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Capítulo 6 de 18
Breve Noticia — parte 5 de 13
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La abuela de Maestro Mono, Maestro Simio, estaba allí cuando la mujer Sangre vino a casa de la abuela de Maestro Mono, Maestro Simio. En ella vivían sus hijos, y poco faltaba para que naciesen los llamados Maestro Mago, Brujito. Cuando la mujer llegó a casa de la abuela, la mujer dijo a la abuela: “Llego, oh madre, yo Tu nuera, yo Tu hija, oh Madre”; así dijo al entrar en casa de la abuela. “¿De dónde vienes tú? ¿Dónde están mis hijos? ¿No han muerto en Xibalbá? ¿Sus dos descendientes, el signo de su Palabra, llamados Maestro Mono. Maestro Simio, no los ves tú? Sal de aquí. Vete”, fue respondido por la abuela a la adolescente. “En verdad, yo soy ciertamente tu nuera. Yo soy de Supremo Maestro Mago; helo aquí llevado vivo. Supremo Maestro Mago, Principal Maestro Mago, no están muertos; su sentencia les ha hecho ilustres. Tú eres Mi suegra. Así, ve sus rostros queridos en los que yo traigo”, dijo ella a la abuela. En seguida, Maestro Mono, Maestro Simio, se irritaron. No hacían más que música, más que canto; su trabajo cotidiano no era sino pintura, sino escultura; recreaban el corazón de su abuela. La abuela recomenzó: “Ninguna necesidad [tengo] de ti para nuera mía. Sólo la fornicación [hay] en tu vientre. Oh mentirosa, mis hijos de los cuales hablas, han muerto”. La abuela dijo otra vez: “Demasiado verdaderas son mis palabras. Pero sea, tú eres mi nuera, a lo que entiendo. Ve pues a recoger su alimento para los que comen; ve a coger una gran red llena. Vuelve [en seguida] puesto que eres mi nuera, a lo que entiendo”, [le] dijo a la joven. “Muy bien”, respondió ésta, [y] después tomó el camino de las sementeras que habían sembrado Maestro Mono, Maestro Simio, por quienes había sido desmontado el campo; la adolescente lo siguió y llegó así a las sementeras. Un solo tallo en el campo; no había dos tallos, tres tallos; sólo un tallo manifestaba su faz. Entonces se angustió el corazón de la joven. “Desdichada de mí, yo, deseadora carnal. ¿Dónde recogeré la red de alimentos que se
Interrógala; “sondéala”, diríamos nosotros.
“Posesor, propietario del hijo” por “Padre”, revela una concepción social quiché.
Zaki Tok: “Blanco Pedernal”, el cuchillo de los sacrificios de Xibalbá, que en los Códices orna a menudo al diosesqueleto de la Muerte.
Los Búhos se vuelven, pues, en nombre de los dioses celestes, los castigadores de la impudicia.
En el doble sentido de “noticia dada” y de “consejo”. [N. de los T.]
El texto quiché llama aquí “madre” a la abuela. El texto francés corrige: [grand] mere”. [N. de los T.]
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me ha dicho?”, añadió. Entonces invocó a Guardián del Alimento para que él viniera y para que ella llevara. “¡La de la Lluvia. La de la Madurez. La del Cacao, vosotras que preparáis el maíz, tú, Guardián del Alimento de Maestro Mono, Maestro Simio!”, dijo la adolescente. Entonces tomó las barbas, las brácteas de la mazorca, las arrancó dulcemente, sin coger la mazorca, [y] las arregló como mazorcas en la red; llenó la gran red. Entonces la joven se fue. Unos animales se encargaron de la red; al llegar fueron a poner la banastada contra la pared de la mansión. La abuela corrió para verla. Cuando la abuela vio una gran red llena de alimento: “¿De dónde te ha venido este alimento? ¿Has arruinado, has acabado de coger mis sementeras? Voy a ver”, dijo la abuela, poniéndose en camino, yendo a ver sus sementeras. Pero había como siempre un tallo. Se veía dónde había sido puesta la red. Por tanto, la abuela volvió aprisa a la casa; [y] dijo a la adolescente: “En verdad, ése es el signo de que eres mi nuera. Aún veré tus actos, los de los muy Sabios que están en ti”; [así] [le] dijo a la joven.
He aquí que diremos la infancia de Maestro Mago, Brujito. He aquí que vamos a contar su infancia. Cuando fue llegado el día del alumbramiento, la adolescente llamada Sangre dio a luz. La abuela no asistió al parto. Al instante nacieron los dos que fueron paridos, llamados Maestro Mago, Brujito; en la montaña nacieron. Entonces entraron en la morada: pero no dormían. “Vete a llevarlos afuera. En verdad gritan sus bocas”, dijo la abuela. Entonces se les puso sobre las hormigas, pero su sueño fue agradable. De allí se les llevó y se les puso sobre espinas. Ahora bien. Maestro Mono. Maestro Simio, deseaban que muriesen allá, sobre las hormigas, que muriesen allá, sobre las espinas. Lo deseaban porque [eran] rivales, envidiados, para Maestro Mono, Maestro Simio. Al principio sus hermano? menores no fueron recibidos por ellos en la mansión; ésto? no los conocieron y vivieron en la montaña. Ahora bien. Maestro Mono, Maestro Simio, eran grandes músicos, cantantes. [Los dos recién nacidos] crecieron, y grandes tormentos [y] penas los fatigaron, los atormentaron. Habíanse vuelto grandísimos sabios: habíanse vuelto músicos, cantantes, escultores: todo era bien [hecho] por ellos. Sabían su nacimiento; sabían también [que eran] los sustitutos de su padre, quien había ido a Xibalbá, adónde había muerto su padre. Maestro Mono. Maestro Simio, eran grandísimos sabios; en su espíritu lo habían sabido todo desde luego, cuando habían nacido sus hermanos menores. Pero su sapiencia no se mostró a causa de su envidia; en ellos dominó la humillación de sus corazones. Pero ningún acto de Maestro Mago, Brujito, les había perjudicado. En efecto, éstos no hacían cada día más que tirar con cerbatanas. No eran amados por su abuela y por Maestro Mono, Maestro Simio. No se les daba de comer, sino que, cuando la comida había acabado, cuando Maestro Mono, Maestro Simio, habían comido, entonces venían ellos. No se encolerizaban, no se irritaban, pero sufrían. Conocían su ser y veían claro. Cada día al venir traían pájaros que Maestro Mono, Maestro Simio, comían sin darles nada al uno o al otro, Maestro Mago, Brujito, Maestro Mono, Maestro Simio, no hacían más que música, canto. Ahora bien. Maestro Mago, Brujito, habían venido sin traer pájaros; la abuela se irritó cuando entraron: “¿Por qué no traéis pájaros?”, les dijo a Maestro Mago, Brujito. “Madre nuestra, he aquí que nuestros pájaros se han enredado en ¡as ramas frondosas de un árbol”, respondieron. “Abuela nuestra, no podemos subir al árbol para cogerlos; pero que nuestros hermanos mayores suban a él, que vengan con nosotros y que bajen los pájaros”, añadieron. “Muy bien. Al alba iremos con vosotros , respondieron los primogénitos. Ahora bien, la Sabiduría de Maestro Mono, Maestro Simio, estaba muerta en ellos dos en lo concerniente, a su derrota. “No cambiaremos sino su ser y su vientre. Nuestra Palabra obrará a causa de los grandes tormentos que nos han infligido para que muriésemos, que fuésemos aniquilados, que nos sobreviniese [una] desgracia a nosotros sus hermanos menores. Como a sirvientes nos han rebajado en sus corazones; nosotros los humillaremos lo mismo,
lo cual haremos como signo”, su dijeron el uno al otro mientras iban al pie del árbol llamado Palo-Amarillo . Acompañados de sus hermanos mayores, caminaban disparando con las cerbatanas, innumerables [eran] los pájaros que gorjeaban en el árbol, y sus hermanos mayores se maravillaban de ver aquellos pájaros. “He aquí pájaros, pero ni uno sólo ha caído al pie del árbol; no ha caído ninguno de nuestros pájaros; id a hacerlos caer”, dijeron a los primogénitos. “Muy bien”, respondieron éstos. Pero cuando hubieron subido al árbol, el árbol creció, su tronco engrosó; y cuando Maestro Mono, Maestro Simio, quisieron bajar después, no pudieron descender de la cima del árbol. Desde la cima del árbol dijeron: “Oh, hermanos menores nuestros, ¿cómo ha pasado esto? Tened piedad de nuestros rostros. He aquí que este árbol espanta a los que lo miran, oh hermanos menores nuestros”; [así] dijeron desde la cima del árbol. Y Maestro Mago, Brujito, dijeron: “Desenrrollad vuestros taparrabos, atadlos bajo vuestros vientres, [con] una larga punta colgando que echaréis por detrás, y así marcharéis cómodamente”, [así] respondieron los dos hermanos menores. “Muy bien”, dijeron [los primogénitos]
Podría pensarse que hay aquí un femenino sobreentendido y un singular colectivo, y podría leerse “Guardianas del Alimento”, considerando esto como un epíteto de las tres diosas designadas en seguida. Ese título de Guardián no puede asombrarnos. En efecto, Román y Zamora [Repúblicas de Indias, 1, 19] habla de un Chahal Ha [se ha impreso Huc]. “Guardián de la Mansión”, dios de las casas; cuando se hacía una nueva construcción se le consagraba ésta, y sobre su altar se sacrificaban animales cuya sangre se ponía en las paredes. ¿No daría esa aplicación de sangre en las paredes la sencillísima explicación de las manos rojas [dibujo completo] muy a menudo encontradas y a propósito de las cuales tanto se ha discutido? Dichas manos serían quizás la marca de la dedicación del edificio al Guardián; el Kab-Ul de Lizana, sería la Mano Operatoria del arquitecto. No creo que esto se haya dicho antes.
Can-te: Amarilla Madera [Chorophora tinctorialis].
tirando de las extremidades de sus taparrabos, pero al instante éstas se volvieron colas, y ellos fueron metamorfoseados en monos. En seguida caminaron por las cimas de los árboles de las montañas pequeñas, de las montañas grandes; caminaron por las selvas, alegrándose, balanceándose en las ramas de los árboles. Así fueron vencidos Maestro Mono, Maestro Simio,” por Maestro Mago, Brujito, quienes no lo hicieron sino por su Ciencia Mágica. Volvieron entonces a su casa. Al llegar dijeron a su abuela y a su madre: “Oh abuela nuestra, ¿qué les ha pasado, pues, a nuestros hermanos mayores? Súbitamente sus rostros se han vuelto como los de los animales”, así dijeron. “Si sois vosotros quienes habéis hecho eso a vuestros hermanos mayores, me habéis hecho infeliz, me habéis hecho desdichada. Oh hijos míos, no haced, pues, eso a vuestros hermanos mayores”, respondió la abuela a Maestro Mago, Brujito. Ellos respondieron entonces a su abuela: “Oh abuela nuestra, no os aflijáis; volveréis a ver los rostros de nuestros hermanos mayores; volverán, pero esto será una prueba para vos, nuestra abuela. Guardaos de reír. Probad ahora su suerte”. En seguida comenzaron a tocar la flauta, a tocar el “Mono de Maestro Mago”. Después cantaron, tañeron la flauta, tocaron el tambor, tomando sus flautas, sus tambores. Sentaron entonces con ellos a su abuela; cuando tañeron la flauta, con el canto y con la música ejecutaron el aire llamando con el nombre de “Mono de Maestro Mago”. Entonces entraron Maestro Mono, Maestro Simio, quienes danzaron al llegar. Cuando la abuela echó de ver sus feas caras, cuando ella los vio, entonces la abuela se rió, la abuela no pudo contener la risa; al instante, fuéronse; ella no vio ya más sus caras. “¡Eh, abuela nuestra, se han ido a la selva! Abuela nuestra, ¿por qué hicisteis eso? Cuatro veces solamente probaremos. Solamente tres veces todavía haremos resonar la flauta, el canto. Retened vuestra risa, y que la prueba recomience”, dijeron otra vez Maestro Mago, Brujito; después, tocaron de nuevo la flauta. [Los primogénitos] volvieron entonces, danzando, al centro de la morada, pero causaban tanto placer, incitaban tanto a reír a su abuela, que bien pronto la abuela se rió. Verdaderamente risibles [eran] sus faces de monos con sus anchos vientres, sus colas inquietas, sus estómagos lisos; cuando entraron, esto hizo reír a la abuela. Entonces, volvieron a las montañas. “Abuela nuestra, ¿qué haremos? Solamente por la tercera vez probaremos”, dijeron Maestro Mago, Brujito, quienes tocaron una vez más la flauta. [Los primogénitos] volvieron de nuevo bailando, pero su abuela se abstuvo de reír. Subieron a la terraza del edificio; sus ojos, muy rojos, chispeaban; se acurrucaron; [con] sus hocicos alargados se hicieron muecas. Entonces la abuela los miró de nuevo, y al instante la abuela estalló en risa. A causa de la risa de la abuela no se volvieron a ver ya más sus rostros. “Oh, abuela nuestra, los llamaremos todavía, por cuarta vez”. Entonces [los segundones] tocaron de nuevo la flauta, pero [sus hermanos mayores] no volvieron a la cuarta vez, sino que se fueron al instante a la selva. [Los segundones] dijeron, entonces, a la abuela: “Abuela nuestra, habíamos probado y al principio vinieron; acabamos aún de probar a llamarlos. No os enfadéis. Nosotros somos, nosotros, vuestros nietos y os miramos como a nuestra madre, oh abuela nuestra, en memoria de nuestros hermanos mayores que se distinguieron, que se llamaron Maestro Mono, Maestro Simio, así llamados”; [así] dijeron Maestro Mago, Brujito. Ahora bien, [los primogénitos] eran invocados por los músicos, por los cantantes, entre los hombres de otros tiempos; antaño también los pintores, los cinceladores, los invocaban. Pero se volvieron animales, fueron hechos monos, porque se enorgullecían, porque maltrataban a sus hermanos menores. Así fueron aminorados sus corazones; así fueron perdidos, fueron aniquilados Maestro Mono, Maestro Simio, vueltos animales. Ahora bien, habían estado siempre en su casa, en donde se habían hecho grandes músicos, cantantes, cuando vivían con su abuela, con su madre.
[Los segundones] comenzaron sus trabajos para manifestarse ante su abuela, ante su madre. Primeramente hicieron su campo. “Oh abuela nuestra, oh madre nuestra, trabajaremos en los campos”, dijeron. “No os aflijáis. Nosotros somos, nosotros, vuestros nietos, nosotros los sustitutos de nuestros hermanos mayores”, dijeron
Maestro Mago, Brujito. Entonces tomaron su hacha [para madera], su azadón, su coa , y caminaron, cada uno con su cerbatana al hombro. Al salir de su casa recomendaron a su abuela que les llevara su comida. “Oh abuela nuestra, que se nos dé a mediodía nuestro alimento”, dijeron. “Muy bien, oh nietos míos”, respondió su abuela. Llegaron en seguida allá donde estaba el campo. Por todas partes en donde hundieron su azadón en la tierra, el azadón sólo trabajó la tierra; ellos no trabajaban; el azadón sólo. Y golpearon con el hacha los troncos de los árboles y las ramas de los árboles, derribando, podando, derribándolo todo, árboles, bejucos; y cortaba aquella madera, hacía todo aquello, un hacha sola. He aquí que el azadón arrancaba mucho; innumerables las zarzas, los espinos, trabajados por un azadón sólo; innumerable lo que fue arrancado en las montañas pequeñas, las montañas grandes. Entonces ordenaron a un animal llamado Paloma Torcaz; habiéndola hecho subir a un gran tronco, Maestro Mago, Brujito, le dijeron: “Mira cuando nuestra abuela venga a darnos nuestro alimento; arrulla luego que llegue, arrulla y cogeremos el azadón, el hacha”. “Muy bien”, respondió Paloma Torcaz. He aquí que ellos no hicieron más que tirar con cerbatanas; en realidad no trabajaron el campo. Después de lo cual. Paloma Torcaz arrulló. Al instante vinieron, el uno a tomar el azadón, el otro a tornar el hacha. Habiéndose envuelto la cabeza, el uno se cubrió falazmente de tierra las manos, ensuciándose el rostro lo mismo, como un verdadero labrador; el otro se cubrió falazmente de astillas de madera la cabeza, como si verdaderamente hubiera podado,
Coa, coya, en México [de coatí, cohuatl], así llamado a causa de la forma de serpiente, de cayado, de su mango: jan en Cuba.
www.formarse.com.ar carpinteado. Entonces fueron vistos por su abuela. En seguida comieron. En verdad, no habían trabajado el campo; llegóse, pues, sin causa, a darles su comida. Cuando llegaron a la casa: “Abuela nuestra, verdaderamente nos acostamos”, dijeron al entrar, estirando sin motivo sus piernas, sus brazos, delante de su abuela. Cuando al día siguiente volvieron, llegaron al campo, todos los árboles, los bejucos, se habían vuelto a levantar, todas las zarzas, los espinos, estaban enmarañados, cuando llegaron. “¿Quién se ha burlado de nosotros?”, dijeron. “Los que hicieron esto son todos los animales pequeños, los animales grandes, puma, jaguar, venado, conejo, zorro, coyote, cerdo, puerco-espín, los pájaros pequeños, los pájaros grandes; son ellos quienes hicieron esto y lo hicieron en una noche”. En seguida comenzaron de nuevo a trabajar el campo, hicieron lo mismo en la tierra para cortar los árboles; celebraron consejo mientras cortaban los árboles, mientras arrancaban. “Solamente velaremos nuestro campo. Quizás sorprenderemos a quienes vinieron a hacer esto”, dijeron celebrando consejo; después volviéronse a la casa.
“¿Qué véis? ¿Se burlan de nosotros, oh abuela nuestra? Grandes hierbas, la gran selva, [hay] allá adonde estaba nuestro campo cuando de día fuimos, oh abuela nuestra”, dijeron a su abuela, a su madre. “Volveremos, velaremos; no [está] bien que se nos haga eso”, dijeron. En seguida se armaron, en seguida volvieron a sus árboles cortados y se ocultaron en ellos, se abrigaron a la sombra. Entonces los animalitos se congregaron, cada especie reuniéndose, todos los animales pequeños, los animales grandes; he aquí que a media noche llegaron. He aquí sus Palabras: “¡Arboles, levantaos! ¡Bejucos, levantaos!”; [así] dijeron al llegar, amontonándose bajo los árboles, bajo los bejucos; entonces avanzaron, se mostraron, ante los rostros [de los dos segundones]. He aquí
los primeros: el puma, el jaguar; [los jóvenes] quisieron cogerlos, pero no se dieron a ellos. Entonces avanzaron, colas acercadas, el venado, el conejo; [los jóvenes] los asieron pero no arrancaron más que la extremidad de la cola del venado, [del conejo], que se les quedó entre las manos: habiendo asido la cola del venado, la cola del conejo, dichas colas fueron acortadas. El zorro, el coyote, el cerdo, el puerco-espín, no se dieron a ellos. Todos los animales se mostraron ante Maestro Mago. Brujito. Los corazones de éstos fueron afligidos porque no cogieron ninguno. Otro llegó, el último; llegó brincando. Entonces ellos se pusieron de través [en su camino], cogieron en un pañuelo a la Rata. Habiéndola cogido le apretaron vivamente la cabeza, queriendo ahogarla. Le quemaron la cola en el fuego; entonces la rata comenzó a llevar así la cola, a no tener pelos en la cola; sus ojos [volviéronse saltones] porque habían querido ahogarla los engendrados Maestro Mago, Brujito. “Que yo no muera por [obra de] vosotros. Vuestro oficio no es cultivar”, les dijo la rata. “¿Qué nos cuentas
tú ahora?”, respondieron a la rata los engendrados. “Dejadme un momento. Mi Palabra está en mi vientre y yo os la contaré: dadme ahora algo de comer”, dijo la rata. “Después te daremos de comer; cuenta primero”, fue dicho. “Muy bien. He aquí que los bienes de vuestros padres llamados Supremo Mago, Principal Maestro Mago, quienes murieron en Xibalbá, existen suspendidos en lo alto de la mansión; sus anillos, sus guantes, su pelota; pero vuestra abuela no quiso mostrároslo, pues vuestros padres murieron por eso”. “¿Dices la verdad?”, dijeron a la rata los engendrados. Gran alegría [hubo] en sus corazones al oír la historia de la pelota. Habiendo contado la
rata, ellos dieron de comer a la rata. “He aquí tu alimento; maíz, pimiento blanco, frijoles, cacao [moneda] , cacao [clase extra], serán tuyos; lo que fuere conservado, olvidado, tuyo también y tú lo roerás”, dijeron a la rata Maestro Mago, Brujito. “Muy bien, engendrados. ¿Qué diré si vuestra abuela me ve?”, respondió. “Que tu corazón no tema. Aquí estamos nosotros, prestos estamos nosotros para responder a nuestra abuela. Vamos aprisa a subir a ese rincón de la mansión; vamos adonde es preciso ir; tú subirás aprisa adonde aquello está suspendido; nosotros veremos en los cordajes de la mansión; también veremos por nuestra comida”, dijeron a la rata. Se consultaron una noche; después de haber celebrado consejo, Maestro Mago, Brujito, llegaron a mediodía. Sin mostrar la rata que llevaban, llegaron; el uno entró abiertamente en la casa; el otro fue al rincón de la mansión, en donde al instante dejó trepar a la rata. Pidieron entonces a su abuela su comida. “Moled
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