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Capítulo 13 de 18

Breve Noticia — parte 12 de 13

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Chi Izmachi [es el] nombre de la colina en donde estuvo después su ciudad, en donde para siempre estuvieron. Allí creció su fuerza; pulverizaron su cal, su tierra blanca, bajo la cuarta generación de jefes. Decidieron Conacho, Belche Queh, y también el Eminente Jefe. Después gobernaron los jefes Cotuha e Iztayul, nombre del Consejero [y] del Consejero Lugarteniente; gobernaron allá en Chi Izmachi, que se convirtió en una ciudad perfecta que ellos hicieron. Tres Grandes Mansiones solamente se formaron en Iznachi, las veinticuatro Grandes Mansiones no se formaron todavía. Sus tres Grandes Mansiones se formaron: una, la Gran Mansión de los Cavek; otra, la Gran Mansión ante el” rostro de los Niha; otra también, la de los Ahau-Quiché. Solamente [como] dos serpientes [eran] las dos fracciones del pueblo. Ahora bien, en Izmachi su corazón era único; no había alertas, no había dificultades; el gobierno estaba en reposo; no había guerras, revueltas; solamente la calma, solamente la paz, en sus corazones. No había envidia, no había odio; en sus acciones, pequeña era su fuerza; no había nada

importante, no había engrandecimiento. Entonces trataron de [hacer] sobrepujar el escudo, allí en Izmachi, como marca de su potencia; entonces lo hicieron el signo de su fuerza, el signo también de su grandeza. Cuando esto fue visto por los Iloc entonces la guerra nació, [hecha] por los Iloc, que querían venir a matar al jefe Cotuha, no queriendo [tener] sino un jefe suyo. En cuanto al jefe Iztayul, querían castigarlo, querían que fuera castigado por los Iloc, que fuera condenado a muerte. Pero su envidia no prevaleció contra el jefe Cotuha, quien marchó contra ellos antes de que [él], [el] jefe, fuera matado por los Iloc, Tal fue el origen de la revuelta y del tumulto de la guerra. Primeramente [los Iloc] atacaron a la ciudad, fueron a matar. Querían la pérdida del rostro Queche: que ellos solos gobernasen [era] su pensamiento. Pero no llegaron más que para morir. Fueron [hechos] prisioneros, fueron [hechos] cautivos, sin que se salvasen muchos. Entonces se comenzó a sacrificarlos. Los Iloc fueron sacrificados ante los dioses: este pago de sus faltas fue hecho por el jefe Cotuha. Muchos se convirtieron en servidores, vasallos, tributarios, habiendo ido a entregarse a la derrota por la guerra contra los jefes, contra los

barrancos, la ciudad . Sus corazones habían deseado la pérdida, el oprobio, de la faz de la jefatura Quiché: esto no pudo hacerse. Asi nacieron los sacrificios humanos ante los dioses: entonces se hizo el escudo de guerra, el origen, el comienzo, de la defensa de la ciudad Chi Izmachi. Ahí también [estuvo] el comienzo, el origen, de su fuerza, porque verdaderamente grande fue la potencia del jefe Quiché. Por todas partes jefes Sabios, sin que nadie los humillase, sin que nadie los decentase. Kilos hicieron grande el poder que comenzó allí en Izmachi. Allí aumentaron las escarificaciones [ante] los dioses, y el terror: todas las tribus, tribus pequeñas, tribus grandes, se aterrorizaron viendo la entrada de los hombres prisioneros que sacrificaron, que mataron, para [acrecentar] su fuerza, su dominación, el jefe Cotuha el jefe Iztayul, con los Niha, los Ahau-Quiché. Sólo estas tres fracciones del pueblo estaban en la ciudad llamada Izmachi. Allí comenzó también la comida, el festín para sus hijas, cuando éstas se casaban. Por esto se regocijaron los llamados las tres Grandes Mansiones; allí bebieron sus bebidas: allí comieron sus alimentos, precio de sus hermanas, de sus hijas; se regocijaron en sus corazones. Hicieron sus alimentos, sus calabazas cinceladas, en sus Grandes Mansiones. “Solamente nuestras acciones de gracias, solamente nuestras ofrendas, como signo de nuestro discurso, como signo de nuestra

Poner a la ciudad en primera línea, dominar.

“El barranco, la ciudad”, es una fórmula; es la ciudad con su foso defensivo, natural, o más o menos artificial.

www.formarse.com.ar palabra sobre las esposas, los esposos”, decían. Allí designaron a sus clanes, sus siete tribus, sus barrios. “Unámonos, nosotros los Cavik, nosotros los Niha, y nosotros los Ahau-Quiché”, dijeron los tres clanes, las tres Grandes Mansiones. Largo tiempo habían estado allí en Izmachi cuando encontraron, cuando vieron otra ciudad, cuando abandonaron la de Izmachi.

Cuando se levantaron después para partir, fueron a la ciudad Gumarcaah, cuyo nombre fue dicho por los quichés cuando llegaron los jefes Cotuha, Gucumatz, todos los jefes; comenzó, [entonces] la quinta generación de hombres desde el origen del alba, el origen de las tribus, el origen de la vida, de la existencia. Hicieron allí numerosas casas; allí también hicieron la Casa de los Dioses; en el centro, en la cima de la ciudad, la pusieron cuando llegaron, cuando se fijaron. En seguida su potencia creció todavía. Numerosas, considerables, [eran] sus Grandes Mansiones, cuando éstas celebraron Consejo; se reunieron, se subdividieron, porque habían nacido sus querellas; se envidiaban por el precio de sus hermanas, el precio de sus hijas, ya no ofrecían sus bebidas ante sus rostros. He aquí el origen de sus subdivisiones cuando se efectuó el lanzamiento de los huesos, de los cráneos de los muertos, que ellos se arrojaron. Entonces se separaron en nueve clanes; habiendo acabado la querella de las hermanas, de las hijas, se ejecutó la decisión de que gobernarían veinticuatro Grandes Mansiones, y esto sucedió. Hacía mucho tiempo que todos [los hombres] habían llegado allá a su ciudad cuando ajustaron las veinticuatro Mansiones allí

en la ciudad de Gumarcaah. Bendecida por el Santo Obispo, esta ciudad está vacía, abandonada . Allí llegaron a ser poderosas, reunieron brillantemente sus bancos, sus sitiales con respaldo; todas las faces de su fuerza habían sido distribuidas a cada uno de los jefes: nueve clanes fueron asignados a los nueve jefes de los Cavik, nueve a los jefes de los Niha, cuatro a los jefes de los Ahau-Quiché; dos a los jefes de los Zakik; llegaron a ser numerosos; numerosos también [los subalternos] detrás de los jefes; éstos [eran] solamente los primeros a la cabeza de sus hijos, de su prole; muchos [sub] clanes [fueron asignados] a cada uno de los jefes. Diremos los nombres [de los títulos] de esos jefes, cada uno para cada una de las Grandes Mansiones. He aquí los nombres [de los títulos] de los jefes ante la faz de los Cavik. He aquí los nombres de los primeros jefes: Consejero, Consejero Lugarteniente, El de Pluvioso, El de los Poderosos del Cielo, Gran Elegido de los Cavik, Hombre del Consejo de Chituy, Colector de Impuestos de Quehnay, Hombre del Consejo del Juego de Pelota de Tzalatz, Orador Lugarteniente. Tales son los jefes ante la faz de los Cavik, los nueve jefes asignados [cada uno] a cada una de las Grandes Mansiones de las cuales serán vistas [más adelante] las faces. He aquí los jefes ante la faz de los Niha. He aquí los primeros jefes: Jefe-Eminente, Jefe Hablador de los Hombres, Eminente Lugarteniente, Gran Lugarteniente, Orador Lugarteniente, Gran Elegido de los Niha, El de Sembrador, Jefe Reunidor, de los Festines de Zaklatol, Gran Colector de Impuestos de Yeoltux; los nueve jefes ante la faz de los Niha. He aquí en seguida a los Ahau-Quiché. He aquí los nombres de sus jefes: Hablador de los Hombres, Jefe Colector de Impuestos, Jefe Gran Elegido de los Ahau-Quiché, Jefe [de Los] de Volcán; cuatro jefes ante la faz de los Ahau-Quiché, asignados a [cuatro] Grandes Mansiones. Dos clanes de los Zakik tuvieron también jefes: [El de] la Gran Mansión Florida, Eminente de los Zakik; estos dos jefes [tenían] cada uno una Gran Mansión.

Así se completaron los veinticuatro jefes, y las veinticuatro grandes Mansiones existieron. Entonces crecieron la fuerza, la dominación, en Quiché; entonces se ilustró, entonces dominó la grandeza de la raza Quiché. Entonces fue pulverizada la cal, fue pulverizada la tierra blanca, para el barranco, la ciudad. Las tribus pequeñas, las tribus grandes, vinieron adonde estaba el nombre del jefe que [hacía la] grandeza del Quiché; entonces nacieran la fuerza, la dominación. Entonces nacieron la Casa de los Dioses y las casas de los jefes. [Éstos] no las edificaron, no trabajaron en ellas, no hicieron [ellos mismos] las casas; no hicieron ni siquiera la Casa de los Dioses; [todo

esto no fue hecho] más que por sus hijos, su prole, [quienes se habían] multiplicado . Éstos no fueron tomados

por violencia, por astucia, por rapto; en verdad sobre cada uno de ellos [gobernaban] sus jefes [propios] . Numerosos eran los hermanos mayores, los hermanos menores. Reunieron sus existencias. Acrecieron el renombre de cada uno de los jefes. Verdaderamente preciosa, verdaderamente grande, [era] la potencia de los jefes; el respeto hacia los jefes creció, y su gloria nació por los hijos, la prole, cuando se multiplicaron también los del barranco, los de la ciudad. Ciertamente, no todas las tribus vinieron a darse así, como cuando durante la guerra se habían humillado los barrancos, las ciudades, sino que por los jefes Sabios se ilustraron el jefe Gucumatz, el jefe Cotuha. En verdad, aquel Gucumatz llegó a ser un jefe Sabio. Una hebdómada para subir al

Breve frase, terriblemente irónica [ignoro si ya ha sido notada]. Este primer obispo de Guatemala era don Francisco Marroquín.

Hacen construir por los vasallos, los tributarios.

Como en México y en el Perú, autonomía de los vasallos, de los vencidos. Aquí, por lo demás, él texto indica vasallos voluntarios, no vencidos en una guerra.

cielo; una hebdómada caminaba para descender a Xibalbá. Una hebdómada él era serpiente, se volvía realmente serpiente: una hebdómada se hacía águila, una hebdómada también jaguar, se volvía verdaderamente la imagen del águila, del jaguar; una hebdómada aún, sangre coagulada, volviéndose solamente sangre coagulada. Verdaderamente, la existencia de aquel jefe Sabio espantaba ante su rostro a todos los jefes. El rumor se divulgó; todos los jefes conocieron la existencia de aquel jefe Sabio. Tal fue el origen de la grandeza del Quiché cuando el jefe Gucumatz hizo aquellos signos de su grandeza. Su faz no se perdió en los corazones de los nietos, de los niños. Él no hizo aquello para que hubiese un jefe Sabio sino para, por su existencia, hacer

someterse a todas las tribus, para, por sus actos, estar solo a la cabeza de las tribus . Aquellos jefes Sabios llamados Gucumatz [y Cotuha]fueron la cuarta generación de jefes y verdaderos Consejero. Consejero Lugarteniente. Quedó su posteridad, su descendencia, que tuvo la fuerza la dominación cuando engendraron hijos que hicieron mucho. Así fueron engendrados Tepepul, Ztayul, cuyo gobierno fue la quinta generación: fueron jefes: cada generación de jefes engendró.

He aquí ahora los nombres de la sexta generación de jefes, los dos muy grandes jefes: E-gag-Quicab, nombre de un jefe; Cavizimah, nombre del otro. Quicab, Cavizimah, hicieron mucho; engrandecieron el Quiché por su existencia verdaderamente sabia. He aquí la humillación, la destrucción, de los barrancos, de las ciudades, de las tribus pequeñas, de las tribus grandes, muy cercanas, entre las cuales estaban antaño la ciudad, la colina, de 149 150 los Cakchequel, la Chuvila actual, y la colina de los Rabinal, la Pamaca , la colina de los Caok, la Zaka- 151 152 153 154 155 156 baha , así como la ciudad de Zakuleu , Chuvi-Migina , Xelahu , Chuva-Tzak , y Tzolohche . Quicab los detestaba; hizo la guerra; en verdad, él humilló, destruyó, los barrancos, las ciudades, de los Rabinal, de los Cakchequel, de los Zakuleu. Llegó, venció, a todas las tribus. Quicab llevó lejos sus armas. Cuando una fracción, dos fracciones, no traían el tributo de todos sus bienes, él humillaba a sus ciudades. Las tribus trajeron el tributo ante Quicab, Cavizimah. Entraron en servidumbre; fueron desangradas, fueron asaetadas en los árboles; no tuvieron ya gloria, no tuvieron ya renombre. Tal fue la destrucción de las ciudades, al instante destruidas sobre la tierra. Como hiere el relámpago y destruye a la piedra, [Quicab] aterrorizaba de súbito, sometía a las tribus. Delante de Colché, un montículo de piedras es hoy la señal de una ciudad; poco falta para que no esté tallada como si él la hubiera cortado con el hacha; allá, en el valle llamado Petatayub, está visible ahora; todos los hombres vieron al pasar ese testimonio de la bravura de Quicab. No se le pudo matar, no se le pudo vencer. Verdaderamente era un Varón; tomó los tributos de todas las tribus. Cuando, habiendo celebrado consejo, todos los jefes fueron a fortificar los contornos de los barrancos, los contornos de las ciudades, él humilló a las ciudades de todas las tribus. Después salieron los guerreros exploradores, fueron creados los clanes que debían habitar en las colinas [abandonadas]. “Si la tribu volviera a habitar la ciudad”, decían todos los jefes, uniendo sus Sabidurías. [Los guerreros] iban entonces a los lugares designados. “Como nuestra muralla, como nuestro clan, como nuestras empalizadas, nuestras fortalezas, será esto. Que ésta sea nuestra valentía, nuestra bravura”, decían todos los jefes en los lugares indicados, cada uno para su clan, para combatir a los guerreros [enemigos]. Cuando esto fue ordenado, fueron a los lugares designados a habitar el país de las tribus; fueron para esto a aquellas regiones. “No os asustéis si hay guerreros que marchan contra vosotros para mataros; venid aprisa a decir [me] lo; yo iré y los mataré”, les dijo Quicab cuando dio sus órdenes a todos y al Eminente, al Hablador de los Hombres. Entonces fueron los arqueros, los honderos, así llamados; no fueron más que los antepasados, los padres, de todos los hombres Queche; estaban en cada colina, solamente para guardar las colinas, solamente para velar sobre las flechas, las hondas, para guardar [las] [contra] la guerra, cuando fueron. Sin alba diferente,

sin dioses diferentes, solamente para fortificar sus ciudades . Entonces todos aquellos [ocupantes] salieron: Los de Uvila, Los de Chutimal, Zakiya, Xahbaquieh, Chi-Temah, Vahxalahuh, con los de Cabrakán, Chabicak- Chi-Hunahpu, con Los de Maká, Los de Xoyabah, Los de Zakcabaha, Los de Zihaya, Los de Migina, Los de Zelahub, de las llanuras, de los montes; salieron a velar sobre la guerra, a guardar la tierra adonde iban por [orden de] Quicab, Cavizimah, Consejero, Consejero Lugarteniente, y del Eminente, el Hablador de los Hombres, los cuatro jefes. Fueron enviados para velar sobre los guerreros [enemigos] de Quicab. Cavizimah, nombres de los dos jefes ante los Cavik; de Quemá, nombre del jefe ante los Niha; de Achak-lboy, nombre del jefe ante los Ahau-Quiché. Tales son los nombres de los jefes que enviaron, que expidieron, cuando sus hijos, su prole,

No por gloriola, sino como medio de dominación.

“Lugar de las Ortigas”. La actual Chichicastenango.

La actual Tzacualpa.

“Mansión de Piedra Blanca Bella]”; la actual San Andrés.

“Blanca lo Bella; Tierra”; a una legua de Huehuetenango.

“Encima de las aguas calientes”. Ruinas cerca de Totoni-capán.

O también Xelahu Queh, “Al pie de los Diez Venados [o símbolos, o Brujos]”. Al pie del volcán Santa María.

“Ante las construcciones”. La actual Momostenango.

“Saúco”

Sin tocar a la civilización ni a la religión.

www.formarse.com.ar fueron a las colinas, a cada colina. Primero fueron. [En seguida] llegaron prisioneros, llegaron cautivos, ante Quicab. Cavizimah el Eminente, el Hablador de los Hombres. Los arqueros, los honderos, hicieron la guerra, hirieron prisioneros, hicieron cautivos. Aquellos guardianes llegaron a ser Varones; su renombre, su memoria, se acrecentaron por los jefes cuando regresaron a darles lodos sus prisioneros, sus cautivos. En seguida se unieron los consejos de los jefes: Consejero. Consejero Lugarteniente. Eminente, Hablador de los Hombres. De allí salió la Decisión de que aconteciere lo que aconteciere, ellos serían los primeros, sus cargos representarían a los clanes. “Yo Consejero, yo Consejero Lugarteniente: Consejero es mi dignidad, como tú Jefe Eminente: la potencia de los Eminentes existirá”, dijeron todos los jefes cuando tomaron su Decisión. Lo mismo hicieron los Tam, los Iloc. De rostros iguales [fueron] las tres fracciones del Quiché, cuando tomaron posesión, cuando fueron escogidos, los primeros de sus hijos, de su prole. Tal fue la Decisión tomada, pero no fue tomada allí, en el Queche. Los nombres subsisten de las colinas en donde tomaron posesión los primeros de los hijos, de la prole, estando entonces cada uno en su colina y habiéndose reunido juntos. Xebalax, Xecamac, [son los ] nombres de las colinas en donde tomaron posesión en donde llegaron al poder. Esto se hizo en Chulimal. Tales fueron su elección, su loma de posesión, y la designación de veinte Eminentes, de veinte Consejeros, por el Consejero, el Consejero Lugarteniente. El Eminente, el Hablador de los Hombres. Tomaron posesión de su cargo todos los Eminentes, Consejeros, once Grandes Elegidos. Eminente Jefe, Eminente de los Zakik, Eminente de los Varones, Consejeros de los Varones, Carpinteros de los Varones, Cima de los Varones; tales son los nombres [de las dignidades] de Varones que ellos crearon, que ellos escogieron, que ellos nombraron, en sus bancos, sus sitiales con respaldo, los primeros de los hijos, de la prole, de los hombres Quiché, los exploradores, los oidores, los arqueros, los honderos; murallas, puertas, empalizadas, fortalezas, [hubo] alrededor del Quiché. Lo mismo hicieron los Tam, los Iloc; los primeros de los hijos, de la prole, que estaban en cada colina, tomaron posesión, fueron escogidos. Tal fue el origen de los Eminentes-Consejeros, de las dignidades de cada clan hoy; así fue su aparición cuando éstas aparecieron por [orden de los] Consejero, Consejero Lugarteniente, y del Eminente, del Hablador de los Hombres, cuando éstas surgieron.

He aquí que diremos los nombres de las Casas de los Dioses. En verdad, la casa se llamaba con el nombre del dios. Grandísimo Edificio de Pluvioso, [era el] nombre del edificio, de la casa de Pluvioso, de los Cavik. Sembrador, nombre del edificio, de la casa de Sembrador, de los Niha. Volcán, nombre del edificio, de la casa del dios de los Ahau-Quiché. Mansión Florida que se ve en Cahbaha, nombre de otro grandísimo edificio en

donde estaba una piedra adorada por los jefes Quichés, adorada por toda la tribu. La tribu comenzaba el sacrificio ante Pluvioso; en seguida el Consejero, el Consejero Lugarteniente, adoraba también; finalmente íbase a dar las plumas, los tributos, ante los jefes. He aquí los jefes que ellos sostenían, que ellos alimentaban; el Consejero, el Consejero Lugarteniente. Ellos habían fundado la ciudad, aquellos grandes jefes, aquellos hombres Sabios, aquellos jefes Sabios, Gucumatz, Cotuha, así como los Sabios jefes Quicab, Cavizimah. Sabían si la guerra se haría. Todo se les manifestaba; veían si habría muerte o hambre o revuelta. Igualmente sabían adonde estaba la manifestación, adonde estaba el Libro llamado por ellos Libro del Consejo. No solamente así era grande la existencia de los jefes, [sino que] grandes también [eran] sus ayunos, pago de los edificios, pago del poder por ellos. Largo tiempo ayunaban, sacrificaban ante sus dioses. He aquí su modo de ayunar. Nueve hombres ayunaban; otros nueve sacrificaban, incensaban; trece hombres más ayunaban, y trece sacrificaban, incensaban, ante Pluvioso, ante su dios; no comían más que zapotillos rojos, zapotes matasanos, frutas; no

[tenían] tortillas para comer; o diecisiete hombres sacrificaban o diez [y siete] ayunaban; no comían

verdaderamente mientras cumplían los grandes preceptos, ese signo del ser de los jefes . No tenían esposas con las cuales dormir; permanecían solos, se guardaban de ellas, ayunaban; solamente estaban a diario en la Casa de los Dioses, no haciendo más que adorar, incensar, sacrificar. Allí estaban por la tarde, al alba. Solamente gemían sus corazones, solamente gemían sus vientres, pidiendo la felicidad, la vida, para sus hijos, su prole, y también su potencia, levantando sus rostros al cielo. He aquí su ruego a los dioses cuando pedían, he aquí el gemido de sus corazones: “¡Salve, Bellezas del Día, Maestros Gigantes, Espíritus del Cielo, de la Tierra, Dadores del Amarillo, del Verde, Dadores de Hijas, de Hijos! Volveos [hacia nosotros], esparcid el verde, el

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