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Capítulo 51 de 51

Capítulo Viii — parte 6 de 6

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todas las cosas. Las religiones induista, budista y cristiana se fundan en este concepto. En cuanto a la metempsícosis o proceso purificador de las transmigraciones, que tan groseramente se antropomorfizó más tarde, fué dogma subalterno que los sofismas teológicos adulteraron con intento de ridiculizar lo a los ojos de los fieles. Pero ni Gautama el Buddha ni Pitágoras tomaron al pie de la letra esta alegoría puramente metafísica, cuya explicación nos da el Misterio de Kunbum (según veremos más adelante), con referencia a las peregrinaciones espirituales del alma humana. No esperen los eruditos encontrar en la letra muerta de las Escrituras budistas la aclaración de estas sutilezas metafísicas que abisman el pensamiento en la insondable profundidad de su significado, hasta el punto de que nunca está el investigador más lejos de la verdad que cuando presume descubrirla. Las abstrusas enseñanzas budistas sólo pueden comprenderse con auxilio del método platónico, que procede de lo universal a lo particular y cuya clave hallamos en el sutilmente místico influjo espiritual de la vida divina. Así dice el Buddha: “Quien desconoce mi ley y muere en tal estado ha de volver a la tierra hasta que se convierta en perfecto samano. Para ello ha de sofocar en sí mismo la trinidad de Maya545 546 , extinguir sus pasiones, identificarse con la Ley y comprender la religión del aniquilamiento”547.

542 Fragmentos antiguos. 543 Afortunadamente para nosotros y por desdicha para los ultramontanos, no es hoy tan fácil escamotear datos y fechas y adulterar textos como lo fue para Eusebio, obispo de Cesarea. A pesar de las tergiversaciones de este autor cristiano, nadie podrá impedir que mientras la historia exista, se sepa que Platón floreció seis siglos antes de ocurrírsele a Ireneo exponer una doctrina derivada de las reliquias de la escuela platónica. 544 La filosofía pitagórica es fiel reflejo de la religión budista. 545 La ilusión de la materia en sus tres aspectos: físico, astral y mental. 546 Doctrina esotérica. 547 Por aniquilamiento se entiende aquí la desintegración de la materia, tanto visible como invisible, es decir, del cuerpo físico y del cuerpo astral o periespíritu, que también es materia, aunque sutil. La misma obra de donde hemos entresacado el pasaje, dice que por aniquilamiento o aniquilación, significa el

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I En este concepto budista se apoya la filosofía pitagórica, que en este punto concreto expone Whitelock Bulstrode, como sigue: “¿Puede convertirse en no entidad aquel Espíritu que da la vida é impulsa el movimiento y participa de la naturaleza de la luz? ¿Puede el espíritu senciente de los brutos volver a la nada, a pesar de tener memoria, que es facultad racional? Si decís que los brutos exhalan su espíritu en el aire y allí se desvanece, lo niego. Verdaderamente es el aire lugar a propósito para recibir el espíritu de los brutos, porque, según Laercio, está poblado de almas y, según Epicuro, lleno de átomos originarios de todas las cosas; porque hasta este lugar donde nos movemos y en donde vuelan las aves participa de la naturaleza espiritual de modo que es invisible, y por lo tanto, muy bien puede ser el receptor de las formas, puesto que en él están todas las formas. Nosotros tan sólo podemos conocer este lugar por sus efectos. Y si aun el mismo aire es demasiado sutil para comprender su naturaleza, ¿qué será el éter de las regiones superiores y qué formas é influencias descenderán de allí?” Opinaban los pitagóricos que los espíritus de las criaturas no son formas sino emanaciones del éter sublimado, es decir soplos. Todos los filósofos convienen en que el éter es incorruptible y por lo tanto inmortal y exento de aniquilación. Pero ¿qué es lo invisible é indivisible que no tiene cuerpo ni forma ni peso, que es y no existe? El nirvana, responden los budistas. La NADA, que no es un lugar, sino un estado. En el nirvana queda el hombre libre de los efectos de las “cuatro verdades”, porque todas las causas engendradoras de efectos se aniquilan en el estado nirvánico. La doctrina budista del nirvana se funda en estas “cuatro verdades” que, según el libro de la sabiduría (Prajnâ Paramitâ), son las siguientes: 1.º Existencia del dolor. 2.º Causa del dolor. 3.º Extinción del dolor. 4.º Medio de extinguir el dolor.

Buddha la “eternidad é inmutabilidad de la substancia primaria”, cuyo prístino estado es el puro y luminoso éter que llena el espacio y entraña anteriormente a ellas el origen de todas las formas. Pero sigue diciendo el libro: “las formas son creación de Maya y nada valen ante el increado ESPIRITU en cuyo seno cesa para siempre todo movimiento”. Así pues, aniquilación en el concepto budista significa desintegración de las formas o apariencias materiales, porque todo cuanto tiene forma ha sido formado, y tarde o temprano ha de perecer, o sea mudar de forma. Por lo tanto, toda forma es ilusoria o mayávica, ya que como la eternidad no tiene principio ni fin, por mucho que dure una forma, una vez perecida es como luz de relámpago. De aquí que sea ilusorio nuestro cuerpo astral, formado de éter, aunque conserve los contornos del físico. Este último se muda según los méritos o deméritos del hombre durante su vida terrena, y en esto consiste la metempsícosis budista. Cuando la entidad espiritual rompe para siempre los lazos que la sujetaban a la materia, entra en el eterno é inmutable nirvana. Existe en espíritu, pero toda forma aparente está aniquilada, pues el espíritu es la única REALIDAD entre las ilusorias formas que continuamente se suceden.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I ¿De donde dimana el dolor? De la existencia. Al nacimiento siguen decrepitud y muerte, porque doquiera hay forma hay causa de dolor. Tan sólo el espíritu no tiene forma alguna y por lo tanto no existe aunque es. El hombre interno que alcanza completamente la espiritualidad sin forma alguna, entra en la perfecta bienaventuranza. El hombre externo y objetivo se aniquila, pero la subjetiva espiritualidad vive eternamente, porque el espíritu es incorruptible é inmortal. En el fondo de las enseñanzas de Buda y Pitágoras se descubre su identidad. La omnipenetrante anima mundi es el nirvana y la mónada encarnada de Pitágoras es el buddha de los budistas, que silenciosamente mora en los arcanos de la bienaventuranza final. También se identifican la mónada pitagórica y el buddha budista con el Brahm arúpico, la sublime é incognoscible Divinidad que llena el universo entero. Cuando el buddha se manifiesta en forma carnal es un avatar, mesías, cristo, logos o verbo, esto es, una transmutación del divino espíritu, el Padre que está en el Hijo y el Hijo que está en el Padre. El inmortal espíritu cobija al hombre mortal y desciende a infundirse en la morada de carne. Todo hombre es capaz de convertirse en buddha, dice la doctrina. Así es que en la interminable sucesión de los tiempos vemos de cuando en cuando hombres que alcanzaron más o menos completamente la unión con Dios, que equivale a la unión consigo mismos. Los budistas llaman arhates a estos hombres que están ya próximos a ser buddhas y nadie les aventaja en ciencia infusa y virtudes

taumatúrgicas . La misma identidad con las doctrinas secretas de Pitágoras nos descubren los relatos, tenidos por fabulosos, de ciertos libros budistas, una vez desnudos de toda alegoría. Los Jâtakâs, escritos en lengua páli, relatan las 550 encarnaciones o metempsícosis del Buddha y describen las formas que tuvo en cada vida animal, pasando del insecto al ave y al cuadrúpedo hasta llegar al hombre, imagen microscópica de Dios en la tierra. Sin embargo, no vale tomar estos relatos en sentido literal ni acomodarlos a las existencias de un solo espíritu que sucesivamente animó diversas formas de seres orgánicos, sino entender, de acuerdo con la metafísica budista, que el sinnúmero de espíritus humanos individuales son colectivamente un solo espíritu, como las gotas de agua del océano constituyen una sola masa líquida, a pesar de su posible separación. Cada espíritu humano es un destello de la luz que penetra el universo todo, y por lo tanto, lógico es creer que el divino espíritu anima el grano de arena, la flor, al león y al hombre. Los hierofantes egipcios, los brahmanes, los budistas del Este y algunos filósofos griegos sostuvieron siempre que el mismo espíritu latente en el átomo de polvo, anima al hombre, en quien se manifiesta plenamente activo. También fué general en otro tiempo la doctrina de la gradual absorción del alma humana en la esencia del paterno espíritu; pero jamás implicó esta doctrina la aniquilación del Ego, sino tan sólo la desintegración de las formas que al hombre verdadero envuelven en el mundo físico y después de la muerte. Nadie más a propósito

548 Según ha demostrado Jacolliot, algunos fakires son prueba viviente de esta doctrina.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I para revelarnos los misterios de ultratumba (tan equivocadamente tenidos por impenetrables), que aquellos hombres favorecidos de algunos vislumbres de la verdad suprema por haber logrado, mediante su firmeza de propósito y pureza de vida, la unión con Dios549. Todos estos videntes nos dan singulares descripciones de las diversas formas asumidas por las entidades astrales que reflejan concretamente los pensamientos del hombre durante su vida terrena. Es sencillamente absurdo tachar de atea y materialista la filosofía budista, porque el nirvana es aniquilación y el svabhâvat es la nada o la impersonalidad. También el En del En–soph judaico significa nihil, lo que no existe (quo ad nos), y sin embargo, a nadie se le ha ocurrido acusar de ateos a los judíos. En ambos casos la palabra nada o aniquilación expresa la idea de que Dios no es cosa ni persona visible y concreta a la cual pueda aplicarse propiamente el nombre de algo conocido en la tierra. FIN DEL TOMO PRIMERO

549 Porfirio atestigua que su maestro Plotino estuvo unido con Dios seis veces durante su vida, y deplora que él por su parte no lo lograra sino tres veces tan sólo.

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