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Capítulo 36 de 51
Capítulo Vi — parte 4 de 6
Isis Sem o Véu
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I como también lo presente estaba en embrión antes de serlo. El hombre es libre de obrar a su albedrío, pero desde el origen de los tiempos está previsto el uso que hará de este albedrío, sin que tal previsión suponga fatalismo ni hado, sino que resulta de la inmutable armonía del universo, así como de antemano se conocen las vibraciones peculiares de cada nota que se haya de pulsar. Además, la eternidad del tiempo no tiene pasado ni futuro, sino tan sólo presente, de la propia manera que la inmensidad del espacio no tiene en rigor puntos cercanos ni lejanos. En el mezquino campo de nuestras experiencias, nos esforzamos en concebir, si no el fin, por lo menos el principio del tiempo y del espacio, que en realidad no tienen principio ni fin, pues de tenerlo, ni el tiempo sería eterno ni ilimitado el espacio. Como hemos dicho, no hay pasado ni futuro; pero nuestra memoria refleja las imágenes grabadas en la luz astral, como el psicómetra las emanaciones astrales de los objetos palpados. Al tratar de la influencia de la luz en los cuerpos y de la formación de imágenes fotográficas, dice el profesor Hitchcock: “Parece como si esta influencia interpenetrara la naturaleza toda sin detenerse en puntos definidos. No sabemos si la luz puede retratar en los objetos circundantes nuestras facciones demudadas por la emoción y dejar de esta suerte fotografiadas en la naturaleza nuestras acciones… Posible es también que haya procedimientos superiores a los del más hábil fotógrafo, por cuyo medio revele y fije la naturaleza estas fotografías de modo que, con sentidos más agudos que los nuestros, se vean como en un inmenso lienzo extendido sobre el universo material. Quizás no se borren nunca estas fotografías del lienzo, sino que perduren en el vasto museo
pictórico de la eternidad” . La duda manifestada en el quizás de Hitchcock se ha trocado en triunfadora certeza por valimiento de la psicometría. Sin embargo, cuantos hayan observado la cualidad psíquica de clarividencia advertirán que Hitchcock no debiera haber supuesto la necesidad de más agudos sentidos para ver las imágenes, sino decir que habían de superar en penetración a los corporales, porque para el espíritu humano, dimanante del inmortal y divino Espíritu, no hay pasado ni futuro, sino que todo lo tiene presente 343. De algún tiempo a esta parte han comenzado los científicos a estudiar este asunto hasta hoy difamado con nota de superstición. Discurrieron primero acerca de los hipotéticos mundos invisibles y a todos se adelantaron los autores de la obra: El Universo invisible, a quienes siguió el profesor Fiske con la suya: El mundo invisible. Esto prueba que el terreno del materialismo se hunde bajo los pies de los científicos, quienes se disponen a capitular honrosamente en caso de derrota. Jevons corrobora las opiniones de Babbage y ambos afirman que los pensamientos ponen en vibración las
342 Hitchcock. – La religión según la geología. 343 Las fotografías a que se refiere Hitchcock en el pasaje citado tienen por placa la luz astral donde se registra todo cuanto ha sido, es y será, según afirman las enseñanzas herméticas ya corroboradas en parte por la ciencia.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I partículas del cerebro y las difunden por el universo, de suerte que “cada partícula
material es una placa registradora de cuanto ha sucedido” . Por otra parte el doctor Young, en sus conferencias sobre filosofía natural, apunta “la posibilidad de que haya mundos invisibles y desconocidos en aislada independencia unos, en recíproca interpretación otros, y algunos cuya existencia no requiera por modalidad el espacio”. Si los científicos discurren de esta suerte, partiendo del principio de continuidad según el cual la energía se transmite al universo invisible, no se les ha de negar el mismo discurso a los ocultistas y espiritualistas. La ciencia admite hoy que las imágenes especulares quedan impresas indefinidamente sobre una superficie pulimentada, y a este propósito dice Draper: “La sombra proyectada sobre una pared deja allí una huella que puede revelarse mediante manipulaciones convenientes… Los retratos de nuestros amigos o las imágenes de la campiña quedan ocultos bajo la superficie sensible de nuestros ojos, hasta que las revelamos por adecuados medios. Una imagen espectral está encubierta bajo una superficie de plata bruñida o de cristal pulido, hasta que la nigromancia la revela al mundo visible. En las paredes de nuestros más retirados aposentos, al abrigo de indiscretas miradas, en la soledad de nuestro apartamiento inaccesible a los extraños, están las huellas de nuestros actos y las siluetas de cuanto hicimos”345. Si tan indelebles impresiones puede recibir la materia inorgánica y nada se aniquila en el universo, no cabe rechazar la hipótesis de que “el pensamiento actúe en la materia
de otro universo al par que en la del nuestro y prever de esta suerte lo futuro” . A nuestro entender, si la psicometría es valiosa prueba de la indestructibilidad de la materia, que retiene eternamente las impresiones recibidas, también es la clarividencia psicométrica no menos valiosa prueba de la inmortalidad del espíritu humano. Puesto que la facultad psicométrica es capaz de describir sucesos ocurridos hace centenares de miles de años, ¿por qué no aplicar la misma facultad al conocimiento de un porvenir sumido en la eternidad, que no tiene pasado ni futuro, sino tan sólo el presente sin límites? No obstante haber confesado los científicos su ignorancia en muchas cuestiones, todavía niegan la misteriosa fuerza espiritual que escapa a las leyes físicas y pretenden aplicar a los seres vivos las mismas que rigen la materia muerta. Han descubierto las energías de la luz, calor, electricidad y movimiento347, cuyas vibraciones contaron en las vibraciones del espectro solar y engreídos con tan próspera fortuna, se niegan a seguir
344 Principios científicos, II, 45. 345 Draper. – Conflicto entre la Religión y la Ciencia, 132, 133. 346 El Universo invisible, 159. – Contra los autores de esta obra suscitaron una injustificada campaña los científicos de la época. 347 Los cabalistas llamaban “purgas groseras del éter”, a estas modalidades energéticas.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I adelante. Algunos reflexionaron sobre la índole de este proteico agente que no podían pesar ni medir con sus aparatos, y dijeron que era “un medio hipotético sumamente elástico y sutil que se supone ocupa los espacios intersiderales é interatómicos y sirve de medio transmisor del calor y de la luz”. Otros, a quienes llamaríamos los fuegos fatuos o hijos espurios de la ciencia, se tomaron la molestia de observar el éter con lentes de mucho alcance, según nos dicen; pero al no ver espíritus ni espectros, ni descubrir entre sus aleves ondulaciones nada de más científica índole, viraron en redondo para tachar con lastimero acento de “mentecatos y lunáticos visionarios”348, no sólo a los espiritistas en particular, sino a cuantos creen en la inmortalidad. Dicen sobre este particular los autores de El Universo invisible: “Han estudiado en el universo objetivo ese misterio que llamamos vida. El error consiste en creer que todo cuanto desaparece de la observación, desaparece también del universo. Sin embargo, no hay tal, porque únicamente desaparece del pequeño círculo de luz a que podemos llamar universo de observación científica. Es un trínico misterio en la materia, en la vida y en Dios; pero los tres misterios son uno solo” 349. En otro pasaje añaden: “El universo visible debe seguramente tener un límite de energía transformable y probablemente el mismo límite en su materia; pero como el principio de continuidad repugna toda limitación, ha de haber sin duda algo más allá de lo visible, de modo que el mundo visible no es el
universo total sino tan sólo una pequeña parte de él” . Además, atendiendo los autores al concepto del origen y fin del universo visible, dicen que si fuese todo cuanto existe, habría ruptura de continuidad tanto en la súbita manifestación primaria de él
como en su ruina final… . Ahora bien; ¿no es lógico suponer que el universo invisible, en cuya existencia razonablemente creemos, esté en condiciones de recibir la energía del
visible?.. Cabe, por lo tanto, considerar el éter o medio transmisor como un puente entre ambos universos, que de esta manera quedan conglomerados en uno solo. En fin, lo que generalmente se llama éter puede ser, además de un medio transmisor, el orden de cosas invisibles, de modo que los movimientos del universo visible se comunican al éter y éste los transmite como por un puente al invisible, que los recibe, transforma y almacena. Podemos decir, por lo tanto, que cuando la energía se transmite de la
348 Marvin. –Conferencia sobre la Mediummanía. 349 El Universo invisible, 183. 350 El Universo invisible, 64. 351 El Universo invisible, Art.85. 352 Es curioso que los insignes científicos del siglo XIX corroboren la sabiduría del mito escandinavo a que nos referimos en el capítulo anterior. Hace miles de años, la relación entre ambos universos tuvo su alegoría en el puente a que alude el canto édico de Völuspa: Visión de la Profetisa Vala, es decir, el puente de Bifröst, el radiante arco–iris que atraviesan los dioses para unirse en asamblea junto a la fuente de Urdar. Es el mismo concepto que al estudiante pensador ofrecen los autores de El Universo invisible.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I materia al éter, pasa del mundo visible al invisible y cuando del éter va a la materia se
transfiere del mundo invisible al visible” . Precisamente es así. Cuando la ciencia adelante algunos pasos más en este camino y estudie detenidamente el “hipotético medio transmisor” podrá salvar sin peligro el abismo que Tyndall ve abierto entre el cerebro físico y la conciencia. Algunos años antes, en 1856, el por entonces famoso doctor Jobard de París expuso acerca del éter el mismo concepto sustentado después por los autores de El Universo invisible. Con asombro del mundo científico, dijo el doctor Jobard a este propósito: “Acabo de hacer un descubrimiento que me asusta. Hay dos modalidades de electricidad: una ciega y ruda, dimanante del contacto de los metales con los ácidos (purga grosera), y otra racional y clarividente. La electricidad se ha bifurcado en manos de Galvani, Nobili y Matteuci. La corriente ruda tomó la dirección señalada por Jacobi, Bonelli y Moncal, mientras que la corriente lúcida quedó en manos de Bois–Robert, Thilorier y Duplanty. La esfera eléctrica o electricidad globular entraña un pensamiento que desobedece a Newton y a Mariotte para moverse a su antojo… En los anales de la Academia hay mil pruebas de la inteligencia del rayo eléctrico… Pero noto que voy siendo en demasía indiscreto. A poco más doy la clave que ha de llevarnos al descubrimiento del espíritu universal”354. Todas las citas iluminan con nueva luz la sabiduría de los antiguos. Ya vimos que los Oráculos caldeos 355 exponen en parecido lenguaje el mismo concepto del éter que los autores de El Universo invisible, pues dicen que “del éter proceden todas las cosas y a él han de volver y que en él están indeleblemente grabadas las imágenes de todas las cosas, porque es almacén de ideas y troj de los gérmenes y de los residuos de las formas visibles”. Esto corrobora nuestra afirmación de que todo descubrimiento moderno tuvo su parigual hace miles de años entre nuestros cándidos antepasados. Vista, en el punto en que estamos, la actitud de los escépticos respecto de los fenómenos psíquicos, cabe asegurar que aunque la clave referida por Jobard estuviera en el borde del “abismo”, no habría ningún Tyndall capaz de agacharse a recogerla. ¡Cuán limitadas han de parecerles a algunos cabalistas estas tentativas para escrutar el hondo misterio del éter universal! Porque por muy superiores que respecto a las de la ciencia contemporánea sean las ideas de los autores de El Universo invisible, resultan por demás familiares para los maestros de la filosofía hermética, quienes no sólo consideraban el éter como el puente tendido entre el universo visible y el invisible, sino que osadamente recorrían todos sus tramos hasta llegar a las misteriosas puertas que los científicos no quieren o tal vez no pueden abrir.
353 El Universo invisible, Art. 198. 354 El Amigo de las Ciencias, 2 de Marzo de 1856, pág. 67. 355 Cory. – fragmentos antiguos. Cita de la pág. 139 de este mismo volumen.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Cuanto más ahondan los investigadores modernos en sus observaciones, tanto más frecuentemente les dan en rostro los descubrimientos antiguos. Expone el geólogo francés Beaumont una teoría sobre los movimientos internos del globo en relación con la corteza terrestre, y echa de ver que se le habían adelantado los antiguos en la exposición. Preguntamos cuál es la más novísima hipótesis acerca de la formación de los yacimientos minerales, y nos dice Hunt que el agua es el disolvente universal, según ya afirmó Tales de Mileto veinticuatro siglos atrás al enseñar que el agua es el originario elemento de todas las cosas. El mismo Hunt, apoyado en la autoridad de Beaumont, trata de los movimientos del globo y de los fenómenos psíquicos del mundo material, diciendo por una parte que “no está dispuesto a conceder que los espiritualistas posean el secreto de la vida orgánica”, mientras que por otra confiesa, a nuestra completa satisfacción, lo que leemos en el pasaje siguiente: “Bajo muy diversos aspectos están relacionados los fenómenos del reino orgánico y los del reino mineral, cuya recíproca dependencia ofrece tan vivo interés que nos concita a vislumbrar la verdad subyacente en las opiniones de los filósofos antiguos que atribuían fuerza vital a los minerales y consideraban el globo terráqueo como organismo vivo, cuyo proceso biológico se manifestaba en las alteraciones de la atmósfera, de las aguas y de las rocas”. Todo es empezar. Los prejuicios científicos han llegado últimamente a tales extremos que parece imposible la justicia hecha a la sabiduría antigua en el anterior pasaje. Hace tiempo que se arrinconaron los cuatro elementos, y los químicos del día acuden desolados en busca de nuevos cuerpos simples con que alargar la lista de los ya descubiertos, como polluelo aumentado a la cría pronta a salir del nido. Por su parte el
químico Cooke niega la denominación de elementos a los cuerpos simples, porque “no son principios primordiales o substancias existentes por sí mismas y distintas de la de que fué formado el universo… La antigua filosofía griega pudo tener el concepto que de los elementos tuvo, pero las ciencias experimentales no han de admitir otros elementos que los que pueda ver, oler o gustar”. Según esto, la ciencia sólo acepta lo que le entra por ojos, narices y boca. Lo demás, para los metafísicos. Así es que habríamos de tachar a Van Helmont de ignorante o por lo menos de estacionario discípulo de las escuelas griegas, porque nos dice que si artificialmente cabe convertir una porción de tierra en agua, no es posible que esta alteración la produzca la naturaleza por sí sola, pues los elementos permanecen siempre los mismos. Si Van Helmont y su maestro Paracelso vivieron y murieron en la bendita ignorancia de los futuros sesenta y tres cuerpos simples ¿qué podían hacer, según los científicos del día, sino ocuparse en metafísicas y quiméricas especulaciones expuestas en la ininteligible jerigonza de los alquimistas medioevales? Sin embargo, en su ya citada obra, dice Cooke: “El estudio de la química ha revelado cierto número de substancias
356 Nueva Química, pág. 113.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I de las cuales no ha sido posible extraer otras distintas por ninguno de los procedimientos conocidos. Así, por ejemplo, del hierro no es posible extraer más que hierro… Hace tres cuartos de siglo, no distinguían los químicos entre cuerpos simples y compuestos, porque los antiguos alquimistas no concibieron que el peso es la medida de la materia y que la materia no se aniquila en peso; antes al contrario, creyeron que en las manipulaciones se transformaban misteriosamente las substancias… En suma, se desperdiciaron algunos siglos en vanas tentativas para transmutar en oro los metales viles”357. No tenemos ni de mucho la seguridad de que el profesor Cooke, tan versado en química, lo esté igualmente en cuanto supieron o dejaron de saber los alquimistas, ni tampoco en la interpretación de su simbólico lenguaje. Pero comparemos sus anteriores opiniones con las de Paracelso y Van Helmont, según las traducciones inglesas de sus obras. Dicen que el alkahest determina los efectos siguientes: 1.º “Nunca extingue las propiedades virtuales de los cuerpos disueltos en él. Por ejemplo, si el oro se trata por el alkahest se forma una sal de oro; si el antimonio, una sal de antimonio, etc. 2.º El cuerpo manipulado se descompone en tres principios: sal, azufre y mercurio; pero después queda únicamente la sal volátil, que por último se convierte en agua clara. 3.º Todo cuanto el alkahes disuelve se puede convertir en volátil mediante el baño de arena, y si luego de volatilizado el disolvente se destila la substancia soluble, se convierte en agua pura é insípida, pero siempre en cantidad equivalente al original”. Por su parte dice Van Helmont que el alkahest disuelve los cuerpos más rebeldes en substancias de las mismas propiedades virtuales de peso idéntico al cuerpo disuelto… Destilada repetidas veces esta sal (á que Paracelso llama sal circulatum), pierde toda su fijeza y acaba por convertirse en un agua insípida en cantidad equivalente a la sal de que procede”358. Las alegaciones de Cooke en pro de la ciencia moderna con respecto a la fraseología hermética, podrían aplicarse también a la escritura hierática de Egipto que encubre todo cuanto convenía encubrir. Si Cooke trata de aprovecharse de la labor del pasado, ha de recurrir a la criptografía y no a la sátira. Paracelso, como los demás alquimistas, exprimía su ingenio en la transposición literal y abreviatura de palabras y frases; y así, por ejemplo, escribe sufratur en vez de tártaro, mutrin por nitro, etcétera. Son innumerables las interpretaciones supuestas de la palabra alkahest. Unos creen que era una doble sal de tártaro; otros le daban la misma significación que a la voz alemana
357 Cooke. – Nueva Química, 106, 110–111. 358 Wenderfelt. – De los secretos de los adeptos. – Filaleteo, Van Helmont y Paracelso.
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