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Capítulo 21 de 22

Editorial Pomaire — parte 20 de 21

El Misterio De La Atlantida

Con el desarrollo de la exploración submarina y la arqueología, el problema del hallazgo de la Atlántida y todos sus tesoros culturales y materiales se convierte en un proyecto de investigación submarina, el campo más lógico tratándose de la búsqueda de tierras sumergidas. Se han logrado grandes avances en la utilización de hombres rana, cuyo radio de acción y profundidad a la que pueden descender aumentan constantemente. En un futuro próximo, y utilizando combinaciones especiales de gases, podrían alcanzar los 400 ó 500 metros. Existen sumergibles de gran profundidad, como el Trieste II, de Picard y el Archiméde, que son capaces de descender hasta las grietas oceánicas más profundas. Se están construyendo otros submarinos pequeños, dotados de gran maniobrabilidad y con capacidad de realizar trabajos como si fuesen una extensión de los brazos del submarinista. Además, cuentan con sonar y elementos de televisión para el examen del fondo del mar. The Alvin, perteneciente a la Union Carbide y con capacidad para dos hombres, localizó y "rescató" la bomba atómica perdida frente a las costas españolas.

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¿Era ésta la Atlántida? Planicie elevada a lo largo de la cordillera meso-atlántica.

En los modelos más pequeños se están introduciendo constantes modificaciones. El Star Class I, de la General Dynamics, para dos hombres también, tiene un límite de permanencia en el agua de seis horas y un alcance en cuanto a profundidad de 130 metros, mientras el nuevo Star Class III puede bajar hasta casi 1000 metros y han aumentado su autonomía hasta veinticuatro horas. Jacques Cousteau ha perfeccionado un vehículo en forma de platillo que puede operar a una profundidad de 300 metros. En aguas menos profundas, contamos con el Pegasus, de Omitri Rebikoff, que es una especie de torpedo en el que un submarinista cabalga como si se tratase de un caballo submarino y que, tal como ocurre con los buenos jinetes, lo maneja con piernas y aletas, no con las manos. Se trata de un aparato que combina movilidad con una visibilidad óptima. El PX 15, o Benjamín Franklin, capaz de transportar una tripulación de cinco hombres, es un vehículo utilizado para investigaciones prolongadas, con amplias ventanas y capaz de permanecer bajo el agua durante semanas, ya sea actuando con su propia fuente de energía o flotando y dejándose llevar por las corrientes submarinas, a profundidades de hasta 600 metros. El Asherah, construido por la General Dynamics, es un submarino diseñado especialmente para llevar a cabo investigaciones arqueológicas bajo las aguas del Mediterráneo y en relación con las expediciones de la Universidad de Pensylvania. Es lento, sólo desarrolla una velocidad de 2,5 nudos, está equipado con elementos para detectar objetos, circuito cerrado de televisión y cámaras estereoscópicas, una herramienta para la investigación hecha a la medida de la arqueología submarina. Existen planes para construir otro submarino especial, destinado a investigar el pasado "viviente", o, más específicamente, todo lo relativo al monstruo del Loch Ness, utilizando además unidades de sonar situadas en tierra y en un barco como auxiliares de orientación. Tal vez la herramienta más útil con que cuentan los submarinistas en su trabajo a grandes profundidades es el Deep Diver, con su cámara

hermética. Los submarinistas se someten a compresión en ese compartimiento, antes de descender a determinadas profundidades y luego, al volver a la cámara y antes de retornar al sumergible, opera la descompresión. De esta forma pueden descender a profundidades mucho mayores y prolongar el tiempo de exploración. Con ello se logra también simplificar el problema de la descompresión. El proyecto Sea Lab (Laboratorio marino), que se encuentra en proceso de experimentación, permite a los submarinistas operar durante largos períodos a una profundidad de más de 180 metros.

Esto presenta un interés especial si se piensa que la mayor parte de la plataforma continental tiene una profundidad de menos de 180 metros. El Sea-Lab es una "casa" submarina que reposa sobre pilotes y a escasa distancia del fondo, con una salida directa hacia el mar en el suelo, a la que el agua no puede pasar debido a un mecanismo de presión y a través de la cual se deslizan los submarinistas, utilizando equipos Mark VII, dotados de mezclas especiales de oxígeno y helio. Los buceado-res son mantenidos a la misma presión, dentro y fuera del Sea Lab y gracias a ello pueden permanecer durante largos períodos a grandes profundidades, antes de someterse a descompresión. Actualmente existe un sistema, utilizado por los submarinos, que consiste en un "sonar"

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar capaz de perfilar superficies o proporcionar una visión lateral, que puede ser empleado para localizar construcciones submarinas y también formaciones naturales. Incluso puede realizarse una investigación electrónica de promontorios submarinos, para determinar su composición. Y, utilizando la impresión magnética del fondo del océano, que es una técnica nueva y sorprendente, se puede llevar a cabo la exploración para precisar la "edad" del terreno desde el propio vehículo submarino. Además, en los últimos años se han realizado espectaculares avances en la precisión de la época de origen de los objetos. Entre ellos, junto al uso del carbono radiactivo figuran las nuevas técnicas de termo-luminiscencia y arqueomagnetismo. Ahora que se puede contar con tales elementos, la localización de los verdaderos vestigios de la Atlántida está más próxima que en la época en que Wm. Gladstone trató de obtener del Parlamento británico fondos para la investigación en el Atlántico, o cuando Donnelly sugirió que "...las naciones de la tierra podrían utilizar sus flotas de guerra ociosas (sic) para traer a la luz del día algunas de las reliquias de estos pueblos enterrados. Ciertas partes de la isla yacen sólo a algunos cientos de brazas bajo el mar, y si se han enviado expediciones cada cierto tiempo para resucitar tesoros sumergidos desde las profundidades del océano, ¿por qué no hacer un esfuerzo para llegar hasta las maravillas de la Atlántida?..." Las nuevas técnicas de buceo y submarinismo han permitido ya la exploración completa de la plataforma continental que se halla a nuestro alcance, y es allí donde sin duda habremos de descubrir restos prehistóricos y claves que permitirán obtener una mayor precisión en torno al "misterio" de la isla-continente. Esto debería ocurrir no sólo en la zona de las Azores, las Canarias y otras islas atlánticas, ya que el alcance de la exploración submarina en el Atlántico cubre todos los territorios que realmente no se sumergieron, sino que fueron anegados por la crecida de las aguas provocada por el último deshielo de los glaciares. Estas tierras se extienden sobre una gran parte de la plataforma continental de Europa y del continente americano y también por los zócalos de las islas atlánticas, algunas de las cuales pueden haber sido cubiertas por las aguas, en crecidas provocadas por movimientos sísmicos, producidos a su vez por las erupciones volcánicas. Estas tierras sumergidas incluyen, pues, muchas zonas donde se piensa que estuvieron situadas ciudades y tal vez continentes perdidos. Los últimos lugares de colonización, frente a las costas de Francia, España e Irlanda, las tierras anegadas de la cuenca mediterránea, los restos del mar Báltico y de las culturas prehistóricas de Norte y Centroamérica (incluso la "reaparecida Atlántida", frente a las Bimini) y especialmente las primitivas tierras bajas y ciudades costeras de las islas atlánticas que, de haber existido, habrían estado cerca de la vieja línea de la costa o planicie costera que ahora, tras las inundaciones e inmersiones, se encontraría por lo menos a 200 metros bajo el mar. De ahí que el espectro de la investigación atlántica pueda extenderse ahora hacia todo el litoral atlántico y también hacia las islas oceánicas y sus planicies sumergidas. Pero resulta improbable suponer que se organicen expediciones costosas para encontrar la Atlántida, por muy importantes o valiosos que puedan ser los restos y utensilios sumergidos, sin tener indicios acerca de ubicaciones específicas, dentro del otro mundo que existe bajo el mar. Sin embargo, podemos esperar que sean descubiertos elementos arqueológicos relacionados con el complejo cultural atlántico en el fondo del mar, gracias principalmente al azar y a que el nuevo y más eficiente equipo de investigación permite a los científicos realizar una mayor variedad de investigaciones submarinas. Estas incluyen, por ejemplo, la búsqueda de buques desaparecidos, como el submarino atómico Scorpion, que fue finalmente localizado a 130 kilómetros al sudoeste de la isla Santa María, en las Azores; la prospección de pozos petrolíferos u otros materiales en la plataforma continental; la confección de mapas y la realización de estudios del fondo del mar, de las corrientes submarinas y la población ictiológica. El océano es el último gran tesoro del mundo y lo que se ha hundido en él o ha sido tragado por sus aguas está allí, esperando a que dispongamos de los medios y la capacidad para encontrarlo. Ahora, por primera vez en la larga historia de la búsqueda de la Atlántida, tenemos esa posibilidad. La clave respecto de nuestro pasado podría hallarse en el fondo del océano.

Una pregunta final: ¿Es posible encontrar la Atlántida? El futuro inmediato nos dará la respuesta. Creemos que sí. Depende fundamentalmente de los esfuerzos de los exploradores submarinos, los descendientes psicológicos de los atlantes; el nuevo "pueblo del mar".

El hallazgo de la Atlántida

Desde la publicación de este libro se han realizado extraños hallazgos y descubrimientos que constituyen serios indicios de que algunos edificios de la época de la Atlántida estuvieron situados en el centro del océano Atlántico, y en los sectores oriental y occidental. Debemos recordar que casi todas las tesis sobre la isla-continente se han apoyado en teorías, leyendas, referencias históricas de la Antigüedad, lingüísticas y culturales que serían difíciles de explicar de otra forma, coincidencias geológicas y zoológicas; e incluso revelaciones psíquicas y recuerdos heredados. Por todo ello, hay que imaginarse lo que ocurriría si se encontrara alguna prueba concreta de la existencia de ciudades submarinas, aproximadamente en la misma zona que indicara Platón y que han confirmado las creencias populares desde la más remota antigüedad. Tales descubrimientos exigirían una evolución en la perspectiva histórica, una reconsideración de nuestro propio progreso como civilización e incluso, considerando el lapso de tiempo transcurrido entre la existencia de la Atlántida y nuestro propio mundo, una reconsideración acerca de las habilidades de quienes damos el nombre de "hombres primitivos". Cabría esperar también que el mundo oficial de la ciencia restase importancia a los hallazgos, tratando en cada caso de descartarlos mediante alguna explicación, o de evitar en cualquier forma lo que Charles Hapgoods ha llamado "la terrible alternativa de los continentes sumergidos". De hecho, esto es lo que ha ocurrido. Desde 1968, cuando el doctor Manson Valentino descubrió y exploró el "Camino de las Bimini", una muralla, pilares, carretera o muelle sumergido que yace a una profundidad de unas seis brazas, al este de la Bimini septentrional, las críticas de los científicos se hicieron sentir de manera inmediata y muy severa. Se sugirió que aquellos bloques ciclópeos eran sencillamente rocas arenosas separadas hasta dar la impresión de bloques. No obstante, cabe hacer notar que la roca no forma grandes bloques capaces de ajustar unos con otros hasta adquirir una forma determinada; que las rocas quebradas al azar no forman ángulos de 90 grados ni poseen pasajes trazados regularmente que las comuniquen y, sobre todo, las rocas "naturales" no suelen permanecer en el fondo del mar apoyadas sobre pilares de piedra como los que existen debajo de aquellos inmensos bloques. Cualquiera que haya observado personalmente este soberbio trabajo en piedra desde el fondo del mar, y lo haya visto en su extensión de miles de metros, adentrándose en la distancia color violeta y cayendo luego nuevamente sobre la arena, para reaparecer enseguida en otros puntos de las Bimini, como si se tratara de una ciudadela gigantesca, no tiene otra alternativa que creer que ha sido construido por el hombre. Además, la roca tiene una composición distinta ala de arena, y según el doctor Valentine, podría tratarse de piedras especialmente tratadas, o incluso de una mezcla. Mar adentro, frente a las Bimini, y a una profundidad de unos 30 metros, algunos pilotos de aviones comerciales han observado muros verticales e incluso un gran arco. Se han divisado pirámides o bases de pirámides sumergidas, desde distancias que varían entre algunos kilómetros frente a la costa y cientos de kilómetros mar adentro. A unos 16 kilómetros del extremo sur de la bahía de Andros se han fotografiado grandes especies de círculos quebrados, de piedras monolíticas que yacen en el fondo del mar, algunas en círculos concéntricos dobles y otras triples. Todo ello sugiere una especie de "Stonehenge" americano, lo que tal vez pueda comprobarse cuando se investigue

Charles Berlitz El misterio de la Atlántida www.formarse.com.ar debidamente. Se han encontrado docenas de curiosos vestigios arquitectónicos en distintos lugares de la costa de las Bahamas. Algunos sólo aparecen sugeridos por la vegetación del fondo, que crece sobre las formaciones pétreas sumergidas bajo la arena, pero que aún muestra las líneas rectas y las formas perfectamente rectangulares o circulares que, indudablemente, no se dan espontáneamente en la Naturaleza. En el caso de los distintos hallazgos a los que los buceadores tienen acceso fácilmente, se han realizado pruebas para determinar su antigüedad. Aimque las piedras no pueden ser clasificadas dentro de ciertos períodos "históricos", como ocurre con la materia orgánica, las raíces de mangle que crecen bajo las piedras del camino de las Bimini tendrían entre diez y doce mil años de antigüedad. Esto coincide, no sólo con la fecha señalada por Platón para la destrucción de la Atlántida, sino también con la fecha geológica aceptada para el deshielo de los últimos glaciares. En el Caribe y en las zonas vecinas abundan las estructuras construidas por el hombre. Cuando el agua está clara y serena pueden advertirse diques o caminos a lo largo del fondo de las zonas costeras que parten de la zona oriental del Yucatán y Honduras y se dirigen mar adentro hacia puntos demasiado profundos como para ser explorados. Ciertas investigaciones con sonar han mostrado una muralla de 160 kilómetros de longitud que se extiende por el fondo del mar, frente a Venezuela. Los geólogos sostienen que se trata de un fenómeno natural y explican que es "demasiado grande" como para que se pueda pensar que se trata de una obra realizada por el hombre. Esta sería también la explicación de la muralla de 16 kilómetros que existe en el fondo del Atlántico, frente al cabo Hateras. Al norte de Cuba existe un complejo de edificios que aparentemente han sido explorados con la colaboración de técnicos soviéticos. La Unión Soviética ha mostrado considerable interés en la investigación atlántica, que podría aumentar a raíz de las nuevas maniobras que están realizando con submarinos. Una expedición bastante reciente que los soviéticos realizaron en las Azores confirmó la tesis de P. Termier acerca de la taquilita (un tipo de lava que se forma sobre el agua sometida a la presión atmosférica), surgida durante el incidente de la rotura del cable atlántico en 1898, que fue la base de su teoría de que grandes zonas alrededor de las Azores se hallaban sobre el nivel del mar hace 15.000 años. La mayor parte de los descubrimientos en el Atlántico Occidental y en el Caribe se han producido en la plataforma continental, en aguas relativamente poco profundas: es decir, desde los 10 hasta los 50 ó 60 metros. Su número ha ido en aumento desde el período 1965- 69, lo cual coincide con la predicción que hizo Cayce antes de su muerte, en 1945, en el sentido de que la Atlántida surgiría desde el fondo del mar. Hay varias razones que explican esto: muy raramente la superficie del mar está absolutamente en calma: cada vez hay un mayor número de rutas aéreas; las actividades de los submarinistas han ido en constante aumento. Pero la razón principal es que a los arqueólogos jamás se les ocurrió buscar ruinas prehistóricas en las aguas del océano que se extienden frente al continente americano. Naturalmente, existen indicios de que a mayores profundidades podrían encontrarse ruinas aún más imponentes. Una inmersión del submarino francés A-chiméde frente a la costa de Puerto Rico reveló la existencia de escalones tallados en los costados abruptos de la plataforma continental frente a Andros, a una profundidad mucho mayor que en los otros hallazgos. Y, aunque no sabemos quién los hizo o quién construyó las estructuras, hay algo seguro: el trabajo no fue realizado bajo el agua. Lo que podría ser una extraordinaria coincidencia en relación a estos restos prehistóricos es el hecho de que se encuentran dentro del muy discutido Triángulo de las Bermudas, esa región del océano que se extiende entre las Bermudas, la Florida oriental y el este de Puerto Rico, en el que durante los últimos treinta años han ocurrido desapariciones de centenares de aviones, grandes barcos y pequeñas lanchas con todas sus tripulaciones y sin dejar rastro. Entre las características de estas desapariciones podemos citar el loco girar de las brújulas, el mal funcionamiento de ciertos instrumentos, el cese de las transmisiones de radio y radar, una neblina resplandeciente y algunos "apagones" electrónicos. Una de las muchas explicaciones que se han sugerido para justificar las anomalías electromagnéticas supone que existió una avanzada civilización atlántica que poseía fuentes de poder a base de rayos láser; cristales gigantescos, uno más de los cuales aún estaría funcionando en el fondo de ciertas

fosas oceánicas, como la que existe en la Lengua del Océano, una zona que tiene un aura de mal agüero y se extiende entre Andros y la cadena Exuma. Edgar Cayce informó a través de sus trances psíquicos que, efectivamente, la Atlántida poseía dicho poder y describió con bastante detalle ciertas operaciones realizadas con rayos láser, varias décadas antes de que los láser se pusieran de actualidad. Si suponemos que hemos descubierto ciertas zonas sumergidas de la Atlántida en los alrededores de las Bahamas y de las islas del Caribe, ¿cómo quedaría la tesis platónica de una Atlántida convencional, situada en medio del océano? Los descubrimientos de las Bahamas no modificarían las observaciones de Platón. Recordemos sus palabras:

En aquel tiempo, en efecto, era posible atravesar este mar. Había una isla delante de este lugar que llamáis vosotros las Columnas de Hércules. Esta isla era mayor que la Libia y el Asia unidas. Y los viajeros de aquellos tiempos podían pasar de esta isla a las demás islas, y desde estas islas podían ganar todo el continente, en la costa opuesta de este mar que merecía realmente su nombre. Pues, en uno de los lados, dentro de este estrecho de que hablamos, parece que no había más que un puerto de boca muy cerrada y que, del otro lado, hacia afuera, existe este verdadero mar y la tierra que lo rodea, a la que se puede llamar realmente un continente, en el sentido propio del término...

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