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Capítulo 7 de 18
Breve Noticia — parte 6 de 13
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solamente nuestro alimento; no deseamos más que un caldo con pimiento , oh abuela nuestra”, dijeron. Ella les preparó al instante una copa de caldo caliente que puso delante de sus rostros. Solamente para engañar a su abuela, a su madre. Derramaron el agua del cántaro. “Nuestras bocas están verdaderamente secas. Id a buscar nuestra bebida”, dijeron a la abuela. “Sí”, dijo ella saliendo. Sin embargo, comieron, verdaderamente sin hambre; no obraban sino por fingimiento. Mientras vigilaban el caldo de pimiento para la rata, la rata trepaba junto a la pelota suspendida en lo alto de la mansión. Mientras vigilaban el caldo de pimiento, enviaron un Mosquito; el Mosquito, animal semejante a un cínife, fue al borde del río; al instante agujereó el fondo del cántaro de la abuela, y el agua se derramó por el fondo del cántaro; ella trató de tapar el fondo del cántaro pero no pudo.
“¿Qué hace nuestra abuela? Nos sofocamos, [por falta] de agua; nos acabamos por nuestras bocas secas , dijeron a su madre, enviándola afuera. La rata subió en seguida junto a la pelota que cayó de las cuerdas de la casa con los anillos, los guantes, los escudos de cuero; los tomaron al instante y fueron a esconderlos en el
“¿Qué pensáis de esto?”
“Darse”, por “entregarse, someterse”.
“En mi vientre”: en mí.
Pek: cacao de calidad inferior; las cargas de estos granos constituían a menudo una especie de moneda de trueque.
Cutumic, el Chilmolli de los mexicanos.
“Morimos de sed”.
camino que conducía al juego de pelota. Después fueron a buscar a su abuela al borde del río; su abuela, su madre, trataban cada una de tapar el fondo del cántaro. Llegaron ellos, cada uno con sus cerbatanas, [y] avanzaron hasta el borde del río. “¿Qué hacéis? Nuestros corazones se cansan; venimos”, dijeron. “Ved el fondo
del cántaro; no se puede tapar”, respondió la abuela . Al instante ellos lo taparon. Volvieron, marchando delante de su abuela. He aquí cómo les fue entregada la pelota.
Ahora bien, ellos se regocijaron de ir a pelotear en el juego de pelota. Fueron lejos a jugar solos; barrieron el juego de pelota de su padre. Entonces los jefes de Xibalbá los oyeron. “¿Quiénes son esos que comienzan ahora a jugar sobre nuestras cabezas, que no se avergüenzan de hacer temblar la tierra? Supremo Maestro Mago, Principal Maestro Mago, que quisieron enorgullecerse ante nuestros rostros, ¿no están muertos? Que se vaya, pues, a llamar a ésos”, dijeron Supremo Muerto, Principal Muerto, a todos los jefes. Enviaron. Dijeron a sus mensajeros: “Id a decirles: «que vengan», dicen los jefes. «Aquí queremos pelotear con ellos; dentro de siete días jugaremos», dicen los jefes. Id a decirles eso”, fue repetido a los mensajeros. Éstos tomaron el gran camino que los engendrados habían desmontado hasta su casa, recto hasta su casa; por él los mensajeros llegaron directamente hasta [donde estaba] la abuela, [los engendrados] comían [en el juego de pelota] cuando llegaron los mensajeros de Xibalbá. “En verdad, que vengan, dicen los jefes”, dijeron los mensajeros de Xibalbá. Entonces los mensajeros de Xibalbá indicaron el día de la venida [de los engendrados]. “Dentro de siete días se les esperará”, dijeron a Antigua Ocultadora los enviados. “Muy bien. Allí estarán, oh mensajeros”, respondió la abuela. Y los enviados se pusieron en camino y regresaron [a Xibalbá]. Entonces se angustió el corazón de la abuela: “¿A quién enviaría yo para hablar a mis nietos? En verdad, ¿no es así como antaño vinieron los mensajeros a coger a sus padres?”, dijo tristemente la abuela entrando sola en la casa. Al instante por debajo [de su vestido] cayó un Piojo. Ella lo asió, lo levantó, lo puso en su mano en donde el piojo se movió, anduvo. “Oh nieto mío, ¿quieres que te envíe al juego de pelota para llamar a mis nietos?”, le dijo al piojo. “Unos mensajeros han venido como heraldos a decir a vuestra abuela: «Que se preparen y que dentro de siete días vengan»; [así] han dicho los mensajeros de Xibalbá. Así dice vuestra abuela”, le dijo al piojo. Entonces éste caminó, se apresuró. Ahora, pues, sentado en el camino, [encontró a] un engendrado llamado Batracio, un sapo. “¿Adonde vas?”, le dijo el sapo al piojo. “Mi palabra está en mi vientre; voy hacia [donde están] los jóvenes”, dijo el piojo a Batracio. “Muy bien. No te apresuras, por lo que veo”, fue dicho al piojo por el sapo. “¿Quieres que te trague? Verás cómo me apresuro. Llegaremos al instante”. “Muy bien”, dijo el piojo al sapo, e inmediatamente fue tragado por el sapo. Ahora bien, el sapo anduvo largo tiempo, caminando sin darse prisa; después encontró a una gran serpiente llamada Blanca Víbora. “¿Adonde vas, oh Batracio, oh engendrado?”, dijo Blanca Víbora al sapo. “Soy un mensajero; mi Palabra está en mi vientre”, dijo el sapo a la serpiente. “Por lo que veo, no te apresuras. ¿Iré yo más aprisa?”, dijo la serpiente al sapo. “Ven aquí aprisa”, añadió; entonces el sapo fue tragado por Blanca Víbora. Desde entonces las serpientes toman [al sapo] como alimento; se comen ahora a los sapos. La serpiente caminaba, corría. La serpiente fue encontrada por el Gavilán, gran ave; al instante la serpiente fue tragada por el gavilán, quien poco después llegó a lo alto del juego de pelota. Desde entonces el gavilán tomó por alimento, se comió a las serpientes en las montañas. Al llegar, el gavilán se posó en el reborde del [edificio] del juego de pelota en donde se divertían en pelotear Maestro Mago, Brujito. Al posarse el gavilán gritó: “¡Gavilán! ¡Gavilán!”; su grito dijo: “Gavilán”. “¿Qué es ese grito? ¡Pronto, nuestras cerbatanas”, dijeron [los engendrados], [y] después dispararon con las cerbatanas al gavilán, le enviaron en los ojos el hueso de la cerbatana; al instante dio una vuelta sobre sí mismo y cayó. Corrieron inmediatamente a cogerlo. | y] después lo interrogaron: “¿Por qué vienes?”, le dijeron al gavilán. “Mi mensaje está en mi vientre, pero primero curad mis ojos [y] después os lo diré”, dijo el gavilán. “Muy bien”, dijeron ellos. Tomaron un poco de la pelota de su juego de
pelota y lo aplicaron sobre la faz del gavilán. Esto fue llamado Remedio-Pelota por ellos. Al instante con eso curaron bien la faz del gavilán. “Habla ahora”, le dijeron al gavilán. Entonces él vomitó a la gran serpiente. “Habla”, le dijeron a la serpiente. “Sí”, dijo ésta, y entonces vomitó al sapo. “¿Dónde está el mensaje anunciado?”, le dijeron al sapo. “En mi vientre está mi Palabra”, dijo el sapo. Entonces trató [de vomitar], hizo esfuerzos, pero no vomitó; la tentativa solamente cubrió de baba su boca, sin vomitar. Los engendrados quisieron entonces maltratarlo. “Eres un engañador”, dijeron pateándole el trasero : entonces los huesos de su trasero descendieron sobre sus piernas. Probó otra vez; solamente baba ensució su boca. Entonces abrieron la boca del sapo; fue abierta | su boca] por los engendrados; buscaron en su boca; ahora bien, el piojo estaba junto a los dientes del sapo; estaba en su boca. No se lo había tragado: solamente como si se lo hubiera tragado. Así fue vencido el sapo; no se conoce la clase de alimentos que le fue dada; no corre; no es sino carne para serpientes. “Habla”, fue dicho entonces al piojo. Él contó su mensaje. “Oh engendrado, vuestra abuela ha dicho esto: «Ve a llamarlos. De Xibalbá han venido a llamarlos los mensajeros de Supremo Muerto, Principal Muerto.
En presencia de los magos superiores [y contra sus actos] los otros pierden total o parcialmente su sabiduría.
El xocoyolli de los nahuas, el xarimbacuas de los tarascos: Oxalis [angustifolia y otras]. Según Brasseur, los indígenas lo emplean contra la catarata.
www.formarse.com.ar —Que vengan aquí a pelotear con nosotros dentro de siete días; que vengan también sus accesorios de juego; pelota, anillos, guantes, escudos de cuero; que aquí se vivifiquen sus rostros, dicen los jefes. En verdad, ellos han venido», dice vuestra abuela. Entonces yo he venido. Vuestra abuela ha dicho eso verdaderamente. Vuestra abuela llora, gime. Yo he venido”. “¿Es verdad esto?”, dijeron en sus corazones los engendrados, al escucharlo. Al instante caminaron, llegaron junto a su abuela, solamente para despedirse de su abuela, para partir. “Oh abuela nuestra, partimos, nos despedimos de vos. He aquí que dejamos el signo de nuestra Palabra. Cada uno plantamos aquí una caña; las plantamos en medio de la casa. Si se secan, signo será de nuestra muerte. «Han
muerto», diréis si se secan. Si echan yemas diréis: «Viven» . Oh abuela nuestra, oh madre nuestra, no lloréis. He aquí el signo de nuestra Palabra que queda junto a vosotras”, dijeron. Partieron, luego que Maestro Mago hubo plantado una [caña], [y que] Brujito hubo plantado una [caña]. Las plantaron, no en las montañas, no en una tierra verdeante, sino en una tierra seca, en medio de la casa en donde las dejaron plantadas.
Entonces caminaron, cada uno con su cerbatana. Descendieron hacia Xibalbá. Descendieron aprisa la pendiente rápida y pasaron los ríos encantados de los barrancos; los pasaron entre pájaros; son los pájaros llamados Congregados. Pasaron el río Absceso, el río Sangre, en donde, en el espíritu de los Xibalbá, debían ser vencidos; no los pasaron sino sobre sus certabanas. Salidos de allí, llegaron a la encrucijada de los Cuatro Caminos. Ahora bien, ellos conocían los caminos de Xibalbá: el camino negro, el camino blanco, el camino rojo, el camino verde. Por tanto, desde allí enviaron a un animal llamado Mosquito; éste debía recoger las noticias que ellos le enviaban a buscar: “Pica a cada uno de ellos. Muerde primeramente al [que esté] sentado primero, [y] después, acaba por picarlos a todos. Tu alimento será chupar en los caminos la sangre humana”, fue dicho a Mosquito. “Muy bien”, respondió Mosquito. Entonces entró por el camino negro. Llegó junto al maniquí, al [muñeco] labrado en madera, los primeros sentados, engalanados. Picó al primero, que no habló. Picó al otro, picó al segundo sentado, que no habló. Picó al tercero; el tercero era Supremo Muerto. “¡Ay! ¡Ay!”, dijo Supremo [Muerto] cuando fue picado. “¿Qué, Supremo Muerto, quién os picó?”, le dijo Principal Muerto. “No sé”, respondió Supremo Muerto. “¡Ay!” dijo el cuarto sentado. “¿Qué, Principal Muerto, quién os picó?”, dijo el quinto sentado. “¡Ay! ¡Ay!”, dijo. Extiende Tullidos. Principal Muerto le dijo: “¿Quién os picó?”. Picado, el sexto dijo: “¡Ay!”. “¿Qué, Reúne Sangre?”, le dijo Extiende Tullidos. “¿Quién os picó?”, dijo el séptimo, que entonces fue picado. “¡Ay!”, dijo. “¿Qué, El del Absceso?”, le dijo Reúne Sangre. “¿Quién os picó?”, dijo el octavo sentado que fue entonces picado. “¡Ay!” dijo. “¿Qué, El de la Ictericia?”, le dijo el del Absceso. “¿Quién os picó?”, le dijo el noveno sentado que entonces fue picado. “¡Ay!”, dijo. “¿Qué, Varilla de Hueso?”, le dijo el de la Ictericia. “¿Quién os picó?”, le dijo el décimo sentado, que fue entonces picado. “¡Ay!” “¿Qué, Varilla de Cráneos?”, le dijo Varilla de Huesos. “¿Quién os picó?”, dijo el undécimo sentado, que fue entonces picado. “¡Ay!”, dijo. “¿Qué?”, le dijo Varilla de Cráneos. “¿Quién os picó?”, dijo el duodécimo sentado, que fue entonces picado: “¡Ay!”, dijo. “¿Qué, Opresión?”, le fue dicho. “¿Quién os picó?”, dijo el decimotercero sentado que fue entonces picado. “¡Ay!”. “¿Qué. Gavilán de Sangre?”, le dijo Opresión. “¿Quién os picó?”, dijo el decimocuarto sentado que fue entonces picado. “¡Ay!”. “¿Quién os picó. Garras Sangrientas?”, le dijo Dientes Sangrientos. Así fueron nombrados sus nombres; todos se
nombraron el uno al otro; así, manifestaron sus rostros ; al nombrar sus nombres, siendo nombrado cada uno de los capitanes por el otro; el nombre de uno, sentado en el rincón, fue dicho. [No hubo] ninguno cuyo nombre
se omitiera. Se acabó de nombrar todos sus nombres cuando fueron picados por el pelo de la faz de la rodilla de Maestro Mago; en realidad no era un mosquito quien les había picado, quien había ido a escuchar todos sus nombres para Maestro Mago, Brujito. En seguida, éstos caminaron, llegaron adonde estaban los de Xibalbá. “Saludad a los jefes”, se [les] dijo; “ésos sentados”, [les] dijo un tentador. “Ésos no son los jefes, sino un maniquí, un muñeco de madera”, dijeron ellos avanzando. Entonces saludaron: “Salud, Supremo Muerto. Salud, Principal Muerto. Salud, Extiende Tullido. Salud. Reúne Sangre. Salud, El del Absceso. Salud El de la Ictericia. Salud, Varilla de Huesos. Salud, Varilla de Cráneos. Salud. Gavilán de Sangre. Salud, Dientes Sangrientos. Salud. Garras Sangrientas”, dijeron al avanzar. De todos descubrieron los rostros, nombraron todos sus nombres; no hubo ni un nombre omitido. [Los Xibalbá] hubieran querido que sus nombres no fuesen descubiertos por ellos. “Sentaos”, les dijeron, deseando que se pusiesen sobre un banco, pero [los engendrados] no quisieron. “Ése no es nuestro banco sino un banco de
piedra quemante” dijeron, invictos. Maestro Mago. Brujito. “Muy bien. Id a vuestra morada”, se les dijo. Entonces invictos, entraron en la Mansión Tenebrosa.
Procedimiento que se encuentra también en los cuentos de todos los países: los “testigos”: puñal o sable cuya hoja se empañará, espejo que no reflejará, flor que se marchitará, etc., si el héroe muere o si es metamorfoseado.
Se dieron a conocer, sin advertirlo. [N. de los T.]
Parte delantera de la rodilla; rodilla.
Chohim-abah: Piedra quemante, especie de horno semisubterráneo.
Ésa era la primera prueba de Xibalbá. Entonces, en el espíritu de Xibalbá, desde la entrada comenzaban su derrota. Primeramente entraron en la Mansión Tenebrosa. Se fue en seguida a darles sus pinos encendidos; entonces fue entregado a cada uno su tabaco por los mensajeros de Supremo Muerto. “El jefe dice: “He aquí los pinos. Al alba devolverán sus pinos y sus tabacos; los devolverán intactos”; así dice el jefe”, dijeron al llegar los mensajeros. “Muy bien”, se respondió. En realidad ellos no encendieron sus pinos, sino que pusieron en su lugar algo rojo; fue una cola de guacamayo lo que vieron, semejante a pinos [encendidos], los veladores. Pusieron
sobre su tabaco solamente bestezuelas de fuego . Alumbraron con aquello una noche. “Están vencidos”, dijeron los veladores. Pero sus pinos no estaban acabados, [tenían] el mismo aspecto, y su tabaco, que no habían encendido, la misma forma; fuese a darlos a los jefes. “¿Cómo han hecho? ¿De dónde vienen esos Varones? ¿Quién los llevó, quién los engendró? Verdaderamente nuestro corazón arde por esto. No está bien lo que nos hacen. Extraños [son] sus rostros, extraños sus seres”, se dijeron entre sí.
Entonces todos los jefes los hicieron llamar: “Vamos, juguemos a la pelota , oh engendrados”, dijeron. Entonces Supremo Muerto, Principal Muerto, los interrogaron: “Oh vosotros, ¿de dónde venís? Contádnoslo todo, oh engendrados”, les dijeron los Xibalbá. “¿De dónde venimos? No sabemos”, respondieron ellos sin responder nada más. “Bien. Lancemos pues nuestra pelota, oh engendrados”, les dijeron los Xibalbá. Ellos respondieron: “Bien. No usarnos sino nuestra pelota, la de nosotros”. Los Xibalbá dijeron: “No usaréis la de vosotros, sino la de nosotros”. Los engendrados dijeron: “No es ésa, es la nuestra la que usaremos”. “Muy bien”, dijeron los Xibalbá. Los engendrados dijeron: “Id solamente por un Chil”. Los Xibalbá dijeron: “No, sino una cabeza de puma”. “Está dicho”, dijeron los engendrados. “No”, dijeron los Xibalbá. “Muy bien”, dijo Maestro Mago. Cuando el juego fue comenzado por los Xibalbá, éstos enviaron [la pelota] ante el anillo de Maestro Mago. En seguida, mientras que los Xibalbá miraban su lanzamiento de juego, la pelota se lanzó, se fue botando por todas partes en el suelo del juego de pelota. “¿Qué, pues?”, dijeron Maestro Mago, Brujito. “Queréis pues que muramos. ¿No habéis enviado [a decir] que viniésemos aquí? ¿Vuestros mensajeros no vinieron? En verdad, tened piedad de nuestros rostros. Pero nos vamos”, dijeron los engendrados. He aquí lo que [Xibalbá] deseaba para los engendrados: que muriesen pronto en el juego de pelota, que fuesen vencidos. [No fue] así, sino que los Xibalbá fueron vencidos por los engendrados. “No partáis, oh engendrados. Juguemos a la pelota; admitimos la vuestra”, se [les] dijo a los engendrados. “Muy bien”, respondieron éstos [y] después lanzaron su pelota. Entonces cesó el juego de pelota. En seguida apreciaron sus derrotas. “¿Cómo los venceremos?”, dijeron los Xibalbá. “Partid pues en seguida”, se [les] dijo a los engendrados. “Cogednos cuatro jarrones de flores”, dijeron los Xibalbá.
“Perfectamente. ¿Cuáles flores?”, dijeron a los Xibalbá los engendrados. “Un ramo de rojas Crotalarias , un
ramo de blancas Crotalarias, un ramo de amarillas Crotalarias, un ramo de Grandes Peces ”. dijeron los Xibalbá.
“Muy bien”, respondieron los engendrados. Entonces descendieron las flechas [que los guardaban; todas iguales en fuerza; numerosas las flechas [que guardaban] a aquellos engendrados; pero buenos los corazones de éstos cuando se dieron a aquellos que debían vencer a los engendrados. Los Xibalbá se regocijaban ya de que éstos serían vencidos. “Obramos bien. Desde luego serán vencidos”, decían los Xibalbá. “¿Adonde iréis a coger las flores?”, decían en su pensamiento. “En verdad esta noche nos daréis las flores. Venceremos ahora”, dijeron los Xibalbá a los engendrados Maestro Mago, Brujito. “Muy bien”. “Esta noche jugaremos también a la pelota”, dijeron despidiéndose de ellos. Cuando los engendrados entraron después en la Mansión de Obsidiana, la segunda prueba de Xibalbá, [los jefes] habían ordenado que fuesen atravesados de parte a parte por las flechas; que esto sucediera prontamente [estaba] en sus corazones: que muriesen [estaba] en sus corazones; pero no murieron. [Los engendrados] hablaron entonces a las flechas, les mandaron entonces: “He aquí. Para vosotros [serán] todas las carnes de animales”, dijeron a las flechas; éstas no se movieron ya más, todas las flechas se inclinaron. Estuvieron ellos así [toda] la noche en la Mansión de Obsidiana. En seguida llamaron a todas las hormigas. “Hormigas-
Obsidianas. Hormigas Zampopos venid, id todas, id a tomar todas las clases de flores que pidieron los jefes”. “Muy bien”, respondieron ellas. Todas las hormigas fueron a coger las flores del jardín de Supremo Muerto. Ya éstos habían ordenado a los Vigilantes de las flores de Xibalbá: “Oh vosotros que vigiláis nuestras flores, no las dejéis robar por esos engendrados [a los] que venceremos. ¿Adonde irían ellos a ver en otra parte las [flores]
El mundo tenebroso de los muertos no puede tener sino una luz negra, un fuego muerto; cuando más, una luz-ilusión, un fuego-ilusión. Si el pino y el tabaco se consumieran, murieran, deberían pasar sobre la tierra. Estamos, pues, muy lejos del infierno cristiano.
La página 80, sin texto, del Códice Magliabecchiano XIII-3 comprendida entre dos páginas consagradas al dios de la Muerte, representa un juego de pelota con dos jugadores vivos y siete cráneos; bien pudiera ser éste el juego de pelota de Mictlan, el Xibalbá mexicano. [Es de notarse que Mictlan significa literalmente “lugar de los matados”, pues para los mexicanos no existía la muerte natural.]
Muchih, flores del género Chipilli de los nahuas [Grotularia Guatemalensis].
El juego de los colores parece indicar que esos Carinimuk “Grandes Peces” son flores negras.
La promesa de darles carne como alimento, hecha más adelante, indica que se trata realmente de flechas animadas, y no de arqueros.
Chequen-Zanic, gruesas hormigas noctívagas, cortadoras de tallos, llamadas Zampopos por los indígenas.
Leitura livre, oferecida pelo Conhecer para Transformar.