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Capítulo 34 de 51

Capítulo Vi — parte 2 de 6

Isis Sem o Véu

Mayer , las condiciones magnéticas de la tierra dependen de las variaciones que sufre la superficie solar a cuyas emanaciones está sujeta, por lo que si las estrellas son soles, también han de influir proporcionalmente en la tierra. Sigue diciendo Paracelso: “Durante el sueño nos parecemos a las plantas que también tienen cuerpo elementario y vital, pero no espíritu. Entonces el cuerpo astral queda libre y gracias a su elástica índole puede vagar en torno del vehículo dormido o lanzarse al espacio y conversar con sus padres astrales y con sus hermanos, desde lejanas distancias. Los sueños proféticos, la presciencia y los presentimientos son facultades del cuerpo astral negadas al grosero cuerpo físico, que al morir se restituye a los elementos de la tierra, mientras que los distintos espíritus vuelven a los astros. También los animales tienen presentimientos, porque asimismo poseen cuerpo astral.” Van Helmont, discípulo de Paracelso, repite en gran parte los conceptos de su maestro, aunque expone más acabadamente las teorías del magnetismo y atribuye el magnale magnum o propiedad de mutuo afecto entre dos personas a la simpatía universal entre todas las cosas de la naturaleza. La causa produce el efecto, el efecto reacciona sobre la causa y ambos se influyen recíprocamente. A este propósito dice: “El magnetismo es una fuerza desconocida, de naturaleza celeste, sumamente semejante a la de los astros, que no está impedida por límite alguno de espacio o tiempo… Toda criatura tiene su peculiar potencia celeste y está íntimamente relacionada con el cielo. Esta mágica potencia del hombre permanece latente en el interior hasta que se actualiza en el exterior. Esta sabiduría y poder mágicos están dormidos, pero la sugestión los pone en actividad y se acrecientan a medida que se reprimen las tenebrosas pasiones de la carne… Esto lo consigue el arte cabalístico, que devuelve al alma aquella mágica y sin embargo natural energía y la despierta del sueño en que se

hallaba sumida” .

324 Youmans. – La Química, según el nuevo sistema de análisis espectral. 325 Profesor de física del Instituto Tecnológico Stevens. – Discurso que sobre el tema “ La tierra es un enorme imán”, pronunció en el Centro Científico de Yale, en 1872. – Véase también la conferencia de Balfour Stewart, sobre “ El sol y la tierra”. 326 Van Helmont. – De Magnetica Vulner Curatione, 722.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Paracelso y Van Helmont reconocen el gran poder de la voluntad durante los éxtasis y dicen que “el espíritu es el medio del magnetismo y está difundido por todas partes”, por lo que la pura y primieval magia no ha de consistir en prácticas supersticiosas ni ceremonias vanas, sino en la imperiosa voluntad del hombre; pues “el alma y el espíritu que en él se ocultan, como el fuego en el pedernal, y no los espíritus celestes ni infernales, dominan la naturaleza física.” Todos los filósofos medioevales profesaron la teoría de la influencia sidérea en el hombre. A este propósito, dice Cornelio Agrippa: “Las estrellas constan de los mismos elementos que los cuerpos terrestres y por esta razón se atraen recíprocamente las ideas… Las influencias se ejercen tan sólo con auxilio del espíritu difundido por todo el universo en armonía con los espíritus humanos. El que anhele adquirir facultades sobrenaturales debe tener fe, esperanza y amor… En todas las cosas hay un oculto y secreto poder de que dependen las maravillosas facultades mágicas.” Las modernas teorías del general Pleasanton327 coinciden con las opiniones de los filósofos del fuego; sobre todo la referente a las electricidades positiva y negativa del hombre y de la mujer y a la atracción y repulsión mutuas de todas las cosas de la naturaleza, que parece tomada de Roberto Fludd, gran maestre de los rosacruces ingleses, quien dice a este propósito: “Cuando dos hombres se acercan uno a otro, su magnetismo es pasivo–negativo o activo–positivo. Si las emanaciones de ambos chocan y se repelen, nace la antipatía; pero cuando se interpenetran sin chocar, el magnetismo es positivo, porque los rayos proceden del centro de la circunferencia, y en este caso, no sólo influyen en las enfermedades, sino también en los sentimientos. Este magnetismo simpático se establece, además de entre los animales, entre éstos y las

plantas” . Veamos ahora cómo acogieron los físicos el gran descubrimiento psicológico y fisiológico del magnetismo orgánico, cuando Mesmer llevó a Francia su sistema de cubeta, fundado totalmente en las doctrinas paracélsicas. Esto demostrará cuanta ignorancia, superficialidad y prejuicios puede haber en una corporación científica apegada a sus tradicionales teorías. Conviene insistir en el asunto porque a la negligencia de los académicos franceses de 1784, se debe la actual orientación materialista de las gentes y también los lunares que, según confiesan sus más fervorosos maestros, existen en la teoría atómica. La junta académica encargada en 1784 de examinar los fenómenos mesméricos estaba constituida por eminencias tales como Borie, Sallin, D'Arcet, Guillotin, Franklin, Leroi, Bailly, De Borg y Lavoisier. Por muerte de Borie le sucedió Magault. No cabe duda de que la Junta estaba dominada de hondos prejuicios al comenzar sus tareas por apremiantes órdenes de Luis XVI, y que se colocó en actitud mezquina y parcial para el examen. En su informe, redactado por Bailly, se trataba de dar el golpe de gracia a la nueva teoría, y al efecto se repartió

327 Influencia de los rayos azules. 328 Ennemoser. – Historia de la Magia.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I profusamente por los establecimientos de enseñanza y entre el público en general, logrando concitar contra Mesmer la animosidad de gran parte de la nobleza y de ricos comerciantes que antes le patrocinaban por haber presenciado sus admirables curaciones. El distinguido académico Jussieu, que con el ilustre D'Eslon, médico de cámara, había observado cuidadosamente los fenómenos, publicó un minucioso contrainforme en que abogaba por la conveniencia de que la Facultad de Medicina estudiara los efectos terapéuticos del flúido magnético y publicase su parecer sobre el asunto. Esta moción determinó la salida de numerosas memorias, folletos, tratados didácticos y obras polemísticas en que se exponían nuevos hechos, y entre todas aquellas publicaciones sobresalió la muy erudita obra de Thouret titulada: Dudas é investigaciones sobre el magnetismo animal, cuya lectura fué estímulo para la rebusca de antecedentes en la historia de todos los países, cuyos fenómenos magnéticos, desde la más remota antigüedad, llegaron a conocimiento del público. Las teorías de Mesmer eran sencillamente las mismas de Paracelso, Van Helmont, Santanelli y Maxwell, hasta el punto de que no faltó quien acusara al famoso médico de haber plagiado trozos enteros de una obra de Bertrand329. El profesor Stewart dice330 que el universo está compuesto de átomos conectados entre sí como los órganos de una máquina accionada por las leyes de la energía, y aunque el profesor Youmans califique de “moderno” este concepto, lo vemos expuesto ya un siglo antes por Mesmer en sus Cartas a un médico extranjero, que entre otras proposiciones contienen las que siguen: 1.ª Hay recíproca influencia entre los astros, la tierra y los seres vivientes. 2.ª El medio transmisor de esta influencia es un fluido universal y unitónicamente difundido por todas partes, de modo que no consiente vacío alguno, cuya sutilidad excede a toda ponderación y que por su naturaleza es capaz de recibir, propagar y transmitir todas las vibraciones de movimiento. 3.ª Esta influencia recíproca está sujeta a leyes dinámicas desconocidas por ahora. Resulta, en consecuencia, que Stewart no dijo nada nuevo al decir que el universo era semejante a una enorme máquina. El profesor Mayer corrobora la opinión de Gilbert acerca de que la tierra es un gigantesco imán, y supone que su potencial depende de las emanaciones del sol, pues varía misteriosamente en función de los movimientos terrestres de rotación y traslación y en simpatía con las inmensas oleadas ígneas que agitan la superficie del astro solar, añadiendo que entre el sol y la tierra hay un sucesivo flujo y reflujo de influencias.

329 El Magnetismo animal en Francia. – París, 1826. 330 La conservación de la energía. – Nueva York, 1875.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Pero la obra citada nos da los mismos conceptos en las siguientes proposiciones de Mesmer: 4.ª De esta acción dimanan alternados efectos que pueden considerarse como flujo y reflujo. 6.ª Por este medio operante, el más universal de cuantos la naturaleza nos presenta, se establecen las relaciones de actividad entre los astros, la tierra y sus partes constituyentes. 7.ª De esta operación dependen las propiedades de la materia así inorgánica como organizada. 8.ª El cuerpo animal experimenta los alternados efectos de este agente por conducto

de la substancia nerviosa que transmite su acción . El eminente astrónomo Laplace, miembro del Instituto, que estudió por su cuenta los fenómenos mesméricos, dice a este propósito: “Los nervios, sobre todo cuando excepcionales influencias acrecientan su sensibilidad, son los más delicados instrumentos para conocer los imperceptibles agentes de la naturaleza… Los singulares fenómenos resultantes de la extraordinaria excitación nerviosa de ciertos individuos han suscitado diversas opiniones acerca de la existencia de un nuevo agente, al que se le denomina magnetismo animal… Estamos tan lejos de conocer todos los agentes naturales, que fuera lógico negar sus fenómenos por la sola consideración de ser inexplicables en el actual estado de nuestros conocimientos. Tenemos el deber de examinarlos con tanta mayor escrupulosidad cuanto mayores dificultades se opongan a su

admisión” . El marqués de Puysegur realizó experimentos muy superiores a los de Mesmer, sin necesidad de aparato alguno, y llevó a cabo admirables curaciones entre los labriegos de sus tierras de Busancy. La fama de estos hechos estimuló a otros hombres ilustrados a la repetición de los experimentos con parecido éxito, y en 1825 propuso Foissac a la Academia de Medicina otra investigación sobre el particular. Se comisionó al efecto a los académicos Adelon, Parisey, Marc, Burdín y Husson en calidad de ponente, quienes confesaron que “en cuestiones científicas no es posible dictar sentencias irrevocables” y reconocieron la escasa valía del informe de la comisión de

331 Entre las obras publicadas de 1798 a 1824, cuando la Academia francesa nombró la segunda comisión investigadora de los fenómenos mesméricos, puede el lector consultar provechosamente los Anales del magnetismo animal, por el barón de Henin de Covillier, teniente general del ejército, caballero de la orden de San Luis, individuo de la Academia de Ciencias y socio correspondiente de varias sociedades europeas. 332 Ensayo filosófico sobre las probabilidades. Obra publicada a consecuencia de haber ofrecido en 1820 la Academia de Berlín trescientos ducados, y la Real Sociedad Científica de Francia, presidida por S.A.R. el duque de Angulema, una medalla de oro para presumir la mejor memoria sobre el mesmerismo.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I 1784 al decir que dos experimentos de prueba en aquel entonces se llevaron a cabo sin estar presentes todos los comisionados y con cierta predisposición de ánimo, que, dada la índole de los fenómenos sometidos a su examen, había de motivar el fracaso.” Respecto a las propiedades terapéuticas del magnetismo informó la comisión diciendo: “La Academia tiene el deber de estudiar experimentalmente el magnetismo y prohibir su empleo a personas que, por extrañas al arte, abusan de él y lo convierten en materia de especulación y lucro”. Igual criterio han sustentado los más respetables tratadistas del moderno espiritismo. El informe de la Comisión promovió largos debates en el seno de la Academia, que dieron por resultado el nombramiento (Mayo 1826) de otra compuesta de médicos tan ilustres como Leroux, Bourdois de la Motte, Double, Magendie, Guersant, Husson, Thillaye, Marc, Itard, Fouquier y Guénau de Mussy. Durante cinco anos prosiguió esta nueva comisión sus tareas, resumidas en un informe redactado por Husson. Decía el informe: “Ni el contacto de manos ni el roce ni los pases son necesarios en absoluto, pues bastan a veces la voluntad y la fijeza de mirada para producir el fenómeno magnético, aun sin el consentimiento de la persona magnetizada… Hemos comprobado que ciertos efectos terapéuticos dependen exclusivamente del magnetismo y no pueden obtenerse sin él… El estado sonambúlico es indudable y desenvuelve las nuevas facultades llamadas clarividencia, intuición y previsión íntima… El sueño magnético ha sobrevenido en circunstancias tales, que los magnetizados no podían ver absolutamente nada é ignoraban por completo los medios empleados para provocarlo… El magnetizador puede poner al sujeto en estado sonambúlico sin que lo sepa ni le vea, a determinada distancia y a través de puertas cerradas… Parece como si se embotaran los sentidos corporales del magnetizado y que actuara una segunda entidad… Los sujetos dormidos no se dan cuenta de los ruidos externos, aunque resuenen junto a ellos insólitamente y de tanto estrépito como el golpeteo de vasijas de cobre, caída de objetos pesados y golpes fortísimos… También se les puede inhalar ácido clorhídrico o amoníaco, sin daño alguno y sin que se percaten de ello… Pudimos cosquillearles con una pluma las plantas de los pies, las ventanas de la nariz y los ojos, sin la menor señal de sensación y fué posible, además, pellizcarles hasta acardenalar la piel y meterles astillas entre uña y carne sin el más leve estremecimiento. Cierto sujeto permaneció insensible a una dolorosa operación quirúrgica, sin que se le descompusiera el semblante ni se alterasen el pulso ni la respiración… Mientras el sujeto se halla en estado sonambúlico conserva las mismas facultades que en el de vigilia y aun la memoria parece más fiel y amplia… Vimos dos sonámbulos que con los ojos cerrados distinguían cuantos objetos se les ponían delante y acertar sin tacto alguno el palo y valor de los naipes, leer palabras manuscritas y líneas enteras de libros abiertos al acaso, aun cuando para mejor comprobación se les oprimiesen los párpados con la mano… Uno predijo, con algunos meses de anticipación, el día, hora y minuto en que le sobrevendrían los ataques epilépticos y cuando habían de cesar; y otro vaticinó la

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I época de su curación. Ambas previsiones tuvieron exacto cumplimiento… Hemos reunido y comunicado pruebas suficientes para que la Academia estimule las investigaciones sobre el magnetismo como rama curiosísima de la psicología y de las ciencias naturales… Los fenómenos son tan extraordinarios que tal vez la Academia repugne admitirlos, pero nos han guiado exclusivamente impulsos de tan elevado carácter como el amor a la ciencia y la necesidad de corresponder a las esperanzas que la Academia había fundado en nuestro celo y diligencia”333. Estos temores se vieron confirmados en parte, pues un individuo de la comisión, el fisiólogo Magendie, que no había presenciado los experimentos, se negó a firmar el informe y expuso una especie de voto particular en su tratado de Fisiología Humana, en que después de resumir los fenómenos a su manera, dice: “El respeto propio y la dignidad de la profesión demandan que se proceda muy circunspectamente en estos asuntos. Los médicos ilustrados recordarán con cuánta facilidad degenera lo misterioso en charlatanería y cuán propensa es la profesión a degradarse aun en manos de respetables titulares”. Nada deja traslucir, en las cuatro páginas de su obra dedicadas al mesmerismo, que Magendie formase parte de la comisión elegida por la Academia en 1826 ni que se hubiera excusado de asistir a sus reuniones, faltando así a su deber, pues no quiso inquirir la verdad de los fenómenos mesméricos, y, sin embargo, dió particular informe sobre ellos. El “respeto propio y la dignidad profesional” exigían por lo menos su silencio. Treinta y ocho años más tarde, el ilustre físico Tyndall, cuya reputación iguala si no supera a la de Magendie, repugnó imitar tan insidiosa conducta y no quiso aprovechar la oportunidad de investigar los fenómenos espiritistas y arrebatarlos de entre manos de ignorantes o poco escrupulosos indagadores, aunque en su obra Fragmentos de ciencia incurre en las descortesías a que ya nos referimos. Sin embargo, algo intentó Tyndall, y ello basta. Dice en la citada obra que cierta noche se metió debajo del trípode para observar el fenómeno de los golpes y salió de allí con un sentimiento de compasión hacia la humanidad cual nunca hasta entonces lo sintiera. Para apreciar el valor del insigne físico al buscar a tientas la verdad en esta ocasión recurriremos al ejemplo de Israel Putnam, que se desliza a gatas para sorprender a la loba en su madriguera y matarla; pero Tyndall cayó entre los dientes de su loba y bien pudiera ostentar por mote de su escudo: Sub mensa desperatio. El doctor Alfonso Teste, distinguido científico contemporáneo, al tratar de la comisión de 1824, dice que su informe conmovió profundamente a todos los académicos, aunque pocos quedaron convencidos, y añade: “Nadie podía dudar de la veracidad de los comisionados cuya competencia y buena fe eran innegables, pero se

333 Como quiera que no entra en nuestros propósitos tratar extensamente del magnetismo animal, nos hemos limitado al extracto de los párrafos más importantes del informe de la comisión, de los que se infiere que hay alguna diferencia entre el hombre y el protoplasma de un carnero.

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