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Capítulo 12 de 22

Editorial Pomaire — parte 11 de 21

El Misterio De La Atlantida

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar grande como para haber sido hecha por el hombre. Las enormes pirámides toltecas y aztecas eran bases de templos levantados en la cumbre, y maravillaron a los españoles, que las llamaron "mansiones del cielo". En el mundo atlántico y en el Mediterráneo primitivo encontramos monumentos y construcciones de piedra de análogas proporciones masivas. Los misteriosos círculos monolíticos de Stonehenge, los dólmenes de Bretaña y Cornualles, los fuertes neolíticos de Irlanda, Aran y las islas Canarias, las murallas ciclópeas del sur de España, la continuación del "cinturón de pirámides", que se inicia en América y atraviesa Etruria, el norte de África y Mesopotamia, los palacios de piedra, las tumbas, templos y conjuntos de cavernas de Cerdeña, Malta y las islas Baleares, y la existencia en la Grecia y Micenia arcaicas de restos de una arquitectura ciclópea similar y de idénticos arcos a los utilizados en el Yucatán. Algunas de estas estructuras megalíticas pudieron responder a una finalidad concreta por parte de sus constructores, pero a nosotros no nos resultan claros a primera vista. Los grandes círculos de piedra de Stonehenge, en Inglaterra, son interesantes, no sólo por el tamaño de las piedras y el problema de cómo fueron transportadas y colocadas, sino más aún por la forma racional en que fueron erigidas. El eje central de Stonehenge coincidía exactamente con la salida del sol en pleno verano. Otros hallazgos parecen confirmar el propósito de que fuera un enorme reloj astronómico, y sus correlatos exactos demuestran que sus constructores no sólo tenían conocimientos de astronomía sino también de trigonometría. En Avebury encontramos otra serie de construcciones de piedra destinadas a servir de calendario y grandes dibujos planos que fueron trazados en la tierra pero que sólo resultan visibles desde arriba. Estos grabados son tan grandes que su diseño pétreo sólo puede ser advertido mediante la fotografía aérea. Cornualles, zona en la que están situados muchos misteriosos dólmenes, es una península, y es la porción de Inglaterra que más se adentra en el Atlántico, avanzando tal vez hacia el lugar, de donde llegaron los constructores originales para levantar los que parecen enormes "relojes planetarios" de piedra. Al otro lado del Atlántico, en la región desértica que se encuentra a unos 200 kilómetros al sur de Lima, Perú, existe una sorprendente serie de formas geométricas que aparecen junto a inmensas figuras de pájaros, animales y personas dibujadas en la tierra. Sus dimensiones son tan enormes que sólo pueden apreciarse desde el aire, y uno se pregunta cómo podían los artistas comprobar el trabajo que estaban realizando, sin disponer de algún medio que les permitiera observarlo con una perspectiva aérea. Más insólito resulta aún el conjunto de líneas y franjas trapezoidales. Al igual que los dibujos, no fue advertido hasta 1939, cuando las observó desde un avión un profesor de historia que estudiaba las técnicas antiguas de regadío. Se cree que estas figuras se deben a los nazcas, un pueblo indio anterior a los incas y posteriormente desaparecido. Una de las teorías respecto a ellas afirma que están en conexión con las relaciones entre las estrellas y las líneas del solsticio y el equinoccio de la era nazca. En otras palabras, que serían un enorme calendario astronómico que hace pensar en Stonehenge y Avebury. Las leyendas locales las atribuyen a la diosa Orichana, que descendió a la Tierra en un "barco del cielo, tan brillante como el Sol". Podría sugerirse que la diosa necesitaba un vehículo espacial para apreciar las figuras, o que tal vez los dibujos y rayas formaban parte de un sistema de aterrizaje.. En todo caso, es evidente que los descendientes de los nazcas o los habitantes indígenas actuales de las zonas donde se encuentran estos insólitos y tal vez "funcionales" monumentos han olvidado la finalidad con que fueron construidos. Las largas hileras de menhires (enormes piedras dispuestas verticalmente) y los dólmenes (rocas dispuestas sobre un conjunto de bloques de piedra verticales), cuyo equilibrio es un misterio, podrían tener relación también con observaciones, tiempo o las estaciones. Pero uno de los dólmenes, llamado "la roca parlante", fue utilizado recientemente para que predijera el futuro y según parece, al preguntársele respondía "sí" o "no" mediante una inclinación de su enorme masa.

Arte prehistórico de la época de las cavernas. Se encuentra en Altamira (cerca de Santander, España), y es una muestra muy elaborada de la pintura rupestre.

Cabeza de caballo aurignaciense procedente de la cueva de Le Mas d'Azil (Francia).

No podemos dejar de mencionar la incógnita cultural que constituyen las antiquísimas pinturas de las cavernas de Europa, en Lascaux, Altamira y otros lugares, lo mismo que las del Sahara, en África, que datan de la época en que esa región no era todavía un desierto. Dichas pinturas mágicas, que representan la cacería de animales, aparecen en diversas cuevas de España, Francia y África y generalmente se consideran obra del hombre de Cromagnon, correspondiente a una cultura preglacial que habría existido hace treinta mil años. Algunas de esas pinturas son elementales, pero otras resultan muy elaboradas en cuanto a estilo, composición y tratamiento del tema, de modo que parece que las cavernas en que se hallan hubiesen sido utilizadas por grupos prehistóricos muy diversos. Entre ellos había algunos que poseían una técnica artística muy estilizada y desarrollada, que debe haber tardado varios siglos en configurarse. Al examinarlas ahora, al cabo de más de treinta mil años, parecen extrañamente modernas, a diferencia de lo que ocurre con muchos de los períodos artísticos de los siglos intermedios. ¿Cómo y de dónde llegó repentinamente a Europa occidental y al norte de África esta raza de artistas tan desarrollados? ¿No podrían ser refugiados de una región sumergida en el océano Atlántico? Sin embargo, ninguna de las similitudes arriba descritas, ni las formas arquitectónicas aparentemente relacionadas con ellas aportan prueba alguna de la existencia de la Atlántida. Actualmente es sólo una presunción, una hipótesis de trabajo, que si resulta cierta, haría que muchos aspectos aparentemente desconectados encajaran perfectamente.

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Bosquejo de un gran "elefante" precolombino hallado en Wisconsin y pipa encontrada dentro de un túmulo en lowa (Estados unidos).

Podríamos decir que ésta es la "explicación atlántica" de la Piahistoria, basada en la presunta existencia de un antiguo continente atlántico, o especie de puente terrestre entre América y Europa. Esta supuesta conexión terrestre explicaría también los hallazgos de huesos de mamuts o elefantes, leones, tigres, camellos y caballos primitivos que se han encontrado en América. Aunque ninguno de esos animales estaba allí cuando llegaron los españoles, sus restos han sido positivamente identificados. Bochica, el maestro que llevó la civilización a la nación chibcha de Colombia, habría llegado allí, según las leyendas, con su mujer y cabalgando a lomos de camellos. El elefante, o quizás el mamut, es un motivo que aparece con frecuencia en el arte y la arquitectura amerindia. ¿Los vieron acaso los indios precolombinos, o simplemente los reconstruyeron después de examinar sus huesos? En todo caso, parecían conocer que los elefantes poseían una trompa. En Palenque, Yucatán, se encontraron adornos con forma de cabeza de elefante y máscaras en bajorrelieve representando el enorme animal, y en Wisconsin existe aún un promontorio que luce claramente la figura de un paquidermo en sentido vertical. Con razón se le conoce como el montículo del elefante. También se han descubierto pipas de esa forma en otro promontorio indio, en lowa. En la América Central precolombina se hallaron pequeñas reproducciones de elefantes alados, fabricados en oro, que se usaban como adornos para el cuello colgando de una cadena. En relación con este último caso, un crítico italiano sostuvo que si los elefantes no tienen alas hoy, probablemente tampoco las tenían entonces. Pero entonces, ¿cómo se explican los caballos alados, como el Pegaso, que encontramos en nuestras propias artes y leyendas?

Antigua representación mexicana de un elefante, o de una figura ornada con una máscara de elefante.

En su libro The Shadow of Atlantic, A. Braghine sugiere la existencia de otra relación entre elefantes y mamuts y las variaciones ocurridas en la superficie terrestre en la misma época del supuesto hundimiento de la Atlántida, y traza un paralelo entre los numerosos mamuts que se han hallado congelados en Siberia, de una antigüedad de unos doce mil años, y un campo entero de huesos de mastodonte que ha aparecido en Colombia, cerca de Bogotá. Braghine piensa que todos esos animales murieron a consecuencia de un súbito cambio climático. Algunos de los mamuts siberianos aparecieron de pie, congelados y con restos de comida sin digerir en sus estómagos. Pero este tipo de alimentos ya no existe en aquella región. Por otra parte, se ha sugerido que pudieran haberse ahogado en un mar de lodo que posteriormente se congeló. Braghine piensa que la repentina muerte de los mastodontes se

debió a una súbita elevación del terreno en que pastaban, como lo indica la cantidad de huesos hallados en un solo lugar cerca de Bogotá. Se calcula que ambos fenómenos —la elevación de Sudamérica y la inundación de los pantanos siberianos— fueron acontecimientos contemporáneos aproximadamente al momento en que, según Platón, se habría producido el hundimiento de la Atlántida. Se ha citado el caso de animales menores que también servirían de prueba para la teoría de que la tierra estaba unida allí donde hoy hay océanos. En Europa, el Norte de África y en las islas del Atlántico, aparece el mismo tipo de gusanos de tierra. Tanto en América como en Europa se puede encontrar un mismo crustáceo de agua dulce, y hay ciertas especies de escarabajos excavadores que sólo se desarrollan en América, África y el Mediterráneo. De las mariposas halladas en las islas Azores y Canarias, dos terceras partes son iguales a las de Europa y alrededor de una quinta parte a las de América. Hay un molusco, llamado oleacinida, que sólo existe en América Central, las Antillas, Portugal y en las Azores y Canarias. Dado que los moluscos están pegados a las rocas y salientes próximos a la costa y sólo se desplazan a otros lugares cuando encuentran determinadas temperaturas, tienen que haber existido algunos puentes terrestres que explicarían la presencia de estos moluscos, en puntos tan distantes unos de otros. En una caverna de la isla de Lanzarote, cerca de la Cueva de los Verdes, en las islas Canarias, existe un estanque de agua salada en el que habitan unos pequeños crustáceos llamados munidopsis polymorpha que son ciegos y que no existen en ningún otro lugar. Otras especies, similares a la anterior pero no ciegas, los munidopsis tridentata, viven en lo que podría ser la salida submarina de esta laguna atlántica, situada casi a una milla de distancia, en el océano. Los científicos que han estudiado este fenómeno piensan que los munidopsis ciegos quedaron atrapados en el estanque subterráneo hace miles de años y perdieron gradualmente la vista. Cuando el descubrimiento de las islas Azores, se encontraron allí conejos, lo que sugiere la existencia de algún tipo de conexión terrestre, a no ser que los cartagineses los hubiesen importado, cosa que parece improbable. Volviendo a los animales de gran tamaño, la presencia de hombres, vacunos, ovejas y perros en las islas Canarias, en la época de su descubrimiento en el siglo XIV sería más fácil de explicar, ya que las islas se encuentran relativamente cerca de África. Sólo un punto oscuro: cuando fueron descubiertas, los habitantes de las islas Canarias no poseían embarcaciones, lo que no deja de extrañar tratándose de isleños. Por otra parte, mar adentro frente a las Azores suelen verse focas, a pesar de que generalmente esos animales no suelen abandonar la costa. La hipótesis atlántica explicaría que, probablemente, las focas habrían seguido una línea costera que prácticamente unía el Viejo y el Nuevo Mundo, para luego quedar prisioneras, como otras especies, a causa de la catástrofe. A este respecto cabe recordar el informe de Aeliano acerca de los "carneros de mar", con cuyas pieles se confeccionaban las cintas que llevaban en torno a la cabeza los "gobernantes de la Atlántida". ¿Es posible que toda la fauna de las islas atlánticas -moluscos, crustáceos, mariposas, conejos, cabras, focas y personas— corresponda a sobrevivientes en cumbres montañosas de un continente sumergido? Por último, hay que considerar la cuestión de la propia Edad de Bronce. El hombre comenzó a usar esta aleación de cobre y estaño muchos siglos antes de utilizar el hierro. Por otra parte, el uso del bronce era común en el norte de Europa y en Europa occidental, así como en el Mediterráneo, y tanto los incas del Perú como los aztecas de México lo conocían. Las culturas de la Edad de Bronce de España, Francia, Italia, África del Norte, e incluso Europa del Norte, nos están proporcionando constantemente pruebas de la existencia de una civilización mucho más avanzada de lo que antes se suponía. Si bien, por lo que sabemos, los indios de América nunca utilizaron el bronce, en cambio produjeron ciertas amalgamas de cobre. Las minas cercanas al lago Superior presentan indicios de minería cuprífera que datan del año 6000 a.C. Otros pueblos indios eran hábiles metalúrgicos, y los de México y América Central nos han legado hermosos y complejos utensilios y joyas fabricadas con metales preciosos. Los incas extrajeron enormes cantidades

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar de oro y plata de sus minas y no las utilizaron para acuñar moneda, sino para fabricar artículos de gran belleza en los que se advierte un afán religioso de dar realce a la Casa imperial. Al oro le llamaban "Lágrimas del Sol" y a la plata "Lágrimas -de la Luna". Según los primeros testimonios de los conquistadores españoles, en los jardines del inca existían árboles de plata admirablemente labrados en los que se posaban pájaros de oro. Aparentemente, el uso del hierro forjado tuvo su origen en Asia Central y se difundió hacia el Este y el Oeste, mientras su predecesor, el bronce, se extendió por un gran círculo alrededor del Atlántico, que parte desde América hacia Europa del Norte y se adentra en el Mediterráneo. La cultura etrusca constituye un ejemplo particularmente interesante del bronce mediterráneo, con carretas y armas de ese metal que no pudieron resistir a los romanos, y a partir de entonces se desvanecieron en la historia, dejando documentos escritos en un alfabeto que aún no había sido traducido. No deja de ser una extraordinaria coincidencia que Platón mencione específicamente el país de los etruscos, Liguria, como una de las colonias de la Atlántida. La cultura de la Edad de Bronce se extendió por el norte de África y llegó hasta Nigeria, donde el antiguo pueblo Yoruba desarrolló una avanzada y elaborada civilización. Entre otras estatuas de bronce encontradas en Ife, Nigeria, una de las más interesantes es la cabeza de Olokun, dios del mar y, como Poseidón, señor también de los mares... y de los terremotos. Cuando uno considera las similitudes que existen entre las diversas culturas de la Edad de Bronce prehistórica en términos de un arco extendido alrededor del Atlántico oriental y su "entrada", el Mediterráneo, habría que recordar también la similitud de nombres que describen en líneas gruesas el mismo arco: Atlas, Antilla, Avalón, Arallu, Ys, Lyonesse, Az, Ad, Atlantic, Atalaya, y otros "americanos", como Aztlán, Atlán, Tlapallan, etc. Son nombres que se aplican a una tierra o paraíso perdidos, al emplazamiento original o al territorio desde el cual llegaron los maestros, que estaría localizado en el mar de Oriente u Occidente, según la orilla del océano de donde provienen las leyendas. ¡Cuántas cosas explicaría la Atlántida si estuviésemos tratando de resolver algunos de los misterios de la Prehistoria! Siguiendo la hipótesis de un punto central en el Atlántico desde el que habría crecido y a partir del cual se habría difundido una importante civilización prehistórica, desaparecida posteriormente a causa de una catástrofe, podríamos explicar ciertas asombrosas coincidencias culturales y algunas leyendas comunes sobre inundaciones en el Nuevo y el Viejo Mundo, la distribución de algunos animales y pueblos; la elevación y hundimiento de masas terrestres, los indicios de retrocesos de la civilización; de conocimientos y técnicas perdidas que sólo se conservan en leyendas; las evidencias de un arte muy elaborado que habría existido en períodos prehistóricos, y en una palabra, el origen y propagación de la civilización misma. Sin embargo, por muy plausible que nos resulte esta hipótesis, queda aún en el terreno de la pura teoría debido a la falta de pruebas más concluyentes. Y las teorías necesitan demostración. A lo largo de nuestra investigación científica del presente, mirando hacia el futuro, hemos alcanzado una situación en que estamos inconmensurablemente mejor equipados para reexaminar el pasado. La fecha del origen de la civilización ha sido llevada más y más atrás en el tiempo, hasta un punto que antes era del dominio de las leyendas, hasta una antigüedad tan remota que resulta más o menos equivalente a la época que señalara Platón para el hundimiento de la Atlántida. En otras palabras, por medio del conocimiento moderno y de la investigación arqueológica, las técnicas de precisión del tiempo, la interpretación de textos indescifrados gracias al uso de computadoras, y los nuevos recursos al alcance de la investigación submarina, ahora nos encontramos en mejor posición que nunca en nuestra historia para descubrir el punto de partida de la civilización. Al mismo tiempo, también podemos comprobar o descartar la teoría de la Atlántida, porque aun cuando algunos supuestos anteriores acerca de la isla-continente se han visto desacreditados por nuevos estudios, otros descubrimientos y aconteceres han venido a reafirmar ciertos aspectos de la teoría atlántica y a sugerir otros completamente nuevos.

Algunas teorías sobre la Atlántida

Desde la época del descubrimiento de América hasta hoy, filósofos y escritores nos han ofrecido sus teorías acerca de la Atlántida. Por ejemplo, Francis Bacon, en The New Atlantis (1638) opinaba que la Atlántida de Platón era, sencillamente, América. La trama de Shakespeare en "La Tempestad", que tiene lugar en una isla del Atlántico, se atribuye algunas veces al renovado interés en el continente sumergido y en las islas perdidas de ese océano. Más tarde, en 1665, el padre Kircher, un jesuita y estudioso de esta cuestión, opinó en favor de la teoría de que la Atlántida era una isla del Atlántico y nos leyó un famoso mapa en que la hace aparecer en su relación con Europa y América. Desde nuestro punto de vista, el mapa está al revés, ya que el Sur aparece en la parte superior.

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