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Capítulo 11 de 22
Editorial Pomaire — parte 10 de 21
El Misterio De La Atlantida
Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar nuestra actitud hacia la navegación de la Antigüedad. Otro caso es el mapa de Piri Reis, un plano del mundo que pertenecía a un capitán de marina turco del siglo XVI y que mostraba las costas de Sudamérica, África y partes de la Antártida, pese a que resulta inimaginable pensar cómo pudo ser incluido este continente helado. Más increíble resulta aún el hecho de que los estudios antárticos modernos confirman la exactitud del mapa. El Piri Reis (Reis o Rais era el rango de capitán o patrón de un navío) habría sido diseñado a partir de los antiguos mapas griegos perdidos en la destrucción de la biblioteca de Alejandría. Si hubiese sido copiado de otros mapas más antiguos, ello significaría que durante la Edad Media se perdieron u olvidaron importantes conocimientos geográficos que estaban a disposición del mundo de la Antigüedad. Desde el pasado nos llegan ciertos indicios misteriosos acerca del uso de otros "inventos" que hasta ahora no se creía que hubieran existido en épocas antiguas. El uso de explosivos es un buen ejemplo, ya que el descubrimiento de la pólvora y el fuego griego parecen perderse en las brumas de los tiempos. Los chinos utilizaban explosivos como algo corriente, antes que la pólvora fuera conocida en Europa. Edgerton Sykes, la más importante autoridad británica en el tema de la Atlántida, cita a R. Dikshitar, de la Universidad de Madras, quien afirmaba que el uso de explosivos ya era conocido en la India en el año 5000 a. de C. El fuego griego de Bizancio que ayudó a los bizantinos a conservar su imperio durante el milenio posterior a la caída del Imperio romano de Occidente, era un misterio ya entonces. Parece que lo lanzaban desde las galeras en vainas o proyectiles y al chocar contra otras galeras seguía ardiendo, aunque le echasen agua. Es posible que los explosivos fueran utilizados en Europa en varias ocasiones, durante los ataques de Aníbal contra los romanos. En todo caso, si ése era el material empleado, lo mantuvieron secreto para que los romanos pensaran que se trataba de poderes sobrenaturales al servicio del enemigo. Los romanos contaban que las rocas eran destruidas por el fuego y por un tratamiento posterior con agua y vinagre. Más tarde, en la batalla de Tresimeno, la tierra tembló y grandes piedras cayeron sobre los romanos, que fueron derrotados por los cartagineses. Hay que observar que si se trató de un terremoto, los cartagineses no lo sufrieron y que, además, se aprovecharon de él inmediatamente. Algunos años antes, en la India, las tropas de Alejandro Magno habían vivido una experiencia aterradora. Los defensores de una ciudad hindú les lanzaron "truenos y rayos" desde las murallas de la población que estaban atacando. Se ha sugerido incluso que la caída de las murallas de Jericó fue ocasionada en realidad por los explosivos colocados en túneles excavados bajo ellas por los atacantes hebreos y no por el estruendo de sus trompetas. En todo caso, éstas y otras referencias a algo que guarda un asombroso parecido a los explosivos aparecen una y otra vez en los documentos antiguos. Normalmente, esas armas secretas parecen haber sido utilizadas por culturas más antiguas-, que las heredaron de otras, sin que se sepa quiénes fueron los primeros en hacer uso de ellas. Cuando se estudia la gran pirámide de Gizeh se tiene la impresión de que alguna raza superior de artesanos del pasado hubiese dejado un documento para épocas futuras, ya fuese con fines educativos o como prueba de sus conocimientos científicos. Aparte de su tamaño no se había advertido nada extraordinario en la gran Pirámide, hasta la ocupación francesa, cuando los agrimensores de Napoleón comenzaron a trazar un mapa de Egipto. Como es natural, eligieron la gran pirámide como punto inicial de su triangulación, y al usarla como base notaron primero que, si seguían las líneas diagonales del cuadrado de la base, trazaban con toda exactitud el Delta del Nilo, y que el meridiano pasaba exactamente por el ápice de la pirámide, cortando el Delta en dos partes iguales. Era obvio que alguien había dispuesto que la pirámide estuviese en aquel lugar por una razón especial. Ulteriores estudios de las medidas del monumento demostraron que si el perímetro de su base es dividido por el doble de su altura se obtiene la cifra 3,1416, ó "TC". Su orientación es exacta, dentro de los 4 minutos 35 segundos. La pirámide tiene su centro en el paralelo 30, lo cual es de por sí desusado, puesto que separa la mayor parte de la superficie terrestre del planeta de la mayor porción cubierta por el océano. Desde el lado que da hacia el Norte sale una galería
que lleva a la cámara real. Desde el final de esta galería, y a través de millones de toneladas de rocas perfectamente dispuestas, se puede ver en línea recta la estrella polar, que en la época de la construcción de la pirámide pertenecía a la constelación del dragón. La altura de la gran pirámide multiplicada por un billón da la distancia de la Tierra al Sol. Cada lado resultó igual, en codos, al número de días que tiene el año. Otros cálculos indican el peso de la Tierra y su radio polar, y el estudio de un receptáculo oblongo de granito rojo hallado en la cámara real sugiere todo un sistema de medidas de volúmenes y dimensiones. Los estudios de la gran pirámide han sido el tema de muchos libros y ahora se hallan hasta cierto punto desacreditados, debido al exceso de entusiasmo de algunos escritores que pretendieron encontrar ciertas profecías en las medidas del monumento y en sus galerías interiores. La mayor de las pirámides egipcias es aparentemente la única que contiene tales "medidas de registro", y no existen indicios de que los egipcios pensaran, a lo largo de los siglos, que hubiese allí nada, excepto tesoros, o tuviera otra finalidad que la de ser la tumba del faraón. Hay un aspecto misterioso en el origen de la civilización egipcia: aproximadamente en la época de la primera dinastía, alrededor del 3200 a.C., Egipto pasó repentinamente de una cultura neolítica a otra avanzada —casi de un día para el otro, en términos históricos— con herramientas de cobre muy eficaces, que les permitieron construir grandes templos y palacios y con las que desarrollaron una civilización avanzada y una escritura muy elaborada. Aparentemente, no pasaron por una etapa intermedia. ¿Cómo alcanzaron los egipcios ese estadio cultural? Maneto, un historiador de la época de Ptolomeo, afirmaba que había sido obra de los dioses que gobernaron el país antes de Menes, el primer faraón. Los Upanishads, antiquísimos libros religiosos de la India, contienen algunos pasajes que durante siglos parecieron oscuros y difíciles de interpretar. En cambio, si se consideran desde el punto de vista de la composición molecular de la materia, resultan bastante sencillos. Constituyen otro caso de conocimiento científico conservado gracias a libros sagrados. A la antigua India le debemos nuestro conocimiento del cero, o más bien nuestro uso del cero. Nos llegó desde allí a través de los árabes, que lo escribían como un punto. Sin embargo, los mayas de México y Guatemala también lo conocieron y lo utilizaron con asombrosa exactitud en cálculos astronómicos y cronológicos. En los calendarios del antiguo Egipto y de México se advierte una interesante coincidencia astronómica. Ambos calcularon —o tal vez recibieron la información de otra fuente— que el año está compuesto de 365 días y seis horas, basándose en una división de los meses que dejaba cinco días complementarios al final de cada año y una cantidad adicional en cada ciclo, que en el caso de los aztecas era de 52 años, y en el de los egipcios de 1460 años. Nuestra fecha equivalente al comienzo del año azteca y egipcio (iniciaban el suyo en el mes de Tot) era para ambos el 26 de febrero. Sin embargo, junto a estos notables conocimientos, matemáticos y de otra naturaleza, nos encontramos con que los mayas y otros pueblos amerindios no conocían las posibilidades que ofrecía la rueda para el transporte. Se pensaba que ninguno de ellos había conocido el uso de la rueda, hasta que se encontraron ciertos juguetes mexicanos antiguos, con ruedas. Tal vez la conocieron en una época y luego la olvidaron. Era como si la cultura hubiese retrocedido. Cuando los conquistadores españoles llegaron a América, la civilización maya se hallaba en un período de decadencia, y también la gran cultura tolteca de México se había eclipsado, lo mismo que la de los primeros constructores sudamericanos del Cuzco y Tiahuanaco. Desde que se descubrieron las ruinas mayas pudo advertirse la sorprendente similitud entre la arquitectura maya y la del antiguo Egipto. Los mayas construyeron pirámides, columnas, obeliscos y estelas (pero no el verdadero arco), usaron jeroglíficos y bajorrelieves como elementos decorativos y describieron incidentes históricos en frisos de piedra. Aunque otras arquitecturas amerindias también recuerdan a la egipcia, con sus pirámides y construcciones masivas que se extienden por Centro y Sudamérica, la maya es a la vez la que más se adentra hacia el mar y la que más se asemeja a la de Egipto. Al estudiar el origen de las culturas maya, olmeca y tolteca y el de las civilizaciones de otros pueblos precolombinos de América Central, advertimos que Sahagún, un cronista de la conquista española, consigna un curioso informe tomado de fuentes antiguas, en el sentido de
Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar que sus culturas se exportaron a México y América Central desde otro lugar. Y cita el siguiente párrafo de un documento indígena: "... vinieron atravesando las aguas y desembarcaron cerca (en Vera-cruz)... los ancianos sabios que tenían todos los escritos, los libros, las pinturas". En su edición comentada del libro de Dorihelly, Edgarton Sykes ofrece una interesante explicación respecto a la costumbre maya de abandonar sus ciudades y construir otras nuevas. Si los mayas llegaron desde territorios situados al este de la América Central —dice— sin duda, vivieron en esas regiones que posteriormente quedaron sumergidas, lo cual les habría obligado a abandonarlas y a construir otras que finalmente también se hundieron. Este hábito de huir de los territorios inundados podría explicar la costumbre maya de abandonar una ciudad tras otra antes de que el mar les alcanzara. Naturalmente, sigue en pie la teoría generalmente aceptada de que los mayas dejaban sus asentamientos después de haber agotado las tierras que los rodeaban y que habían cultivado tras desbrozar la selva. Sin embargo, frente a la costa mexicana y bajo las aguas del Caribe, existen ruinas mayas, y algunos especialistas piensan que las numerosas ruinas "nuevas" Crecientemente descubiertas en una prospección aérea corresponderían también a esa cultura o tendrían un origen aún más antiguo. El aparente retroceso cultural, o más bien la ausencia de progreso desde un punto de partida muy avanzado, son también evidentes en el Imperio incaico. En efecto, los pueblos que precedieron a los incas en Sudamérica dejaron construcciones que resultan inexplicables. Cuando examinamos los restos arquitectónicos de Perú y Bolivia nos resulta imposible comprender cómo fueron construidos. Los bloques de piedra del Cuzco son de dos tipos distintos: los que utilizaron los incas en sus templos y palacios y los que aparecen en las construcciones básicas, perfectamente escuadradas, de enormes proporciones y que encajan exactamente unos con otros. Estos habrían sido obra de los predecesores de los incas, de quienes sólo quedan algunas leyendas. ¿Cómo pudieron los pueblos primitivos cortar y transportar por terrenos montañosos estas piedras ciclópeas, mayores que las de las pirámides egipcias? ¿Y cómo pudieron los predecesores de los incas encajar los bloques con tanta perfección, si su técnica era muy primitiva? ¿Y, si podían dar forma a los bloques de piedra, como obviamente lo hicieron, por qué no los cortaron en líneas rectas, en lugar de usar extraños ángulos para luego hacerlos coincidir como si se tratara de un enorme rompecabezas? Una posible respuesta a la última pregunta sería que intentaban dotar a los edificios de una mayor resistencia a los terremotos, ya que en la región andina se han producido terribles movimientos terrestres, en épocas relativamente recientes. La ciudad de Tiahuanaco, a orillas del lago Titicaca, en Bolivia, constituye otra inexplicable ruina ciclópea. A su llegada, los primeros españoles la encontraron abandonada. Estaba construida con enormes bloques de piedra, algunos de los cuales pesan hasta doscientas toneladas, y estaban unidos por pernos de plata. Dichos pernos fueron sacados por los conquistadores españoles, lo que provocó que los edificios se desplomaran en los terremotos subsiguientes. Se han encontrado piedras de cien toneladas enterradas para servir de cimientos a las murallas que sostenían las construcciones y también se hallaron marcos de puertas de tres metros de altura y setenta centímetros de ancho, esculpidas en bloques de una sola pieza. Según las leyendas locales, la ciudad fue construida por los dioses, y se diría que los constructores eran superhombres, ya que estas enormes ruinas se hallan a 4000 metros de altura y en una zona árida, incapaz de proporcionar los alimentos necesarios para alimentar a la gran población indispensable para levantar construcciones tan inmensas. Algunos arqueólogos sudamericanos creen que Tiahuanaco (nadie sabe cómo llamaban a la ciudad quienes la levantaron, ya que no existen documentos al respecto) fue construida en una época en que el suelo estaba a un nivel casi 3200 metros por debajo del actual. De hecho, en los alrededores existe un antiguo puerto abandonado. Esta teoría se basa en los cambios que ha experimentado la cordillera de los Andes y que vienen atestiguados por los depósitos de piedra caliza o líneas de demarcación del agua que han quedado en laderas y montañas. Además se apoya en el supuesto de que la región de los Andes y del lago Titicaca fue levantada, destruyendo y despoblando Tiahuanaco y otros centros de esta cultura prehistórica. Los restos de mastodontes, toxodones y perezosos gigantes encontrados en
lugares cercanos sugieren esta variación en la altura. Esos animales no podrían haber vivido en la altura que dichos territorios tienen en la actualidad. Y tampoco la población necesaria para construir una ciudad como aquélla, habría podido subsistir en una zona tan árida y elevada. Entre las ruinas se han encontrado representaciones de estos animales en cerámicas, debidas a la mano de los habitantes de la región, posteriormente desaparecidos. Los arqueólogos locales calculan que Tiahuanaco fue abandonada hace unos diez o doce mil años, pero todavía queda mucho trabajo por hacer hasta determinar una fecha más exacta. No obstante, dicho cálculo resulta muy verosímil, ya que en general coincide con el que los sacerdotes egipcios comunicaron a Platón como época del hundimiento de la Atlántida. Mientras una parte del mundo se hunde, otra se levanta, como si se produjeran grandes pliegues o balanceos de la superficie de la Tierra. Se cree que en este "repliegue" también fue afectada la costa occidental sudamericana. Durante el programa de investigación oceanógrafica de Duke, realizado en 1966, las cámaras de gran profundidad fotografiaron columnas excavadas en la roca y situadas en una meseta submarina frente a la costa del Perú, a 2000 metros de profundidad. Las grabadoras de sonido detectaron otras variaciones insólitas y un fondo marino muy llano. El doctor Maurice Ewing, del Observatorio Geológico Lamont, hizo la siguiente declaración, refiriéndose al sistema de fallas y cordones sísmicos del océano: "...El efecto opuesto a la tensión es la compresión, que da como resultado el pliegue de la superficie terrestre. Los sistemas montañosos continentales, como las Montañas Rocosas y los Andes, tuvieron su origen probablemente en uno de esos pliegues". Existen otros indicios acerca de las civilizaciones prehistóricas de Sudamérica que resultan desconcertantes, como por ejemplo los juguetes con ruedas correspondientes al antiguo México, y hay una tradición que afirma que los antiguos habitantes de la región peruana desarrollaron un sistema de escritura por jeroglíficos similar a las de las civilizaciones centroamericanas. Sin embargo, los incas lo prohibieron, tal vez por no ser productivo, e introdujeron su propio sistema de memorización, a base de cuerdas anudadas y coloreadas. Estas cuerdas, que servían para llevar un registro de los tributos, los impuestos y el censo, es posible que constituyeran de por sí un sistema de escritura o computación. Por otra parte, algunas de las construcciones antiguas son tan enormes que resultan casi inverosímiles. En Cholula, México, hay una colina que fue originalmente una pirámide y ahora está coronada por una iglesia. Se cree que fue construida como refugio, en prevención de futuras inundaciones, pero una confusión de idiomas provocó la dispersión de los constructores (una leyenda que resulta bastante familiar).
Comparación de un arco falso en tai ruinas de Palenque (México) y Micenas (Grecia).
En las afueras de Quito, Ecuador, hay una montaña que tiene una forma tan regular que algunos observadores piensan qué se debe a la mano del hombre, es decir, que se trata de una pirámide gigantesca. De todos modos, la impresión general es que resulta demasiado
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