ser atrae a su semejante, y la sed de riquezas, los impuros deseos y las ambiciones egoístas sólo pueden atraer a los espíritus que los cabalistas hebreos llaman klippoth, pobladores del cuarto mundo (Asiah) y los magos orientales designaban con el nombre de afrites o deus, es decir, los espíritus elementarios del error. Oigamos cómo describe un periódico inglés la prodigiosa suerte del rápido crecimiento de una planta, llevada a cabo por los prestidigitadores indos: “El prestidigitador colocó en el suelo una maceta vacía y pidió permiso para que su secretario fuese a buscar tierra de jardín. Volvió a poco el secretario con una porción de tierra envuelta en la punta de su capote, que puso en el tiesto comprimiéndola ligeramente. Tomó entonces una pepita de mango y, después de enseñarla a los circunstantes, la plantó en el tiesto cubriéndola cuidadosamente de tierra y regándola con un poco de agua. Hecho esto, tapó el tiesto con un lienzo tendido sobre un pequeño triángulo, y al poco rato, entre vocerío y redobles de tambor germinó la simiente, según pudieron ver los circunstantes al descorrer el lienzo, notando que habían brotado dos hojas de color gris obscuro. Vuelta a tapar la maceta con la sábana y levantada por segunda vez al cabo de poco, vieron todos que a las dos primeras hojas habían sucedido, varias otras de color verde, de unos veinticinco centímetros de alto. La tercera vez apareció la planta con más frondoso follaje, hasta doble altura, y a la cuarta operación llevaba ya pendientes de sus ramas una docena de mangos, tamaños como nueces, con altura total de cuarenta y cinco centímetros. Al destapar por última vez la maceta aparecieron los frutos en completo desarrollo y cercanos a la madurez, pues muchos espectadores probaron su sabor agridulce.” A esto añadiremos que hemos presenciado el mismo experimento en la India y en el Tíbet, con la particularidad de haber proporcionado un bote vacío de extracto de carne Liebig, que sirvió de maceta rellena de tierra con nuestras propias manos, en nuestra misma habitación, para plantar una raicilla que el fakir nos había dado al efecto, sin que apartáramos ni un instante la vista del bote hasta la terminación del experimento, cuyo resultado fue idéntico al ya descrito. ¿Sería capaz un prestidigitador de hacer lo mismo en igualdad de circunstancias? El ilustrado Orioli, miembro correspondiente del Instituto de Franciá, cita muchos ejemplos en demostración de los maravillosos efectos de la voluntad cuando actúa sobre el invisible Proteo de los hipnotizadores. Dice a este propósito: “He visto algunas personas que con sólo pronunciar ciertas palabras paraban en seco la precipitada carrera de toros y caballos y detenían en su trayectoria la flecha que hendía los aires!”. Lo mismo afirma Tomás Bartholini. Y Du Potet, dice: “Cuando trazo en el suelo con yeso o carbón esta figura…, se fija allí algo como un fuego o una luz que
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I atrae a la persona que se acerca y la detiene fascinada hasta el extremo de impedirle cruzar la línea. Un poder mágico la fuerza a quedarse parada hasta que al fin retrocede entre sollozos. La causa no está en mí, sino toda por completo en el signo cabalístico, contra el cual de nada vale la violencia”280. El 18 de Mayo de 1856 efectuó Regazzoni una serie de notables experimentos ante muy famosos médicos franceses. Trazó con el dedo en el pavimento de la estancia una imaginaria línea cabalística sobre la cual dió algunos pases. Se había convenido en que los mismos médicos escogerían los sujetos de experimentación y los introducirían en la estancia con los ojos vendados, guiándolos hacia la línea sin decirles ni una palabra de lo que de ellos se esperaba. Los sujetos echaron a andar sin el menor recelo, hasta que llegados a la invisible barrera quedaron como clavados en el suelo, mientras que por efecto del impulso adquirido caían de bruces sobre el pavimento, con rigidez semejante a si estuvieran helados281. En otro experimento se convino en que a una señal dada por uno de los médicos, el sujeto, que era una muchacha é iba vendada de ojos, debía caer al suelo como herida por un rayo en cuanto sintiera el flúido magnético emitido por la voluntad del magnetizador. Así ocurrió, apenas el médico guiñó el ojo, que era la señal convenida, y al ir uno de los circunstantes a sostener a la muchacha exclamó Regazzoni con voz de trueno: “No la toquéis, dejad que caiga, porque un sujeto magnetizado jamás se lastima en la caída”. Des Mousseaux, al relatar este experimento, dice: “No es tan rígido el mármol como lo era su cuerpo; la cabeza no tocaba al suelo; tenía un brazo extendido al aire, una pierna levantada y la otra horizontal. En esta posición violenta
permaneció indefinidamente como estatua de bronce” . Todos los resultados obtenidos en las sesiones públicas de hipnotismo, los producía Regazzoni a la perfección, sin pronunciar palabra para prevenir al sujeto de lo que había de hacer, pues silenciosamente determinaba con su voluntad pasmosos efectos en el organismo de personas que le eran del todo desconocidas. Las órdenes que los circunstantes comunicaban en voz baja al oído de Regazzoni tenían inmediato cumplimiento por parte de sujetos con los oídos algodonados y vendas en los ojos, y en algunas ocasiones ni siquiera era necesaria esta comunicación, porque las preguntas mentales de los propios circunstantes hallaban cumplida respuesta. En Inglaterra llevó a cabo Regazzoni análogos experimentos a trescientos pasos de distancia del sujeto que al efecto se le proporcionaba.
280 La Magia revelada, 147. 281 La Magia en el siglo XIX, 268. 282 La Magia en el siglo XIX, 268.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I El mal de ojo no es más que la emisión del flúido magnético cargado de odiosa malevolencia y dirigido con malignas intenciones a otra persona, aunque también puede dirigirse con buen propósito. En el primer caso es hechicería y en el segundo magia. ¿Qué es la voluntad? ¿Pueden responder a esta pregunta las ciencias experimentales? ¿Cuál es la naturaleza de ese algo inteligente, incoercible y poderoso que prevalece con augusta soberanía sobre la materia inerte? La Idea universal quiso y el Cosmos brotó a la existencia. Yo quiero, y mis miembros obedecen. Yo quiero, y mi pensamiento atraviesa el espacio que para él no existe, envuelve el cuerpo de otro individuo, que no es parte de mí mismo, penetra en sus poros y cohibiendo sus facultades, si son flacas, le determina a una acción preconcebida. Actúa de modo semejante al flúido de una batería galvánica sobre un cadáver. Los misteriosos efectos de atracción y repulsión son los agentes inconscientes de la voluntad. La fascinación, tal como la ejercen las serpientes con los pájaros, es una acción consciente que dimana del pensamiento. El lacre, el vidrio y el ámbar atraen por el roce cuerpos ligeros y actualizan de este modo, aunque inconscientemente, la voluntad, porque tanto la materia organizada como la inorgánica, poseen una partícula de la esencia divina por indefinidamente pequeña que sea. ¿Y cómo no? Desde el momento en que, durante el proceso de su evolución, ha pasado del principio al fin por millones de formas diversas, debe retener el punto germinal de la materia preexistente, emanada en primera manifestación de la misma Divinidad. ¿Qué ha de ser entonces esta inexplicable fuerza atractiva sino una porción del akâsa, de aquella esencia en que tanto los sabios como los cabalistas reconocieron el “principio de vida?” Admitamos que la atracción ejercida por los cuerpos inorgánicos es ciega; pero según ascendemos en la escala de los seres, vemos que este principio de vida se desenvuelve a cada paso en más determinados atributos y facultades. El hombre, como ser más perfecto, en quien la materia y el espíritu, o sea la voluntad, alcanzan mayor desenvolvimiento, es el único capaz de comunicar impulso consciente al principio de vida que de él emana. Sólo el hombre puede comunicar al flúido magnético varios y opuestos impulsos de ilimitada dirección. Como dice Du Potet: “El hombre quiere y la materia organizada obedece. En él no hay polos”. Brierre de Boismont, en su tratado sobre Alucinaciones, examina una prodigiosa variedad de visiones, éxtasis y apariciones a que vulgarmente se llaman alucinaciones. Dice a este propósito: “No podemos negar que en ciertas enfermedades se sobreexcita extraordinariamente la sensibilidad que da prodigiosa agudeza de percepción a los sentidos, hasta el punto de que algunos individuos ven desde considerable distancia y
otros anuncian la llegada de personas antes de que nadie pueda verlas ni oírlas” .
283 Brierre de Boismont. – Alucinaciones e Historia razonada de las apariciones, sueños, visiones. éxtasis y magnetismo, 1845, 301. Véase también Fairfield: Diez años entre los médiums.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Bierre de Boismont llama alucinación a la facultad que algunos enfermos lúcidos tienen de ver a través de las paredes y anunciar la llegada de una persona cuya venida se desconoce. Nosotros creíamos cándidamente, tal vez por ignorancia, que las alucinaciones han de ser subjetivas y de quimérica existencia en el delirante cerebro del enfermo; pero si éste anuncia la llegada de una persona que se halla muy lejos, y la persona llega en el preciso momento vaticinado por el profeta, su visión no es subjetiva, sino perfectamente objetiva, puesto que ve como va viniendo la persona. Por lo tanto, resulta incontrovertible que para ver un objeto a través de cuerpos opacos y de distancias inaccesibles a la vista corporal, es preciso la visión espiritual pues no cabe suponer coincidencia alguna de la casualidad. Cabanis dice que en ciertos desórdenes nerviosos, los enfermos distinguen a simple vista los infusorios y microbios que las personas sanas no pueden ver sin auxilio del
microscopio. Algunas personas, añade el mismo autor , entre ellas un respetable miembro del Congreso Legislativo de Nueva York, eran capaces de ver en las tinieblas tan distintamente como en un aposento iluminado; y otras seguían por el olfato el rastro de las gentes y acertaban quien había siquiera tocado un objeto con sólo olerlo. Así es en efecto; porque la razón, que según dice Cabanis, se vigoriza a expensas del instinto natural, es una especie de muralla de la China, levantada sobre sofismas, que acaba por embotar en el hombre la percepción espiritual cuya más importante modalidad es el instinto. Al llegar a cierto grado de debilidad orgánica, cuando las facultades mentales flaquean a causa de la depauperización corporal, el instinto, o sea la espiritual unidad que resume los cinco sentidos corporales, no halla obstáculo alguno, ni en tiempo ni en espacio. ¿Conocemos acaso los límites de la actividad mental? ¿Cómo es posible que un médico distinga las percepciones reales de las quiméricas en un enfermo cuyo enflaquecido y exhausto cuerpo deje escapar al alma de su cárcel para vivir tan sólo espiritualmente? La divina luz que a despecho de la materia enfoca sus rayos de modo que el alma ve como en un, espejo lo pasado, lo presente y lo futuro; la mortífera flecha disparada por la cólera o el odio reconcentrados; la bendición salida de benévolos y agradecidos corazones; la maldición lanzada contra quienquiera que sea, víctima o verdugo; todo tiene su vibración en el agente universal que en determinada modalidad es el aliento de
Dios y bajo la opuesta, la ponzoña del diablo . El lector tal vez pregunte: ¿Qué es ese invisible todo? ¿Por qué los científicos, a pesar del perfeccionamiento de sus métodos, no han descubierto ninguna de sus propiedades mágicas? Responderemos a esto que si los científicos lo desconocen no es razón
284 Cabanis. – De la influencia de las enfermedades en la formación de las ideas. 285 El barón de Reichenbach presumió haber descubierto este universal agente al que dio el nombre de od y aunque no sabemos si fue un plagio, lo cierto es que el mismo nombre le dan los más antiguos libros cabalísticos.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I bastante para negar las propiedades reconocidas en dicho agente universal por los sabios antiguos. La ciencia repudia hoy muchas cosas que mañana se verá en la precisión de aceptar. Poco menos de un siglo ha transcurrido desde que el Instituto de Francia negaba posibilidad científica a los experimentos eléctricos de Franklin, y apenas hay hoy edificio de importancia sin su correspondiente pararrayos. Los modernos científicos, gracias a su pertinaz escepticismo, escupen muchas veces al cielo y así les cae la saliva en la cara. Dice la cosmogonía egipcia: “Emepht, el principio supremo engendró un huevo y después de incubarlo impregnándolo de su propia esencia, se desenvolvió el germen del cual nació Phtha, el activo y creador principio que dió comienzo a su obra. De esta ilimitada expansión de materia cósmica286, que El mismo había engendrado con su soplo (voluntad), puso en actividad las potencias latentes y formó los soles, planetas y satélites en armónica é inmutable ordenación y los pobló de todas y cada una de las formas y cualidades de vida”. El mito de las cosmogonías orientales dice que en el principio sólo había agua (el padre) y limo prolífico (Ilus o Hylé, la madre), del que surgió la mundana serpiente (materia), símbolo del dios Phanes, el manifestado, la Palabra o Logos. Veamos ahora cuán fácilmente remedaron este mito los compiladores del Nuevo Testamento. Phanes, el dios manifiesto, está representado en el símbolo de la serpiente en forma de protogonos, es decir, con cuatro cabezas respectivas de hombre, águila, toro y león, y alas en ambos costados. Las cabezas aluden al zodíaco y simbolizan las cuatro estaciones, pues la serpiente mundanal es el año terrestre, mientras que la serpiente por sí misma simboliza a Knepk, el Dios inmanifestado, el Padre. La serpiente es alada como el tiempo, y todo este simbolismo nos explica la razón de que las iglesias latina y griega acostumbren a representar a los cuatro evangelistas con los respectivos animales simbólicos cuyas cabezas lleva el Protogonos, así como también se ven dichos animales agrupados junto al sello de Salomón, en el pentágono de Ezequiel y en los querubines del Arca de la Alianza. También se explica la insistencia de Ireneo, obispo de Lyon, en que necesariamente había de haber un cuarto evangelio, pues
cuatro eran las zonas del mundo y cuatro los puntos cardinales . Dice un mito egipcio
que la fantástica configuración de la isla de Chemmis , que flota en las etéreas ondas del empíreo, fué puesta en existencia por obra de Horus–Apolo, el dios–sol que la sacó del huevo del mundo.
286 También se la puede llamar luz astral, éter, niebla inflamada o principio de vida, pues poco importa el nombre. La filosofía moderna la denomina ley de evolución. 287 Ireneo, libro III, cap. II, sec.8 288 Chemi, antiguo nombre de Egipto.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I En el poema cosmogónico de Völuspa (cántico de la profetisa), que contiene las leyendas escandinavas relativas a la aurora de los tiempos, el fantástico germen del universo yace en la ginnungagap (copa de ilusión), símbolo del abismo vacuo y sin límites, el nebelheim o paraje de las tinieblas. En esta tenebrosa y desolada matriz del mundo cae un rayo de cálida luz (éter), que llena la copa hasta los bordes y en ella se congela. Entonces el Invisible levantó con un soplo un viento abrasador que derribó las heladas aguas y disipó la niebla. Las aguas (corrientes de Elivâgar), cayeron en vivificantes gotas de que surgió la tierra con el gigante Imir (principio masculino), quien
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