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Capítulo 10 de 22
Editorial Pomaire — parte 9 de 21
El Misterio De La Atlantida
Sección del mapa de Bennicasa (1482). La Península Ibérica está en la parte superior; el barco apunta hacia el Norte. Hacia el costado superior derecho del barco aparecen indicadas las "islas Fortunatas de san Brandan", y bajo el barco, a la izquierda, se muestra el conglomerado llamado "Isla Salvaje"y "Antilla".
Una de las fuentes que nos lleva a creer en esta sugerencia es alguien que estaba personalmente relacionado con el Almirante y conocía sus ideas: su hijo Fernando, que escribió estas palabras en un ejemplar de Medea: "Esta profecía fue cumplida por mi padre, el Almirante Cristóbal Colón, en 1492". López de Gomara, autor de la Historia General de las Indias (1552) atribuye especialmente a Colón las hazañas de haber "leído Timeo y Critias, de Platón, donde obtuvo información acerca de la gran isla y de un territorio sumergido que era mayor que Asia y África". Fernández de Oviedo afirmó incluso que los monarcas españoles poseían los derechos sobré las nuevas tierras americanas (Historia General y Natural de las Indias, 1525), ya que, según él, Héspero, un rey prehistórico español, era hermano de Atlas, gobernante del territorio opuesto de Marruecos, y Héspero también reinaba sobre las Hespérides, "las islas de Occidente":
...A cuarenta días de navegación, como todavía se encuentran, más o menos, en nuestra época... y como las halló Colón en su segundo viaje... deben por ello ser consideradas estas Indias tierras de España desde la época de Héspero... las cuales revirtieron a España (por medio de Colón)...
Fray Bartolomé de Las Casas, sacerdote y escritor contemporáneo, tenía sus razones personales para disentir de Fernández de Oviedo. Su propósito, muy laudable, era proteger a los indios del Nuevo Mundo, cuyo trato por parte de los conquistadores españoles estaba desembocando en un genocidio. Las Casas objetó ese derecho de dominio basado en las Hespérides o la Atlántida. Sin embargo, al comentar acerca de Colón, en su Historia de las Indias (1527), observó:
...Cristóbal Colón pudo naturalmente creer y esperar que aun cuando aquella gran isla (la Atlántida) estaba perdida y sumergida, quedarían otras, o por lo menos, quedaría tierra firme, que él podría encontrar, si la buscaba...
Otro de los autores de la época del descubrimiento del Nuevo Mundo, Pedro Sarmiento de Gamboa, escribió en 1572: las Indias de España eran continentes al igual que la isla Atlántica, y en consecuencia, la propia isla Atlántica, que estaba frente a Cádiz y se extendía sobre el mar que atravesamos para venir a las Indias, el mar que todos los cartógrafos llaman océano Atlántico, ya que la isla Atlántica estaba en él. Y así hoy navegamos sobre lo que antes fue tierra firme.
Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar Cuando los invasores españoles de México supieron que los aztecas provenían de una tierra llamada Aztlán, llegaron a la convicción de que descendían de los atlantes y esto vino a reforzar el derecho de los españoles a la conquista, aunque nunca pensaron que necesitaban justificación para llevarla a cabo. La palabra "azteca" significa gentes de Az o Aztlán (los aztecas solían llamarse a sí mismos tenocha o nahua). Si los invasores españoles del Nuevo Mundo se vieron influidos en algún sentido por el recuerdo de la Atlántida o de las Hespérides, la población india de la zona central de Sudamérica estaba convencida, por otra razón, pero relacionada con la misma mística histórica o legendaria, de que los españoles eran sus dioses civilizadores o sus héroes, que habían regresado de las tierras orientales. Tanto fue así que se vio psicológicamente incapaz de oponerles resistencia, hasta que ya fue demasiado tarde. Durante muchos años, los toltecas, mayas y aztecas y otros grupos mesoamericanos, así como los chibcha, aymará y quechua, de Sudamérica han conservado leyendas acerca de misteriosos hombres blancos extranjeros provenientes del Este, que les enseñaron las artes de la civilización y posteriormente partieron, diciendo que volverían de nuevo. Según la tradición, Quetzalcóatl, el barbado dios blanco de los aztecas, y sus predecesores, los toltecas, habían navegado de regreso a su propio país en el mar de Oriente —Tollán- Tlapalan— después de haber fundado la civilización tolteca. Dijo que algún día habría de volver para gobernar nuevamente aquella tierra. Este mismo Quetzalcóatl, "la serpiente emplumada", era adorado entre los mayas con el nombre de Kukulkán.
Relato gráfico azteca que muestra la confusión del emperador Moctezuma al tratar de establecer, mediante amuletos y profecías, si los conquistadores eran mensajeros de Quetzalcóatl.
Cuando los españoles llegaron a México, Moctezuma (Montezuma), el emperador azteca, al igual que muchos de sus súbditos, creían que Quetzalcóatl, o al menos sus mensajeros, habían reaparecido repentinamente. Incluso llamaban a los españoles "teules" "los dioses", especialmente porque su llegada había sido anunciada por numerosos portentos y profecías. Debido a la más notable coincidencia, los españoles aparecieron en 1519, a finales de uno de los cincuenta y dos ciclos del calendario azteca. Uno de los aspectos de este ciclo era el relacionado con el reiterado nacimiento de Quetzalcóatl, lo que hizo pensar a los desconcertados aztecas que él o sus mensajeros habían vuelto en el aniversario de su nacimiento. Papantzin, la hermana de Moctezuma, había tenido una visión de hombres blancos que llegaban desde el océano, que fue interpretada por Moctezuma y los sacerdotes aztecas como un presagio del prometido retorno de Quetzalcóatl. Moctezuma esperaba ya el regreso del dios cuando los españoles aparecieron frente a él. El emperador dio instrucciones a sus primeros enviados de que los recibieran con presentes "para darles la bienvenida al hogar", a México.
Los aztecas se sorprendieron luego, al advertir que los dioses que regresaban al hogar comían "alimentos terrenales" y que mostraban una preferencia muy poco divina por las doncellas locales, a las que querían vivas y no como víctimas sacrificadas en su honor. La población indígena de México que sobrevivió a la masacre española tendría que aprender muchas más cosas aún acerca de los "dioses" en el proceso de su conquista por dos continentes. El bien organizado imperio de los incas, en el Perú, también conservaba una profecía que se atribuía al duodécimo inca. Según contó su hijo Huáscar a los españoles, su padre había dicho que durante el reino del decimotercer inca vendrían hombres blancos desde "el sol, nuestro padre" para gobernar el Perú. (El decimotercer inca fue el hermano de Huáscar, Atahualpa, quien mientras era ahorcado por los españoles, tuvo tal vez un momento para comprender la profunda verdad que encerraba la profecía.) En casi todos los lugares que conquistaron, los españoles se vieron ayudados por leyendas y creencias de los propios indios acerca de sus orígenes, el origen de su civilización y respecto al hecho de que los dioses volverían para reinar sobre sus tierras, procedentes del Este. En el estudio acerca de la Atlántida, las leyendas amerindias (o indoamericanas) respecto a un origen oriental son un tema constante a considerar, y que a menudo produce confusión. Los antropólogos consideran, en general, que los indios procedían (como suelen creerlo ellos mismos) de Siberia y que pasaron al continente americano por el estrecho de Behring para descender luego hacia el Sur. Sus características raciales —pelo liso y negro, escaso vello en el rostro y el "punto mongólico" en los recién nacidos— parecen confirmar esta teoría. Entonces, ¿a qué se deben estas persistentes leyendas sobre su origen oriental y acerca de una civilización que procedía del Este, o la leyenda común sobre una gran inundación, que habitualmente están relacionadas con la destrucción o el hundimiento de una tierra situada en el Este? Una posible explicación es que una parte de la población amerindia proceda del Este o que, por lo menos, de allí llegaron influencias culturales importantes. Tal vez por esta razón, las tribus se enorgullecían de esta asociación cultural que constituía el equivalente prehistórico del orgullo de los norteamericanos actuales respecto a sus "antepasados que llegaron en el Mayflower". Se han advertido algunas trazas culturales entre los amerindios del Atlántico, o que poseen antecedentes atlánticos, como por ejemplo la momificación de los cadáveres atlánticos, algunas leyendas comunes y prácticas religiosas similares a las de Europa y del antiguo mundo mediterráneo: el uso de cruces, el bautismo, la absolución de los pecados y la confesión, el ayuno, la mortificación de sí mismo y la consagración de las vírgenes al culto. Estas similitudes de sus religiones hicieron que los españoles las considerasen trampas diabólicas. También se encuentran analogías arquitectónicas con Egipto —la construcción de pirámides y otras—, al igual que la escritura en forma de jeroglíficos. En los restos arqueológicos que se han conservado hasta ahora, estatuas y relieves, cuya época aún no ha sido definida con exactitud, representan a elementos no indios, blancos y negros, que a menudo están vestidos de una manera que recuerda el mundo mediterráneo. Por ejemplo, las enormes cabezas de piedra que se han hallado en Tres Zapotes, cerca de Veracruz, que muestran claros rasgos negros y otras estatuas más pequeñas, correspondientes a la cultura olmeca y las representaciones mayas de estatuas y cerámica halladas en La Venta, donde aparecen hombres blancos de barba, con nariz semítica, y que usan ropas, zapatos y en ocasiones yelmos que son completamente distintos a los de los mayas. Los sellos cilindricos y los ataúdes de momias con anchas bases encontradas en Palenque, Yucatán, son también característicos de esta parte de México, más próxima al Atlántico y a la corriente ecuatorial Norte, que fluye hacia el Oeste. Debemos observar también que los habitantes del Nuevo Mundo han estado aquí durante un largo período. La fecha de la aparición del hombre en América está siendo constantemente modificada en la historia y se sitúa actualmente entre 12.000 Y 30.000 años. Además, todas las características indígenas no corresponden a las de las razas del Norte de Asia, especialmente la nariz aguileña. Existen numerosos testimonios de los primeros conquistadores y exploradores españoles, que hablan de indios blancos y negros y de muchos matices intermedios en el color de su piel. También describen otaros amerindios de cabello
Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar castaño. De este último tipo se han hallado algunos ejemplares al examinar momias del Perú. La afirmación de que todos los amerindios y su cultura provienen de Asia, constituye una simplificación excesiva. Un estudioso del tema nos ha legado un comentario muy sugestivo acerca de este supuesto tráfico en una sola dirección. Afirma que las tribus indígenas no llevaban consigo animales domésticos asiáticos, en su aparente emigración desde Asia, ya que los españoles no encontraron ninguno cuando llegaron a América, con excepción de un perro, antecesor directo del chihuahua, que es originario de México. Al examinar los animales que existían en el continente americano en la época del descubrimiento surge la cuestión de si los indios emigrantes habrían transportado o arrastrado lobos, panteras, leopardos, ciervos, cocodrilos, monos y osos cuando atravesaron el estrecho o la que entonces era península de Behring. Si estos animales no aparecieron espontáneamente en el continente americano, ello significa, obviamente, que llegaron por sus medios, desde Europa o África, desplazándose sobre puentes terrestres, que actualmente se hallan sumergidos. Y si los animales pudieron hacerlo, ¿por qué no los indios? La Atlántida estuvo a punto de tener de nuevo cierta influencia en la historia durante el siglo XIX, cuando Lord Gladstone, Primer ministro británico durante el reinado de la reina Victoria, trató de hacer aprobar una ley por el Parlamento en la que se destinarían fondos para la búsqueda de la Atlántida. El proyecto de ley fue derrotado por miembros del gobierno que aparentemente no compartían el entusiasmo de Lord Gladstone. Durante el siglo XX se han formado en Europa algunas sociedades interesadas en la Atlántida (véase el capítulo 9), pero todavía no han alcanzado una importancia "histórica". Una de ellas, llamada Principado de la Atlántida, fue organizada por un grupo de científicos daneses y llegó a contar con muchos miles de miembros. Como máxima figura representativa se escogió al príncipe Cristian de Dinamarca, con el título de Príncipe de la Atlántida. Como era descendiente directo de Leif Ericson, marino vikingo y uno de los primeros descubridores de territorios oceánicos, la elección pareció muy acertada. Aunque el tema de la isla-continente parece lejos de haber muerto, su influencia futura en la historia adoptará tal vez la forma de una nueva apreciación de nuestra historia y nuestros orígenes. Salvo que ocurriesen hipotéticos conflictos entre países, acerca de las tierras atlánteas emergidas, en caso de que se cumpliera la predicción de Cayce. La prehistoria del hombre es llevada cada vez más atrás a lo largo de las brumas del tiempo. Desde la interpretación bíblica ofrecida por el obispo de Dublín, James Usher, en el siglo XVII, según la cual el mundo comenzó en el año 4004 a.C., hemos progresado hasta el punto en que ahora se cree que el hombre capaz de utilizar herramientas estuvo presente sobre la tierra desde hace varios millones de años. La arqueología está también empeñada en el proceso de revaluar los datos respecto a la primera aparición del hombre "civilizado", que se considera en la actualidad muy anterior a lo que antes se suponía. Quedan aún muchos espacios en blanco en la historia de la Humanidad, y la Atlántida podría ser uno de ellos.
La explicación atlántica
Si se considera como el "eslabón perdido" entre el Viejo y el Nuevo Mundo, la Atlántida (o los puentes terrestres atlánticos) constituye una explicación tan fácil para tantas cosas, que podría decirse, parafraseando a Voltaire, que de no haber existido habría sido necesario inventarla. Desde el punto de vista cultural, nos permite comprender ciertos conocimientos existentes
en épocas antiguas que resultan mucho más fácilmente explicables si suponemos la existencia de una civilización más antigua, que desarrolló originariamente una cultura y sabiduría que luego traspasó a unos herederos que en algunos casos resultaron menos hábiles para desarrollarlas! Como podemos apreciarlo en la Edad Media y en otros ejemplos más actuales, el progreso y la civilización no siempre avanzan de manera progresiva. En ocasiones parecen dudar, estancarse e incluso retroceder. Ciertos aspectos específicos de la información que poseemos indican que en el mundo de la Antigüedad existía un conocimiento científico mayor de lo que suponíamos. Aparte del saber geográfico demostrado por los escritos clásicos en sus referencias a otros continentes, las alusiones a la astronomía, que suelen aparecer confusas o disfrazadas bajo la forma de leyendas, son expresión de una educación y una cultura que posteriormente se perdieron a lo largo de las civilizaciones, hasta que fueron redescubiertas por el mundo moderno. Por ejemplo, ¿cómo podían los antiguos saber, sin ayuda de telescopios, que el planeta Urano cubría regularmente con su superficie a sus lunas durante su movimiento de rotación alrededor del Sol? El fenómeno se explicaba en forma mítica afirmando que el dios Urano comía y vomitaba alternadamente a sus hijos. Hasta épocas relativamente modernas no existió un telescopio lo bastante poderoso como para advertir este fenómeno ¿De qué fuente obtuvo Dante Alighieri su "visión anticipada" de la Cruz del Sur, doscientos años antes de que el primer europeo la hubiese visto o hubiese sabido acerca de ella? En La Divina Comedia describió lo que apareció ante sus ojos después de abandonar el infierno en la montaña del purgatorio. Lo que sigue es una traducción libre: "...Me volví hacia la derecha, mirando hacia el otro polo, y vi cuatro estrellas, nunca antes contempladas excepto por los primeros pueblos. El cielo parecía centellear con sus rayos. ¡Oh, desolada región del Norte, incapaz de verlas...!" Aparte del misterio de la Cruz del Sur, ¿a qué primeros pueblos se refería Dante? Cada cierto tiempo aparece algún artefacto perteneciente a una antigua cultura que suele hallarse tan fuera de lugar respecto a su época que casi resulta increíble. En la British Association for the Advancemente of Science se puso en exhibición en 1853 una lente cristalina similar a las modernas lentes ópticas. Era una verdadera curiosidad porque fue encontrada en una excavación hecha en Nínive, la capital de la antigua Asiría, y correspondía a una época anterior en mil novecientos años al advenimiento de la técnica moderna para el pulimento del cristal. En Esmeralda, frente a la costa de Ecuador, entre los restos precolombianos extraídos del fondo del océano y considerados por los arqueólogos como objetos de una gran antigüedad, apareció una lente de obsidiana de unos cinco centímetros de diámetro, que funciona como un espejo y que reduce pero no distorsiona la reflexión. En las excavaciones de La Venta, correspondientes a la cultura olmeca en México, se han encontrado otros pequeños espejos cóncavos de hematita, un mineral magnético de hierro que admite un elevado índice de pulimento. Se considera en la actualidad que la cultura olmeca es la más antigua de México. El examen demostró que estos espejos habían sido esmerilados mediante un proceso desconocido que los hacía más curvos cuanto más cercano al borde. Aunque no se sabe con certeza para qué se utilizaban, ciertos experimentos han demostrado que pueden ser utilizados para encender el fuego, reflejando el sol. En unas excavaciones en Libia, en el norte de África, se han encontrado unos utensilios que parecían ser lentes, y Arquímedes, el científico inventor siciliano de la Antigüedad, utilizó también instrumentos ópticos, según afirma Plutarco, "para que el ojo humano pudiera contemplar el tamaño del Sol". Algunas veces no se sabe en qué consisten los hallazgos arqueológicos. El caso de la computadora marina de Grecia es un buen ejemplo. Fue hallada en el año 1900 en unas antiguas ruinas del fondo del Egeo, junto a una notable colección de estatuas; entre ellas la muy famosa de bronce, de Poseidón, que ahora se encuentra en el museo de Atenas junto a la computadora. Parecía una combinación de placas de bronce en las que aparecía una escritura irregular. Daban la impresión de que el mar hubiera soldado las placas con el transcurso del tiempo. Después de limpiarla y someterla a un estudio más completo se concluyó que era una calculadora, con un sistema de engranajes sincronizados que aparentemente servía como una especie de regla de cálculo para "captar" el sol, la luna y las estrellas, con fines de navegación. Este solo hallazgo ha provocado un cambio considerable en
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