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Capítulo 18 de 51

Capítulo Ii — parte 5 de 5

Isis Sem o Véu

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I humanos por los espiritistas ha demostrado suficientemente su condición. Los espíritus desencarnados pueden comunicar su influencia subjetivamente a los médiums y producir manifestaciones objetivas a través de éstos, pero no por sí mismos. Pueden disponer del cuerpo del médium y expresar sus conceptos y deseos por los diversos procedimientos del fenomenalismo psíquico, pero no materializar lo inmaterial, es decir, su divina esencia. Así es que toda materialización genuina está determinada o por la voluntad del espíritu aparecido, o por los espíritus duendísticos que son generalmente demasiado groseros para merecer el nombre de diablos. Rara vez son capaces los espíritus de dominar a estos seres sin alma, siempre dispuestos a tomar nombres pomposos, pero cuando los dominan, quedan sujetos como polichinelas a cuanto les dicta el alma inmortal. Sin embargo, este dominio requiere condiciones generalmente desconocidas aún de los espiritistas más asiduos concurrentes a las sesiones, pues no a todo el que quiere le es dable evocar espíritus humanos. Uno de los más poderosos estímulos de los difuntos, es el intenso amor a sus deudos en la tierra, que irresistiblemente los empuja hacia la corriente de luz astral, cuyas vibraciones enlazan el alma del ser amado con el alma universal. Otro requisito importantísimo es la armonía y pureza mental de los circunstantes. Si este razonamiento es erróneo, si las formas materializadas que aparecen en obscuros aposentos, salidas de estancias aún más obscuras, fuesen espíritus de difuntos, ¿á qué establecer diferencias entre ellas y los fantasmas que de súbito aparecen sin gabinete de preparación ni médium comunicante? ¿Quién no ha oído hablar de las almas en pena que vagan por los lugares donde se perpetró algún crimen o vuelven movidas de irresistibles ansias de necesidad no satisfecha y cuyas manos tienen el tacto de la carne viva de modo que apenas cabe distinguirlas de los vivos? Conocemos casos auténticos de súbitas apariciones espectrales, sin analogía alguna con las incipientes materializaciones de nuestros días. El periódico Medium and Day Break, del 8 de Septiembre de 1876, publicó una carta de una señora que durante sus viajes por el continente presenció un fenómeno en una casa encantada. Dice uno de sus párrafos: “En el obscuro rincón de la biblioteca resonó un extraño ruido y al volver la vista eché de ver una nube de vapor luminoso… el espíritu apegado a la tierra vagaba por el lugar maldito de sus fechorías”. Este espíritu era indudablemente un elemental auténtico que por espontánea determinación se hizo visible, como lo son todos los espectros, pero impalpable, ó, a lo sumo, dando al tacto una sensación como si se metiera de pronto la mano en el agua o se palpara una nube de vapor acuoso. Según la descripción, era luminoso y vaporoso, por lo que bien podemos colegir que sería la sombra personal del espíritu apegado a la tierra por el remordimiento de crímenes propios , o a consecuencia de los ajenos. La muerte encierra profundos misterios y las modernas materializaciones sólo sirven para ridiculizarlos a los ojos de los indiferentes. A esto pueden replicar los espiritistas diciendo que, por declaración explícitamente pública, hemos presenciado

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I personalmente dichas formas materializadas. No tenemos reparo en reiterar el testimonio y decir que en tales formas reconocimos la representación visible de conocidos, amigos y aun parientes, y escuchamos de ellos palabras en idiomas orientales desconocidos del médium y de todos los circunstantes, excepto de nosotros mismos. Nadie dejó de considerar este hecho como prueba concluyente de las facultades del médium, un zafio labriego llamado Vermont; pero aquellas formas no eran de las personalidades que aparentaban ser, sino sencillamente simulaciones suyas, plasmadas vívidamente por espíritus elementales y elementarios. No habíamos tocado hasta ahora este punto, porque la masa general de espiritistas no estaba preparada ni para escuchar siquiera, cuanto menos para creer en los espíritus elementales y elementarios. Desde entonces se ha discutido públicamente este punto y ya no resulta tan aventurado entregar a la voracidad de la crítica la canosa filosofía de los antiguos, porque la cultura general ha evolucionado lo bastante para tomarla en consideración y estudiarla sin apasionamiento. Dos años de agitación mental han mejorado notablemente la mentalidad colectiva. Asegura Pausanias que cuatro siglos después de la batalla de Maratón, se oían en el campo los relinchos de los caballos y el vocerío de los combatientes. Suponiendo que vagasen por aquel lugar los espíritus de los soldados muertos en la batalla, resultaría que aparecieron en figura espectral o fantástica, y no en forma materializada. Pero ¿qué causa tenían los relinchos? ¿Eran los espíritus de los caballos? Si admitimos, contra toda verdad, que los caballos no tienen alma, habremos de confesar que el alma inmortal de los soldados muertos relinchaba para reproducir con mayor y más dramática viveza la bélica escena. Repetidas veces se han visto aparecer fantasmas de animales domésticos, y el testimonio en este caso es tan fidedigno como el referente a las apariciones de espectros humanos. ¿Quién simula entonces la figura espectral de estos animales? ¿Los espíritus humanos? La cuestión está encerrada en un dilema: o los animales tienen alma y espíritu como el hombre, o forzosamente hemos de aceptar con Porfirio la existencia en el mundo invisible de una especie de demonios maliciosos y embusteros, una clase de seres intermedios entre el hombre y los dioses, que se complacen en asumir cuantas formas les viene bien remedar, desde la del hombre a la de los animales152. Pero antes de resolver la cuestión de si los espectros zoóticos, con tanta frecuencia aparecidos, están animados por el espíritu del animal, conviene examinar cuidadosamente su manera de conducirse. ¿Proceden estos espectros en armonía con las costumbres, instintos y características de sus congéneres en vida? ¿Muestran los fieros su natural acometividad y los mansos su peculiar timidez, o bien se descubre en éstos contrariamente a su índole la maligna disposición de molestar al hombre en vez de rehuir su presencia? Muchas víctimas de estas obsesiones, como por. ejemplo en el

152 Porfirio. – De Abstinentia, etc.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I caso de Salem y otros hechizos igualmente comprobados, afirmaron haber visto entrar en sus aposentos fantasmas de perros, gatos, cerdos y otros animales, que se les subían a la cama y les hablaban incitándoles al suicidio y otros crímenes. En el auténtico caso de

Isabel Eslinger, descrito por Kerner, el espectro del cura de Wimmenthal iba acompañado de un enorme perro negro, que, según declaración de numerosos testigos, saltaba a las camas de los presos. En cierta ocasión se apareció el cura con un cordero y en otra con dos. Además, la mayor parte de los acusados en el proceso de Salem confesaron que por encargo de la hechicera habían hecho sortilegios y maquinado maldades valiéndose de unos pájaros amarillos que se les posaban en los hombros y en

las vigas del techo . Por lo tanto, so pena de invalidar los múltiples testimonios de todo país y época y atribuir el monopolio de la clarividencia a los modernos médiums, hemos de reconocer que los espectros de animales denotan los peores rasgos de la más depravada naturaleza humana, a pesar de no ser en modo alguno humanos. ¿Qué serán, entonces, sino elementales? Descartes fué uno de los pocos que se atrevieron a decir que a la medicina oculta se le deberían descubrimientos destinados a dilatar los dominios de la filosofía; y Brierre de Boismont, no sólo compartía esta esperanza, sino que explícitamente manifestaba sus simpatías por el supernaturalismo a que llamaba el “magno credo universal”. Dice a este propósito: “Creo, de acuerdo con Guizot, que la existencia de la sociedad está íntimamente ligada a lo sobrenatural y es inútil que el racionalismo moderno lo rechace por no saber explicar las íntimas causas de los fenómenos a pesar del positivismo de que alardea. Lo sobrenatural está universalmente arraigado en el fondo de todos los corazones. Los hombres de mayor talento son sus

más ardorosos discípulos” . Colón descubrió el continente americano, y Américo Vespucio le usurpó la nombradía del descubrimiento. Paracelso redescubrió las secretas propiedades del imán (el hueso de Horus, como le llamaban los antiguos, que doce siglos atrás se valían de él en los Misterios, teúrgicos) y fundó la escuela teúrgico–magnética de la Edad Media. Sin embargo, Mesmer, que tres siglos después de Paracelso continuó su escuela, usurpó la fama al insigne filósofo ígneo, que acabó sus días en un hospital. Tal es el mundo. Los nuevos descubrimientos son hijos de la ciencia antigua. Los hombres se suceden sin alteración de la naturaleza humana.

153 Crowe. – De las apariciones, p. 398. 154 Upham. – Brujerías de Salem. 155 Brierre de boismont. – De las alucinaciones, p.60.

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