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Capítulo 14 de 22

Editorial Pomaire — parte 13 de 21

El Misterio De La Atlantida

Sus entusiastas opiniones son casi contagiosas, cuando habla de los atlantes como "...los fundadores de casi todas nuestras artes y ciencias; eran los padres de nuestras creencias fundamentales; los primeros civilizadores, navegantes, mercaderes y colonizadores de la Tierra; su civilización tenía ya gran antigüedad en los primeros tiempos de la civilización egipcia, y habrían de pasar miles de años antes de que nadie soñara con Babilonia, Roma o Londres. Este pueblo perdido era nuestro antepasado; su sangre corre por nuestras venas, las palabras que usamos a diario fueron escuchadas en su forma primitiva en sus ciudades, cortes y templos. Cada rasgo de raza, y pensamiento, de sangre y creencia, nos hace retornar a ellos...".

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar Llevado por su afán de demostrar la teoría que con tanto entusiasmo creía Donnelly —y muchos otros que la comparten— imaginó a menudo similitudes culturales y raciales que posteriormente han sido desmentidas. En especial, las relaciones lingüísticas, que frecuentemente han resultado erróneas. La traducción del código troano maya, es un buen ejemplo de los extremos en que pueden desembocar los investigadores llevados de una idea preconcebida. El código es la primera parte de los únicos tres documentos mayas escritos que escaparon a la conflagración general iniciada por el obispo Landa, que ocupaba la diócesis de Yucatán en el siglo XVI. La traducción fue intentada por Brasseur de Bourbourg y luego por Le Plongeon, ambos en el siglo XIX, durante su investigación sobre el tema de la Atlántida y en su intento de relacionar la civilización maya del Yucatán con la de los atlantes. Brasseur de Bourbourg descubrió en los archivos de Madrid, en 1864, un alfabeto maya recopilado por el obispo Landa, quien paradójicamente fue el que más hizo por destruir toda la literatura maya. Este alfabeto estaba basado en un concepto totalmente erróneo, debido a que Landa, cuando intentó descifrarlo, no advirtió que los mayas probablemente carecían de abecedario y tal vez utilizaban una mezcla de jeroglíficos y símbolos fonéticos. De ahí que, al preguntar por el equivalente de las letras a, b, c, etc., Landa sólo obtuvo que los indios le dijeran la palabra maya que más se acercara al sonido de la palabra española equivalente a a, b, c, etc., y le entregaran simplemente una colección de sonidos breves que no tenían relación alguna con un alfabeto ni con un sistema fonético. Esto ilustra sobre el peligro de trabajar con "informadores nativos" que no entienden el propósito de las preguntas que se les hacen. Brasseur de Bourbourg aplicó este alfabeto erróneo al idioma maya, que él hablaba, e hizo una traducción del código troano, que posteriormente influyó de manera notable en Donnelly y otros. Esta es su versión:

En el sexto año de Can, en el undécimo Muluc del mes de Zac, hubo pavorosos terremotos que continuaron hasta el decimotercero Chuen. La tierra de las colinas de arcilla, Mu, y la tierra de Moud sufrieron el seísmo. Se vieron sacudidas dos veces y por la noche desaparecieron repentinamente. La corteza de la Tierra fue repetidamente levantada y hundida en varios puntos por las fuerzas subterráneas, hasta que no pudo resistir las tensiones y muchos países quedaron separados por profundas grietas. Finalmente, ninguna de las dos provincias pudo resistir y ambas se hundieron en el océano, arrastrando a 64 millones de habitantes. Ocurrió hace 8060 años.

Augustus Le Plongeon, otro arqueólogo francés que conocía la lengua maya y que se dedicó a la exploración y excavación de ciudades de aquella civilización, también inventó una traducción del mismo material; su versión es la siguiente: "En el año 6 Kan, en el undécimo Muluc, en el mes Zac, hubo terribles terremotos, que continuaron sin interrupción hasta el decimotercero Chuen. El país de las colinas de barro, la tierra de Mud, fue sacrificado: luego de ser levantado en dos ocasiones, desapareció durante la noche y el valle se vio continuamente sacudido por fuerzas volcánicas. Como era un lugar muy estrecho, la tierra se levantó y hundió varias veces en distintos sitios. Por último, la superficie cedió y diez países resultaron partidos y separados. Incapaces de soportar la fuerza de la convulsión se hundieron con sus 64 millones de habitantes, 8060 años antes de que este libro fuera escrito". Además, Le Plongeon intentó una traducción interpretativa, basada en el antiguo sistema egipcio de jeroglíficos de la pirámide Xochicalco, cercana a Ciudad de México. Así decía la traducción: "Una tierra del océano es destruida y sus habitantes son asesinados para convertirlos en polvo..." Estas "traducciones" de Brasseur y Le Plongeon se citaban muy frecuentemente y, sin duda, eran conocidas por Donnelly. No se puede menos que preguntar cómo es posible que unos especialistas tan serios, que se tomaron el trabajo de aprender lenguas indígenas americanas y exploraron activamente las ruinas selváticas del imperio maya, pudieron traducir en forma deliberadamente errónea ciertas inscripciones para obtener fama o ventajas personales. Tal vez no las tradujeron mal a conciencia, y únicamente las interpretaron de acuerdo con la tesis que estaban tratando de demostrar. En otras palabras, vieron en las inscripciones lo que querían ver, cosa que no les ocurre solamente a los atlantólogos.

Hasta hoy, ninguno de los manuscritos o inscripciones mayas han podido ser descifrados, aunque parece que los arqueólogos rusos están tratando de hacerlo por medio de computadoras. Lewis Spence, un estudiante escocés de mitología que escribió cinco libros sobre la Atlántida, entre 1924 y 1942, cree que no existió una isla-continente, sino dos: una en el lugar señalado por Platón y otra cerca de las Antillas (llamada Antillia), en los alrededores del actual Mar de los Sargazos. Esta tesis que sostiene la existencia de varias masas terrestres atlánticas es compartida por otros teóricos, que suponen que la isla no se hundió toda de una vez, sino tras una serie de cataclismos espaciados en el tiempo que produjeron una remodelación de la superficie de la Tierra que todavía está en curso. Spence dedicó gran parte de su investigación a la mitología comparativa, especialmente con el fin de relacionar las leyendas precolombinas de las tribus y naciones americanas con leyendas del Viejo Mundo, no sólo las de las culturas mediterráneas, sino también las del Norte celta, que él, como mitólogo escocés, estaba perfectamente capacitado para representar. Desde su privilegiada posición, Spence destacó tantos puntos coincidentes entre estas leyendas, que uno no puede por menos que llegar a la convicción de que, o existió una intensa comunicación entre el Viejo y el Nuevo Mundo antes del descubrimiento de Colón, o cada Hemisferio desarrolló sus leyendas a partir de un punto central, que luego desapareció. Por ejemplo, véanse las similitudes que se señalan entre Quetzalcóatl, el dios tolteca que llevó la civilización a México y que regresó a Tlapallan, su lugar de origen en el mar oriental, y Atlas, tan importante en las leyendas que se refieren a la Atlántida. El padre de Atlas era Poseidón, dios del mar, en tanto que el padre de Quetzalcóatl era Gucumatz, una deidad del océano y del terremoto, "la serpiente antigua... que vive en la profundidad del océano". Quetzalcóatl y Atlas eran mellizos, ambos se representaban con barba y cada uno de ellos sostenía el cielo. Un aspecto particularmente interesante de las teorías de Spence acerca de la Atlántida se refiere a las oleadas de inmigración cultural que aparentemente llegaron a Europa desde Occidente en ciertos períodos y especialmente alrededor de los años 25.000, 14.000 y 10.000 a.C. Esta última fecha coincide con la del supuesto hundimiento de la Atlántida. Estos tipos de culturas prehistóricas europeas han recibido los nombres de las localidades en que fueron originalmente descubiertas, como Cro-Magnon o Aurignac, la más antigua, que fue llamada así porque apareció en Cro-Magnon y en una gruta de Aurignac, en el sudoeste de Francia. Esta civilización sorprendentemente avanzada data de hace más de 25.000 años y se difundió a través de ciertos sectores de la Europa sudoccidental, el norte de África y el Mediterráneo oriental. Las pinturas y grabados que aparecen en las paredes de las cavernas sugieren una cultura muy desarrollada que poseía un profundo conocimiento de anatomía. Estas pinturas o bajorrelieves de las cavernas muestran gran preocupación por el toro, que ocupaba un lugar importante en el relato de Platón acerca de la religión atlántica y en las civilizaciones de Creta y de Egipto, donde existía el buey sagrado, Apis. Incluso hoy, 25.000 años después, pese a que ya no es un símbolo religioso, el toro es todavía un elemento importante de la cultura española. Los cráneos de Cro-Magnon indican que el tipo humano al que pertenecían poseía una capacidad cerebral mucho mayor que la de los habitantes de Europa de la época, casi como si se tratase de una raza de superhombres. Spence interpreta la cultura magdaleniense de hace alrededor de 16.000 años como una segunda oleada de la inmigración atlántica e indicios de una organización tribal y religiosa bastante desarrollada. Esta oleada también llegó a Europa procedente del Oeste y el Sudoeste. La tercera oleada, llamada aziliense-tardenoi-siense (por los descubrimientos realizados en Le Mas d'Azil y Tardenois, Francia), data de hace unos 11.500 años; según Spence, eran los antecesores de los iberos que se difundieron por España y otras partes del Mediterráneo, como las montañas Atlas. Los azilienses enterraban a sus muertos mirando hacia Occidente, que era aparentemente el punto desde el cual habían llegado. En tiempos de los romanos, los habitantes de Italia llamaban "atlantes" a los antiguos

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar iberos. Spence cita a Bodichon, quien observó: "Los atlantes eran, entre los pueblos antiguos, los hijos favoritos de Neptuno (Poseidón). Dieron a conocer (su) culto a otras naciones, como los egipcios, por ejemplo. En otras palabras, los atlantes fueron los primeros navegantes conocidos...". Las culturas aziliense, magdaleniense y de Cro-magnon son hechos, no teorías. Spence hizo una interesante contribución al estudio de la Atlántida al relacionar las fechas aproximadas que se atribuían a la aparición de esas culturas con la salida de emigrantes de la isla-continente, a raíz de las inmersiones periódicas ocasionadas por la actividad volcánica, inundaciones provocadas por el derretimiento de capas de hielo del período glacial, o por una combinación de ambos fenómenos. Dado que dichas culturas aparecieron repentinamente en Europa sudoccidental, en distintas épocas, sin duda debían proceder de algún otro lugar, y su expansión hacia Oriente desde la región pirenaica vizcaína indica que su lugar de origen era el Oeste, y más concretamente, una tierra en medio del océano. La última cultura, la aziliense, parece haber poseído, aparte de una insólita forma de arte "geométrico", una especie de escritura o símbolos trazados en piedras, guijarros y huesos. En el siglo XIV fue descubierto en las islas Canarias lo que pudo ser tal vez una reliquia viva de esas culturas. Los guanches eran blancos, se parecían en estatura a los hombres de Cro- Magnon, adoraban al Sol, tenían una cultura muy desarrollada y correspondiente a la Edad de Piedra y un sistema de escritura, y conservaban una leyenda acerca de una catástrofe universal, de la que eran únicos sobrevivientes. Desgraciadamente para ellos, su descubrimiento por los europeos constituyó una catástrofe definitiva, de la que no podrían sobrevivir mucho tiempo. Al escribir acerca de la coincidencia en el tiempo entre la supuesta desaparición de la Atlántida y la última aparición de una cultura prehistórica en Europa, Spence dice: "... El hecho de que la fecha del advenimiento de los azilienses-tardenoisienses, según la han calculado las más fiables autoridades en la materia, coincida en general con la que Platón da para la destrucción de la Atlántida puede ser una simple coincidencia". Sin embargo, sigue diciendo que "algunas coincidencias son más extraordinarias que los hechos comprobados". En general, Spence difundió las teorías de Donnelly pero "rebajando" en cierta forma la Atlántida a una civilización "de la Edad de Piedra", un tanto similar a la del antiguo México y a la de Perú, pero responsable del "complejo cultural" atlántico, algunos de cuyos restos son todavía evidentes en la zona atlántica. En sus últimos años Spence llegó a obsesionarse con la tradición que se repite en tantas leyendas y en la Biblia y que se refiere al mundo anterior a la inundación, sosteniendo que los atlantes habían sido destruidos por la ira divina provocada por su maldad. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, publicó su último libro sobre el tema, con un título que resultaba muy apropiado, dadas las circunstancias: Wül Europe Follow Atlantis? ("¿Seguirá Europa a la Atlántida?"). También sugirió que una de las razones que explican la supervivencia de la teoría atlántica es que el "recuerdo de raza" relativo a la isla sumergida fue tal vez heredado, al igual que el que se atribuye a las bandadas de pájaros que todavía parecen buscar el continente perdido como escala en su vuelo migratorio anual a través del océano. Otras teorías sostienen que cada una de las culturas antiguas cuya existencia se conoce con certeza, como la de la costa occidental de España, la del norte de África, la de África occidental, o la de algunas islas mediterráneas (Creta y recientemente Tera) fueron, según quien fuera el investigador, la verdadera Atlántida y la razón por la que existía la tradición atlántica. Algunas de estas teorías no niegan la de la isla-continente, ya que la misma existencia de estos antiquísimos y desconocidos centros culturales podría explicarse considerándolos originalmente como colonias atlánticas o lugares de refugio. Tartessos es uno de los principales "sustitutos" del continente perdido. Se piensa que estaba localizada en la costa atlántica de España, en la desembocadura del río Guadalquivir o en sus alrededores, o en el lugar por donde discurrió el curso del río anteriormente. Era el centro de una próspera y muy desarrollada cultura, especialmente rica en minerales.

Tartessos fue capturada por los cartagineses en el año 533 a.C. y posteriormente quedó aislada del resto del mundo. Los arqueólogos alemanes, especialmente Jos profesores Schultan, Jessen, Hermán y Henning, iniciaron su investigación sobre Tartessos en 1905. Con un verdadero sentido germánico del orden, Jessen dispuso en un cuadro las "pruebas" de que la "Venecia de Occidente" era el modelo de la Atlántida platónica. Elabora una lista de once puntos para demostrar su tesis, comparando lo que dijo el filósofo con lo que Schulten, él mismo y otros descubrieron o concluyeron acerca de Tartessos. Resumidos, sus principales puntos son los siguientes:

Lo que dijo Platón Hechos (y supuestos) sobre Tartessos

1.La Atlántida estaba frente 1.Tartessos era una isla en la desembocadura del Guadalquivir a las Columnas de Hércules. (más allá de las Columnas de Hércules-Gibraltar). 2.Era mayor que el conjunto 2.No era una isla sino un enorme monopolio comercial. de Libia y Asia Menor. 3.Quienes participaban en el comercio del estaño con Gran 3.Era un puente hacia otras islas Bretaña y otras islas concibieron la idea de que Tartessos era y hacia el continente que se un continente. extendía al otro lado del gran océano. 4.Tartessos abastecía de metales a todo el Mediterráneo. 4.Su imperio se extendía desde África 5.Desapareció al ser conquistada y no dejó rastros que los hasta Egipto y Etruria (en Italia). marinos griegos pudieran advertir. 5.Desapareció en un solo día, 6.Es inaccesible, debido a razones políticas. sumergiéndose en el océano. 6.El mar que se extiende sobre ella es inaccesible y no puede ser explorado. 7.Un barro muy sólido impide la navegación. 7.Propaganda cartaginesa. 8.La tierra tenía ricos depósitos minerales. 8.Sierra Morena era uno de los depósitos minerales más ricos de la Antigüedad. 9.En la Atlántida existió una extensa red de 9.Desde el Guadalquivir irradiaba una notable red de canales, como nunca había sido vista en Europa. 10.El rey atlántico era el más viejo de su pueblo. 10.Argantonio, el último rey de Tartessos, gobernó durante ochenta años. 11.Había muchas antiguas leyes escritas en la 11. Estrabón* dice que los turdetanos (Tartessos) Atlántida, que según se dice fueron "son los más civilizados de los iberos. Conocen la promulgadas hace ocho mil años. escritura y tienen libros antiguos y también poemas y leyes en verso cuya antigüedad se estima en siete mil años".

Henning, Schulten, y otros especialistas alemanes pensaban que Tartessos no era una colonia atlántica, sino germana, y basaban su creencia en parte en el ámbar del Báltico hallado en los alrededores de Tartessos y en parte en las teorías de otro estudioso alemán que tenía el insólito nombre de Redslob y postulaba que las tribus germánicas de la prehistoria habían navegado frecuentemente por el océano. La propia Tartessos no ha sido definitivamente localizada, aunque se han encontrado grandes bloques de construcciones en terrenos de sedimentación que estaban demasiado cerca del nivel del agua como para realizar excavaciones prácticas. (¿No nos parece oír un eco del relato platónico acerca del lodo que impedía la navegación?) Los restos de Tartessos pueden hallarse bajo el mar o cubiertos de sedimentación, bajo la tierra misma. La señora E. M. Wishaw, directora de la escuela Anglo-Hispano-Americana de Arqueología y autora de Athlantis in Andalusia (La Atlántida en Andalucía) estudió la zona durante veinticinco años. El descubrimiento de un "templo del Sol" a nueve metros de profundidad en las calles de Sevilla le hizo pensar que Tartessos podría estar enterrada bajo la actual ciudad. De hecho, gran parte de la antigua Roma está enterrada bajo la Roma moderna, Tenochtitlán yace bajo la parte vieja de Ciudad de México, y Herculano se halla debajo de Resina, para

* Estrabón, geógrafo e historiador griego (63 8.C.-21 d.C).

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar mencionar sólo algunos casos en que los arqueólogos desearían destruir el presente para alcanzar el pasado. En las minas de cobre de Río Tinto, cuya antigüedad se calcula en ocho o diez mil años, pueden observarse otros restos relacionados con la cultura de Tartessos. Algo parecido ocurre con las obras de ingeniería hidráulica próximas a Ronda y con un puerto interior en Niebla, que nos hace pensar en la descripción de Platón de las obras hidráulicas de la Atlántida. Lejos de coincidir con los investigadores alemanes, que sostenían que la propia Tartessos fue el centro de la leyenda atlántica, la señora Wishaw creía que Tartessos era simplemente una colonia de la verdadera Atlántida:

Para expresarla concisamente —escribió— mi teoría es que el relato de Platón ha sido corroborado en todas sus partes, por lo que hemos encontrado aquí, incluso el nombre atlántico de su hijo Gadir, que heredó aquella parte del reino de Poseidón que se encuentra más allá de las Columnas de Hércules y que gobernó en Gades (Cádiz)...

Y luego:

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