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Capítulo 28 de 51
Capítulo V — parte 2 de 6
Isis Sem o Véu
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Ahora bien; ¿qué es esta mística y primordial substancia? El Génesis la simboliza en “la haz de las aguas sobre que flotaba el espíritu de Dios”. El libro de Job 266, dice que “abajo de las aguas fueron formadas las cosas sin alma que habitan allí”; pero en el texto original, en vez de “cosas inanimadas” se lee los “muertos rephaim”267. En la mitología egipcia el Absoluto está simbolizado por una serpiente enroscada alrededor de una vasija, sobre cuyas aguas planea la cabeza en actitud de fecundarlas con su aliento. La serpiente es, en este caso, emblema de la eternidad y representa a Agathodaimon o espíritu del bien, cuyo opuesto aspecto es Kakothodaimon o espíritu del mal. Los Eddas escandinavos dicen que durante la noche, cuando el ambiente está impregnado de humedad, cae el rocío de miel, alimento de los dioses y de las creadoras abejas yggdrasillas. Esto simboliza el pasivo principio de la creación del universo sacado de las aguas, y el rocío de miel es una modalidad de la luz astral con propiedades creadoras y destructoras. En la leyenda caldea de Berosio, el hombre pez, Oännes o Dagón, instruye a las gentes y les muestra el niño–mundo recien salido de las aguas con todos los seres procedentes de esta primera substancia. Moisés enseña que sólo la tierra y el agua pueden engendrar alma viviente, y en las Escrituras hebreas leemos que las hierbas no crecieron hasta que el Eterno derramó lluvia sobre la tierra. En el Popol–Vuh de los americanos, se dice que el hombre fué formado del limo de las aguas. Según los Vedas, Brahmâ sentado en el loto forma a Lomus (el gran muni o primer hombre) de agua, aire y tierra, después de dar existencia a los espíritus que, por lo tanto, tienen prelación sobre los mortales. Los alquimistas enseñaban que la tierra primordial o preadámica (alkahest) 268 es como el agua clara, en la segunda etapa de su transmutación en substancia primaria, que contiene todos los elementos constitutivos del hombre, no solo por lo que atañe a su naturaleza orgánica, sino también el latente “soplo de vida” dispuesto a la actuación vital ó, lo que es lo mismo, “el Espíritu de Dios flotante sobre las aguas” o “el caos”, que de este modo se identifica con la substancia primaria. Por esta razón aseguraba Paracelso que era capaz de formar homúnculos, y el insigne filósofo Thales decía que el agua es el principio de todas las cosas de la naturaleza. ¿Qué es el caos primordial sino el éter de los físicos modernos tal como lo conocieron los filósofos antiguos mucho antes de Moisés? El caos es el éter de ocultas y misteriosas propiedades que contiene en sí mismo los gérmenes de la creación universal; el éter es la virgen celeste, madre espiritual de todas las formas y seres existentes, de cuyo seno, fecundado por el Espíritu Santo, surgen a la existencia la materia y la fuerza, la vida y la acción. A pesar de los recientes descubrimientos que van
266 XXVI, 5. 267 Gigantes poderosos, hombres primitivos en quienes la evolución descubrirá algún día el origen de nuestra raza. 268 Palabra inventada por Paracelso para denotar el disolvente de todas las substancias.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I ensanchando los límites del saber humano, todavía se conocen muy incompletamente la electricidad, el magnetismo, el calor, la luz y la afinidad química. ¿Quién presume dónde termina la potencia o cuál es el origen de ese proteico gigante llamado éter? ¿Quién no echará de ver el espíritu que en él actúa y de él arranca las formas visibles? Fácil tarea es demostrar que todas las cosmogonías se fundan en los conocimientos de nuestros antepasados, en las ciencias que hoy día parecen haberse coligado en pro de la doctrina de la evolución; y tampoco es difícil demostrar que los antiguos conocían mucho mejor que nosotros la evolución en sus dos órdenes, físico y espiritual. Para los antiguos filósofos, la evolución era una doctrina axiomática, un principio que abarcaba el conjunto del universo, mientras que los científicos modernos aceptan la evolución bajo hipótesis especulativas de carácter particular cuando no negativo. Es inútil que los jerarcas de la ciencia moderna rehuyan el debate diciendo que la enigmática fraseología del relato mosaico no concuerda con la definida exégesis de las ciencias experimentales. Por lo menos está fuera de duda que todas las cosmogonías contienen el símbolo de las aguas y del espíritu que las fecunda, cuyo significado está de acuerdo con el concepto científico de que el mundo no ha podido ser creado de la nada. Todas las leyendas cosmogónicas dicen que en el principio los vapores nacientes y las tinieblas cimerianas reposaban sobre las aguas dispuestas a ponerse en actividad apenas recibido el soplo del Irrevelado, a quien los sabios primitivos presentían, aunque no viesen, porque su espiritual intuición no estaba tan entenebrecida como ahora, por sutiles sofismas. Si no determinaban con toda precisión el tránsito del período silúrico al de los mamíferos, pongamos por caso, y si la época cenozoica estaba representada por las diversas alegorías del hombre primitivo, del Adán de nuestra raza, no por ello hemos de inferir que los sabios de entonces y los caudillos de pueblos no supieran tan bien como nosotros la sucesión de las épocas geológicas. En los días de Demócrito y Aristóteles, ya había comenzado el descenso del ciclo, por lo que si estos dos filósofos expusieron tan acertadamente la teoría atómica, y fijaron el punto físico del átomo, bien pudieron llegar sus antecesores más lejos todavía, y transponer en la génesis del átomo los límites donde Tyndall y otros parecen haberse atascado sin atreverse a cruzar la frontera de lo incomprensible. Las artes perdidas prueban suficientemente que si cabe hoy duda respecto a los progresos de nuestros primitivos antepasados en ciencias naturales, a causa de lo deficiente de sus tratados, eran mucho más expertos que nosotros en el aprovechamiento útil de plantas y minerales. Además, es probable que en aquellos tiempos de misterios religiosos conocieran a fondo la física del globo y no divulgaran su saber entre las ignorantes muchedumbres. Sin embargo, no sólo de los libros mosaicos podemos extraer pruebas en apoyo de ulteriores argumentos, porque los judíos tomaron su ciencia sagrada y profana de los pueblos con quienes desde un principio estuvieron en contacto. Su más antigua ciencia,
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I la cábala o doctrina secreta, descubre en todos los pormenores su origen de la primitiva fuente del Turkestán, donde ya se cultivaba mucho antes de la época en que se deslindaron las naciones arias de las semitas. El rey Salomón, tan celebrado por su sabiduría y ciencia mágica269, recibió este saber de la India por conducto dé Hiram rey de Ofir y de la reina de Saba. Igualmente de origen indio es el anillo o “sello de Salomón”, al que las leyendas populares atribuyen potísima influencia en los genios y demonios. El reverendo Samuel Mateer, individuo de la “Sociedad Misionera de Londres”, al tratar de la presuntuosa y abominable habilidad de los “adoradores del diablo”, de Travancore, dice que posee un antiquísimo manuscrito en lengua malaya con infinidad de fórmulas é invocaciones mágicas para obtener gran variedad de resultados, en su mayoría de tenebrosa maldad. En la misma obra publica Mateer el facsímil de varios amuletos con trazos y figuras mágicas, uno de los cuales lleva inscrita la siguiente fórmula: Para quitar el temblor de la posesión diabólica, dibuja esta figura en una planta que tenga
jugo lechoso, atraviésale un clavo y cesará el temblor . La figura de que se habla es idéntica al sello de Salomón o doble triángulo de los cabalistas, por lo que cabe preguntar si éstos lo recibieron en herencia de Salomón, quien a su vez lo tomó de los indos, o si éstos se lo apropiaron de los judíos
cabalistas . Pero no emprendamos esta frívola discusión y continuemos tratando de la luz astral cuyas desconocidas propiedades revisten mucho mayor interés.
269 Josefo. – Antigüedades, VIII, 2–5. 270 La tierra de caridad, 210. 271 Las exploraciones de los misioneros cristianos corroboran sin darse cuenta la opinión de los adeptos que contra el parecer de los cabalistas judíos asignan origen indo a la doctrina secreta. De India pasó este conocimiento a Caldea y de aquí a los hebreos tanaímes. Los piadosos y eruditos misioneros han venido en nuestro auxilio. El doctor Caldwell (Gramática comparada de las lenguas dravidianas, p. 66) y el doctor Mateer (Tierra de caridad, p. 83) están de completo acuerdo con nosotros en que el sabio rey Salomón derivó de la India toda su ciencia cabalística, según comprueba la anterior figura mágica. Dice Caldwell que el árbol llamado baobab, originario según parece, no de la India, sino de África, donde medra en comarcas frecuentadas por los mercaderes extranjeros entre ellas Travancore, fue importado en la India por los vasallos de Salomón. La prueba que aduce Mateer es todavía más concluyente. Dice este misionero al describir la comarca de Travancore bajo el aspecto de las ciencias naturales: “Hay un hecho muy curiosamente relacionado con las Escrituras respecto al nombre del pavo real. El rey Salomón envió sus naves a Tarsis ( I Reyes X, 22), de donde regresaron al cabo de tres años trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales. Ahora bien; la Biblia designa el pavo real con la palabra tukki, pues los judíos no tenían palabra propia para un ave que no conocían; y así resulta indudable la similitud entre el tukki de la
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Admitiendo que este mítico agente es el éter, veamos que sabe de éI la ciencia moderna. Roberto Hunt, de la “Sociedad Real de Londres”, dice a propósito de la acción de los rayos solares: “Los rayos amarillos y anaranjados, que son los de mayor potencia lumínica, no alteran el cloruro argéntico, mientras que los rayos azules y violetas, cuya potencia lumínica es menor, alteran dicha sal en poco tiempo… El cristal amarillo apenas se opone al paso de la luz; pero el azul, si la intensidad de color es mucha, sólo admite muy corta cantidad de rayos lumínicos”272. Además, vemos que la vida se manifiesta lozana bajo la influencia de los rayos azules y languidece bajo la de los amarillos. Por lo tanto, no cabe explicar estos fenómenos sino por la hipótesis de que la vida orgánica queda diversamente modificada bajo la influencia electro–magnética, cuya índole aún desconoce la ciencia. Hunt echa de ver que la teoría de las ondulaciones no concuerda con el resultado de
sus experimentos. Sir David Brewster demuestra que los colores de las plantas se deben a la específica atracción ejercida por las partículas del vegetal sobre los diversos rayos lumínicos y que la luz solar elabora los coloreados jugos de las plantas, así como también determina el cambio de color de los cuerpos. Al propio tiempo expone el mismo autor que no es fácil admitir que estos efectos provengan tan sólo de las vibraciones del éter, y por lo tanto, se ve precisado a creer que la luz es materia. El profesor Cooke de la Universidad de Harvard, disiente de los que aceptan definitivamente la teoría de las ondulaciones274. Si es cierto el principio de Herschel, según el cual la intensidad de la luz en cada ondulación está en razón inversa del cuadrado de las distancias, contraría si acaso no invalida la teoría de las ondulaciones. La verdad de este principio se ha demostrado repetidas veces por medio del fotómetro, y sin embargo todavía subsiste la teoría de las ondulaciones, aunque algún tanto quebrantada. El general Pleasanton, de Filadelfia, es uno de los más resueltos adversarios de esta anti–pitagórica teoría, según puede ver el lector en su obra De los rayos azules, contra cuya argumentación habrá de defenderse Tomás Young, quien, según refiere Tyndall, consideraba inmutablemente establecida la teoría de las ondulaciones.
Biblia y la voz del antiguo idioma tamil toki que significa pavo real. Por otra parte, los hebreos llamaban koph al mono, cuyo nombre indio es kaphi. El marfil abunda en la India meridional y el oro en los ríos que desembocan en la costa occidental, de lo que se infiere que esta costa era la Tarsis de la Biblia y que las naves de Salomón iban tripuladas por indos. En consecuencia, cabe asegurar que además del oro, plata, monos y pavos reales, el rey Salomón y su amigo Hiram, de masónica nombradía, recibieron de la India la sabiduría y la magia. 272 Investigaciones sobre las propiedades químicas de la luz. 273 Tratado de óptica. 274 Nueva química, 22.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Eliphas Levi, el mago moderno, concreta el concepto de la luz astral en la siguiente frase: “Para adquirir facultades mágicas se necesitan dos cosas: redimir la voluntad de toda servidumbre y ejercitarse en regularla”. La voluntad soberana está simbolizada por la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente y por el arcángel que mata bajo sus pies al dragón infernal. Las antiguas teogonías representaron en figura de serpiente con cabeza de toro, carnero o perro, el agente mágico, la doble corriente lumínica, el fuego viviente y astral de la tierra, cuyos símbolos diversos son: la doble serpiente del caduceo; la serpiente del paraíso; la serpiente de bronce de Moisés enroscada en el tau o lingam generador; el macho cabrío de los aquelarres sabatinos; el bafomete de los templarios; el hylé de los agnósticos; la doble cola de serpiente del gallo solar de Abraxas; y finalmente el diablo de los católicos. Pero en su verdadero significado es la fuerza ciega contra la cual ha de prevalecer el alma para libertarse de las ligaduras terrenas, porque si su voluntad no las libra de “esta fatal atracción, quedarán absorbidas en la corriente de fuerza que las produjo y volverán al juego central y eterno”. Esta cabalística figura de dicción, no obstante su extraño lenguaje, es la misma que empleaba Jesús, para quien no podía tener significado distinto del que le daban agnósticos y cabalistas; pero los teólogos cristianos lo desvirtuaron para forjar el dogma del infierno. Literalmente significa dicho fuego la luz astral o principio generador y destructor de las formas. A este propósito dice Levi: “Todas las operaciones mágicas consisten en desprenderse de los anillos de la serpiente y ponerle el pie encima de la cabeza para dominarla a voluntad. En el mito evangélico dice la serpiente: “Te daré todos los reinos de la tierra si postrado me adoras”. A lo que responde el iniciado: “No me postraré, antes bien tú caerás a mis pies. Nada puedes darme y haré de ti lo que me plazca. Porque yo soy tu señor y dueño”. Este es el verdadero significado de la ambigua respuesta de Jesús al tentador… Así, pues, el diablo no es una entidad, sino una fuerza errática como su nombre indica; una corriente ódica o magnética formada por una cadena de voluntades malignas, productora del espíritu diabólico, llamado legión en el Evangelio, que animaba a la piara de cerdos precipitados en el mar. Este pasaje es una alegoría de cómo las fuerzas ciegas del error y el pecado arrastran precipitadamente a la
naturaleza inferior” . El filósofo y naturalista alemán Maximiliano Perty ha dedicado a las modernas formas de la magia un capítulo entero de su extensa obra acerca de las manifestaciones místicas de la naturaleza humana. Dice en el prefacio: “Las manifestaciones de la magia tienen parcial fundamento en un orden de cosas completamente distinto del que conocemos por el tiempo, espacio y causalidad. Estas manifestaciones apenas pueden someterse a experimentación, ni cabe provocarlas arbitrariamente, pero sí es posible
275 Eliphas Levi. – Dogma y ritual de la alta magia.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I observarlas con cuidadosa atención, siempre que ocurran en presencia nuestra, para agruparlas por analogía en determinadas clases é inducir de ellas sus leyes y principios generales”. Tenemos, por lo tanto, que para el profesor Perty, afiliado sin duda a la escuela de Schopenhauer, son perfectamente posibles y naturales, por ejemplo, los fenómenos producidos por el fakir Kavindasami y descritos por el orientalista Jacolliot. Este fakir era hombre que por el completo dominio de su naturaleza inferior había llegado a purificarse hasta aquel punto en que casi del todo libre de su prisión puede el espíritu obrar verdaderas maravillas276. Su voluntad y aun su solo anhelo eran potencia creadora capaz de gobernar los elementos y fuerzas de la naturaleza. El cuerpo no le servía ya de estorbo para hablar de “espíritu a espíritu” y alentar de “vida a vida”. Este fakir, con sólo extender las manos hizo germinar una semilla277, de la que brotó una planta que en menos de dos horas creció prodigiosamente en presencia de Jacolliot, contra todas las aceptadas leyes fitológicas, hasta una altura que en circunstancias ordinarias hubiese requerido algunas semanas. ¿Fué milagro? Ciertamente lo fuera con arreglo a la definición de Webster, según la cual es milagro todo suceso contrario a la establecida constitución y marcha de las cosas, en pugna con las leyes conocidas de la naturaleza. ¿Pero están seguros los naturalistas de que lo establecido por la observación es inmutable o de que conocen todas las leyes de la naturaleza? El caso del fakir resulta algo más notablemente milagroso que los experimentos llevados a cabo en Filadelfia por el general Pleasanton, pues si éste lograba acrecentar la lozanía y fertilidad de sus viñas hasta puntos increíbles, por los rayos violetas de luz artificial, el flúido magnético que emanaba de las manos del fakir estimuló el más rápido
crecimiento de la semilla índica, concentrando en ella el akâsa o principio vital cuya
276 Platón alude a una ceremonia de los Misterios en que se les enseñaba a los neófitos que el hombre está en esta vida como en una cárcel y se les declaraban los medios a propósito para escapar temporáneamente de ella. Según costumbre, los eruditísimos traductores desfiguran este pasaje, porque en parte no pueden y en parte no quieren comprenderlo. Véase Fedo, 16 y los comentarios del famoso místico platónico Enrique More. 277 El mismo Jacolliot escogió esta semilla de entre las muchas que había en un saco y después de marcada la plantó por su propia mano en una maceta. 278 Akâsa es una palabra sánscrita que significa firmamento y también designa el imponderable é incoercible principio de vida o combinación de las luces astral y celeste que engendran el anima mundi de que nacen el alma y espíritu del hombre. La luz celeste forma el nous, pneuma o espíritu divino; la astral el yuch 2 o alma. Las partículas más groseras de esta alma astral forman el cuerpo externo. Akâsa es el misterio fluido que los escolásticos llamaban ”omnipenetrante éter” y entra en todas las operaciones mágicas de la naturaleza así como también en los fenómenos psíquicos. En Siria, Palestina é India la palabra As significa a un tiempo cielo, vida y sol y este último era considerado por los antiguos como el gran manantial magnético del universo. Dice Dunlap que la pronunciación suavizada de esta palabra era Ah porque de Grecia a Calcuta la s iba suavizandose gradualmente hasta convertirse en h. Así Ah es lo mismo que Iah, Ao y Iao. Moisés dice de Dios ”Yo soy quien soy” (Ahiah reduplicativo de Ah o Iah). La
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