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Capítulo 40 de 51

Capítulo Vii — parte 2 de 7

Isis Sem o Véu

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I estrellas391; el tercero es el espíritu divino392.” Como nuestro cuerpo físico contiene “substancia terrestre primaria”, según la denomina Paracelso, podemos convenir con los investigadores científicos, en que las vidas de los organismos vegetal y animal se contraen a un mero proceso físico-químico. Esta opinión corrobora la de los antiguos filósofos y de la Biblia mosaica, según la cual, el cuerpo del hombre es de polvo y en polvo se ha de convertir, aunque el memento homo quia pulvis es et in pulverem reverteris, nada tiene que ver con el alma. El hombre es un mundo minúsculo, un microcosmos en el macrocosmos, de cuya matriz le tienen suspendido sus tres espíritus; pero mientras el cuerpo terrestre está en constante armonía con su madre tierra, el cuerpo astral actúa en consonancia con el alma del mundo. Uno está en otra como estotra en aquél, porque el omnipenetrante elemento universal llena el espacio y es el mismo espacio ilimitado é infinito. El tercer espíritu, el espíritu divino, es un rayo infinitesimal, una de las innumerables radiaciones de la Causa suprema, de la Luz espiritual del mundo. Tal es la trinidad de la naturaleza, así orgánica como inorgánica, espiritual y física, que son tres en una. A este propósito dice Proclo que la primera mónada es el Dios eterno; la segunda la eternidad, y la tercera el paradigma o modelo del universo. Las tres constituyen la Triada inteligible. Todas las cosas del universo manifestado proceden de esta Triada microcósmica en sí misma y se mueven en majestuosa procesión por los campos de la eternidad en torno del sol espiritual, como los planetas se mueven alrededor del sol visible. La Mónada pitagórica que “reside en soledad y tinieblas” es en este mundo, invisible, impalpable é indemostrable para la ciencia experimental. Sin embargo, el universo entero seguirá gravitando en su torno como desde el origen del tiempo, y a cada segundo que transcurre, el hombre y el átomo se acercan más y más al solemne momento de la eternidad en que la invisible Presencia aparezca clara a su vista espiritual. Cuando hasta la más sutil partícula de materia quede eliminada de la última forma constitutiva del postrer eslabón de la doble cadena que a través de millones de edades, en sucesivas transformaciones, impelió a la entidad evolucionante, y ésta se revista de su primordial esencia idéntica a la del Creador, entonces el impalpable átomo orgánico terminará su jornada, y los hijos de Dios prorrumpirán en exclamaciones de júbilo por la vuelta del peregrino. Dice Van Helmont: “El hombre es el espejo del universo y su trina naturaleza está relacionada con todas las cosas. Todo ser viviente participa de la voluntad del Creador que dió el primer impulso a lo creado; pero al hombre, por su adicional espiritualidad, le corresponde mayor participación, y de su grado de materialidad depende la conciencia o inconciencia en el ejercicio de sus facultades mágicas aplicadas a los demás seres que con él comparten la potencialidad divina. El consciente y pleno ejercicio de

391 Cuerpo astral o sidéreo. 392 Augoeides.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I estas facultades le capacita para dominar y guiar el alma universal (magnale magnum); pero en la mayor parte de los hombres y en los animales, vegetales y minerales, obra por sí mismo el flúido etéreo que en todo penetra y los mueve con directos impulsos. Las criaturas sublunares, formadas del magnale magnum, se mantienen en relación con este flúido. El hombre está aliado con los cielos y posee la virtud celeste que en menor grado poseen asimismo los animales y quizás todas las cosas del universo, pues todas están en relación recíproca ó, lo que es lo mismo, que Dios está en todas las cosas, según acertadamente dijeron los antiguos. Es preciso que la potencia mágica se actualice, lo mismo en el hombre externo que en el interno… Y si llamamos a esto poder mágico, el ignorante se asustará de la denominación, por lo que podremos llamarle poder espiritual (spirituale robur vocitaveris). Este poder mágico late en el hombre interno, pero por la relación de éste con el externo, ha de difundirse a través

del hombre completo” . En su extensa descripción de los ritos y costumbres religiosas de los siameses, dice Loubère: “Los talopines o monjes budistas ejercen maravillosa influencia sobre las fieras, y pasan días seguidos en el bosque bajo una toldilla de ramas y hojas de palmera sin encender fuego por la noche, como es costumbre en el país para ahuyentar a las fieras; y las gentes tienen por milagro que nunca perezca devorado ningún talopín, sino que, al contrario, las fieras los respeten y aun se acerquen a lamerles cuando están dormidos, según observaron algunos viajeros desde parajes seguros. Todos los talopines ejercen la magia, y creen que la naturaleza toda está animada, así como también en la existencia de genios tutelares. Pero lo más notable es la opinión tan generalizada entre los siameses, de que tal como es el hombre en esta vida, así ha de ser después de la muerte. Cuando el tártaro que ahora reina en China mandó que todos los chinos se afeitaran el pelo a estilo tártaro, muchos prefirieron la muerte a la obediencia, por no comparecer rasurados ante sus ascendientes en el otro mundo. Sin embargo, me parece incongruente en esta absurda opinión, que los siameses atribuyan al alma figura humana. A pesar de su fama de sabios, hace tres o cuatro mil años que los chinos creen en la piedra filosofal, en cuya busca dilapidó el padre del actual rey de Siam sobre dos millones de libras, y además quieren encontrar el elixir de larga vida que les libre de la muerte. Se apoyan en que, según tradición, hubo quien logró hacer oro y vivió siglos; y aparte de esto, es opinión común entre los chinos siameses y otros orientales que algunos hombres, de quienes cuentan maravillas, hallaron medio de no morir sino de muerte violenta, y se escondieron del mundo para disfrutar de pacífica y

libre vida” . No es extraño que los orientales creyeran en el elixir de larga vida, cuando el mismo Descartes tuvo por cierto su descubrimiento y le atribuía virtud para prolongarla hasta

393 Van Helmont. – Opera omnia. – 1682. 394 Loubère. – Obra citada.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I quinientos años. Los fisiólogos occidentales no han resuelto aún el capital problema de la vida y de la muerte, pues ni siquiera en las causas del sueño concuerdan sus opiniones. ¿Cómo, entonces, se empeñan en poner límites a lo posible y definir lo imposible? Desde la más remota antigüedad se percataron los filósofos de la singular influencia de la música en algunas enfermedades, sobre todo en las nerviosas. Kircher recomienda la música como medicina, pues en sí mismo experimentó sus curativos efectos valiéndose de un tímpano compuesto de cinco vasos de muy delgado cristal, dispuestos en fila y llenos de dos distintas clases de vino los dos primeros, de aguardiente el tercero, de aceite el cuarto y de agua el quinto, con los que producía cinco notas golpeando los bordes con el dedo. Los sonidos musicales tienen una propiedad de atracción que expele y se lleva en sus vibraciones la dolencia. Veinte siglos atrás ya se valía Asclepiades del sonido de una trompeta para curar la ciática, cuyo dolor cesaba por la vibración de las fibras nerviosas. Análogamente afirma Demócrito, que muchas enfermedades se curan al son de la flauta, y Mesmer empleaba en sus curas magnéticas el tímpano de Kircher. A este propósito acude espontáneamente a la memoria aquel pasaje de la Biblia, en que David aliviaba al son del arpa la melancolía de Saúl. Dice así: Y con esto, cuando por permisión de Dios arrebataba a Saúl el espíritu maligno, tomaba David el arpa y la tañía con su mano, y Saúl se recobraba y se sentía mejor porque el espíritu

maligno se iba de él . El famoso filósofo escocés MaxweIl se comprometió, ante varias facultades de Medicina, a curar magnéticamente las más pertinaces calenturas, así como la epilepsia, impotencia, locura, lisiadura, hidropesía y otras enfermedades incurables. Este mismo filósofo apunta en su Medicina Magnética, los siguientes aforismos entresacados de las enseñanzas cabalísticas y alquímicas. “Lo que los hombres llaman alma del mundo es una vida tan ardiente, espiritual, veloz, brillante y etérea, como la misma luz. Es un espíritu vital que está en todas partes y por doquiera es el mismo… La materia no puede actuar si no está vivificada por este espíritu que mantiene todas las cosas en su peculiar condición. En la naturaleza está libre este espíritu de todo obstáculo, y quien sabe infundirlo en un cuerpo a propósito, posee un tesoro superior a toda riqueza. ”Este espíritu es el lazo común entre todos los ámbitos de la tierra y alienta en todo y a través de todo (adest in mundo quid commune omnibus mextis, in quo ipsa permanent).

395 I Reyes XVI, 23.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I ”Quien conoce este universal espíritu de vida y sus aplicaciones evita todo daño. ”Si puedes aprovecharte de este espíritu é infundirlo en determinado cuerpo llevarás a cabo los misterios de la magia. ”Quien sepa actuar en los hombres por medio de este espíritu universal curará las enfermedades a la distancia que le plazca. ”Quien sepa vigorizar el espíritu particular, por medio del universal, podrá prolongar su vida hasta la eternidad. ”Los espíritus se comunican entre sí por sus emanaciones, aunque estén distantes unos de otros. Esta comunión recíproca es la eterna é incesante radiación de un cuerpo a otro. Pero no es posible hablar de esto sin peligro, porque motivaría abominables abusos.” Veamos ahora cómo abusan de las facultades magnéticas algunos médiums saludadores. Para que la curación merezca este nombre, requiere confianza en el enfermo o salud robusta y voluntad enérgica en el saludador. La esperanza fortalecida por la fe basta para que uno mismo venza toda condición morbosa. La tumba de un santo, una reliquia, un talismán, un pedazo de papel o una prenda de ropa que haya estado en manos del saludador, un remedio secreto, una penitencia o ceremonia, la imposición de manos o una fórmula pronunciada de intento, producen los mismos efectos curativos, pues todo depende del temperamento, de la imaginación y de la confianza en recobrar la salud. En infinidad de ocasiones el médico, el sacerdote o la reliquia cobraron la fama de curaciones debidas exclusivamente a la fe del paciente. A la enferma de flujo de sangre que tocó su túnica, le dijo Jesús: “Tu fe te ha salvado”. La influencia de la mente sobre el cuerpo físico es tan poderosa, que en todas épocas realizó prodigios. A este propósito dice Salverte: “¡Cuán inesperadas, súbitas y portentosas curaciones ha realizado la imaginación! Las obras de medicina rebosan de ejemplos de esta índole, que se diputarían por milagrosos”396. Si el enfermo no tiene fe y es físicamente pasivo y negativo, pero en cambio el saludador es enérgico, sano, positivo y resuelto, la enfermedad puede quedar vencida por la imperiosa voluntad con que consciente o inconscientemente atrae el flúido universal de la naturaleza y restablece el perturbado equilibrio del aura del paciente. Para ello puede auxiliarse de un crucifijo, como hizo Gassner, o imponer las manos, como el zuavo Jacob y el norteamericano Newton, o dar el mandato de viva voz como Jesús y algunos apóstoles; pero el procedimiento es el mismo en todos los casos, y determina la curación efectiva sin dejar reliquias morbosas. En cambio, cuando quien está físicamente enfermo intenta curar, no sólo fracasa en el empeño, sino que agrava la dolencia y le quita al paciente las pocas fuerzas que pueda

396 Filosofía de las Ciencias ocultas.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I tener. Gracias al saludable magnetismo de Abigail restauró su decaído vigor el anciano

rey David y los tratados de medicina refieren que una señora inglesa se vigorizó a expensas de dos jovencitas. Los sabios antiguos, cuyo ejemplo en este punto siguió Paracelso, según él mismo nos dice en sus obras, curaban las enfermedades aplicando un organismo sano a la parte afectada. Si una persona enferma intenta curar a otra, podrá tener suficiente fuerza para modificar, remover o transformar la dolencia en otra que aparecerá poco tiempo después de creerse curado el enfermo. Pero si el saludador está moralmente enfermo, serán los resultados incomparablemente peores, porque mucho más fácil es curar las enfermedades del cuerpo que las del ánimo. Los misteriosos fenómenos de Morzine, Cevennes y de los jansenistas son todavía tan incomprensibles para los fisiólogos como para los psicólogos. Si el don de profecía, el histerismo y las convulsiones pueden comunicarse por contagio, otro tanto ocurre con los vicios, y en este caso el saludador comunica al paciente, o mejor dicho, a la víctima la ponzoña moral de que tiene inficionados corazón y mente, pues contamina con su fuerza magnética y profana con su mirada al infeliz sujeto pasivamente receptivo que está bajo el poder del saludador, como pajarillo fascinado por la serpiente. Incalculable es el daño que pueden acarrear tales médiums saludadores, cuyo número pasa de centenares. Pero hay saludadores virtuosos que contra el malicioso escepticismo de sus adversarios allegaron histórica nombradía, como, entre otros, los clérigos de Ars, Lyon y Klorstele, Jacob, Newton, Gassner y el palurdo irlandés Valentín Greatrakes, protegido

de Roberto Boyle, presidente de la Real Sociedad de Londres, en 1670 . Indefinidamente podríamos prolongar la lista de testimonios que desde Pitágoras a Eliphas Levi, sin distinción de categorías, declaran que el vicioso es incapaz de poderes mágicos, pues únicamente “los limpios de corazón verán a Dios”, o lo que tanto vale, recibirán el divino don de curar las dolencias corporales bajo la segura guía de las entidades invisibles para apaciguar el conturbado ánimo de sus hermanos, porque no pueden manar aguas salutíferas de emponzoñada fuente ni los dorados racimos maduran entre espinas ni los cardos dan regalado fruto. Para los limpios de corazón nada tiene de sobrenatural la magia, sino que es una ciencia de cuyas ramas no es la menor el exorcismo de malignos espíritus, tan cuidadosamente aprendido por los iniciados. A este propósito dice Josefo, que “la virtud de expeler los demonios del

cuerpo humano es ciencia útil y saludable para los hombres” .

397 I Reyes, I. 1–4, 15. 398 En nuestros tiempos hubiera sido encerrado Greatrakes en un manicomio con sus colegas, de intervenir en el asunto el presidente de la real Sociedad, o sin duda le hubiera demandado judicialmente el profesor Lankester por vago, por intruso en medicina, por quiromancia o cualquier otro pretexto. 399 Antigüedades. – VIII–2.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Los precedentes bosquejos nos inducen a preferir las enseñanzas antiguas a las teorías modernas, respecto a las leyes de relación entre los mundos y de las facultades potenciales del hombre. Si bien los fenómenos de índole psíquico-física despiertan el interés de los materialistas y dan, si no prueba plena, por lo menos vehemente indicio de la supervivencia del alma, es muy discutible la conveniencia o inconveniencia de dichos fenómenos en cuanto a sus beneficiosos o nocivos efectos, porque fanatizan a los ansiosos de comprobar la inmortalidad, y como dice Stow, los fanáticos están dominados por la imaginación y no por el juicio. Indudablemente, los aficionados al fenomenismo pueden alabarse de no pocas dotes, pero carecen de discernimiento espiritual. El famoso clarividente norteamericano A. J. Davis descubrió en sus exploraciones por la tierra vernal unos seres llamados diakas, de quienes dice que se complacen extraordinariamente en las simulaciones, imposturas y trampas; que desconocen los sentimientos de justicia, filantropía, ternura y gratitud, y lo mismo son para ellos las palabras sagradas que las profanas, el amor que el odio, aparte de su loca afición a los lirismos y un egoísmo desenfrenadísimo que les mueve a considerar la aniquilación como el término de toda vida que no sea la suya. En reciente ocasión, uno de estos diakas se comunicó con el nombre de Swedenborg por mediación de una señora, y dijo: “Todo cuanto ha sido, es, será o puede ser, eso soy yo. La vida individual es tan sólo el conjunto de latidos pensantes que en su progresiva ascensión se precipitan en el corazón de la eterna muerte”400.

Porfirio habla en sus obras de estos seres, y dice: “Con el directo auxilio de estos malvados demonios se llevan a cabo toda clase de hechicerías, y los hombres que con hechicerías dañan a sus semejantes tributan mucho honor a esos malvados demonios y

especialmente a su caudillo . Pasan estos espíritus el tiempo engañándonos con multitud de ilusorios prodigios, pues ambicionan que se les tenga por dioses y a su

caudillo por el supremo dios” . No pocos médiums degradan hoy la antigua teurgia por no advertir que, como dice Jámblico, no es lícito entregarse a operaciones fenoménicas sin previos y prolongados ejercicios de purificación moral y física bajo la guía de un experto teurgo, pues con rarísimas excepciones, siempre que una persona enflaquece o engruesa en demasía o se levanta en el aire, está de seguro obsesa por espíritus malignos404.

400 El diaka y sus víctimas. Explicación del aspecto falso y repulsivo del espiritismo. 401 Un apasionado por los fenómenos dice que las obras de Porfirio se están apolillando como trastos viejos en los rincones del olvido. 402 El diaka que según Davis se comunicó con el nombre de Swedenvorg, atribuyéndose el yo soy, se parece muy mucho a este caudillo de que habla Porfirio. 403 Porfirio. – De los buenos y malos demonios. 404 Jámblico. – Misterios egipcios, III–5.

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