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Capítulo 9 de 22

Editorial Pomaire — parte 8 de 21

El Misterio De La Atlantida

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar sumergida muy recientemente, quizá durante la época que los geólogos llaman el presente". También recomienda "...un dragado muy cuidadoso hacia el sur y el sudoeste de las islas". La arena existente en los zócalos submarinos, frente a las Azores, algunas veces a miles de metros de profundidad, nos proporciona otra de las piezas perdidas del rompecabezas. Aparece en aguas poco profundas y ha sido formada por la acción de las olas sobre las rompientes. ¿Qué sabemos hoy acerca del fondo del Océano Atlántico, cuando tantos años han pasado y tantos descubrimientos se han hecho desde la época de Donnelly y Termier? Mucho más, gracias al sonar, a los cálculos de profundidad mediante el empleo de explosivos para realizar la triangulación y la investigación del fondo del mar. Las llanuras, mesetas, elevaciones, cañones, cordilleras, grietas profundas, conos y las misteriosas montañas marinas han sido descritas en mapas igual que las islas de la superficie, aun cuando puede ocurrir que una nueva isla volcánica surja ocasionalmente del fondo del mar para luego volver a hundirse antes de que ningún país llegue a declarar su soberanía sobre ella. Contamos, por ejemplo, con una carta más exacta de la cordillera del Delfín, comúnmente llamada la cordillera del Atlántico Medio, que es una cadena montañosa gigante con forma de doble S, una sobre la otra y que se extiende desde Islandia hasta el extremo de Sudamérica. Esta cordillera o meseta con montañas submarinas, flanqueada por llanuras abisales, adquiere gran anchura en las secciones semicirculares de la S, entre España, el Norte de África y las Bermudas. Luego se estrecha frente a la punta de Brasil, al sur del Ecuador, donde es cruzada por la zona de la Fractura Romanche y luego vuelve a ensancharse entre el sur de Brasil y África. La característica más notable de la cordillera del Atlántico Medio es que sigue el contorno general de América del Norte y del Sur, como si fuese un débil reflejo de los continentes americanos en el fondo del océano. Cuando se examinan las profundidades en torno a las islas Azores se advierte que aunque las islas mismas se alzan verticalmente desde el fondo, están situadas sobre una especie de doble meseta. La base de esta meseta está ubicada en una zona que va aproximadamente desde los 30 a los 50 grados de latitud Norte, y la parte más alta en un área que se extiende desde los 36 a los 42 grados Norte, con una anchura de 800 kilómetros. La profundidad, desde la llanura hasta la meseta inferior, varía entre 1000 y 500 brazas; es decir, si la profundidad abisal es, por ejemplo de 2400 brazas, la de la cordillera podría ser de 1800 brazas, a menos que la cumbre submarina de algún monte sumergido alcance 400 brazas o menos, o emerja a la superficie como una isla, que es lo que ocurre con las Azores. La segunda meseta indica una elevación aún más sorprendente, de 1420 a 400 brazas; de 1850 a 300 brazas y desde 1100 a 630 brazas. Es interesante anotar que algunos estudiosos de la teoría de la Atlántida han pensado que el continente Atlántico se hundió por etapas y tal vez en tres inmersiones sucesivas. La formación de una meseta doble bajo las Azores parecería corroborar esta teoría. Al sur de las Azores encontramos algunas importantes montañas submarinas, que no se hallan a muchas brazas de profundidad. Dos de ellas fueron designadas, con bastante propiedad, con los nombres de Platón (205 brazas) y Atlántida (145 brazas). La ruptura del cable trasatlántico que causó tanto furor en los estudios sobre el continente de la Atlántida a comienzos de siglo se produjo a unos 800 kilómetros al norte de las Azores y al este del monte submarino Altair. Algunas investigaciones más recientes acerca de dicha cordillera han aportado nuevos temas para la especulación. Los exámenes de partículas del fondo marino o "núcleos", tomadas en esta cordillera en 1957 permitieron extraer plantas de agua dulce que crecían sobre materiales de sedimentación a una profundidad de casi tres kilómetros y medio y el examen de las arenas de la fosa de la Romanche hizo pensar que se habían formado a la intemperie, en ciertas partes de la cordillera que en un momento determinado fueron proyectadas sobre la superficie. A una distancia de 1600 kilómetros de esta meseta encontramos el promontorio submarino de Bermuda, que culmina en las islas Bermudas, situadas en la cima de inmensas montañas sumergidas.

Los tonos más oscuros señalan mayores profundidades Las zonas en blanco señalan las tierras sobre el nivel del mar Este sería el aspecto del océano Atlántico, si fuese desecado.

Frente a la Florida, en la plataforma continental americana, algunos estudios hidrográficos realizados por el U.S. Geodectic Survey constataron depresiones de 120 metros de profundidad a lo largo de fondos marinos situados a 150 metros de profundidad y que "fueron presumiblemente lagos de agua dulce situados en zonas que luego se sumergieron". Directamente al este de la meseta de las Azores encontramos la cordillera Azores-Gibraltar (con profundidades reducidas, de sólo cuarenta a ochenta brazas) y siguiendo hacia el Sur y conectadas a esta cadena montañosa a lo largo de la costa de África, a poca profundidad (también aproximadamente de cuarenta brazas), hallamos otra serie de cimas y montañas sumergidas que incluyen las islas Madeira y Canarias. Las islas de Cabo Verde, frente a Dakar, aparecen aisladas y sin cadenas que las conecten a otras. Muchos de los hipotéticos "puentes de tierra firme" existentes entre el Viejo y el Nuevo Mundo aparecen como algo perfectamente posible cuando examinamos la información de que ahora disponemos acerca de la configuración del fondo del mar. Por ejemplo, la plataforma continental europea se conecta con Islandia por medio de cordilleras y luego se une con Groenlandia a través del promontorio de Groenlandia-Islandia. En el Atlántico Medio la cadena Azores-Gibraltar se une con la meseta de las Azores, y una parte de la cordillera mesoatlántica llega casi a las Bermudas, mientras otra cadena un poco menor se abre hacia las Antillas y hacia la parte más profunda del Atlántico: la fosa de Puerto Rico. Otras cadenas de unión en el Atlántico Sur son: el puente que parte desde África a través de la Sierra Leona, la cordillera meso-atlántica que va desde las rocas de San Pedro y San Pablo hasta Brasil, la de Walvis, que sale de Sudáfrica y cruza la cordillera del Atlántico Medio hacia Brasil, atravesando las islas Trinidad y Martín Vaz o el promontorio de Río Grande o la meseta de Bromley.

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar Las grandes transformaciones ocurridas en el fondo del Atlántico, que fueron provocadas por perturbaciones volcánicas, permiten suponer la existencia de conexiones entre el Viejo y el Nuevo Mundo, en forma de puentes terrestres o islas que posteriormente quedaron sumergidas y que podrían haber sido usadas como puntos de apoyo (lo cual explicaría muchas curiosas similitudes en la vida animal y vegetal, como la presencia de elefantes prehistóricos, camellos y caballos en América). La expedición organizada en 1969 por la Universidad de Duke, con el fin de estudiar el fondo del mar Caribe, ha realizado un importante descubrimiento relacionado con los continentes desaparecidos. Gracias a la realización de algunos dragados, sacaron a la superficie en cincuenta sitios distintos a lo largo de la cordillera Aves, un cordón montañoso submarino que va desde Venezuela a las islas Vírgenes, cierta cantidad de rocas graníticas. Estas piedras ácido-ígneas han sido catalogadas dentro del tipo "continental", que sólo se encuentra en los continentes o en los lugares donde han existido éstos. El doctor Bruce Heezen, del observatorio geológico Lamont, dijo a este respecto lo siguiente: "Hasta ahora, los geólogos creían, en general, que las rocas graníticas ligeras, o ácido-ígneas, quedaban limitadas a los continentes, y que la corteza terrestre que se encuentra bajo el mar estaba compuesta de rocas basálticas más oscuras y pesadas... De esta forma, la presencia de rocas graníticas de color claro podría apoyar la vieja teoría de que antiguamente existió un continente en la zona del Caribe oriental y que estas rocas constituirían el núcleo dé un continente perdido y sumergido". El lecho del Atlántico es una de las regiones más inestables de la superficie terrestre. Se ha visto con-mocionado por perturbaciones volcánicas a lo largo de los siglos y de hecho, sigue sufriéndolas aún. La falla volcánica se extiende desde Islandia, donde en 1788 pereció una quinta parte de la población a consecuencia de un terremoto a lo largo de toda la extensión de la cordillera Atlántica. En Islandia, en 1845, la erupción del volcán Hecla se prolongó durante un lapso de siete meses. Islandia sufre aún en ocasiones una furiosa actividad volcánica. Una espectacular erupción submarina, que se prolongó desde noviembre de 1963 a junio de 1966 provocó la formación de una nueva isla, que lleva el nombre de Surtsey y se encuentra a 36 kilómetros de la costa sudoccidental de Islandia. La lava solidificada se transformó en tierra y en la isla, que sigue creciendo, comenzó a aparecer vegetación permanente. Desde su emergencia, Surtsey se ha visto acompañada por otras dos islas. La misma Islandia, como ocurre en la descripción que de la Atlántida hiciera Platón, posee manantiales calientes. Su altísima temperatura, que proviene de las fuerzas termales subterráneas, permite que sean utilizadas para el sistema de calefacción de la capital, Reykjavik. Encontramos continuas referencias escritas respecto a movimientos sísmicos en Irlanda y más tarde hacia el Sur, en una misma línea en relación con las Azores, un violento terremoto sacudió Lisboa en 1775, causando la muerte de 60.000 personas en pocos minutos y provocando un descenso en el nivel del muelle principal, mientras los diques y el resto de los muelles se sumergían 180 metros bajo el mar. La actividad sismológica es un fenómeno constante en la región de las Azores, donde todavía existen cinco volcanes activos. En 1808, uno de ellos se alzó en San Jorge a una altura de varios miles de pies, y en 1811 emergió del mar una isla volcánica, creándose una gran superficie a la que se dio el nombre de Sambrina, durante su breve existencia en la superficie, y antes de que volviera a hundirse en el océano. Las islas Corvo y Flores, en el archipiélago de las Azores, que figuran en los mapas desde 1351, han cambiado constantemente su forma; y amplias secciones de Corvo han desaparecido en el mar. En otro grupo de islas, las Canarias, cuyo gran volcán central, el Pico del Teide, entró en erupción en 1909, el índice de perturbaciones volcánicas es muy elevado. En 1692 un terrible terremoto hundió la mayor parte de Port Royal, arrastrando incluso a los piratas que estaban utilizando la ciudad como refugi0, mercado y centro de rebelión. Este hundimiento en el mar de una ciudad pecadora mueve nuestros recuerdos hacia lo ocurrido en tiempos históricos en el mismo océano, donde, según la leyenda, la Atlántida se hundió "debido al disgusto divino". En el Caribe y dentro de la zona volcánica atlántica, se produjo un terremoto aún mayor, en 1902, cuando el Mont Pelee, de la Martinica, estalló con tal fuerza que, según se dice,

causó la muerte de todos los habitantes de Saint-Pierre, la ciudad vecina, salvo a uno (¿como la salvación de Noé?). En 1931, la actividad volcánica produjo la aparición de dos nuevas islas en el grupo de las Fernando de Noronha, que Inglaterra se apresuró a reclamar, aun cuando su pretensión fue discutida por varias naciones del vecino continente sudamericano. Los británicos se ahorraron el tener que adoptar una decisión peligrosa gracias al nuevo hundimiento de las islas cuando aún se estaba discutiendo su propiedad. En las islas cerca de Madeira, surgieron a la superficie en 1944 algunos pequeños promontorios, que eran las cimas de algunos volcanes que se elevaron desde el fondo del mar hasta la superficie o por sobre ella. El Atlántico ha sido una zona volcánica activa durante siglos, desde Islandia hasta las costas del Brasil. Según el doctor Maurice Ewing, del observatorio geográfico Lamont, 'sus grietas más profundas "forman el sitio de un cinturón sísmico oceánico". Parece lógico por ello que hace miles de años tuviera lugar una actividad volcánica aún mayor, sobre todo porque tal actividad se da todavía en las mismas regiones en que la leyenda ha situado el continente de la Atlántida. Existe un consenso general de que la Tierra ha sufrido apariciones y desapariciones de terreno a lo largo de toda su superficie. Hay numerosas pruebas de que el Sahara fue alguna vez un mar y que el Mediterráneo, con sus cumbres y valles submarinos, fue antes tierra firme. Las herramientas de la Edad de Piedra y los dientes de mamut obtenidos del fondo del Mar del Norte indican que esa zona fue en otra época territorio costero. En las montañas Rocosas se han hallado fósiles de tiburones, en los Alpes, restos de peces y en las estribaciones de los montes Allegheny, conchas de ostra. La mayoría de los geólogos coincide en que alguna vez existió el continente de la Atlántida, pero no están de acuerdo si existió dentro de la Era del hombre. Ha habido considerable especulación en torno a si la explicación de la leyenda de la Atlántida está en otros terremotos y en las olas de las mareas que ellos provocaron, como ocurrió en el caso de la inundación por el mar del antiguo valle mediterráneo, o la separación de Sicilia de Italia, la catástrofe que hundió a la isla de Tera en el Egeo, o los terremotos de Creta que ocurrieron en la Antigüedad. También se ha sugerido que la Atlántida estaba en el Norte, en los zócalos continentales de escasa profundidad del Mar del Norte, o incluso en el Sahara y en otros lugares. K. Bilau, un científico alemán estudioso de la isla continente, que dedicó mucho tiempo al examen del fondo del mar y de los cañones submarinos, se muestra partidario de la tradición que sitúa la Atlántida en el Atlántico cuando expresa en lenguaje más poético que científico sus sentimientos acerca de la ubicación del continente perdido:

La Atlántida reposa ahora en las profundidades de las aguas oceánicas y sólo son visibles sus más altas cimas, bajo la forma de las Azores. Sus manantiales fríos y calientes, descritos por los autores antiguos fluyen todavía, como hace muchos milenios. Los lagos de montaña se han transformado en lagos submarinos. Si seguimos exactamente las indicaciones de Platón y buscamos el lugar en que se hallaba Foseidón, entre las cimas semisumergidas de las Azores, la encontraremos hacia el sur de la isla Dollabarata. Allí, sobre un promontorio, en medio de un valle largo y comparativamente recto, bien protegida de los vientos, se alza la capital, centro de una cultura prehistórica desconocida. Entre nosotros y la ciudad de la Puerta Dorada existe una extensión de agua de tres kilómetros y medio de profundidad. Es curioso que los científicos hayan buscado la Atlántida por todas partes y que en cambio no hayan prestado la menor atención a este lugar, que después de todo, fue claramente señalado por Platón.

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar De cómo la Atlántida cambió la historia del Mundo

Considerando que se trata de un territorio que pudo o no haber existido, la Atlántida ha tenido una repercusión considerable, tanto en la historia como en la literatura. Cuando la cultura clásica volvió a difundirse en Occidente, después de la caída de Constantinopla, en 1453, tanto el relato de Platón como los demás documentos acerca de las islas que habían existido en el Atlántico volvieron a estimular la imaginación del hombre. Colón, que era un ávido lector de relatos de viaje y que mantenía correspondencia con los cartógrafos, no era el único que pensaba que el mundo era redondo. Su verdadera circunferencia había sido calculada en Alejandría, en épocas antiguas, con un error de sólo ochocientos kilómetros. Sin embargo, aunque los estudiantes de la escuela alejandrina podían medir la Tierra, nunca, que se sepa, navegaron a su alrededor para demostrar que era redonda. En la época de Colón existían numerosos mapas del "mundo", aunque la distinta información que proporcionaban y el hecho de que las líneas de navegación se trazaran de acuerdo con la distribución de las estrellas en el cielo nos lleva a pensar que la gran hazaña de Colón no consistió en haberse atrevido a enfrentar la posibilidad de encontrar los monstruos del mar, o en correr el riesgo de caerse desde el borde del mundo, sino en dejarse guiar por los mapas que tenía a su disposición. Algunos de dichos mapas mostraban la Antillia, Antilla, Antilha o Antigua, posibles nombres alternativos de la Atlántida, o de las Fortunatas, las Hespérides y otras islas. El mapa de Toscanelli, que era, según se cree, el que llevaba Colón en su viaje al Nuevo Mundo, muestra Antillia. Años antes de que el descubridor hiciera su viaje, Toscanelli le escribió sugiriéndole Antillia como un lugar donde podría hacer escala en su viaje hacia las Indias. En su mapa, la China y las Indias aparecían en la costa occidental del Atlántico, mientras Antillia y otras islas constituían las etapas intermedias. Parece razonable pensar que Colón estudió, o llevaba con él en su viaje, el mapa de Becario, de 1435, y los posteriores de Branco (1436), Pereto (1455), Rosseli (1468) y Bennicasa (1482). También es probable que llevara material o sugerencias tomadas del mapa de Benheim (1492). En todos ellos aparecía Antillia, con sus diversas denominaciones, y generalmente la situaban en pleno Atlántico, en línea paralela a Portugal. En este aspecto cobra sentido lógico el nombre portugués: Antilha (ante ilha), que significa "la isla frente a", "antes de" u "opuesta a" y se refiere a la gran isla situada en medio del océano, la de las "siete ciudades". Ya sea que ésta fuese la verdadera razón de su nombre, o que se tratara simplemente de otra forma de escribir Atlántida, el hecho es el mismo: la gran isla de la que se habló a Colón y que figuraba en todos los mapas importantes, estaba situada en la posición que el consenso general atribuía a la Atlántida, y, pese a que se conocía la noticia de su hundimiento, todavía se le daba la forma descrita por Platón. También se ha sugerido que influyó en Colón un extraño pasaje de una obra del autor romano clásico, Séneca, escrita muchos siglos antes. La cita, tomada del acto segundo de Medea, es la siguiente: "Llegará una época, en la última era del mundo, en que el océano aflojará las cadenas de lo que (ahora) contiene y la tierra aparecerá en toda su gloria. Tetis (el mar) dejará al descubierto nuevos continentes y Tule no será ya el fin del mundo..." ¿De dónde obtuvo Séneca la idea de los continentes sumergidos en el Océano? ¿De su imaginación, de Platón o de otras fuentes? ¿Cuan generalizada era esta creencia en la época clásica? Actualmente sólo podemos hacer conjeturas, pero hay fuertes indicios de que Colón estuvo influido por los autores clásicos en sus propias especulaciones.

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