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Capítulo 22 de 22
Editorial Pomaire — parte 21 de 21
El Misterio De La Atlantida
Debemos admitir que una parte muy considerable del relato de Platón ha recibido un respaldo científico total con el descubrimiento del continente americano, y es posible que pronto aparezcan pruebas que corroboren el resto del relato. Las observaciones submarinas realizadas desde aviones han permitido descubrir edificios y ciudades enteras, en los alrededores de las Azores, ya en 1942, cuando unos pilotos que volaban desde Brasil a Dakar observaron lo que parecía una ciudad sumergida en la zona occidental de las montañas de la cordillera meso-atlántica, de la cual las Azores son simplemente las cumbres más altas que sobre salen de las aguas. Tales observaciones accidentales se producen cuando el sol y la presión alcanzan las condiciones óptimas para la observación submarina. Frente a Boa Vista, en las islas de Cabo Verde, y frente a Fayal, en las Azores, se han advertido restos arquitectónicos que tal vez corresponden al área andina central. Por otra parte, los primeros conquistadores españoles de las islas Canarias encontraron restos sumergidos de ciudades y edificios que tal vez databan de la época atlántica. No olvidemos que los guanches, que habitaban las islas Canarias a la llegada de los españoles y que han conservado la tradición de una gran civilización perdida en el Atlántico, ya no eran capaces de construir nada, salvo simples chozas. A lo largo de los zócalos continentales y las llanuras costeras del Atlántico estamos empezando a encontrar restos de lo que podrían ser reliquias de la Atlántida pertenecientes a quienes sobrevivieron a la catástrofe. Es evidente también que las aguas que anegaron la islacontinente y las fuerzas sísmicas que cambiaron la corteza terrestre repercutieron en toda su superficie. En las costas de Irlanda, Francia, España y Portugal y frente a las del norte de África existen leyendas acerca de puertos perdidos y ciudades sumergidas, mientras hay verdaderos caminos y murallas que se extienden bajo el Atlántico. En aguas del Mediterráneo existen dos tipos de restos submarinos: los edificios hundidos en aguas poco profundas desde épocas remotas (21.500 años) que se encuentran a una profundidad equivalente a 30 centímetros por cada 100 años y otro nivel mucho más profundo, correspondiente a 10.000 e incluso más años de antigüedad, muy anteriores a la historia de Egipto, Grecia y Roma. Gracias a las exploraciones que se han realizado con submarinistas se han podido hallar pruebas de la existencia de este nivel más profundo, heredado tal vez de pueblos civilizados de la época en que el Mediterráneo era un conjunto de lagos interiores. Un buceador que estaba persiguiendo un pez, encontró una muralla de 14 kilómetros de largo, muy bien construida, frente a Marruecos, Cuando investigaba las ruinas que se advertían sobre la cumbre de una montaña submarina, a 40 metros bajo la superficie, el doctor J. Thorne pudo ver algunos caminos que descendían aún más por la montaña, hacia la oscuridad púrpura de las profundidades desconocidas. Ocho kilómetros mar adentro, en el Mediterráneo, exactamente al sur de Marsella, un explorador francés, Jacques Mayol, exploró un banco de 1500 metros de largo que yacía a una profundidad de 30 a 40 metros, en que se advertían galerías verticales,
Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar canteras y montones de escoria apilados junto a las galerías. En otras palabras, una mina trabajada por el hombre contemporáneo al del hombre de Cro-Magnon. En otras palabras, gran parte de la arquitectura atlántica y un sinnúmero de útiles yacen hoy bajo el mar, en zonas que eran planicies costeras o valles antes de que el nivel del mar variase en todo el mundo. D. H. Lawrence traza un vivido cuadro de un mundo primitivo en su obra The Plumea Serpent (La serpiente emplumada), al describir una época en que "las aguas del mundo se aglomeraron en estupendos glaciares... alto, muy alto, más allá de los Polos...". "...Las grandes llanuras se extendían hacia los océanos, como la Atlántida y el continente perdido de la Polinesia, de manera que los mares eran solamente grandes lagos y los habitantes de aquel mundo, suaves y de ojos negros, podían desplazarse alrededor del globo...". Es posible que aún subsistan vestigios de una cultura atlántica en lugares inesperados y a la espera de ser reconocidos. Las enormes paredes de piedra existentes en las cumbres montañosas del Perú, cuyos bloques están unidos con enorme perfección hasta el punto de parecer soldados, fueron un misterio tan grande para los conquistadores españoles como para los incas, cuyo imperio estaban invadiendo. La ciudad boliviana de Tiahuanaco, que es increíblemente antigua, fue construida al parecer hace tanto tiempo, que sus animales prehistóricos aparecen en los utensilios de cerámica que utilizaban sus habitantes. Los enormes edificios erigidos a una altura de 4000 metros, con paredes de tres metros de ancho y piedras de cimentación que pesan 200 toneladas, fueron construidos con una exactitud y un conocimiento de física y astronomía tales, que muchos investigadores están convencidos de que sus constructores no pueden haber sido seres de este planeta. Ciertos descubrimientos geológicos, como las líneas de sal en las montañas, los campos de maíz antiguos y que se hallan bajo la línea de las nieves de las montañas de los alrededores, y las conchas marinas encontradas en las costas del cercano lago Titicaca, indican que la ciudad no era una fortaleza montañosa sino más bien un puerto del océano, que alcanzó su altura actual en alguna época del pasado remoto, y durante las convulsiones volcánicas que acompañaron el deshielo de los glaciares. Posansky, un arqueólogo especializado en el estudio de esta región, calcula que el fenómeno se produjo hace 15.000 años. Al plegarse la corteza terrestre, otras ciudades de Sudamérica pueden haber sido arrojadas al abismo oceánico. Como ejemplo notable de ello podemos citar las fotografías de la fosa Milne-Edwards tomadas por el doctor Menzies, de la Universidad de Duke, desde el barco oceanógrafico Antón Bruun, en 1965, frente a la costa del Perú. Las grabaciones de sonar realizadas en esta zona indicaron configuraciones muy extrañas en el fondo del océano, que aparentemente era una superficie cubierta de lodo. Las fotografías que se tomaron a una profundidad de 2000 metros mostraban lo que parecían enormes pilares y murallas. Algunos parecían cubiertos de signos caligráficos. Cuando se trató de tomar otras fotografías se advirtió que aunque la posición de la cámara especial fue modificada por las corrientes submarinas, se obtuvieron otras placas de rocas con formas artificiales que yacían sobre los costados, y algunas de ellas en montones, como si hubiesen rodado unas encima de otras. Esto es tal vez lo que ocurrió en la época en que esta misteriosa ciudad se hundió a una profundidad de más de 1.500 metros. Aun cuando este incidente muestra las mayores profundidades del océano en que se hayan encontrado supuestas ruinas, es probable que las futuras exploraciones submarinas, realizadas a iguales o similares profundidades, aporten pruebas definidas, en un futuro relativamente próximo, acerca de la existencia de una civilización mundial cuyas florecientes ciudades yacen ahora en el fondo de los océanos del mundo. La tarea de descubrir la Atlántida o el imperio atlántico se está llevando a cabo ahora, gracias al nuevo equipo con que contamos, tanto para la datación de restos y ruinas como para realizar exploraciones submarinas. Guste o no a los historiadores convencionales o a las instituciones científicas oficiales, la exploración submarina que se está realizando está provocando que empiecen a encajar las piezas de un rompecabezas, o mejor dicho un mosaico que pronto resultará demasiado concluyente como para ser ignorado o negado, incluso si gratas y familiares nociones del tiempo y la cultura tuviesen que ser modificadas. La observación que, según Platón, los sacerdotes egipcios hicieron a Solón en Sais, es tan
aplicable a nosotros como el filósofo quiso que lo fuera a su antiguo público. No debemos olvidar que los antiguos griegos no pensaban que eran antiguos, y se consideraban tan "modernos" como nosotros ahora. Según Platón, "uno de los sacerdotes, un hombre de mucha edad" hizo el siguiente comentario a Solón, cuando éste le visitó:
...Vosotros sois todos jóvenes en lo que a vuestra alma respecta. Porque no guardáis en ella ninguna opinión antigua, procedente de una vieja tradición, ni tenéis ninguna ciencia encanecida por el tiempo. Y ésta es la razón de ello. Los hombres han sido destruidos y lo serán aún de muchas maneras...
Este sentimiento, que era común a muchos pueblos de la Antigüedad, es aún compartido por nosotros, que somos sus modernos descendientes. Ha sido consciente y subconscientemente conservada por leyendas, tradiciones y la memoria racial, y se ve hoy reforzada por descubrimientos cada vez más frecuentes. Hubo sin duda culturas anteriores a nuestro "período vital", desde el 3500 antes de C. hasta el presente. Una de ellas, con seguridad la que precedió inmediatamente a nuestra propia "antigüedad", fue la que llamamos Atlántida, cuyo nombre por sí solo, aun cuando resulte incierto, ha dejado un eco tan vibrante en la historia de nuestro mundo y en el océano que conmemora su nombre.
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El autor desea expresar su profundo agradecimiento a las siguientes personas y organizaciones que le han proporcionado fotografías e información, han criticado la obra o han ayudado en cualquier otra forma a su preparación, sin que esto signifique de ninguna manera la aprobación o desaprobación por parte de ellos de las teorías del autor. La lista sigue el orden alfabético:
J. Trigg Adams: presidente de la Marine Archaeology Research Society. José María Bensaúde: director de la Agencia Marítima "Occidente", Portugal y las Azores. Valerie Berlitz: artista y autora. Teniente coronel Norman Bonter: autor e investigador. Comissao Regional de Turismo dos Agores. Adelaide de Mesnil: fotógrafo arqueológico. Natalie Derujinsky: fotógrafo. George Demetrios Frangos: historiador. Charles Hughes: lingüista, filólogo. The Hispanic Society of America. Howard van Smith: autor, columnista y editor. Robert E. Silverberg: historiador y autor. Jim Thorne: autor, arqueólogo, explorador y buceador. Cari Payne Tobey: astrólogo, columnista de NEA y autor. Dr. Manson Valentine: arqueólogo, explorador y autor. Krishna Vampati: autor e investigador.
Leitura livre, oferecida pelo Conhecer para Transformar.