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Capítulo 42 de 51
Capítulo Vii — parte 4 de 7
Isis Sem o Véu
colegirse que el enterramiento era de la hija de Cicerón, muerta 1.500 años antes . Niegan los químicos la posibilidad de las lámparas perpetuas, alegando que toda combustión requiere consumo de combustible; pero los alquimistas replican diciendo que no siempre el fuego procede de las combustiones químicas, pues hay substancias que no sólo resisten la ardencia de la llama sin consumirse, sino que ni aire ni agua las extinguen. El autor de un tratado de química, impreso en 1700 con el título de NEKROKJLEIA, refuta las afirmaciones de los alquimistas, y aunque niega la posibilidad de las lámparas perpetuas, se inclina a creer que ardan algunas durante siglos. Por otra parte, tenemos el testimonio de multitud de alquimistas cuya prolongada experiencia les convenció de la posibilidad del fuego perpetuo. Conocieron los alquimistas preparaciones especiales de oro, plata y mercurio, de índole parecida a las de nafta, petróleo y otros minerales combustibles, así como los aceites de alcanfor y de ámbar, el amianto (lapis asbestos), el ciprio (lapis carystius) y el creteo (linum vivum), que emplearon como combustibles de las lámparas perpetuas. Según los alquimistas, el oro es el mejor pábulo por su maravillosa llama, aparte de que entre todos los metales es el que menos se gasta al fundirse y reabsorbe su misma destilación aceitosa, según va ésta exhalándose, para alimentar de tal suerte su propia llama. Aseguran los cabalistas que Moisés aprendió este secreto de los egipcios y que la lámpara del tabernáculo era perpetua, según se infiere del siguiente pasaje: Manda a los hijos de Israel que te traigan el aceite más puro de los árboles de olivas,
sacado a mortero, para que arda siempre la lámpara . También niega Liceto que las lámparas perpetuas contuvieran preparaciones metálicas, pero en cambio dice en la misma obra que un compuesto de mercurio, filtrado siete veces por arena blanca puesta al fuego, sirvió para fabricar lámparas que ardían continuamente. Por otra parte, tanto Maturancio como Citesio afirman que este resultado puede obtenerse por procedimientos químicos, pues el licor de mercurio fué
417 La ampliación de este relato se halla en la obra de Erasmo Francisco, quien la tomó de Flomero, Pancirolo y otros. 418 Éxodo, XXVII, 20.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I ya conocido de los alquimistas, que le dieron los nombres de aqua mercurialis, materia metallorum, perpetua dispositio, materia prima artis y oleum vitri419. El asbesto llamado Asbestov (inextinguible) por los griegos, es una piedra que, según dicen Plinio y Solino, no puede apagarse una vez encendida. Alberto el Magno la describe diciendo que es del color del hierro y se la encuentra principalmente en Arabia, cubierta de una capa oleaginosa apenas perceptible, que se inflama en cuanto se le acerca una luz. Los químicos han intentado en vano extraer dicho aceite del asbesto, pero de ello no cabe inferir que la operación sea imposible, y si se lograra no habría duda alguna de si dicho aceite puede dar llama continua. Justamente se vanagloriaron los antiguos de poseer este secreto, por cuanto en nuestros mismos días han obtenido el mismo resultado algunos experimentadores. Dicen unos químicos que el líquido
419 Tritenheim y Korndorf dieron las siguientes recetas para la confección de los combustibles perpetuos que habían preparado: 1.º Se toman cuatro onzas de sulfuro y alumbre y se subliman en flores hasta dos onzas. Añádase una onza de polvo de borax cristalino de Venecia y sobre estos ingredientes se vierte espíritu de vino muy rectificado, para que se dirigieran en él. Se evapora después en frío y se repite la operación hasta que puesto el sulfuro sobre un plato de bronce se ablande como cera sin despedir humo. Así se obtendrá el pábulo. En cuanto al pabilo se prepara como sigue: Tómense hebras de amianto del grueso del dedo del corazón y largo del meñique y pónganse en un vaso de Venecia recubriéndolas con el pábulo. Déjese el vaso durante 24 horas dentro de arena lo bastante caliente para que el pábulo hierva todo este tiempo, y una vez embadurnado así el pabilo se le pone en un vaso de forma de concha, de manera que el extremo de las hebras sobresalga de la masa del pábulo. Colóquese entonces el vaso sobre arena caliente para que, derretido el pábulo, se impregne el pabilo y una vez encendido éste arderá con llama perpetua que se podrá llevar a cualquier sitio. 2.º Tómese una libra de salis tosti y viértase sobre ella vinagre fuerte de vino. Concéntrese después hasta que tome consistencia el aceite, y se echa entonces en vinagre fresco donde se macera, y luego se destila repitiendo la operación por cuatro veces consecutivas. Se pone después en este vinagre una libra de vitr. antimonii subtilis lœvigat y todo ello se coloca en un vaso cerrado puesto sobre la ceniza por espacio de seis horas, al cabo de las cuales se extrae la tintura, se decanta el licor, se deja enfriar, se extrae de nuevo y se repite la operación hasta sacar todo el color encarnado. Se concentran los extractos hasta que tomen consistencia oleaginosa y se rectifican al bañomaría. Tómese después el antimonio de que se ha extraído la tintura y redúzcase a polvo sutilísimo que se pone dentro de un recipiente de vidrio. Viértase encima el aceite rectificado, que ha de concentrarse y destilarse siete veces, hasta que el polvo haya embebido todo el aceite y quede enteramente seco. Se extrae otra vez con espíritu de vino y se repite la operación hasta que desaparezca toda la esencia. Póngase entonces en un matraz de Venecia, dispuesto para el caso con papel quíntuplo, destílese hasta desaparecer la esencia y quedará en el fondo un aceite inconsumible que puede arder con un pabilo como el sulfuro antes descrito. Libavio, comentador de Tritenheim, dice sobre el particular: “Estas son las luces eternas de Tritenheim, que si bien no tan fijas como la de nafta, pueden auxiliarse unas con otras de modo que aunque la nafta no tenga tanta duración al arder porque exhala y deflagra, da llama perpetua si se le añade jugo de amianto. He visto una lámpara así preparada que, según se nos aseguró, fue encendida el 2 de Mayo de 1871 y aún seguía ardiendo.” Como el experimentador es digno de toda confianza y muy perito en la indagación hermética, no hay motivo alguno para dudar de sus aseveraciones.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I extraído de la piedra en sus pruebas es de consistencia acuosa más bien que oleaginosa, incapaz de combustión, al paso que otros aseguran que tan pronto como dicho líquido se exponía al aire libre quedaba tan espeso que difícilmente se liquidaba y al encenderlo otra vez se convertía en humo sin dar llama. En cambio, las lámparas de los antiguos ardían con pura y brillante llama sin la más mínima traza de humo. Kircher indica la posibilidad de extraer y purificar dicho aceite, aunque por lo difícil de la operación cree únicamente que pueden llevarla a cabo los adeptos superiores de la alquimia. Luis Vives refuta la opinión de San Agustín en cuanto a los artificios del diablo y
demuestra que las operaciones mágicas, por estupendas y prodigiosas que parezcan, son resultado de la industria humana y del profundo estudio de los secretos de la
naturaleza. Por otra parte, Podocataro tenía una tela fabricada con otra especie de asbesto que Porcacio422 dice haber visto en casa de aquél. Plinio llama a esta clase de tela linum vinum, y también lino de la India, diciendo que se fabrica con una especie de lino (asbeston o asbestinum), que una vez tejido puede limpiarse con sólo echarlo en el fuego. Añade este autor que el asbesto es tan valioso como las perlas y los diamantes, porque además de su escasez resulta de muy difícil textura a causa de sus cortas fibras. Una vez aplanado con un martillo se le macera en agua caliente, y luego de secó pueden hilarse y tejerse sus fibras como las del lino. Plinio asegura haber visto muchas telas fabricadas de esta materia y presenciado un experimento en que se las limpió por medio del fuego. También dice Porta que cierta señora cipriota, residente en Venecia, tenía una tela de esta clase y califica de secretum optimum estas manipulaciones alquímicas. En su descripción de las curiosidades del Colegio Gresham, en el siglo XVII, dice el doctor Grew que se perdió el procedimiento textil de las telas de asbesto; pero esto no parece probable por cuando en el Museo Septalio hay hilos, cuerdas, laminillas y otras labores de asbesto correspondientes al año I726, y algunos de dichos objetos los elaboró el mismo Septalio, según afirma Greenhill, quien dice a este propósito: “Parece opinión de Grew que el lapis asbestinus y el amianthus son una misma materia, y la llama piedra filamentosa porque su masa está compuesta de hilos paralelos, de un cuarto de pulgada a pulgada de longitud, tan lustrosos y finos como los del capullo de
seda y tan flexibles como los del lino o del cáñamo . El secreto no se ha perdido enteramente, pues todavía se guarda en algunos monasterios budistas de la China y del Tibet. En un convento de religiosas talapinas vimos una túnica amarilla, por el estilo
420 Comentarios a La ciudad de Dios, de San Agustín. 421 Caballero cipriota, autor de Cosas de Chipre, 1566. 422 Libro de los antiguos funerales. 423 Greenhill. – Arte de embalsamar, 361.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I de las de los monjes budistas, que al cabo de dos horas de estar en un gran brasero la sacaron tan limpia como si la hubiesen lavado con jabón. Después de numerosos ensayos se le han podido dar a esta materia diversas aplicaciones industriales, entre ellas la de telas incombustibles, uno de cuyos principales centros de comercio es Nueva York, que suministra el mineral en haces parecidos a madera seca. La variedad más fina de asbesto es la que los antiguos llaman ámíantoç (inmaculado) a causa de su blanco y sedoso lustre. También hacían los antiguos el pabilo de las lámparas perpetuas con la piedra lapis carystius, muy abundante en la ciudad de Carystos, cuyos habitantes, según dice Mateo Radero424, bataneaban é hilaban esta piedra filamentosa para tejer mantos, manteles y otras prendas por el estilo, que se echaban al fuego para limpiarlos cuando 425 426 estaban sucios, en vez de lavarlos con agua. Pausanias y Plutarco aseguran que de esta piedra se fabricaban los pabilos de las lámparas; pero dice el segundo que en su tiempo ya no se encontraban piedras de asbesto. Liceto opina que las lámparas perpetuas de los antiguos sepulcros carecían por lo general de pabilo, si bien Luis Vives afirma que, por el contrario, vio muchas con él. Por otra parte, Liceto se muestra firmemente convencido de que los pabilos pueden ser de tal naturaleza, que duren muchísimo tiempo y resistan el fuego, de modo que en vez de consumirse queden retenidos como por una cadena.
Tomás Brown, al hablar de las lámparas perpetuas , colocadas en angostísimos recintos, dice que deben su virtud a la pureza del aceite sin emanaciones fuliginosas capaces de sofocar la llama, pues si las hubiese alimentado el aire, de seguro se consumiera el comburente. A este propósito pregunta dicho autor: “¿se ha perdido el arte de preparar este aceite inconsumible?” No por cierto, y el tiempo lo probará, aunque todo cuanto sobre ello escribimos ahora desapareciera como otras muchas verdades. Dice la ciencia que la observación y el experimento son sus únicos medios de investigación. Concedido. Pero ¿no son bastantes tres mil años de observación de hechos para demostrar las facultades ocultas del hombre? Y en cuanto a la experiencia, ¿qué mejor coyuntura que la deparada por los fenómenos modernos? En 1869, la Sociedad Dialéctica de Londres invitó a varias eminencias científicas a la investigación de los fenómenos. Véase cómo respondieron algunos de ellos:
424 Comentario al Epigrama 77.º del Libro IX de Marcial. 425 Atico. 426 De Defectu oraculorum. 427 Errores vulgares, 124.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Huxley. – “No tengo tiempo para semejante investigación, que me sería muy molesta y trabajosa, a menos que difiriese de las de su género. No me interesa el asunto, ni aun suponiendo que los fenómenos fuesen verdaderos”. Lowes. – “Quien diga que estos fenómenos dependen de leyes físicas desconocidas, se confiesa desde luego conocedor de esas mismas leyes”. Tyndall. – “Dudo del éxito de los fenómenos en la sesión a que yo asistiese, pues mi presencia parece como si produjera confusión en todo”. Carpentier. – “Por experiencia personal estoy convencido de que entre los fenómenos espiritistas hay muchas imposturas y no pocas ilusiones, aunque también los hay del todo legítimos y dignos de estudio… Sin embargo, la causa de estos fenómenos no es externa, sino que depende de la condición subjetiva del individuo, quien actúa de acuerdo con ciertas leyes fisiológicas ya conocidas. La modalidad a que llamo cerebración inconsciente interviene de manera muy principal en la producción de los fenómenos espiritistas”428. Esto por lo que a los sabios ingleses se refiere. Los norteamericanos no llegaron a más. En 1857, la Universidad de Harvard previno al público contra las investigaciones psíquicas, por corruptoras de la moralidad y degradantes de la mente, por su contaminadora influencia que menoscaba la veracidad en el hombre y la pureza en la mujer. Posteriormente, cuando el insigne químico Hare, arrostrando la preocupación general estudió el espiritismo y abrazó sus doctrinas, fué descalificado por sus colegas. En 1874 un periódico neoyorquino invitó a los más notables científicos del país a la investigación de los fenómenos espiritistas; pero todos se excusaron en connivencia, como visitante que rehúsa quedarse a comer cuando el dueño de la casa le convida. Sin embargo, a pesar de la indiferencia de Huxley, de la socarronería de Tyndall y de la cerebración inconsciente de Carpenter, no faltaron científicos de igual valía que se rindieron a la evidencia de los testimonios en esta debatida materia de investigación. A este propósito, un autor tan distanciado del espiritismo como Draper, dice: “En todos los países y en todas las épocas creyeron no solamente los labriegos, sino también las personas cultas, que los espíritus de los difuntos vienen algunas veces a visitar a los vivos y a frecuentar sus antiguas moradas… Si de algo ha de valer el testimonio humano en este punto, tenemos desde los tiempos más remotos hasta nuestros días un cúmulo de pruebas tan numerosas é irrecusables cual pudieran apetecerse para invalidar todo intento de refutación”429.
428 Estas cuatro citas están tomadas del Informe sobre el Espiritismo por la Sociedad Dialéctica de Londres. De este modo ha sabido el mundo que la cerebración inconsciente tiene la virtud de hacer volar las guitarras y mover los muebles con cabriolas dignas de un volatinero. 429 Draper. – Conflictos entre la Religión y la Ciencia, 121.
H. P. BLAVATSKY Isis Sin Velo Tomo I Desgraciadamente, el escepticismo científico tiene tal resistencia, que no le conmueven las pruebas por evidentes que sean, y a lo sumo admite únicamente las que convienen a su propósito. Digamos con el poeta: “¡Oh vergüenza para la humanidad! Los diablos se entienden entre ellos. Tan sólo los
hombres discrepan de las criaturas racionales” . ¿Cómo explicar tal divergencia de opiniones entre hombres que estudiaron en los mismos libros y bebieron en las mismas fuentes? Bien es verdad que no hay dos hombres que vean una misma cosa de igual manera, y así lo expone admirablemente el doctor Wilkinson en su carta a la Sociedad Dialéctica de Londres, cuando dice: “Mi experiencia en la investigación de varias doctrinas heterodoxas, que después se convirtieron en ortodoxas, me ha convencido de que casi todas las verdades dependen de nuestra disposición de ánimo, de nuestros afectos é íntimos sentimientos, por lo que la discusión y las investigaciones no dan otro resultado que alimentar dicha disposición de ánimo”. A esto podría añadirse la famosa máxima de Bacon: “Poca ciencia aleja de Dios y mucha ciencia acerca a Dios”. Carpentier pondera los progresos de la filosofía en nuestros tiempos, diciendo que nada repudia, por extraño que parezca, si está apoyado en pruebas válidas, mientras que se muestra inclinado a negar, toda competencia filosófica y científica a los antiguos, no obstante las pruebas que la abonan tan válidamente como las aducidas por los científicos contemporáneos en pro de su mayor conocimiento. Si, por ejemplo, nos fijamos en la electricidad y magnetismo, que tan famosos hicieron los nombres de Franklin y Morse, veremos que, seiscientos años antes de nuestra era, descubrió Tales de Mileto las propiedades eléctricas del ámbar, sin contar con que las investigaciones de Schweigger sobre simbología demuestran plenamente que los mitos antiguos se apoyaban en la filosofía natural, y que ya conocían la electricidad y el magnetismo los teurgos de Samotracia, cuyos misterios eran los más antiguos de que hay noticia, según nos dicen Diodoro de Sicilia, Herodoto y Sanchoniaton431.
430 Milton. –El Paraíso perdido. 431 Tenemos prueba del conocimiento de los antiguos en un notabilísimo grabado de la obra de Rochette: Monuments d’Antiquité figurés, en que todas las figuras aparecen con los cabellos erizados como el dios Pan, menos la central figura del Kabir Demetrio, de quien emana la fuerza, y otra figura que representa un hombre arrodillado. Véanse a este propósito: Ennemoser, Historia de la Magia, II; Schweigger, Introducción a la mitología según la historia natural. En opinión de Schweigger, dicho grabado simboliza una escena de las ceremonias de la iniciación; sin embargo, no hace tanto tiempo que en las obras de filosofía natural empezaron a intercalarse dibujos cuyas figuras aparecían con la cabellera erizada en todas direcciones, bajo la acción del flúido eléctrico.
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