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Capítulo 48 de 51

Capítulo Viii — parte 3 de 6

Isis Sem o Véu

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I antigüedad. Entre la astrología natural y la judiciaria hay la misma relación que entre la fisiología y la psicología o entre lo físico y lo moral. Si posteriormente decayeron estas ciencias en pura charlatanería, gracias a unos cuantos impostores ávidos de ganancia, no es justo acusar de ello a los insignes astrólogos cuyo amor al estudio y santidad de vida inmortalizaron los nombres de Caldea y Babilonia. Seguramente que no merecen el dicterio de impostores quienes desde el observatorio de Belo, rodeado de nubes, como dice Draper, remontaron sus exactas observaciones astronómicas hasta cien años acá del diluvio. Aunque se hayan ridiculizado los procedimientos que seguían los caldeos para divulgar las verdades astronómicas, cabe la duda de si aventajaban a los modernos procedimientos de enseñanza, pues en su tiempo la ciencia estaba hermanada con la religión y la idea del Creador era inseparable de las obras de la creación. El vulgo de Babilonia y de Grecia sabía que Urano 497 era el padre de Saturno y Saturno el de Júpiter, a quienes, así como a sus satélites, diputaban por divinidades; mientras que en nuestros tiempos apenas habrá entre las multitudes el uno por diez mil que conozca la respectiva posición y movimiento de los planetas del sistema solar. Basta abrir cualquier tratado de astrología y comparar la Fábula de las doce mansiones con los modernos descubrimientos astronómicos respecto a la constitución de los planetas, para advertir que los antiguos la conocían perfectamente sin necesidad del espectroscopio, pues las simbólicas representaciones de los dioses del Olimpo y los doce signos del Zodíaco con sus especiales cualidades, nos indican hasta cierto punto las proporciones de calor y luz recibidas del sol por cada planeta. Las diosas que simbolizan la tierra son idénticas en naturaleza física a los demás dioses y diosas, dando a entender con ello que aquellos astrónomos que día y noche velaban en la cúspide de la torre de Belo, (comunicándose continuamente con las divinidades personificadas, habían echado de ver la unidad física del universo y la analogía química entre la tierra y los demás planetas. La astrología representa al sol en Aries (Júpiter) como signo masculino, diurno, cardinal, equinoccial, oriental, cálido y seco, en perfecta correspondencia con el carácter atribuido al “Padre de los dioses”. Cuando Zeus–Akrios arranca colérico de su ardiente cinto los rayos que desde los cielos fulmina, rasga las nubes y desciende convertido en Júpiter Pluvius, en torrentes de lluvia. Es el mayor y más encumbrado dios y se mueve con tanta velocidad como el mismo rayo. Ahora bien; el planeta Júpiter gira sobre su eje con velocidad ecuatorial de unos 720 kilómetros por minuto. Tan excesiva fuerza centrífuga ha sido al parecer la causa de su gran aplanamiento en los polos y sin duda por ello representaban los cretenses a Júpiter sin orejas. El disco del planeta está cruzado por fajas obscuras de amplitud variable, relacionadas, según parece, con la rotación sobre su eje producidas

497 Aunque los europeos descubrieron el planeta Urano en 178I, cabe inferir que ya lo conocían los astrólogos caldeos.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I por perturbaciones atmosféricas. De aquí que el rostro del padre Zeus se inflamara de ira al ver la rebelión de los titanes. En la obra de Proctor aparecen los astrónomos como destinados por la Providencia a topar con toda suerte de curiosas coincidencias, porque entresaca muchos casos de los miles que pudiera citar. A esta lista podemos añadir el ejército de egiptólogos y arqueólogos favorecidos por la señora casualidad, que suele escoger a los “árabes complacientes” y otros caballeros orientales para representar el papel de genios benéficos en las dificultades con que tropiezan los orientalistas. Ebers fué uno de los recientemente favorecidos, y por otra parte se sabe que cuando Champollion necesitaba alguna malla en la cadena de sus investigaciones, no le era difícil encontrarla de singular é inesperada manera. Voltaire, el “impío” mayor del siglo XVIII, decía que si no existiese Dios fuera preciso inventarlo. Volney, también tachado de materialista, no niega a Dios en ninguno dé sus libros; antes al contrario, afirma repetidas veces que el universo es obra del Omnisciente y está convencido de la existencia de un agente supremo, un artífice

universal llamado Dios . Al fin de sus años admite Voltaire las doctrinas pitagóricas Y concluye diciendo: “He consumido cuarenta años de mi peregrinación en busca de la piedra filosofal llamada verdad. Consulté con los filósofos desde Platón a Epicuro y desde Agustín a Malebranche y sigo en la misma ignorancia… Todo cuanto he podido inferir de la comparación y cotejo de los sistemas de Platón, Aristóteles, Pitágoras y los orientales, es que la casualidad es palabra sin sentido, pues el mundo está regido por leyes

matemáticas” . Conviene advertir que Proctor tropieza con la misma piedra de escándalo que los autores materialistas, cuyas opiniones comparte, confundiendo las operaciones físicas con las espirituales de la naturaleza. Prueba de las orientaciones de su mente nos da la suposición por él mantenida de que tal vez los sabios de la antigüedad infirieron la influencia sutilísima de los astros por analogía con la ya conocida del sol y de la luna, pues dice que si según la ciencia el sol es manantial de calor y luz y la luna influye en las mareas, necesariamente habían de atribuir a los demás astros la misma influencia en el

organismo y destino de los hombres . Pero permítasenos ahora una digresión. Difícilmente descubrirá el concepto que de los astros tenían los antiguos, quien desconozca el significado esotérico de sus doctrinas, pues si bien la filología y la teología comparadas han emprendido una ardua tarea de análisis, sus resultados son hasta ahora de poca importancia, a causa de que

498 Volney. – La ley natural. 499 Voltaire. – Diccionario filosófico. Art. Filosofía. 500 Proctor. – Conferencias de Boston, Diciembre, 1875.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I las alegorías del lenguaje han extraviado a los comentadores hasta el punto de tomar los efectos por causas y las causas por efectos. En el complejo fenómeno de la correlación de fuerzas, no es capaz de señalar el sabio más eminente cuál de ellas es la causa y cuáles son los efectos, ya que todos son recíprocamente transmutables. Por lo tanto, al preguntar a los físicos si la luz engendra calor o si inversamente el calor engendra luz, responderían probablemente que la luz engendra calor. Pero ¿cómo?: ¿hizo el gran artífice primero la luz y después el sol, o formó desde luego el sol que, según se dice, es el único manantial de luz y por consiguiente de calor? Esta pregunta tal vez parezca pueril a primera vista, pero mudará de aspecto si detenidamente la examinamos. Según el Génesis, el Señor hizo la luz tres días antes de hacer el sol, la luna y las estrellas. Tan enorme despropósito científico ha regocijado a los materialistas, que en verdad podrían aprovecharse dialécticamente de él si fuera cierta su hipótesis de que la luz y el calor dimanan del sol. A falta de otra mejor, todo el mundo acepta esta hipótesis que, según expresión de un predicador, prevalecía soberanamente en el reino de las especulaciones. Los antiguos heliólatras identificaban el Supremo Espíritu con la naturaleza y veneraban al sol como divinidad “en quien reside el Señor de la vida”. Según la teoría induista, Gama es el sol, la fuente de las

almas y de toda vida . También la divinidad inda Agni, el fuego divino, está identificada con el sol502; Ormazd es la luz, el dios–sol, donador de vida. Según la filosofía induista, las almas emanan del alma del mundo y a su origen vuelven como las

chispas al fuego ; y otro pasaje dice que el sol es el alma de todas las cosas, que todo

salió del sol y al sol ha de volver , de lo cual se infiere que el sol físico es símbolo del invisible sol central y espiritual, es decir, de Dios cuya primera manifestación es Sephira, la Luz emanada de En–soph. Dice el profeta Ezequiel: “Y miré y he aquí que venía del Aquilón un viento de torbellino y una grande nube envuelta en fuego y en su torno un resplandor y de en

medio de él, esto es, de en medio del fuego, como apariencia de electro” . Y dice Daniel: “… sentóse el Anciano de días…506 en su trono de llamas de fuego con ruedas de fuego

encendido… Un impetuoso río de fuego salía de su faz” . “Como el Saturno pagano que

501 Weber. – Estudios induistas, I, 290 502 Wilson. – Rig Veda Samhita, II, 143. 503 Duncker, II, 162. 504 Wultke, II, 262. 505 Profecía de Ezequiel, I, 4. 506 El En Soph de los cabalistas. 507 Profecía de Daniel, 9, 10.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I tenía su castillo de llamas en el séptimo cielo, así el Jehovah judío tiene su “castillo de fuego

sobre el séptimo cielo” . Si la falta de espacio no lo impidiese, fácilmente probaríamos que los antiguos heliólatras consideraban el sol visible como emblema del invisible y metafísico sol espiritual y no creían que, según dice la ciencia moderna, la luz y el calor dimanen del sol físico ni que este astro infunda la vida en la naturaleza visible. A este propósito dice el Rig Veda: “Su radiación es perpetua. Los intensamente brillantes, continuos, inextinguibles y omnipenetrantes rayos de Agni no cesan de irradiar ni de día ni de noche”. Esto se refiere sin duda alguna al sol central y espiritual, al eterno é infinito donador de vida cuyos rayos son omnipenetrantes y continuos. El sol espiritual es el centro (que está en todas partes) de la circunferencia (que no está en ninguna); es el fuego etéreo y espiritual; el alma y espíritu del omnipenetrante y misterioso éter; el desesperante enigma de los materialistas, quienes algún día se convencerán de que la electricidad ó, mejor dicho, el magnetismo divino es causa de la diversidad de fuerzas cósmicas manifestadas en correlación perpetua y que el sol físico es uno de los miles y miles de imanes esparcidos por el espacio, un reflector509 sin más luz propia que la de cualquier astro opaco. Día ha de llegar en que varíe el concepto científico de la gravitación según la entendía Newton y se eche de ver que los planetas giran atraídos por la potente fuerza magnética del sol y no por su peso o gravitación. Esto y mucho más podrán aprender algún día; pero entretanto démonos por satisfechos con que se burlen de nosotros en vez de tostarnos por herejes o recluirnos en un manicomio por orates. Las leyes de Manu no son ni más ni menos que las doctrinas de Platón, Filo, Judeo, Zoroastro, Pitágoras y los cabalistas que explican el esoterismo de todas las religiones. El concepto cabalístico del Padre y del Hijo (Path’r y Lógoç) es idéntico al de las enseñanzas fundamentales del budismo. Moisés no podía revelar al pueblo los sublimes secretos de las doctrinas religiosas y cosmogónicas veladas bajo la Ilusión

508 Libro de Enoch, XIV, 7. 509 Tal es la opinión del general norteamericano Pleasonton, cuyas observaciones han corroborado la antigua y al parecer ridícula doctrina pitagórica que, según la autoridad de Platón (Introducción al Timeo. – Jowett), consideraba el sol como un imán que embebe el magnetismo y como una lente universal que enfoca la luz también universal. El general Pleasonton califica de falacia la gravitación universal con sus fuerzas centrípeta y centrífuga, y arremete revolucionariamente contra la ciencia moderna frente a los Tyndall y Huxleys de nuestros días. Mucho nos complace encontrar tan ilustrado defensor de una de las más antiguas enseñanzas herméticas que nuestra época diputa por absurdas alucinaciones. (Véase la obra del general Pleasonton: Influencia de los rayos azules y del azul del cielo en la vida orgánica).

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I induista, que encubría hábilmente el Sancta Sanctorum cuyo significado extravió a

tantos comentadores . Las heterodoxas teorías del general Pleasonton vienen a corroborar las enseñanzas cabalísticas. Según este experimentador (cuyas conclusiones se apoyan en hechos mucho más sólidos que los aducidos por la ciencia ortodoxa), el espacio comprendido entre el sol y la tierra está ocupado por un medio transmisor de naturaleza física511. El enorme roce de la luz al atravesar este medio ha de producir necesariamente electricidad que, transmutada en magnetismo, engendra las enormes fuerzas naturales cuya acción determina las variaciones de la vida planetaria. Demuestra Pleasonton que el calor terrestre no deriva directamente del sol, porque el calor asciende. Dice que por ser la fuerza productora del calor repelente y electropositiva, queda atraída por la electricidad negativa de las capas superiores de la atmósfera. Aduce en prueba de ello que cuando la nieve cubre el suelo y estorba la acción de los rayos del sol, está más caliente en los puntos donde mayor es la capa de nieve, a causa de que el calor electropositivo irradiante del interior del globo queda atraído por la electricidad negativa de la nieve. De todo esto concluye Pleasonton que la luz es un elemento independiente del sol, creado por el divino fiat, cuyo roce con el medio de transmisión engendra el calor512. Afirma por otra parte, contra la hipótesis de la constitución gaseosa é incandescente del sol, que las irradiaciones de la fotoesfera producen enormes cantidades de electricidad y magnetismo al atravesar el espacio, de suerte que la combinación de electricidades contrarias engendra calor y transmite el magnetismo a todas las substancias capaces de recibirlo. Así, cada astro y cada nebulosa es un imán.

510 En ningún país se confiaban a la escritura las doctrinas genuinamente esotéricas. La induista Brahmâjñâna se ha transmitido oralmente de una a otra generación, y por el mismo procedimiento comunicó a Moisés las doctrinas cabalistas a sus discípulos. El primitivo agnosticismo oriental quedó enteramente corrompido y adulterado `por las distintas sectas que lo sucedieron. Filo Judeo, en su obra De Sacrificis Abeli et Caini, alude a misterios que no es posible revelar a los profanos. Platón pasa por alto muchos puntos y sus discípulos advierten repetidamente este sigilo del maestro. Quien haya leído, siquiera superficialmente, a los filósofos antiguos, echará de ver su analogía con las leyes de Manû hasta el punto de inferir que todos bebieron en las mismas fuentes. Dice Manû: ”En la mente divina existía en un principio este universo como envuelto en tinieblas, no manifestado, imperceptible, indefinible, inrevelado, inaccesible a la razón, cual si estuviera profundamente dormido. Después la única Potestad existente por sí misma y que a si misma no se conocía, apareció radiante de gloria y, disipando las tinieblas, actualizó su idea”. Así habla el código fundamental de la sabiduría. La Idea de Platón es el Logos, la Voluntad divina, manifestad por sí misma, la eterna Luz de que emana toda luz visible y física. 511 De la descripción que de este medio hace Pleasonton, inferimos su identidad con la luz astral de los cabalistas. 512 En el fondo, el concepto que de la luz expone Pleasonton, es idéntico al Sephira (inteligencia divina y principio femenino), que en unión de En–Soph (sabiduría divina o principio masculino), engendraron todas las cosas visibles é invisibles.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Si Pleasonton evidenciara esta su hipótesis, no les quedarían a las futuras generaciones muchas ganas de burlarse de la luz sideral de Paracelso ni de su doctrina de las magnéticas influencias ejercidas por los astros en animales, vegetales y minerales513. El prevalecimiento de tan revolucionarias ideas nos mueve a preguntar a los científicos si sabrían decirnos por qué el movimiento de las marcas está relacionado con el de la luna. Seguramente que no acertarían a explicar este conocido fenómeno tan satisfactoriamente como lo hiciera un neófito en magia o alquimia, ni tampoco nos dirían por qué los rayos de la luna producen funestos efectos en determinadas personas hasta el punto de volverse loco quien a su luz se duerme en algunos parajes de la India y de África; ni por qué las crisis de ciertas enfermedades coinciden con las fases lunares y los sonámbulos están mucho más excitados en el plenilunio. Los jardineros, labradores y leñadores creen firmemente en la influencia de la luna en la vegetación, y entre otras pruebas de ello tenemos que diversas especies de mimosas abren y cierran sucesivamente los pétalos de sus flores, según la luna llena aparece o se oculta entre

nubes . Si la ciencia no sabe explicar estas influencias físicas, en mayor ignorancia estará todavía acerca de la influencia de los astros en el destino del hombre; y por lo tanto carecen los científicos de autoridad para contradecir lo que con pruebas no pueden impugnar. Desde el momento en que las fases de la luna influyen tan notoriamente en la tierra, que en todo tiempo estuvieron familiarizadas las gentes con sus efectos, no resulta irrazonable afirmar la posibilidad de que determinada, combinación de influencias siderales produzca sus correspondientes efectos. Si recordamos lo que dicen los ilustrados autores de El Universo invisible, acerca de los efectos resultantes en el éter universal de una causa tan nimia como la vibración del pensamiento en el cerebro humano, más lógico nos ha de parecer todavía que el tremendo impulso dado al éter por la rotación de millones de astros influya en la tierra y sus habitantes. Si los astrónomos desconocen la oculta ley de formación dé los mundos que incesantemente voltean en torno de un punto céntrico de atracción,

513 Por otra parte, si posteriores observaciones confirmaran la hipótesis de Pleasonton, quedaría algún tanto eclipsada la gloria de físicos como Tyndall, quien atribuyó a la acción del sol el calor sufrido en cierta ocasión al bajar del monte Blanco con nieve hasta las rodillas. Pleasonton sostuvo en contra del ilustre físico, que el calor del sol hubiera derretido la nieve, y por lo tanto, la sofocación que sintió Tyndall derivaba probablemente de que por la acción eléctrica de la luz solar las obscuras prendas de lana con que se abrigaba el físico quedaron electrizadas positivamente, en contraposición a la electricidad negativa de las altas regiones atmosféricas, lo cual determinó aumento de calor. (Influencia de los rayos azules, etc., pág.39 y sig.) 514 Los indos de Travancore tienen un significativo proverbio que dice: “Las palabras dulces son mejores que las ásperas. El mar es atraído por la luna fría y no por el sol ardiente”. Con seguridad que el autor del proverbio sabía mucho más que nosotros acerca de las mareas.

H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I ¿cómo se atreven a decir que no puedan actuar en el espacio ciertas influencias cuya acción se deje sentir en los planetas? No se sabe apenas nada respecto a los agentes imponderables ni de sus efectos en el cuerpo y mente del hombre; y aun lo poco que se conoce por demostración, se achaca a la casualidad de curiosas coincidencias515. Pero gracias a estas coincidencias sabemos que ciertas enfermedades, inclinaciones, dichas é infortunios de la humanidad son más intensas y prevalecientes según la época, pues hay epidemias tanto en lo físico como en lo moral. En unos tiempos la controversia religiosa excita las más acerbas pasiones de la animalidad humana, provocando enconadas persecuciones y sangrientas guerras, al paso que en otros el espíritu de

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